La Sra. Weasley se apresuró en abrirle la puerta de la cocina a Ron y a Hermione.
—¡¡Apártense del camino!! —gritó ella, asustándo a sus hijos. Los tres saltaron instantáneamente y se alejaron de la mesa. La sorpresa que se llevaron al oír la orden sin sentido de su madre no se comparó con el asombro de ver a Hermione entrar por la cocina, seguida muy de cerca por Ron. Mientras la Sra. Weasley ayudaba a Hermione a sentarse, los tres la miraban anonadados.
—Debo verme peor de cómo me siento —susurró Hermione a Ron, que estaba detrás de ella con sus manos sobre sus hombros.
—¿Her-Hermione? —tartamudeó Ginny—. ¿Cómo...?
—¡¡Increíble!! —gritó George-. Más de la mitad de la Orden buscándote y tú...
—... escapaste sin la ayuda de nadie —finalizó Fred.
—¿Cómo... cómo lo hiciste? —inquirió Ginny.
—¿Qué le pasó a tu rostro? —preguntó Hermione a George, observando las marcas moradas alrededor de su ojo.
—Fue él —replicó George apuntando a su hermano menor.
—¡Ron! —exclamó Hermione.
—¡Estaba tratando de evitar que te ayudara! —dijo Ron poniéndose a la defensiva.
—En realidad, estábamos tratando de ayudarte a salvarla —corrigió Fred—. Como ya intentamos explicar.
—Nosotros éramos tres. Ellos eran tres. Nos pareció una buena oportunidad en aquel momento —admitió su gemelo.
—¿Hermione? —continuó George, al virarse y mirarla nuevamente—. Tú nos viste llegar. ¿Por qué agarraste el trasladador?
Hermione dejó caer su mirada al suelo.
—Sí, los vi —admitió ella—, pero estaban demasiado lejos. Sabía que ellos alcanzarían a Ron antes que ustedes lo hicieran.
—Ron, tienes una carta de Harry —dijo Ginny entregándole el sobre.
—¿La abriste? —preguntó Ron al extender su mano para agarrarlo.
—Pensamos que podría ser importante —replicó Ginny, la culpa se evidenciaba en su voz—. Estaba a punto de responderle cuando...
—Dame eso —ordenó Hermione, quitándole la carta a Ron de entre sus manos y cogiendo una pluma de la mesa.
"¡No te atrevas a salir de esa casa, Harry!", escribió ella en letras bien grandes y oscuras. "Por ningún motivo. No me importa lo que él te muestre. Todo es mentira. Yo estoy bien. Todos aquí lo estamos. Tú quédate ahí y..."
Ron arrancó de un tirón la pluma de su mano.
—¡Oye! ¡No he terminado! —rugió Hermione cuando Ron viró el pedazo de pergamino hacia sí.
"Hermione escapó por sí misma", escribió él. "Apareció en mi cuarto hace más o menos cinco minutos. Está de muy mal carácter, como ya habrás notado. Así que mejor haces lo ella dice, compañero. Si pudo sola con los Mortífagos, me estremezco de sólo pensar en lo que sería capaz de hacerte si te marchas..."
Al finalizar, Ron envolvió el pergamino, se estiró para alcanzar a Hedwig —que ahora estaba sentado en el alféizar—, y amarró la carta a su pata.
—¡Ron! —exclamó Hermione al ver volar a Hedwig para enviar el recado—. Aún no había terminado, ¿sabes?
—Sí, ya habías terminado —replicó Ron. Fred alzó una ceja. George hubiera hecho lo mismo si no fuera porque le dolía muchísimo—. Seguro captará lo que quisiste decir—continuó Ron—. No había ningún motivo para que continuases escribiendo.
—Quizá quería contarle algo más.
—Quizá este no sea el momento adecuado.
—¿No quieres que él lo sepa?
—Yo no dije eso —dijo Ron, arrodillándose para quedar frente a ella —. Ahora mismo es más importante asegurarnos de que estés bien.
—Estoy bien —protestó Hermione.
—Perfecto, entonces deja que mamá te revise y cuando ella diga que estás bien, le podrás escribir a Harry la carta más larga del mundo si así lo deseas, y Pig se la enviará. Sólo ten en cuenta que Pig es la lechuza más atolondrada que existe y que probablemente no podrá cargar una de esas cartas tipo libros que te encanta escribir.
—Bien —acordó Hermione, aunque no lucía demasiado satisfecha.
—Mamá —la llamó Ron al voltearse, y descubrió a su madre con la cabeza metida dentro de la chimenea.
—¿Sí, querido? —preguntó ella a la vez que salía de las llamas verdes y se sacudía el polvo que traía encima.
La atmósfera se dividió al sonar un ruidoso ¡pop!. Hermione —que aún seguía un poco nerviosa—, chilló y se hubiera caído de no ser porque Ron estaba arrodillado a su lado y alcanzó a prevenir su caída. Ginny también se pegó un gran salto y terminó chocando contra Fred y George.
—Hermione, ¿estás bien? —preguntó Remus Lupin al acercársele, tenía el tono de voz mermado por la preocupación.
—S-sí —tartamudeó ella, tratando de calmar los latidos de su corazón.
—Moody está en posición, Molly —dijo Lupin girándose hacia la Sra. Weasley, quien seguía parada delante de la chimenea—. Ya estamos listos, iniciaremos en cuando tú lo estes.
—¿Listos para qué? —preguntó George.
—Fred, George —apuntó la Sra. Weasley—. Cuiden a su hermana. Y vean si pueden arreglar el cuarto de Ron.
