El profesor Dumbledore recién acababa de devolverle la memoria a Hermione cuando un estruendo sorprendió a todos en la sala.
—¡¿A DÓNDE CREES QUE VAS?! —rugió la Sra. Weasley mientras miraba escrutadoramente hacia donde estaba Ron.
Incluso a pesar de no haber hecho nada malo, Ron brincó hacia atrás súbitamente. No fue hasta darse cuenta de que todos estaban mirando delante de él, que giró sobre sí y vio a su padre congelado a unos pocos centímetros de la puerta de la cocina.
—A ningún lado, Molly —se defendió el Sr. Weasley—. A ningún lado.
—¡¡Ibas a buscar esa extraña poción muggle!! —bramó la Sra. Weasley al avanzar hacia su marido en un ataque de rabia—. ¡Oh, por todos los cielos! Esto es lo único que me faltaba, ¡que te escabullas para cegarte a ti mismo!.
—No… no, no iba a hacer eso —protestó el Sr. Weasley, mientras retrocedía ante su esposa.
Hermione no pudo contenerse más y comenzó a reírse.
—No creerás que sea tan gracioso cuando te amenace a ti —murmuró Ron a su lado—. Será mejor que nos larguemos de aquí. Y rápido —dijo él, guiándola hacia la puerta—. Y… calculo que será mejor que escondas eso de papá.
Al entrar al salón, Hermione se retorció de la risa y Ron se quedó a su lado observándola.
—Oh, duele —lloró ella, aferrándose a su vientre. Una lágrima se deslizó por su mejilla mientras trataba de detener la risa—. ¡Has que pare!
—Te has vuelto loca, Hermione —sonrió Ron—. Creo que mamá tiene razón. Necesitas dormir —dijo al tratar de llevarla al pasillo—. Realmente no fue tan gracioso —acotó mientras ella no dejaba de reír.
—Sí que lo fue —dijo Hermione, sonriente—. ¿Viste cómo se escabulló y trató de mentirle? —preguntó con sus ojos brillantes de felicidad—. En ese momento lo entendí.
—¿Qué cosa? —quiso saber Ron al sostenerla del brazo y ayudarla a subir al segundo piso.
—Lo que Bill quiso decir.
—¿De qué estás hablando? —cuestionó Ron mirándola con una expresión típica de Moody—. ¿Lo que quiso decir sobre qué?
—Sobre nosotros.
—¿Nosotros? Hermione, no estás hablando claro —dijo Ron al abrirle la puerta del cuarto de Percy y guiarla adentro—. Ven —le hizo señas para que lo siguiera a la cama—. Necesitas descansar.
«¿Por qué le habría pedido a Dumbledore que le devolviera aquella memoria? ¿Por qué querría recordar todas esas cosas horribles que le habían pasado? —se preguntaba Ron al extender su brazo y doblar las sábanas para que Hermione pudiera meterse en la cama—. Le aterraba aquella serpiente aún sin tener su recuerdo. No, no era la serpiente a quien temía —pensó Ron calladamente —, sino... a él. A… —se forzó mentalmente a decirlo—…Voldemort. Quisiera poder olvidarlo. No, de hecho no quiero hacerlo. Por mucho que odié tener que ver todo lo que vi, me alegra haberlo hecho. Porque nunca voy a olvidar lo que le hicieron. Ni tampoco voy a olvidar lo que ella hizo por mi. Se rehusó a contarle a esa retorcida perra de mí, incluso sabiendo que usarían la maldición Cruciatus para obtener la información. ¿Cuántas veces tuvo que soportar esa maldita maldición por mí? Perdí la cuenta»...
—¿Ron? —preguntó Hermione sacándolo de sus pensamientos. Ron levantó la vista y la vio parada justo a su lado; ya todas las señales de su alegría anterior habían desaparecido—. ¿Estás bien? —continuó, sus ojos castaños y sombríos buscaban los suyos.
