Eran más de las tres de la mañana cuando Molly Weasley subía la escalera al segundo piso en puntillas de pié. Arthur había intentado convencerla de ir a la cama tan pronto la reunión con Dumbledore había terminado, pero ella sabía que no podría dormir hasta asegurarse de que Hermione estuviera bien.
Había descubierto a fondo algunas pequeñas cosas acerca de la mejor amiga de su hijo aquella tarde. Cosas que la asombraron tanto como la tranquilizaron. Ella ya sabía, por supuesto, que Hermione era brillante, incluso antes de que Remus Lupin le admitiera que era la bruja más inteligente de su edad que jamás hubiera conocido. Ella ya sabía que Hermione era obstinada y que era su fuerza de voluntad la que impedían a Ron y a Harry intimidarla. De hecho, Molly tenía la leve sospecha de que si alguno de ellos intimidaba, esa era Hermione. Aunque ella no desaprobaba esto, para nada.
«Alguien tiene que mantener a esos chicos en el camino correcto» —se dijo a sí misma mientras extendía su mano y silenciosamente abría la puerta al dormitorio de Percy.
La Sra. Weasley siempre había sabido que Hermione era valiente. Después de todo, ella era una Gryffindor. Pero esta había sido la primera vez en que realmente fue testigo de su valor. Había descubierto cosas sorprendentes sobre Ron y sus dos mejores amigos durante la conversación que tomó lugar después de ver la memoria en el pensadero. Las cosas que Lupin compartió con el grupo fueron particularmente profundas. Poción Multijugos; giratiempos; todo lo ocurrido en la Casa de los Gritos; ayudar a Sirius Black a escapar del ministerio y todos aquellos Dementores; capturar y luego chantajear a Rita Skeeter. Y esas eran sólo las cosas que Lupin sabía al respecto.
El profesor Dumbledore había dejado caer una agradable y pequeña bomba cuando reveló exactamente lo que le sucedió a Dolores Umbridge en su último día como Directora y Gran Inquisidora. Ciertamente, Hermione era mucho más ingeniosa de lo que se había imaginado. Había inventado una gran historia para proteger a Harry de la mujer que le había enviado Dementores tras él. Había mentido de una forma tan convincente que Umbridge la siguió sin cuestionar hacia el Bosque Prohibido. La había dirigido hacia una trampa sabiendo a la perfección que, probablemente, eso podría costarle la vida a la mujer. Con esa acción, Hermione había demostrado que de ser empujada a hacerlo, ella estaba dispuesta a matar para proteger a sus amigos. Y hoy había demostrado que estaba igual de dispuesta a morir por ellos.
Molly se dio cuenta de que había estado intentado proteger a Ron y a sus amigos de una guerra que los tres ya estaban luchando desde hacía años. Ese conocimiento la encolerizó. No era justo que sus inocencias hubieran sido robadas. No era justo que esta responsabilidad hubiera caído sobre Harry desde tan temprana edad.
«Pero entonces —se recordó a sí misma—, él no lo ha enfrentado solo. Ron y Hermione han estado dispuestos a compartir la carga de Harry desde el comienzo. Y no sólo la han compartido, sino que la hicieron suya también. Ellos tres han estado luchando contra… él desde que tenían tan sólo once años. Pero casi siempre afrontaban la amenaza juntos —se dijo la Sra. Weasley al empujar la puerta abierta y mirar a escondidas al interior del cuarto completamente oscuro—. Esta fue la primera vez que Hermione tuvo que enfrentarlo sola».
Los ojos de la Sra. Weasley se abrieron de par en par al ver el panorama delante suyo. Ella sabía desde hacía bastante tiempo que los sentimientos que Ron tenía por esta amiga en particular no eran estrictamente platónicos, y había controlado la interacción entre aquellos dos bastante cerca durante el verano anterior, en busca de señales que indicaran cómo Hermione se sentía. Por supuesto, habían discutido incesantemente, incluso por cosas insignificantes. Sin embargo, esto no le parecía para nada anormal. Habían tenido una relación volátil desde el comienzo. Ron siempre había sido un poco cabeza dura y Hermione no era la única con quien peleaba. Sólo que ella parecía ser una experta en darle motivos para hacerlo. Aunque por otro lado, también parecía ser sumamente hábil en calmarlo cuando debía hacerlo. Antes del verano pasado, Molly nunca había pensado acerca de sus discusiones. Ellos eran lo suficientemente cercanos como para saber perfectamente cómo atormentarse el uno al otro, y parcían como si disfrutaran hacerlo, pero nunca se lo tomaban en serio. Por lo menos eso era lo que ella había creído.
Pero al pasar el tiempo, las cosas parecieron cambiar. Al final del cuarto año Ron volvió a casa mucho más malhumorado que nunca. Estaba irritable, colérico y furioso con todo el mundo. Pasó la primera semana de vacaciones encerrado en su cuarto o caminando de un lado a otro por la casa como un león enjaulado, preparado para saltar y morder la cabeza de cualquiera que se cruzara por su camino. Al principio creyó que quizá eso tenía algo que ver con el retorno de El-que-no-debe-ser-nombrado. No fue hasta que descubrió a los gemelos torturándolo con Viktor Krum que comprendió cuál era el verdadero problema. Así que, cuando Hermione llegó al cuartel general de la Orden del Fénix unos días mas tarde, Molly los había observado detenidamente. No se le habían pasado por alto las miradas que se dedicaban disimuladamente. Aunque ninguno de los dos había admitido sus sentimientos ese verano, ella sabía que era sólo cuestión de tiempo para que ocurriera. Esta tarde tenía la certeza de que finalmente había sucedido. Aún así, no estaba preparada para esto. La Sra. Weasley definitivamente no había esperado encontrarse a los dos en la misma cama, juntos.
