Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 18: Grimmauld Place

—Casi llegamos —dijo Bill al doblar la esquina y guiar a Hermione hacia la estrecha calle alineada con casas pobres. Su dinámico paseo había sido considerablemente mucho más largo de lo originalmente planeado. El cuerpo ya doliente de Hermione había comenzando a protestar, pero ella no se quejaba. Era su culpa después de todo. Se había bajado del tren para perseguir a un muggle aunque aquella no era su parada. Se llevó a Bill y a Tonks lejos de la estación subterránea para rastrear al individuo. Había vaciado sus bolsillos y ofrecido al muggle todo el dinero que traía si tan sólo le dejaba utilizar su celular por cinco minutos. Era su culpa por no haber pensado en salvar algunas libras para así poder regresar a la estación Kings Cross. Lo que debió haber sido una caminata sin prisa de veinte minutos, se había convertido en una excursión de noventa minutos a través de Londres. Tan sólo podía culparse a sí misma, pero hablar con Harry había valido la pena.

—¿Qué hora es? —Hermione oyó preguntar a Nymphadora Tonks detrás de ella.

—Diez minutos más que la última vez que preguntaste —replicó Bill sin siquiera molestarse en mirar su reloj.

—Probablemente Moody está enviando equipos de rescate mientras hablamos —refunfuñó Tonks al continuar la marcha pasando de una casa destartalada a la otra.

—No estamos tan retrasados —contestó Bill en lo que esperaba sería una voz segura. Quizás aún no hayan enviado un equipo de rescate, pero definitivamente su madre estaba esperándolos y no estaría feliz por el retraso.

—Es mi culpa —admitió Hermione, sabiendo perfectamente lo que les esperaría una vez que llegaran a su destino—. Y asumiré las consecuencias.

—Mamá se ciega si se trata de niños —informó Bill—. No importa lo que le digas, aún así será culpa mía.

Hermione resopló. No pudo evitarlo. Él sonaba exactamente como Ron. Sonrió para sí misma al recordar el día en que él se había quejado, enfrente de ella y de Harry, de cómo su madre lo culparía por la partida de Fred y George de la escuela. Aunque era obvio que Ron no podría haber hecho nada para detenerlos. Y mucho menos, Bill no podría haber evitado que ella saltara del tren. Ella no lo había planeado y ciertamente no les había dado ningún aviso. Cuando el hombre muggle en traje de negocios había pasado a su lado para salir del tren con un celular al oído, ella actuó por impulso. Estaba en sus pies y fuera de la puerta antes que Bill pudiera sacar su varita.

Recordando lo sucedido, Hermione se dio cuenta de la estupidez que había cometido.

«Esas puertas no permanecen abiertas por mucho tiempo. Bill y Tonks habrían tenido varios problemas para llegar si no bajaban del tren. Claro que si eso sucedía, alguno hubiera hecho explotar la puerta para salir. Qué desastre hubiera sido. E incluso, podría haberlos perdido entre la multitud. ¿En qué estaba pensando?» —se preguntó a sí misma mientras trataba de seguirle el paso a Bill, que marchaba adelante aparentemente ignorando el tipo de vecindad al que se estaban adentrando.

Aunque Hermione tampoco estaba prestando mucha atención. Estaba demasiado conecentrada en sus propios pensamientos como para percatarse de todo lo demás. No que importara demasiado, en realidad. Cada casa que pasaban estaba más deteriorada y arruinada que la amterior. Después de un rato, la pintura deteriorada, las ventanas rotas y los patios descuidados cubiertos de hierbas de todo tipo parecían mezclarse. Sin embargo, el grafito era nuevo. Las letras dentadas recién pintadas que cubrían las paredes de ladrillo y las cercas le llamaron la atención por un momento, pero las palabras eran casi completamente ilegibles, así que rápidamente perdió el interés.

«Nunca viviré por esta zona —se dijo miserablemente al pensar cómo había sido forzada a escapar del Callejón Diagon. Y había sido forzada, de ello no cabía duda—. Fred se lo dirá a Ron y… peor aún… a Ginny. ¡Ay! Será horrible. Realmente no debería haberle dicho eso de ella a Harry».

...

Había estado reacia a dejar de la relativa seguridad que brindaba la tienda de los gemelos una vez que había llegado. No había querido tener que enfrentar a todas las personas rondando por hacer sus compras. Alguien la había reconocido en el momento que puso un pie en público. El ataque estaba en la primera plana, después de todo.