—¿Yo? —replicó él, alertado por la pregunta—. «¿Por qué estaría preocupada?».
—El color de tu cara desapareció —respondió ella, estudiándolo detalladamente—. ¿En qué pensabas?
—Nada importante —dijo Ron dejando caer la mirada cuando se alejó de la cama y comenzó a caminar hacia la puerta.
—No te vayas —pidió Hermione rápidamente al desatar el lazo de su cintura y deslizar la bata de Ginny por sus hombros—. Por favor —añadió mientras colocaba la bata sobre la silla del viejo escritorio de Percy.
Ron tuvo que luchar para no mirar la parte inferior de aquel cuerpo. Le costó terriblemente mantener sus ojos fijos en los de ella, pero de alguna manera logró hacerlo. Desafortunadamente, Hermione pareció darse cuenta de su lucha interna y en vez de meterse en la cama, dio un paso hacia él.
—¿Por qué no cierras la puerta?
—¿Qu… por qué? —tartamudeó Ron.
Hermione le sonrió.
—Igual que tu padre —replicó, mientras sus ojos volvían a la vida y brillaban en una sonrisa reprimida—. Si te acobardas, te juro que no podré detenerme cuando…
—¡Yo no me acobardo! —gritó Ron indignado.
—¿Entonces por qué estás huyendo de mí? —preguntó Hermione.
—No estoy huyendo —protestó Ron, pero apenas las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de que su espalda ya estaba prácticamente contra la puerta cerrada—. «¡Maldita sea! —pensó y se forzó a sí mismo a disminuir la distancia que había creado entre los dos. Al llegar a la altura de su frente, Ron bajó la mirada y la fijó en los ojos de Hermione—. «Estás demasiado, endemoniadamente cerca —gritó su mente—. Ella está justo aquí, usando nada más que tu remera. Todo lo que tienes que hacer es extender tu mano, y tocarla, y… —sus ojos apartaron la vista—. ¡Maldición! —se maldijo internamente mientras notaba que su mirada se había desviado hacia su pecho y ahora estaba fija en sus muslos expuestos. Inmediatamente, Ron levantó la mirada y la vio sonreír pícaramente—. Mierda» —pensó.
—¿Estás bien, Ron? —preguntó Hermione inocentemente—. Luces un tanto… ruborizado. Quizás deberías sentarte —dijo ella, tomándolo de la mano y empujándolo hacia la cama de Percy—. «No, demasiado obvio allí, Hermione —pensó ella al tratar lo más que pudo de no sonrojarse—. ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me pasa? ¿Cuándo empecé a imitar a Lavender Brown?. ¡Oh, Circe bedita! ¡Estoy coqueteándole! ¡Voy quedar como una completa idiota! Aunque, estamos hablando de Ron. Probablemente ni se dará cuenta, a menos que… lo haga tan obvio que ni siquiera él pueda dejarlo pasar».
Antes de que Ron pudiera darse cuenta de lo que ocurría, ambos estaban sentados al borde de la cama, su mano seguía aferrada a la de ella, y ahora descansaba en…
«¡¡Mierda!! —gritó para sí mismo—. La colocó justo donde yo estaba mirando. Justo sobre su maldito muslo».
Incapaz de detenerse, sus ojos giraron rápidamente para mirarse la mano y el lugar en donde ésta se encontraba con su piel al descubierto.
«No puedes hacer esto —advirtió la parte sensible de su cerebro—. No así. Ella está demasiado vulnerable. No puedes aprovecharte de ella. Se va a arrepentir, y tú también. ¡¡No, maldita sea, yo no me voy a arrepentir!! —gritó la otra parte de su mente—. Bésala ¡¡Bésala ya!!» —demandó.
Sin saber qué hacer, Ron miró a Hermione a los ojos. Casi deseó no haberlo hecho en cuanto vio el deseo incitante en ellos. Su pulso se aceleró al verla sacar su lengua e inconscientemente mojar sus labios.