Su primer impulso al descubrir a su hijo con las manos sobrea la chica dormida fue avanzar decididamente hacia la cama y arrastrarlo fuera de la habitación. Pero algo la detuvo. Quizás el hecho de que Hermione lucía tan tranquila, tan calma.
«Es una maravilla que pueda dormir después de todo lo que le ha pasado» —se recordó la Sra. Weasley mientras se acercaba a la cama.
Al acercarse más hacia la pareja somnolienta se dio cuenta que las cosas no eran lo que parecían. De hecho, Ron estaba durmiendo encima de las sábanas, no debajo. Él estaba envuelto en el cubrecama y había colocado una porción del mismo sobre Hermione, pero deliberadamente habían traspasado una barrera entre ellos. De algún modo, esto la hizo sentirse mejor. Obviamente se habían dado cuenta de que dormir en la misma cama no era enteramente apropiado y habían tomado los recaudos necesarios para que permaneciera algo inocente.
«Aún así, realmente debería despertarlo —se dijo a sí misma al estirar el brazo y recoger sus pantalones tirados en el piso—. Él no debería estar ahí dentro —pensó mientras sus ojos exploraban el suelo para ver si alguna otra prenda había sido arrojadas también—. Seguramente, si algo hubiera ocurrido habría más que ésto tirado en el piso».
Sin encontrar nada más, su mirada se situó sobre los dos adolescentes acurrucados en la cama.
«No hay manera de que pueda despertarlo a él sin despertar a Hermione —meditó—. Y la pobre niña necesita dormir. Ha pasado por una experiencia terrible. Supongo que tendría sentido no haber querido estar sola. Es natural que tenga miedo. Debería haberme dado cuenta de ello y haberle pedido a Ginny que se quedara con ella. Ya es muy tarde para hacerlo. La llevaremos al cuarto de Ginny mañana» —decidió Molly mientras doblaba los pantalones de Ron y los ponía sobre la silla al lado de la bata de Hermione.
«Supongo que, sólo por esta noche, haré una excepción —pensó al regresar hacia la puerta—. Pero Arthur tendrá que tener una charla con Ron por la mañana. Las cosas son obviamente muy diferentes ahora. No pueden estar durmiendo juntos en la misma habitación —meditó ella desde donde estaba parada en el vestíbulo. Estaba a punto de cerrar la puerta detrás de ella cuando cambió de parecer—. Y no más puertas cerradas» —decidió mientras empujaba la puerta contra la pared, cerciorándose de que estuviera bien abierta antes de que ella regresara a la cama.
...
George Weasley obtuvo un regalo inesperado al caminar perezoso por el pasillo del segundo piso al ir al baño. Todavía adormilado, se había estado frotando los ojos intensamente en un esfuerzo por despertar cuando pasó por aquella puerta abierta. Caminó dos pasos pasando de largo por el cuarto de Percy cuando se paró en seco y retrocedió para echar un segundo vistazo. Miró boquiabierto a su hermano y a Hermione recostados juntos en la cama.
«Esto simplemente lo hace condenadamente fácil» —pensó él mientras sonreía maliciosamente para luego desaparecer con un ¡crack!
...
Ron se despertó sobresaltado. Algo andaba mal, sólo que todavía no sabía lo que era. Su primera pista era el hecho de que no estaba cegado por un tono naranja brillante el minuto en que abrió los ojos y fijó la vista al techo. Eso sólo podía significar una cosa.
«No estoy en mi habitación».
Incluso cuando ese descubrimiento penetró en su fatigada mente, otro lo desconcertó.
«Y no estoy solo».
Alguien más estaba durmiendo a su lado. A su lado y prácticamente encima suyo, a decir verdad. De alguna manera, él se había apoderado de la única almohada sobre la cama y en vez de luchar por ella, quienquiera que estaba a su lado aparentemente había optado por usarlo a él como almohada.
Le tomó tan sólo un momento darse cuenta quién era, mientras los recuerdos de la noche anterior inundaron su mente.
«Es Hermione. La atraparon los Mortífagos, pero escapó. Me dijo que me amaba —pensó Ron felizmente mientras le sonría al techo—. Me pidió que me quedara aquí, con ella y… nos besamos. Besé a una de mis mejores amigas… y fue endemoniadamente brillante».
Ron hubiera estado feliz de permanecer recostado allí y revivir los detalles de la noche anterior en su mente hasta que volviera a caer dormido, de no haber sido por esa pequeña voz murmurando que algo todavía andaba mal. ¿Pero qué podría ser?
«Hermione está bien. Está durmiendo justo aquí, a mi lado. Las cosas no podrían ser más perfectas —se dijo a sí mismo—. Entonces, ¿por qué estoy despierto? —se preguntó Ron—. Porque… algo me despertó. Escuché algo y eso me despertó. ¿Pero qué?»