El Profeta la había bautizado como "La Niña que Escapó" en la edición matutina. No que lo hubiera leído ella misma. Todavía estaba acurrucada en la cama con Ron cuando la copia del diario El Profeta fue entregada. La Sra. Weasley había pagado al búho ella misma, le echó un vistazo al titular y entonces lanzó el papel a la basura donde pertenecía. Por supuesto, Ginny lo había sacado del cesto de la basura en el instante en que su madre se había apartado. Alcanzó a leer la mitad del artículo en la página principal antes de que la Sra. Weasley descubriera lo que estaba haciendo. Al instante, alejó el periódico de las manos de su hija y lo destruyó, pero el daño ya estaba hecho. En el momento en que sus dos padres salieron de la casa, Ginny fue directo a Hermione a contarle lo que había leído.

El artículo en sí, a pesar de largo, parecía tener muy poca información verídica. Sin hechos legítimos que comunicar, habían vuelto al viejo material de Rita Skeeter y divulgado que la "relación romántica a largo plazo" de Hermione con "El Niño que Vivió" fue la motivación del incidente. Viktor Krum había sido nombrado el máximo villano. Ginny y Hermione llegaron a la conclusión de que probablemente Fudge había tramado esa versión de los hechos él mismo para hacer creer que el Ministerio tenía a los culpables bajo custodia. En esta versión, Krum era un pretendiente descartado que había tratado de entrometerse entre Harry Potter y su novia estable mientras los dos estaban compitiendo en el Torneo de los Tres Magos. Incapaz de romper el vínculo entre la pareja, Krum se unió a los enemigos de Harry, y juntos, conspiraron su venganza. Pero el plan había fallado. Primero cuando Krum fue capturado y luego cuando Hermione logró escapar de la legión de Mortífagos.

Habiendo discutido todo esto con Ginny antes de su siesta, Hermione no estaba realmente del todo sorprendida de lo indignado que estaba el Ministro al ella insistir en la liberación de Krum. Aunque no le quedaban muchas opciones. Si no la desmentía, Hermione habría empezado a dar entrevistas y a decirle a todo el mundo quién realmente estaba detrás de todo eso. Como Fudge ya no podía negar que Voldemort había regresado, estaba determinado a minimizar tal noticia todo lo que pudiese.

Hermione acababa de contemplar a quién Fudge le echaría la culpa esta vez, cuando Fred la sacó de sus pensamientos al agarrar un sombrero puntiagudo hecho de una cierta clase de material rosado chillón, y se lo aventó. Inicialmente, Hermione se había quedado desconcertada. Miró al sombrero en silencio y tomó el espeluznante listón verde manzana y las ostentosas plumas amarillas. Luego, con un grito ahogado se dio cuenta de lo que era y comenzó a protestar.


Fred sólo se rió de su disgusto, por lo que ella intentó apelar a Bill. Le informó que preferiría enfrentar a toda una horda de Mortífagos que caminar por la calle usando un Sombrero Acéfalo. En vez de escucharla, Bill agarró la asquerosa cosa de la mano de su hermano y se la colocó a Hermione en la cabeza.

Bill giró por otra esquina y Hermione se las arregló para seguirlo, incluso aunque su mente estaba en otra parte. Podía sentir a Tonks caminar detrás de ella y sabía que la joven Auror estaba alerta a cualquier señal de peligro, lo que la dejaba libre para contemplar otros asuntos. Afortunadamente, sus acompañantes no estabam mirándola y ninguno de los dos pudo notar el rubor que se esparcía por sus mejillas al recordar lo que sucedió después.

Se había sacado el sombrero tan rápidamente que ni siquiera tuvo tiempo de hacer desaparecer su cabeza. Sintiéndose como una idiota, Hermione se lo había tirado a Bill y había tratado de usar razonamientos válidos para no tener que ponérselo. Desafortunadamente, aún sin saber cómo, Fred le había ganado en astucia. En cierto modo, eso era más humillante que el hecho de haber tenido que usar ese maldito sombrero.

—«¿Qué fue lo que hice mal?» —se preguntó al pensar en el cambio que la conversación había tomado luego.