«Me va a besar» —pensó un segundo antes de percatarse de que él ya se había inclinado y estaba al punto de besarla primero. Sabiendo lo que estaba a punto de hacer, Ron se congeló a un centímetro de sus labios—. ¿Hermione? —susurró.
—¿Sí? —preguntó ella con los ojos cerrados.
—No quiero aprovecharme de ti.
Ron no esperaba escuchar una risita tonta.
«Hermione no se ríe así —pensó—. Bueno, eso no es verdad. A veces escucho sus risitas con Ginny, pero sólo cuando hablan cosas de chicas. Ella nunca se ríe así conmigo o Har»…
Todo pensamiento consciente abandonó su mente en cuanto la sintió presionar tiernamente sus labios contra los suyos. No fue como los besos que habían compartido antes. No estaba lleno de pasión y desesperación. Era tan suave, tan dulce, y tan lleno de amor que provocó que su corazón colapsara tanto como su cuerpo.
—Ya sé que jamás te aprovecharías de mí —susurró Hermione justo antes de besarlo nuevamente—. Y yo tampoco quiero hacerlo. No quiero que pienses que te estoy aprovechando ahora —dijo suavemente manteniéndose así, su boca a centímetros de la suya, esperando.
Ron sintió cada respiro que atravezaba por aquellos embriagadores labios mezclarse con el suyo dulcemente. Aunque él estaba tan cerca de ella como para poder observar sus labios inquisitivamente, permaneció con los ojos cerrados, ya que ellos eran claramente visibles en su mente. Todo lo que quería hacer era besarlos, saborearlos..., saborearla. Vaciló un momento más de lo necesario y entonces se rindió a la tentación; se inclinó y cubrió los labios de ella con los suyos.
La besó amorosamente, meditando sobre cuán suave eran sus labios, cuán suave era su cuerpo al sentirlo pegado al de él. Entonces Hermione intensificó el beso. El estómago de Ron revoloteó con deseo cuando ella abrió su boca y él sintió su lengua correr ligeramente sobre su labio inferior. Gimiendo suavemente, Ron abrió sus propios labios para responderle y lo sorprendió placenteramente el sentir la lengua de ella abriéndose paso en su boca y vacilantemente rozó la suya. Duró sólo por un instante, pero lo suficiente como para desatar algo en su interior. Casi dos años de frustraciones reprimidas y deseos omitidos emergieron cuando su beso hizo desaparecer la barrera que él había construido para aguantar y esconderlo todo.
Mientras el beso se tornaba más cálido, Ron acarició suavemente la espalda de Hermione y al subir, desató el moño que mantenía su pelo sujetado en un mismo lugar. Tirándolo al suelo, enterró una mano en su cabello aún húmedo mientras lo esparcía sobre aquellos hermoso hombros cubiertos por su remera. Impulsado por su propia necesidad de saborearla, Ron usó su otra mano, la cual estaba descansando en su baja espalda para presionar el cuerpo de Hermione en contra del suyo justo antes de empujar su propia lengua dentro de su boca.
Por un momento o dos, Hermione no supo cómo reaccionar ante esa acción. Así que se sentó allí, con su cuerpo presionado firmemente en contra del de él, dejándo acariciar su lengua con la suya. Entonces, su cuerpo reaccionó y actuó por impulso, libando intensamente su lengua y tomando a Ron por sorpresa. Él gimió profundamente dentro de su boca y se apartó de ella para mirarla.
Mientras los cálidos ojos castaños de Hermione -que titilaban expectantes- volvían a la normalidad, Ron reconoció la emoción latente dentro de ellos. Era la misma emoción que él mismo estaba sintiendo, el mismo ardiente deseo. Su cuerpo instantánemente había respondido a la necesidad de ella, por lo que sus ya ajustados pantalones se volvieron aún más apretados.