Con su corazón golpeando fuertemente, Ron se deslizó lentamente por debajo de Hermione apartándose de ella, se incorporó para echar un vistazo alrededor e inmediatamente descubrió la puerta abierta. Sin querer despertarla, Ron se levantó de la cama lo más cuidadosamente posible y luego cruzó la habitación a grandes pasos hasta llegar a la puerta y mirar al corredor.
No había nadie allí. Miró en ambas direcciones pero no vio nada.
«Alguien abrió esta puerta» —se dijo a sí mismo al salir al pasillo para escuchar sonidos que señalaran algún movimiento. Ron consideró brevemente subir a su cuarto para recuperar su varita, pero desechó la idea en cuanto recordó que la había dejado enterrada en algún lugar debajo de los escombros—. «Me llevaría demasiado tiempo encontrarla y no quiero dejar a Hermione sola» —pensó mientras retrocedía dentro del dormitorio, y luego cerró la puerta detrás de sí.
«Probablemente no sea nada —se dijo Ron al subir de nuevo a la cama y ponerse de tal forma que pudiera mirar hacia la puerta—. Quizás ella fue al baño y olvidó cerrarla cuando regresó» —concluyó observando a Hermione que había agarrado la almohada mientras dormía y ahora la estaba abrazando contra su pecho.
Todavía cansado, pero incapaz de dormirse, Ron se apoyó sobre su codo para mirar fijamente la puerta. El único problema era que el cuerpo dormido a su lado era mucho más interesante. Por un minuto o dos, él intentó dividir su atención entre ambos, mirando primero a uno y luego al otro, turnándose. Pero mirar fijamente a una puerta cerrada era completamente aburrido y pronto dejó de hacerlo. Ron se tranquilizó, descansó su cabeza sobre el brazo, y se dispuso a permanecer recostado allí, silencioso, y observando el sueño de Hermione.
Era una oportunidad única, después de todo. Una que no estaba dispuesto a desperdiciar. Ron la había estudiado antes, generalmente en clase cuando ella estaba demasiado ocupada como para notar lo que él estaba haciendo. Observar a Hermione era su pasatiempo favorito, bueno, después del Quidditch sí lo era. Pero como era un placer secreto, era difícil hacerlo tan a menudo como hubiera querido. Incluso aunque Hermione estuviera tan preocupada como para no notar nada, otra persona podría hacerlo. Ron lo sabía porque Harry ya lo había atrapado observándola así en más de una ocasión. Usualmente Harry respondía reodeando los ojos y permanecía en silencio, pero eso porque él era el mejor amigo de Ron. Si alguien como Parvati o Seamus lo atrapaba, Ron estaba seguro de que no se quedarían callados. Así que nunca era capaz de mirarla todo el tiempo que quisiera. Las miradas rápidas y fugaces se habían vuelto más frecuentes con el pasar de los años, pero no eran suficientes para satisfacerlo. Mientras más la miraba, más necesitaba ver. Quería memorizar cada detalle. Aferrarse a cada línea y curva para así cerrar sus ojos y volver a ver su rostro perfectamente en su mente. Esos cálidos ojos castaños. Ese matiz sonrosado de sus mejillas. Esos suaves labios. Esa maravillosa e indomable melena de pelo. ¿Cuántas veces había sido forzado a contenerse a sí mismo para no tocar su pelo? ¿Cuántas veces se había visto forzado a no tocar ese cabello?
«Ahora no hay nada que me detenga» —pensó Ron al extender su brazo y apartar un mechón ondulado de la mejilla de Hermione.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Hermione en un bostezo mientras sus ojos castaños parpadearon y se fijaron en los suyos.
—Te observo —contestó Ron con una sonrisa.
—¿Por qué? —preguntó Hermione con la frente fruncida—. ¿Estaba babeando o algo así?
—Porque estás hermosa.
—No, no lo estoy —replicó Hermione mientras tomaba la almohada y se cubría la cara con ella—. Soy un espanto a la mañana —él escuchó declarar con la voz apagada—. Mis ojos están todos hinchados, y mi pelo está por todas partes, y…
—Y yo creo que estás hermosa —interrumpió Ron al agarrar la almohada, apartarla lejos de sus manos y tirarla al suelo donde ella no pudiera cogerla de nuevo.
—Entonces eres un idota —espetó Hermione.
—Alguien está malhumorada esta mañana —contestó Ron con una risita. Ella no iba a arruinar su buen humor. No hoy.
—Tú también estarías malhumorado si despertaras sintiéndote como si un par de hipogrifos te hubieran pisoteado mientras dormías.
«Ah..., con es eso, ¿verdad?» —pensó Ron. Con el pasar de los años había conseguido bastante experiencia lidiando con ella cuando estaba irritada. Esto no era nada que no pudiera manejar. Sabía que ella tenía la tendencia de provocarlo cuando estaba con ese terrible mal humor . Pero él no iba a caer esta vez—. Un buen y largo baño podría ayudar —sugirió Ron—. Hacía maravillas en mí después de aquellas agotadoras prácticas de Quidditch. Si quieres te lo prepararé enseguida —ofreció él.
—No, no quiero moverme —contestó Hermione, produciendo una débil sonrisa.
«Esa es una buena señal —pensó Ron—. Su humor debe estar mejorando». No puedes quedarte en cama todo el día —informó—. Eso sólo lo empeorará. Tienes que levantarte y moverte un poco.