Al ella argumentar que el estar sin cabeza sólo le brindaría atención extra, había estado segura de que lo convencería. ¿Cómo alguien podría discutirle la lógica de tal razonamiento? Bill había vacilado por un momento y parecía haber caído… pero luego Fred tomó el control de la situación. Antes de que Hermione supiera lo que estaba pasando, Fred había cogido todos los Sombreros Acéfalos que podía y corrió hacia la puerta.

—Sólo dame diez minutos y este lugar será un enjambre de niños sin cabeza —gritó sobre su hombro al desaparecer.

Para su completo horror, él regresó en menos de cinco minutos y le informó que había regalado los sombreros a todos los que estuvieran dispuestos a "promover" el producto por la siguiente media hora. Ahora habían por lo menos cinco o seis personas sin cabeza deambulando por todo el Callejón de Diagon con instrucciones de enviar a cualquiera que preguntara por el producto a Sortilegios Weasley.

Para complicar aún más las cosas, Fred había ido a Madame Malkin Túnicas para todas las Ocasiones y había tomado prestada una túnica para que Hermione cubriera su ropa muggle hasta que llegara al Caldero Chorreante. Ya no le quedaba ningún argumento lógico.

«Es humillante —pensó—. No funcionaría mejor porque yo no quiero que lo haga» —se dijo, aceptándolo a regañadientes.

Al final, no tenía ninguna opción más que ponerse esa horrible cosa encima y seguir a Bill hasta Caldero Chorreante.

No había sido capaz de quitarse la maldita cosa de la cabeza lo suficientemente rápido, porque en el momento en que entró a la taberna y se lo sacó de encima, deseó no haberlo hecho. El silencio que recorrió la sala fue casi instantáneo. De repente, todos los ojos estaban puestos sobre ella. Al menos los adultos tuvieron la delicadeza de mirarla fijamente, pero en silencio. Fueron los niños parados cerca de la chimenea, a punto de viajar a sus hogares con sus madres, lo que llamaron su atención. Una de las niñas la señaló y luego se inclinó hacia su hermana para comenzar a cuchichear frenéticamente. Como si sus susurros hubieran roto un hechizo silenciador que reinaba en la sala, los demás comenzaron a virarse hacia sus vecinos y conversar en voz baja.

Tonks había tomado parte de la atención dirigida a Hermione cuando saltó arriba de una mesa y se le acercó. En su prisa, había tropezado con la pata de una silla y se tambaleó para terminar encima de un hombre sentado en la barra. El choque la previno de caer al suelo, pero alcanzó a tirar su bebida y desparramarla por el regazo del hombre. Insultando fuertemente, el hombre saltó del taburete y el vaso golpeó el piso, donde se quebró. Sin pensarlo, Tonks cogió una toalla de la cantina y empezó a limpiar la túnica del hombre intenando disculparse.

Hermione y Bill se sobresaltaron tanto como todos los demás. Era como una de esas escenas en las que uno no desea ver pero al mismo tiempo no puede apartar la vista.

—¡TONKS! —gritó Bill cuando finalmente halló su voz.

—¿Qué? —preguntó ella al girar y encontrarse con su cara de espanto.

Bill no le respondió, tan sólo se dedicó a observarla con incredulidad. Tonks lo miró extrañada y luego bajó la vista hacia el sitio que Bill estaba mirando tan escépticamente.

—¡OH, MERLÍN! —gritó ella cuando se dio cuenta de exactamente dónde estaba frotando al hombre. Su cara se ruborizó instantáneamente con un brillante tono rojizo que desentonaba violentamente con su pelo azul eléctrico—. ¡Lo siento tanto! —gimió ella—. No quise… ¡OH! ——gritó abruptamente cuando se dio cuenta de que aún tenía el trapo firmemente presionado contra su entrepierna—. Lo siento —murmuró ella al quitar su mano, dejar caer el trapo al suelo y buscar su varita.

—¡No! —protestó el hombre al verla apuntar a la mancha mojada en su túnica—. Yo lo haré —añadió, cubriendo el sitio con ambas manos.

Tonks simplemente lo miró por un momento y luego bajó la varita.

—¡Al menos permítame comprarle otra bebida! —gritó ella detrás de él mientras el hombre corría por un oscuro pasillo hacia el baño.



...

—Ahí —dijo Bill al señalar justo delante de ellos una cuadra descuidada y con hierba amarillenta opuesta a las casas de Grimmauld Place.