Respirando profundamente, Ron cerró sus ojos y se ordenó a sí mismo ser fuerte, pero su cuerpo había comenzado a resistirse. Todo lo que quería era acercarla aún más y besarla de nuevo, pero en vez de seguir sus lascivos impulsos, se levantó de la cama y se alejó un paso lejos de ella.
«No lo hagas —gritó la parte sensible de su mente—. Si la besas de nuevo, no serás capaz de detenerte».
Dudó unos segundos, Hermione lo miraba interrogantemente pero sólo se limitó a calmar el ritmo de su respiración.
—De…deberías dormir un poco —dijo Ron finalmente, confiando en sí mismo lo suficiente como para abrir sus ojos y mirarla de nuevo.
—No necesito dormir, Ron —replicó Hermione mirándolo penetrante, sensualmente.
Incapaz de frenar su impulso, sus ojos se dejaron caer sobre el pecho de ella y observó, hipnotizado, como subía y bajaba rápidamente con cada uno de los profundos respiros que tomaba.
«Demonios —se dijo a sí mismo—. No está diciendo lo que creo que está diciendo, ¿o sí?»
—Lo siento —dijo Hermione al sentir su indecisión e interpretarla como algo más—. Lo último que quería era incomodarte —continuó al levantarse de la cama—. Creo que sólo… no estoy siendo yo misma. Se me hace muy difícil concentrarme en cualquier cosa que no seas…tú… y en... —rápidamente acortó la distancia entre ellos, se inclinó, y lo besó suavemente—... cuán perfecto esto se siente. Estoy segura de que mañana estaré totalmente avergonzada, pero ahora… es que … ya hemos perdido tanto tiempo que… no quiero perder más. Pero si tú no quieres... —añadió.
—Yo sí quiero —dijoRon, prácticamente lo gritó—. No hay nada en este mundo que quisiera más.
—¿Pero?... —preguntó Hermione inquietante.
—Pero no quiero que te arrepientes —replicó honestamente.
—Hay muchas cosas de las que me arrepiento, Ron. Pero esta... —lo besó tiernamente—, jamás podría ser una de ellas.
Cuando ella se apartó un poco y levantó la mirada, Ron se horrorizó al ver lágrimas en sus ojos.
—Hermione…—tartamudeó Ron—. Yo no quise… lo siento. Yo… por favor, no llores —dijo al tomarla en sus brazos y recostarla sobre él—. No quise herirte. No quiero herirte nunca. Yo… yo te amo.
—Lo sé —susurró ella—. Es por eso que estoy… llorando. Eres increíblemente tierno —dijo ella elevando su mano para acariciar su rostro—. Ron, quiero que sepas que has tomado lo que podría haber sido fácilmente el peor día de mi vida, y lo has convertido en el mejor. Cuando piense en este día, no voy a recordarlo como el día en que los Mortífagos me secuestraron. Siempre lo recordaré como la noche en que me dijiste 'te amo'.
Hermione se limpió las lágrimas de los ojos y luego se inclinó hacia delante y descansó su cabeza sobre el hombro de Ron, abrazándolo.
—Gracias —susurró—. Has sido realmente increíble. No te has alejado mi lado en toda la noche, y quiero que sepas cuánto lo aprecio. Cuanto te aprecio. Casi no te lo digo lo suficiente, y debería hacerlo.
Ron se alegró de que ella no lo estuviera mirando para ver cuán profundamente se había ruborizado por aquellas palabras.
—Siempre has estado allí para mí —continuó Hermione—. Estás pendiente de mí. Me proteges, me cuidas. Y te amo por ello. No sabría qué hacer si te perdiera.
—No voy a ir a ningún lado —replicó Ron.
—¿Te quedarías conmigo esta noche? —preguntó Hermione devolviendo la mirada a sus ojos—. Por favor, Ron. No haré nada que te haga sentir incómodo. Sólo quiero estar… contigo. Cerca de ti. Me haces sentir segura y… amada. Necesito… necesito que me abraces. Por favor. Sólo hasta que me duerma.