—No quiero moverme —dijo ella—. Duele.
—¿Dónde duele? —preguntó Ron, más que dispuesto a besar cada centímetro de su cuerpo para hacerla sentir mejor.
—Por todas partes —se quejó Hermione.
—Date la vuelta —demandó Ron mientras él mismo se sentaba a su lado.
—¿Por qué? —preguntó Hermione, mirándolo sospechosamente.
—¿No puedes hacer lo que te digo sin discutir al menos una sola vez? —preguntó Ron, forzándose a sí mismo a sonar irritado. Sabía que ella estaría ansiosa por protestar, pero no podría hacerlo muy bien en ese momento—. «Espera» —pensó, divertido al saber que la había dejado con dos opciones. Podía rendirse y hacer lo que él decía, o podía comenzar una pelea y por lo tanto, demostrar que él tenía la razón. De cualquier forma, él ganaba. Aunque nunca dudó realmente que elección tomaría.
—Bien —suspiró Hermione, volteándose para quedar boca abajo y mirar fijamente a la cabecera—. ¿Me puedes devolver mi almohada? —preguntó ella bruscamente.
—No —le informó Ron al elevar una de sus rodillas y montarse sobre su cuerpo.
—¡RON! ¿Qué estás haciendo? —gritó Hermione mientras intentaba darse la vuelta abajo de él. Antes de que pudiera darse la vuelta para ver lo que estaba haciendo, Ron se sentó sobre su baja espalda y la sujetó a la cama—. Quítate de encima —demandó Hermione.
—Shhh —susurró él mientras se apoyaba en sus rodillas y descargaba su peso en ellas. Todavía sentado a horcajadas encima de ella, Ron se inclinó hacia delante, empujó su cabello hacia un lado y colocó sus manos sobre los hombros de ella—. Sólo estoy tratando de hacerte sentir mejor. Ahora relájate —instruyó él mientras comenzaba a frotar los músculos alrededor de su cuello.
Ron sintió la tensión de su cuerpo rendirse y ceder bajo sus manos mientras él masajeaba su espalda superior. Tan sólo tomó unos momentos antes de que él comenzara a oír suaves gemidos escapar de sus labios.
—No te estoy haciendo daño, ¿verdad? —preguntó Ron, aunque estaba completamente seguro de que ella lo estaba disfrutando.
—Mmm, no... Se siente muy bien, en realidad —admitió Hermione—. - ¿Lo puedes hacer un poco más debajo y en la parte izquierda?
Ron instantáneamente dejó caer sus manos hacia el centro de su espalda.
—¡Oh...! Justo ahí... —gritó Hermione cuando sus dedos fuertes comenzaron a masajear el lugar donde Lestrange la había pateado—. Cielos, Ron, esto se siente taan bieen... —gimió ella—. Mmm... ¿Puedes hacerlo más fuerte? Oh... Sí. Sí, justo así, sigue...
Incluso antes de cumplir su pedido y aplicar más presión, Ron ya se había dado cuenta que esa no había sido una muy buena idea. Él no había planeado que fuera… sexual y aún así su cuerpo estaba reaccionando a los sonidos que ella producía. Aunque no eran sólo sus gemidos los que lo excitaban. Sus palabras tenían el mayor efecto sobre él. Aunque completamente inocentes, eran demasiado… excitantes. No podía evitar el preguntarse si ella le diría cosas similares si... le hiciera el amor. Dándose cuenta de que tenía que detenerse en ese mismo instante antes de que su cuerpo traicionara sus pensamientos, Ron retiró sus manos de la espalda de Hermione y se dejó caer boca abajo a su lado.
—Eso fue increíble —suspiró Hermione al voltear para mirarlo de frente—. ¿Por qué paraste?
—Se me entumecieron los dedos —mintió—. ¿Ayudó?
—¿Sabes?, creo que sí —dijo Hermione, ofreciéndole una sonrisa sincera esta vez. Pero se desvaneció rápidamente—. ¿Dónde aprendiste a usar tus manos así? —preguntó ella mirándolo sospechosamente.
—¿Qué? —preguntó Ron, sin esperar esa pregunta—. Oh… eh, de Charlie.
—¿Charlie te enseñó cómo dar un masaje?
—Em… sí —dijo Ron mientras su cara se sonrojaba—. Siempre estaba quejándose de cómo le dolían los hombros o los brazos debido al Quidditch. A veces mamá se los masajeaba un poco para hacerlo sentir mejor. Pero, cuando estaba muy ocupada, ella nos mandaba a mí o a Ginny a hacerlo.
—Ah... —dijo Hermione, todavía mirándolo como si estuviera una leve sospecha—. Fue muy agradable.
—Nunca antes lo había hecho así —dijo Ron, con una expresión avergonzada—. Es decir, recostado. Charlie siempre se sentaba en una silla y… bueno… es sólo que nunca fue como esta vez.
—Bueno, gracias —dijo Hermione—. Fue realmente dulce lo que hiciste.
—No fue gran cosa —replicó Ron al sentirse aumentar el rubor en sus mejillas nuevamente—. Pero siempre puedes devolverme el favor una vez que estemos en la escuela y comience las prácticas de Quidditch.
Ron miró a Hermione sonreír por unos segundos y entonces vio su cara volverse algo sombría.