—Creí que se suponía que la localización era secreta —dijo Hermione al seguirlo hacia la calle ,y verlo subir los pies a la piedra deteriorada que conducía a la puerta negra y estropeada.

—Lo es —contestó él al echarle un vistazo a las serpientes de plata enroscadas delante suyo. Por un momento, Hermione creyó que iba a estirar su mano y usar el llamador de la puerta—. He pasado años navegando entre tumbas egipcias —continuó Bill al sacar la varita de su bolsillo—. ¿Realmente esperabas que me perdiera en las calles de Londres? Esto ha sido juego de niños comparado con los lugares que he tenido que encontrar.

—Ellos me preguntaron... por él —dijo Hermione débilmente—. Por dónde estaban el cuartel —aclaró cuando Tonks la miró fijamente.

—No tuviste que mentirles —replicó la joven Auror, haciendo obvio que alguien ya había compartido los detalles con ella—. Incluso si les hubieras dicho dónde estaba localizado, ellos no lo hubieran recordado. Podrías haber hablado en Duendigonza, porque en realidad no habrían podido entenderte nada.

—¿Entonces por qué me lo preguntó? —cuestionó Hermione.

—Para probar tus lealtades —contestó Bill al dar un golpe a la puerta una vez con su varita—. Para ver de lo que estabas hecha —agregó alejándose un paso de la puerta en cuanto escuchó el ruido metálico que resonaba del otro lado.

—¿Dónde habían estado? —bufó la Sra. Weasley al empujar la puerta, tomando a los tres por sorpresa. Apareció tan rápidamente que Hermione sospechó que había estado parada del otro lado esperando por ellos. En vez de esperar una respuesta, la Sra. Weasley condujo al trío adentro y enseguida cerró la puerta detrás de ellos.

—¿Y bien? —demandó con las manos sobre sus caderas mientras miraba fijamente a su hijo mayor—. Deberían haber estado aquí desde hace una hora —añadió ella, más fuerte de lo debido—. ¿Qué sucedió?

Sin previo aviso las cortinas apolilladas de terciopelo que cubrían el retrato de la Sra. Black se abrieron, revelando a una vieja arrugada y enfurecida.

—¡INMUNDICIAS! —gritó ella mientras movía sus puños hacia Bill—. ¡ESCORIAS! ¡LÁRGUENSE DE ESTA CASA!

—¡¡¿Tienen alguna idea de lo preocupada que he estado?!! —gritó la Sra. Weasley, no en cólera, sino para poder ser oída por sobre los insultos de la Sra. Black.

¡TRAIDORES A LA SANGRE! ¡ASQUEROSA HÍBRIDA! —añadió la imagen de la Sra. Black cuando descubrió a Tonks.

—Buenas tardes a ti también, Tiíta —contestó Tonks al dar un paso hacia delante para cerrar las cortinas.

Los ojos de la Sra. Black saltaron de su lugar al ser respondida por alguien que claramente consideraba inferior, y se lanzó hacia delante en el lienzo, con las garras buscando a tientas el cuello de Tonks para envolverlo entre sus manos.

¡TÚ! —gritó ella antes de quedarse inmóvil. Su piel amarillenta se tornó pálida al ver a Hermione—. ¡SANGRE SUCIA! ¡¿CÓMO TE ATREVES A MANCHAR EL HOGAR DE MIS PADRES CON TU REPULSIVA PRESENCIA?!

—¡¡Debes estar muriéndote de hambre!! —gritó la Sra. Weasley a Hermione, dándole la espalda al retrato para ignorarla—. ¡¿Por qué no bajas a la cocina, querida?! ¡¡Dejé tu almuerzo sobre la mesa!!

—¡¿CÓMO TE ATREVES A PROFANAR ESTOS PASILLOS SAGRADOS CON TU DESHONRA?!

—¡¡Dale un descanso, vieja arpía!! —gritó Bill al empujar a Tonks fuera del camino, agarrar ambos lados de la cortinas y pararse directamente enfrente de la desquiciada mujer que tratando de salir a puñetazos de su cuadro-. Ésta ya no es más tu casa —indicó él con una sonrisa—. Sirius se la dejó a...

—¡Bill! —lo detuvo la Sra. Weasley—. Deja de tentarla y limítate a cerrar las cortinas —añadió ella en un tono normal de voz.

Les tomó un gran esfuerzo, pero Bill y Tonks se las arreglaron para poner las cortinas sobre el retrato.