En vez de responderle con palabras, Ron revoleó sus zapatos y se metió a la cama, luego se escabulló hacia una orilla de la cama y se recostó. Le lanzó a Hermione una de sus sonrisas ladeadas —las cuales, sin saberlo, siempre le derretían el corazón—, mientras acariciaba el otro lado de la cama, haciéndole señas para que ella fuese y se recostara también. Sin decir una palabra, Hermione se sentó, subió los pies a la cama, y se acurrucó a su lado. Colocó su cabeza sobre su pecho, y casi instantáneamente sintió la mano de él en su cabello, acariciándolo cuidadosamente.
—Tu corazón esta palpitando muy rápido —dijo ella al levantar el rostro y mirarlo a los ojos—. ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien —replicó él.
—No, no lo estás —indicó Hermione—. Estás frustrado por lo de… antes —dijo con una sonrisa culpable—. Es mi culpa. Lo siento. No me di cuenta de que tenía... un gran efecto en ti.
—Viviré —le aseguró Ron tratando de esconder su vergüenza.
—¿Ron? —dijo Hermione suavemente—. Sé que prometí que sería buena, pero… si quieres… —se detuvo por un momento y se mordió el labio, deliberando si debería o no terminar su pensamiento—. Quisiera… emm… ayudarte —terminó finalmente ella, sonrojándose profundamente.
Ron gimió y se movió incómodamente mientras sus pantalones se volvían a tornar insoportablemente apretados—. No tienes que hacerlo —dijo él, incapaz de mirarla a los ojos—. «¿Cómo puede ser tan inocente y sensual al mismo tiempo?».
—Sé que no tengo que hacerlo —replicó Hermione—. Dije que me gustaría, pero… tendrás que… enseñarme cómo—admitió ella, su sonrojo se volvió incluso más pronunciado. Al mirarlo, Hermione vio a Ron ruborizarse rápidamente para terminar con las mejillas tan rojas como su propio cabello, y supo que ella debía tener el mismo tono que él—. ¿De qué te avergüenzas? —preguntó ella—. Si alguien debería estarlo, esa debería ser yo. Fui yo la que admitió querer… tocarte. ¿Eso me hace muy… rápida?
—No —rió Ron, notando como su cara estaba totalmente sonrojada al hacerle aquella pregunta.
—Si estás seguro, entonces —contestó Hermione, besándolo ligeramente en la mejilla antes de dejarse caer y acurrucarse contra él una vez más.
«Espera un minuto» —pensó Ron antes de replicar—. Te das cuenta que cuando dije no, sólo quise decir que no eras rápida, ¿verdad? —cuestionó él.
—Ajá... —replicó ella aferrada a su pecho.
—Ah. Está bien, entonces —Ron dejó caer su cabeza sobre la almohada, sin saber muy bien qué era lo que debía hacer.
Hermione tuvo que morder su labio inferior para no reír cuando escuchó al corazón de Ron latir tan fuertemente. No quiso presionarlo, así que decidió que sólo se quedaría allí a esperar su reacción.
—¿Hermione?
—¿Sí? —preguntó ella.
—¿Te importaría si… este… «Maldita sea. ¿Por qué tiene que ser tan difícil?» —pensó antes de continuar—. ¿Te molestaría si me... sacara los pantalones?
Hermione se enderezó y apoyó el peso de su cuerpo sobre su codo, volteándose para para ver así —si es que fuera posible—, su aún más extremo sonrojo.
—No, en absoluto —dijo ella. Reconociendo su mortificación, rápidamente bajó la mirada—. Miraré a otro lado si quieres —dijo girando su rostro hacia la puerta para darle algo de privacidad—. Puedes crubirte con el cubrecama —dijo al sentirlo levantarse—. Yo sólo usaré la sábana.
—Está bien —asintió Ron.
Hermione sintió la cama hundirse al él volver a sentarse y volteó nuevamente para afrontarlo.