—Hermione, ¿hay algo más que te está molestando? Es decir, además de estar adolorida. ¿Hice algo? Si hice lo hice q…
—No —contestó ella, sonando levemente alarmada—. Tú no hiciste nada. Has sido grandioso.
—¿Entonces qué es? —preguntó Ron, ahora seguro de que algo no andaba bien. Ella estaba tratando de ocultarlo, pero él podía ver que no estaba tranquila. Aunque no podía descifrar por qué—. Me puedes decir, ¿sabes? —insistió—. No tienes que sentirte… incómoda conmigo.
—No lo estoy —reiteró Hermione.
—¿Entonces qué? —preguntó él.
—Tú… —comenzó ella pero se detuvo y lo miró tristemente—. ¿No crees que hemos cometido un grave error? —preguntó con voz temblorosa.
—¿Piensas que lo de anoche fue un error? —preguntó Ron, mientras su expresión se derrumbaba. El regocijo que había experimentado al descubrir a la mujer que amaba acurrucada a su lado cuando despertó desapareció inmediatamente. Por un instante le fue imposible respirar. Sentía como si un bludger le hubiera golpeado justo en el estómago. Si estuviera sobre su escoba, probablemente la hubiera soltado y habría caído al suelo sólo para terminar con su miseria. Pero no estaba en su escoba y no había manera de escapar de la desolación que sentía.
—¡NO! —gritó Hermione fuertemente cuando vio la expresión herida en el rostro de Ron—. Jamás quise decir eso —le aseguró ella mientras se sentaba y se estiró para alcanzar su mano—. Es sólo que… bueno… ¿No estás asustado?
—¿De qué? —logró preguntar Ron al girar y apoyarse en su espalda, mirándola—. «¿De que me arranques el corazón y lo pisotees enfrente mío? —gritó para sí mismo—. No, porque ya acaba de suceder, maldita sea».
—De estropearlo todo —respondió Hermione—. ¿Qué pasa si arruina nuestra amistad? ¿Qué pasa si terminamos odiándonos mutuamente y…?
—Te preocupas demasiado —contestó Ron con una risa forzada—. «Bueno, no es tan malo como creíste. No es algo que ya no te hayas preguntado unas mil veces. Sólo está asustada. Nada más asegúrale que eso no ocurrirá jamás».
—Eres mi mejor amigo, Ron. No sé qué haría si te perdiera. Es decir…, Harry es grandioso y todo eso, y sé que él siempre estará ahí para mí, incluso si no fuéramos…, tú sabes…, pero eres tú el único del que siempre he dependido.
—¿En serio? —preguntó Ron, más que ligeramente sorprendido—. Siempre lucías más cómoda con Harry.
—Bueno… —dijo Hermione mientras sus mejillas se tornaban rosadas—. Creo que en algunos aspectos.
La frente de Ron se frunció intensamente al tratar de calmar la repentina oleada de celos que sintió. No había esperado que ella realmente admitiera que él tenía razón.
—Quiero decir… —continuó Hermione; su rubor se hacía aún más prominente—. Bueno…, es que es mucho más fácil con Harry. No tengo que…
—¿No tienes qué? —interrumpió Ron con la voz un poco más alta de lo normal y algo a la defensiva.
—No tengo que… suprimir el impulso de querer besarlo hasta dejarlo sin aliento cada vez que entra a la habitación —contestó Hermione.
Esta vez fue Ron el que se ruborizó.
—¿Segura? —rió por lo bajo, mientras le dio una de sus "oh, que encantadoras" sonrisas ladeadas. Sin esperar a que le contestara, Ron estiró sus brazos y atrajo a Hermione encima de él—. No hay nada deteniéndote ahora, ¿verdad? —preguntó él, travieso.
—Sólo el hecho de que estoy intentando tener una conversación seria —replicó irritablemente.
Ron no era tonto. Si ella hubiera estado realmente enojada, sabía que se habría alejado de él, pero no lo hizo. Consideró besarla por un momento, pero luego decidió que probablemente lo mejor sería dejarla decir lo que sea que quería decirle antes, así que envolvió sus brazos alrededor de su espalda y giró para que ambos estuvieran afrontados. Ron la miró a los ojos y esperó a que ella continuara, pero Hermione parecía haber terminado de hablar. Todo lo que hizo fue devolverle la mirada fijamente, luciendo desalentada.
—¿Sientes que está mal? —preguntó Ron con un suspiro.
—¿Qué? —preguntó Hermione, mirándolo confundida.
—Deja de pensar —dijo Ron mientras le tocaba la frente—, y dime lo que sientes justo aquí —instruyó él al colocar una mano sobre su pecho, justo en su corazón.
—No creo que pueda —replicó ella, después de pensarlo por unos momentos.
—Oh, por favor —dijo Ron al rodear los ojos—. Si McGonagall te hiciera esta pregunta en el próxima examen, escribirías un maldito ensayo.
—Muy bien —dijo Hermione mientras se alejaba de él y se sentaba—. Te daré una respuesta. ¿Qué sabes de la mitología griega? —preguntó.
—¿De qué demonios estás hablando? —replicó Ron sorprendido—. ¿Mitología griega? ¿Qué tiene que ver eso con nosotros? «A menos que estés a punto de decirme que piensas que soy un Dios» —pensó él, tratando de suprimir una sonrisa.