—¡¿Qué?! —gritó Fred indignado.
—Yo no soy un bebé. Puedo cuidarme sola, ¿sabes? —objetó Ginny.
—¿A dónde van todos ustedes? —le preguntó George a su madre.
—Vamos a llevar a Hermione a St. Mungo.
—¡¡Ah, no!! —se opuso Hermione.
—Hermione, tenemos que asegurarnos de que no te hayas dejado alguna parte atrás —dijo la Sra. Weasley con una voz maternal.
—¿Te apareciste? —preguntó Fred, con el asombro marcado en su voz.
—Tan simple y sin embargo tan brillante —añadió George—. Apuesto a que esos idiotas nunca se lo esperaban. ¿Quién ha oído alguna vez de una bruja de quince años de edad que pueda aparecerse?
—¿De quién era la varita que usaste? —preguntó Lupin bajándo la mirada hacia Hermione.
—De aquella rata apestosa, Peter Pettigrew —respondió desdeñosamente al sacarla de su bolsillo y ofrecérsela a Lupin. Él la alcanzó, la tomó entre sus manos y la sujetó a una distancia considerable, como si estuviera contaminada.
—Vamos querida —dijo la Sra. Weasley tratando de levantar a la chicade la silla.
—¡No! —se opuso Hermione, alejándose de ella para mirar a Ron—. Recuerdas lo que le sucedió a Broderick Bode, ¿no? —le preguntó ella significativamente.
La cara de Ron se endureció inmediatamente a la vez que se enderezó y se situó entre su madre y Hermione.
—¡Absolutamente no! —declaró él, cruzándose de brazos y mirando a su madre de una forma desafiante.
—Moody está allí. Nada le pasará a... —comenzó a explicar la Sra. Weasley antes de que la interrumpieran Ron y Hermione.
—¡¡No!! —replicaron al unísono.
—¿Qué le pasó a Broderick Bode? —le preguntó Ginny a George.
—Voldemort quería callarlo, así que le envió una diabólica serpiente para Navidad que lo estranguló mientras dormía —explicó Ron irritadamente. Todos se quedaron mirándolo incrédulos, incluída Hermione.
—Ron, tú... dijiste su nombre —exclamó Hermione sorprendida.
—Sí, bueno, es que he estado maldiciéndolo toda la noche. Creo que se me escapó.
—Hermione —comenzó Lupin calmadamente—, nada malo va a pasarte. Sólo queremos que te revisen para estar seguros de que no falte nada internamente. Aparecerse es algo muy delicado. Hay un millón de cosas que podrían salir mal. Especialmente si nunca antes la habías practicado.
—Oh, por favor —se exasperó—. Si ellos pueden hacerlo —señaló a Fred y a George—, no ha de ser tan difícil.
—¡Oye! —objetaron los gemelos al unísono.
—¿Y eso qué se supone que significa? —dijo Fred echando humo.
—Quiere decir que sé cómo hacerlo, que no perdí ninguna parte de mi cuerpo y que NO voy a ir a St. Mungo.
¡CRACK!
—¿Por qué se demoran tanto? —demandó Bill al materializarse dentro de la cocina—. Moody está ladrándole a todos los que se acercan al pasillo. Lo van a expulsar por las orejas si el paciente al que él está supuestamente protegiendo no se presenta pronto.
—Ella se rehúsa a venir —dijo la Sra. Weasley, dejando caer sus brazos a los lados, claramente exasperada.
—Hermione —dijo Bill, dándose la vuelta para afrontarla y negociar el caso—. Tus padres te están esperando para...
—¡¡¿Qué?!! —gritó Hermione saltándo de su silla—. Tú... tú... no los llevaste allí, ¿verdad?
—Papá y yo estábamos con ellos cuando escuchamos que habías escapado. Él creyó...
—¡¡Sácalos de allí!! ¡¡¡Sácalos de allí ahora mismo!!! —demandó Hermione.
Bill dio un paso hacia atrás y miró a su madre, desconcertado. Entonces, para su asombro, la firmeza de Hermione se desvaneció. Sus ojos se tornaron aguados y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Se dejó caer en la silla, extendió sus brazos sobre la mesa y enterró allí su rostro en el momento en que soltó un enorme sollozo.
La Sra. Weasley asintió con la cabeza mirando a Bill y él se esfumó del cuarto.
—Está bien, querida. No te preocupes por tus padres. Nosotros los mantendremos a salvo. Ustedes tres —acotó la Sra. Weasley, mirando hacia Fred, George, y Ginny—. ¡¡Fuera!!
—¿Qué?
—¿Por qué?
—Dije afuera. ¡¡Ahora!! —gritó ella nuevamente.
—Pero... —protestó Ginny, casi arrastrándose hacia la puerta—. Oh, está bien —escupió agriamente al mirar a su madre cuando salió de la cocina seguida de cerca por Fred y George.
La Sra. Weasley y Lupin se movieron a una esquina para conversar furtivamente y dejaron a Ron parado al lado de Hermione. Inmediatamente, él cogió una silla y la acercó hacia la de Hermione, sentándose y colocando un brazo alrededor de su espalda. Se inclinó hacia ella y le susurró al oído.
—Van a estar bien. Papá y Bill cuidarán de ellos hasta que Dumbledore les encuentre un cuidador secreto. Lo haría yo mismo si tuviera que hacerlo.
—Oh, Ron —gimió Hermione, y se lanzó sobre él. Él le acarició la espalda con cuidado, y trató no olvidar no abrazarla muy fuerte.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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