—¿Mejor? —preguntó ella mientras se cubría las piernas con la sábana.
—Sí —contestó Ron, recostándose de espalda para que ella apoyara la cabeza en su pecho. Tan pronto ella se acomodó, él colocó su brazo alrededor de su espalda, preparádose para abrazarla de esta manera, incluso aunque sabía que su brazo se entumecería dentro de unos minutos. «Quizá esa sensación me distraiga» —pensó.
—¿Estás cómodo ahora? —preguntó Hermione, agitada.
—Sí, estoy bien —mintió.
—Buenas noches, Ron.
—Buenas noches —replicó, sin siquiera molestarse en cerrar los ojos.
Recostado allí, con la luz de la luna iliminando la habitación, alzó la vista hacia el techo durante unos diez, quince minutos, a juzgar por el modo en que su brazo estaba ahora tieso y entumecido. A decir verdad, se estaba tornando bastante doloroso, pero no quiso molestar a Hermione si es que ella estaba durmiendo.
—¿Mione? —le escuchó ella murmurar a Ron—. ¿Estas dormida?
En vez de contestarle, Hermione cerró los ojos y fingió estarlo, sólo por si él se inclinaba para comprobarlo.
—Puedes dejar de fingir —dijo él suavemente mientras retiraba su brazo debajo de ella y giraba para mirarla mejor—. Ya sé que estás despierta.
—¿Cómo? —cuestionó ella, mientras se viraba también y se apoyaba en su codo para afrontarlo.
—No estabas respirando lo suficientemente profundo —indicó Ron.
—Entonces, ¿por qué preguntaste?
—¿Por qué no me respondiste?
—No quise que sintieras la obligación de quedarte —replicó ella.
—Yo no me quiero ir —admitió Ron—. ¿Te molestaría si me quedara aquí toda la noche?
—No tienes que hacer eso, Ron.
—Sé que no tengo que hacerlo. Quiero hacerlo.
—Ah, está bien —replicó Hermione—. Me gustaría eso.
—¿Hermione?
—¿Mmm?
—Debes estar exhausta. ¿Por qué no te has dormido? —preguntó él.
—No lo sé. Quizás tenga que ver con el hecho de que… «no puedo dejar de pensar en ti»… sigues haciéndome preguntas.
—Oh, lo siento. Me callaré enseguida.
Hermione cerró los ojos, se acurrucó a su lado y esperó, sabiendo lo que vendría.
—¿Hermione? —preguntó Ron suavemente.
—¿Sí? —replicó ella.
—No puedo dormir.
Ahí estaba, Hermione volvía a soltar una risita tonta. A Ron le pareció algo desconcertante; no era su forma normal de actuar.
—Quizá debas comenzar tu ensayo de Transfiguración —replicó ella sonriendo satisfecha.
—«Esa, sin embargo, sí es su forma normal de actuar».
—Puedo asegurarte que eso te pondrá a dormir —bromeó ella.
Ron suspiró hondamente.
—Rompí todos mis libros —admitió.
—Bueno, te puedo pasar el mío más tarde.
—¿De verdad? —preguntó él, incapaz de esconder el asombro en su voz.
—Mi libro, Ron —aclaró Hermione—. No mi ensayo.
—¿Ni siquiera una ojeada? —preguntó él desalentado.
—¡No!
—¿Mione?
—¿Qué?
—No quiero hacer la tarea —gimoteó Ron.
—¿Y qué quieres hacer? —preguntó ella con los ojos aún cerrados.
—¿Puedo… besarte otra vez? —preguntó Ron tímidamente.
La pregunta sin duda alguna le llamó la atención. Ron la sintió alejarse de él mientras sus ojos se abrían y lo observaba. Aunque Hermione intentó ocultar su sonrisa al ver el anhelo en sus ojos y la vergüenza en su rostro, no pudo resistirse por mucho tiempo.
—Pensé que nunca me lo ibas a pedir —contestó ella rindiéndose ante él, radiante.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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