—Me pediste que te explicara como me siento. Estoy tratando de decírtelo.
—No veo como toda esa basura tenga que ver con esto.
—No todo es basura. Algo de ello es sumamente interesante. ¿Asumo que has oído de Platón?
—¿Platón?... Em... ¿filósofo? —replicó Ron—. Puede que recuerde algo que me hayas contado.
—Perfecto —respondió Hermione—. Bien, hace mucho tiempo atrás escribió un ensayo llamado 'El Banquete'. En este ensayo Platón vuelve a contar un mito griego muy antiguo que explica la creación del hombre. Según este mito, al principio toda la humanidad existía como pares; dos personas que estaban unidas juntas por la espalda. Lo compartían todo. Un corazón; un cuerpo; un alma. Has escuchado ese viejo dicho acerca de que dos cabezas piensan mejor que una, ¿verdad?
Ron asintió con la cabeza. Trataba de escucharla, pero no podía comprender qué tenía que ver todo eso con lo que ella sentía por él. Sonaba como un enorme montón de basura para él.
—Bueno, estas personas creyeron que eran bastante inteligentes —continuó Hermione—. Decidieron que estaban hartos de servirle a los Dioses y empezaron una guerra para ganar su libertad. Es obvio que perdieron espectacularmente. Después que la guerra terminara, los Dioses decidieron que las personas necesitaban ser castigadas por su arrogancia, así que Zeus... No me mires así Ron, es el nombre de un Dios. Él bajó a la Tierra y lanzó sus rayos sobre todos ellos, partiéndolos a la mitad. Donde antes se había encontrado una persona completa, ahora habían dos. Las personas estaban desvastadas, nunca se habían sentido tan vacías y solas. No sabían qué hacer ni cómo sentirse conectados otra vez. No comían. No dormían. Cuando hallaban a su otra mitad, sólo se abrazaban mutuamente, gritaban y lloraban la pérdida de algo hermoso. Eventualmente, empezaron a morir por carecer de alimentos y los Dioses se dieron cuenta de que si no hacían algo pronto, ya no quedarían personas en el mundo. Así que Zeus regresó a la Tierra y convirtió uno de los pares en un hombre y al otro en una mujer. Les dio cuerpos diferentes para que volvieran a reunirse otra vez por breves momentos y experimentar la cercanía que habían compartido una vez en la eternidad. Y además hizo posible que ellos tuvieran niños para que la raza humana nunca muriera. Pero esos niños nacían incompletos; destinados a caminar por el mundo buscando la otra parte de sí mismos que habían perdido aún antes de haber nacidos. Su otra mitad; su alma gemela.
—Eso es lo que siento —dijo Hermione con una voz temblorosa después de terminar su discurso—. Tú eres mi otra mitad. Creo que lo he sabido desde el momento que te vi en el tren. Había algo en ti que me atrajo. No podía explicarlo y ciertamente tampoco lo entendía. Al menos, no en ese entonces. Anoche… sentí como… como si estuviera… perdiéndome a mí misma. Como si me estuviera perdiendo y encontrando al mismo tiempo, si tiene sentido. Y quería que pasara. No quería comer. No quería dormir. Sólo quería estar contigo. Quería que estuviéramos tan cerca para ya no saber dónde yo terminaba y tú comenzabas. Nada importaba excepto…
—… estar conectados —finalizó Ron.
—Sí —acordó ella.
—¿Eso suena como un error para ti? —preguntó Ron.
—¿No tienes miedo? —preguntó de vuelta Hermione.
—Un poco —admitió él finalmente—. «¿A quién engaño? Estoy aterrado». ¿Por qué crees que nunca dije nada?
—No lo sé —contestó Hermione mirando la sábana—. Creo que… yo pensé que… que no sentías lo mismo por mí.
—Me sentía frustrado —admitió Ron.
—Yo también —acordó Hermione—. Y enojada.
—Estaba enfadado conmigo mismo por ser tan cobarde —confesó Ron—. Tenía miedo que no te sintieras de la misma manera y no quería arruinar las cosas entre nosotros. Tenía la esperanza de que si no hacía nada este sentimiento se iría, pero…
—¿… mientras más luchabas en su contra, más lo deseabas? —preguntó Hermione.
Ron asintió con la cabeza en acuerdo.
—¿Qué pasa si no funciona? —preguntó ella silenciosamente.
—Ambos queremos lo mismo, ¿verdad? ¿Por qué no habría de funcionar?
—Ron, peleamos todo el tiempo —replicó Hermione.
—Sí, pero… eso era porque estaba condenadamente frustrado —dijo Ron.
—No maldigas —regañó Hermione rodeando los ojos.
—No, en serio, Hermione —replicó a Hermione—. Comenzaba la mayor parte de las peleas a propósito. Ni siquiera recuerdo de qué se trataban.
—Sí, lo sé —admitió ella.
—¿Tú sabías?
—No. Quiero decir que… te comprendo. Yo hacía lo mismo. Es que eras tan… exasperante. Un minuto eras hostil y grosero y entonces te dabas la vuelta y hacías algo tan dulce que mi corazón se derretía. Y eso sólo me enfurecía más. Me enojaba conmigo misma por mis sentimientos hacia ti y luego me enojaba contigo por ser tan condenadamente irresistible, así que comenzaba una pelea para desquitarme. E incluso eso fracasaba porque… siempre caías en la peleaba. ¿Tienes alguna idea de lo sexy que eres cuando estás enojado?