—Cálmate mamá —dijo Bill antes de que el aluvión de preguntas comenzara otra vez—. No pasó nada —añadió mientras eran conducidos por el pasillo hacia la cocina—. Sólo tuvimos un pequeño problema con esos trenes subterráneos que usan los muggles.

—¿Qué tipo de problema? —preguntó la Sra. Weasley sospechosamente.

—Fue mi culpa —contestó Tonks—. Quería probar una de esas escaleras que se movían y...

—En realidad, la culpa fue mía, Sra. Weasley —dijo Hermione interrumpiendo a Tonks—. Salté del tren en la parada equivocada.

La Sra. Weasley se detuvo en el reallno de la escalera que conducía abajo, a la cocina del sótano, y fijó la mirada acusadoramente en su hijo.

—¿Así es como cuidas a tu... a Hermione? —acusó ella—. ¡Merlín sabe lo que hubiera podido pasarle!

—Él no sabía lo que iba a hacer —dijo Hermione en defensa de Bill—. Ni yo sabía que iba a hacerlo —añadió sinceramente—. Sé que fue estúpido, pero no estaba pensando con claridad. En cuanto vi a ese muggle hablando por celular, sólo reaccioné. Tenía que alcanzarlo. Tenía que usar su teléfono. Tenía que hablar con Harry. Quería que él supiera que yo estaba bien. Sabía que si él pudiera escuchar mi voz...

—¿Tú... hablaste con Harry? —dijo la Sra. Weasley olvidando instantáneamente su ira.

—Estaba preocupada por él —indicó Hermione—. Está totalmente solo, sin nadie con quien hablar y nada que hacer más que imaginarse lo peor.

Si no lo supiera, Bill hubiera jurado que Hermione había tramado decirle eso a su madre. Por un momento, ella había estado preocupada por Hermione y furiosa con él, pero ahora... estaba completamente enfocada en Harry. Se estaban preocupando por él... juntas. Si no hubiera visto a Hermione perseguir a ese muggle, si no hubiera escuchado su conversación con Harry, estaría tentado a dudar de su sinceridad.

—Sabía que si tan sólo podía hablar con él... le haría ver que no había sido su culpa... —continuó Hermione.

—Por supuesto que estabas preocupada por él —replicó la Sra. Weasley al estirar su brazo, colocarlo alrededor de los hombros de Hermione, y escoltarla hacia la cocina.

...

—¿Qué acaba de suceder aquí? —le murmuró Tonks a Bill al ellos quedarse idiotizados al pié de las escaleras, enfrente de la puerta ahora cerrada.

—Desearía saberlo —contestó él, riendo entre dientes.

—No piensas que realmente planeó esto, ¿verdad? —preguntó Tonks.

—No estoy seguro —admitió Bill— pero no estaría tan sorprendido si lo hubiera hecho. Si ella lo...

—Le debes una —rió Tonks.

—Sí —coincidió él, riéndose con ella—. «Tenemos suerte de tenerla de nuestro lado».

...

—¿Los miembros de la Orden todavía siguen vigilándolo? —preguntó Hermione mientras la Sra. Weasley la conducía a la cocina.

—No te preocupes, querida —contestó ella al dirigir a Hermione hacia la mesa—. Harry comprende por qué necesita estar allí ahora. No será como el año pasado.

—¿Sabe que están allí? ¿Alguno de ellos habla con él? —preguntó Hermione al ver cómo la Sra. Weasley retiraba una fuente de bocadillos del mostrador y los ponía sobre la mesa.

—Necesitas comer —informó la Sra. Weasley.

—Él no está... lidiando con esto muy bien —admitió Hermione, ignorando la comida sobre la mesa—. Necesita a alguien con quien hablar —continuó ella, sintiéndose más que un poco culpable por lo que estaba haciendo. Le había dicho a Ron que intentaría no tratar a Harry como una madre sobreprotectora y allí estaba, haciéndolo de nuevo—, o alguien con quien pasar el tiempo para que no se sienta tan solo. Quizás el profesor Lupin pueda visitarlo de vez en cuando — sugirió ella—. Puede que se ayuden el uno al otro. No lo sé... quizás Ron tenga razón —refunfuñó más para sí misma que para su madre.

—¿Y qué es lo que piensa Ron? —preguntó la Sra. Weasley.