—¿Tú… crees que soy sexy? —preguntó Ron mientras su cara y orejas se enrojecían. Estaba completamente asombrado por su elección de palabras—. «¿Sexy?» —Ciertamente no era una palabra con la que se describiría a sí mismo.
—Toda esa pasión que tienes encerrada dentro de ti —explicó Hermione—. El único momento en que puedo verla es cuando estás enojado. Pero sé que está ahí, como un fuego sin llamas esperando a ser encendido. Apenas puedo controlarme. Quiero desencadenarlo, quiero iniciar ese incendio. En el instante en que veo esa chispa en tus ojos, echo leña al fuego y lo obligo a arder fuera de control. Soy horrible, pero… adoro empujarte hasta el límite y hacerte perder el control. Y no creo que pueda detenerme a mí misma —confesó Hermione, algo culpable.
—Hay otras formas de empujarme hasta hacerme perder el control —admitió Ron al envolver sus brazos alrededor de Hermione y besarla suavemente—. Creo que debes ser bastante buena en eso también.
—Oh, eso crees, ¿verdad? —preguntó Hermione con una sonrisa.
—Sorprendentemente sí. Te lo juro, hay veces en que lo único que tienes que hacer es mirarme.
—Eres un chico de dieciséis años —se rió Hermione—. Esa no soy yo. Son tus hormonas fuera de control.
—"Hormonas" —rió Ron—. «Bueno, quizás un poco» —admitió silenciosamente—. ¿Cómo supiste que a Harry le gustaba Cho? —preguntó él, tomándola por sorpresa.
—Vi la manera que la miraba —contestó ella.
—¿La manera que un chico de quince años enloquecido por las hormonas lo haría?
—Ajá... «Prácticamente se babeaba cada vez que ella le pasaba por el lado» —pensó ella con algo de asco.
—¿A cuántas chicas me has visto mirar de esa forma? —preguntó Ron.
El rostro de Hermione se contrajo inmediatamente por su ceño fruncido.
—Estaba Fle…
—Ella no cuenta —exclamó Ron antes de que Hermione pudiera terminar su oración—. Es parte Veela y estaba usando sus poderes. ¿A cuántas chicas "normales" me has visto mirar de esa manera?
Hermione pensó acerca de ello por un minuto y entonces le dio una respuesta murmurando.
—A ninguna —admitió ella—. Pero… —agregó con su voz ganando más confianza—. No eras lo suficientemente estúpido como para hacerlo enfrente mío.
—No, esa no es la razón —dijo Ron con una sonrisa—. Ambos sabemos que sí soy lo suficientemente estúpido. Mira, lo que intento decir es… —continuó Ron, incómodo—,… es que… Bueno…, fui al Baile de Navidad con una de las muchachas más bonitas de la escuela, pero… ni siquiera me fijé en ella. Ni siquiera puedo decirte de qué color era su vestido o cómo estaba usando su…
—Era turquesa —interrumpió Hermione, que parecía como si hubiera sido forzada a chupar un limón extremadamente agrio—. Y lucían horribles juntos.
—Estás cambiando mi punto —rió Ron.
—¿Y cuál es? —replicó Hermione irritablemente.
—Tu traje era de una sombra perfecta y de un azul increíble. Hacía tu piel brillar como porcelana fina. Y tu pelo estaba sujeto a un moño, ladeado de una forma preciosa que acentuaba este elegante cuello tuyo —dijo Ron mientras se inclinaba y ligeramente rozaba su cuello con las yemas de sus dedos. El contacto inmediatamente envió escalofríos al cuerpo de Hermione—. Tú eras la muchacha más hermosa que jamás había visto —confesó él sin ni el menor rastro de vergüenza—. Todavía lo eres. No podía despegar mis ojos de ti en ese momento y no lo he podido hacer desde entonces.
Las lágrimas estaban derramándose por las mejillas de Hermione. Ron se habría preocupado si no era porque ella le estaba sonriendo.
—«Nunca entenderé a las mujeres» —pensó antes de forzarse a continuar—. Esa es la razón por la que nunca me has visto mirar como un idiota a otras chicas —murmuró Ron al estirar su mano y limpiar las lágrimas de su rostro—. Eso y el hecho de que tienes razón. Tenía muchísimo cuidado de sólo mirarte como un adolescente enloquecido hormonalmente cuando sabía que no me atraparías. Mientras estudiabas para los T.I.M.O.s, te observaba detalladamente. Si hubieras sacado tu cabeza de aquellos libros por sólo diez segundos probablemente me hubieras descubierto.
Hermione no sabía qué decir. La había dejado sin habla. Nunca hubiera esperado que Ron le dijera algo tan romántico. Era difícil creer que éste era el mismo Ron Weasley al que una vez había acusado ferozmente de tener la capacidad emocional de una cucharita de té. Sin ni siquiera pensarlo, ella se le lanzó encima y lo besó enérgicamente.