—Que Harry necesita algo de espacio. Que él hablara cuando esté listo para hacerlo. Pero... ¿que pasa si nadie está ahí para que él pueda hablar cuando esté listo? No le hace bien encerrarlo todo en su interior y dejarlo supurar.

—No, eso es cierto —acordó la Sra. Weasley.

—No estoy sugiriendo que lo forcemos a hablar. Ron tiene razón. Ya hablará cuando esté listo. Pero tampoco debería ser abandonado a su suerte todo el verano. Necesita saber que alguien estará allí para él, incluso aunque todo lo que haga sea sentarse a su lado y hacerle compañía.

—Hablaré con... ¡Oh, por el pellejo de Merlín! —gritó la Sra. Weasley fuertemente cuando una nube de hollín se levantó de la chimenea—. ¡¡Ese maldito búho!! —gritó mientras Pigwidgeon emergió del polvo y se elevó en el aire, ululando alegremente mientras rodeaba la habitación volando encima de ellas. Como ya no tenía ese color marrón, sino que estaba cubierto por un tizne negro, Hermione lo habría tomado por un murciélago si no hubiera sido por sus ojos amarillos y la carta colgando de una sus patas.

—¿Pig? —preguntó Hermione sorprendida mientras que el diminuto búho la localizó y aterrizó sobre su hombro—. Te pudiste haber quedado atorado ahí, ¿sabes? —le regañó ella al intentar tomar la carta—. ¿Y que tal si hubiera habido fuego?

—Tu carta está en el mostrador —indicó la Sra. Weasley al intentar agarrar al minúsculo búho apoyado sobre el hombro de Hermione. Pig la vio venir y se lanzó fuera de su alcance antes de que la mano lo atrapara—. La que tiene encima es para Harry —explicó ella al echarle un vistazo al desesperante búho ululando alrededor del cuarto excitadamente—, pero él no quiere entregarla. Lo he mandado a volar tres veces —dijo ella en exasperación—, y aún así no se aleja de esta casa.

Hermione sólo había escuchado la mitad de las palabras mientras abría la carta de Ron y fijaba la vista a todas las palabras escritas apuradamente.

Hermione:

Esto es un manicomio. El baúl de Fred acaba de estallar. Papá y George están ocupados tratando de arreglarlo todo, así que me escabullí mientras no estaban mirando. Papá dice que tal vez lleguemos no allí hasta mañana. Sin embargo, mamá y Bill van a quedarse contigo. Te envío a Pig para que puedas escribirle a Harry. Será mejor que ese pequeño imbécil emplumado siga allí para cuando tú llegues. Le dí una carta de mi parte para Harry, pero le dije específicamente que NO la entregue HASTA que tenga la tuya también.

Te veré mañana a alguna hora.

Ron


P.D: Manténte lejos de Kreacher. No hay manera de saber que estará tramando ahora que Sirius se ha ido. De hecho, ahora que lo pienso, será mejor que duermas en mi habitación. Él pudo haberle hecho algo a la tuya. No estoy bromeando. Y CIERRA la puerta cuando estés sola.

P.P.D: Se supone que Pig debe regresar contigo una vez que haya entregado las cartas. Probablemente se lo deberías recordar. Yo estaré demasiado ocupado transpotando a tu desquiciado gato por toda Inglaterra. No tienes idea de lo díficil que fue ponerlo dentro su cesta otra vez. El maldito desgraciado realmente me hizo sangrar esta vez.


—Todo está bien, Sra. Weasley —dijo Hermione al poner su carta sobre la mesa y agarrar un gran tazón del aparador—. Pig sólo está haciendo lo que Ron le ordenó —explicó ella antes de llevar el tazón al fregadero y llenarlo con agua tibia—. Ven aquí, Pig —ordenó y le arrebató la carta de su pata una vez que el búho saltó de su hombro para ir hacia el tazón. Dejó la carta en el mostrador y entonces colocó al diminuto ave sobre el borde del tazón—. Será mejor que te limpies —dijo ella firmemente—. No puedes ir a la casa de los Dursleys luciendo así. Armarás un desastre y meterás a Harry en problemas. Puedo compartirte algo de mi comida cuando termines —añadió ella cuando él saltó del tazón sacudiendo sus plumas—. Sra. Weasley, ¿tendría algún pergamino? —preguntó ella—. Le prometí a Harry que le escribiría tan pronto llegara aquí.

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