A Ron le tomó un momento asimilar qué era lo estaba pasando. Un minuto Hermione lo estaba mirando con lágrimas en sus ojos. El siguiente, se había lanzado sobre él y ahora lo estaba besando…, se besaban el uno al otro… apasionadamente. Él todavía estaba tratando de comprender exactamente lo que había hecho para inspirar tal reacción en ella cuando sintió aquellos labios alejarse de los suyos.
Sin querer que el beso terminara tan pronto, Ron se elevó con la intención de arrastrar a Hermione hacia él otra vez. Desafortunadamente, ella fue más rápida que él y logró sentarse completamente antes de que él hiciera cualquier movimiento. De lo único que Ron tuvo consciencia era que ella estaba sentada a horcajadas sobre de su estómago mirándolo fijamente con una expresión que él nunca antes le había visto. Antes de que tuviera tiempo para descifrarla, Hermione se inclinó y se sacó la vieja y andrajosa camiseta con la que había dormido y la dejó caer al suelo.
«¡Mierda! —pensó Ron mientras descendía la mirada. Fue incapaz de suprimir el suave gemido que escapó de sus labios al contemplar la delgada tela de algodón que recubría su pecho. No se había dado cuenta que ella usaba un brasier, pues no se había atrevido a tocar esa parte de su cuerpo la noche anterior. Si lo hubiera sabido, probablemente se lo habría imaginado como una de esas cosas de encaje que usaban las mujeres en las revistas que Fred y George le mostraron. No lucía para nada como esas mujeres en las revistas y aún así esto le atraía muchísimo más. El hecho de que usara algo mucho más cómodo y no deliberadamente atractivo era mucho mejor. Era simplemente tan… Hermione—. ¡Maldita sea! Luce increíble» —pensó Ron al mirarla fijamente, hipnotizado por el contorno de su cuerpo.
Hermione se inclinó hacia atrás y lo examinó de la misma forma en que él la examinaba.
«Bien, puedes hacerlo —se dijo a sí misma—. No hay motivos para estar incómoda. Es como usar un traje de baño. Aunque no estás usando traje de baño —La otra parte de su mente protestó—. Estás con tu ropa interior. Pero todavía completamente cubierta —se recordó rápidamente—. Y él tiene que ser capaz ver lo que hace».
—Tú… tú… —tartamudeó Ron mientras intentaba hayar su voz—. Er… eres más hermosa de lo me jamás imaginé —murmuró finalmente, causando que el rostro de Hermione se ruborizara. Incapaz de hacer nada excepto mirarla idiotizado, Ron permaneció ahí sobre su espalda y observó el rubor arrastrándose bajo su cuello.
«Apuesto a que Harry nunca miró a Cho así» —rió Hermione al analizar el rostro de Ron. Sus ojos estaban completamente ensanchados. Su boca ligeramente abierta. Por un momento, él parecía haberse olvidado de cómo respirar. Ella reconocía esa mirada. No lo había visto mirar a nada de esa manera en particular desde el tercer año, pero ella la recordaba de todos modos. Nunca se olvidaría de la forma en la que Ron había observado la Saeta de Fuego de Harry. Ni de la forma en que había fulminado con la mirada a McGonagall cuando se la quitó. Aunque era cierto que él no la estaba mirando así ahora. Su cara estaba congelada en una expresión de reverencia, pero veía el mismo deseo, la misma admiración, la misma veneración que le había dirigido a esa escoba. Él la había observado como si esa escoba fuera la cosa más perfecta en el universo.
«De hecho, tan perfecta que al principio se había rehusado a tocarla» —reflexionó Hermione. Y de la misma manera él todavía no se atrevía a tocarla a ella, por lo que llegó a la conclusión de que la única manera que esto iba a suceder era si lo hiciera ella misma.
Aunque originalmente no había planeado que las cosas avanzaran en esta dirección, Hermione se inclinó hacia delate y agarró una de las manos de Ron con la suya, luego la levantó y la presionó firmemente en contra de su uno de sus pechos. Él gimió otra vez suavemente, pero esa fue la única reacción que pudo obtener. Ron parecía incapaz de moverse. Era todo lo que podía hacer sin tener que olvidarse cómo respirar.
«Debe haber estado conteniendo la respiración» —pensó Hermione al verlo exhalar e inspirar en otro profundo aliento. Su pecho ahora subía y bajaba rápidamente, y ella casi tuvo la seguridad de que su corazón bombeaba tan bruscamente como el suyo.
Cuando pudo sentir el movimiento de sus dedos, ella liberó el agarre. Parte de ella esperaba que su mano bajara con la suya también, pero él la mantuvo en el mismo lugar, sosteniédola suavemente mientras la miraba fijamente.
«Tan suave —pensó Ron al sentir la piel tersa y sedosa encima de la tela con la punta de sus dedos—. Tan… perfecta». Él siempre había pensado que sus manos eran anormalmente largas, pero ahora… ahora parecían ser perfectas—. «No, ella es perfecta —pensó Ron al comenzar a mover su pulgar de un lado a otro sobre su suave piel—. Encaja perfectamente en mi mano».
Hermione se mordió los labios al mirar hacia abajo y contemplar exactamente de qué forma manejaría esto. Sabía que tenía que decirle su secreto. Incluso aunque aún no había terminado con su investigación, estaba segura de que funcionaría. Tenía que decirle, pero no estaba lista para la discusión que causaría. La última cosa que quería era pelear con él. Especialmente en este momento. Él había sido increíble y ahora lo veía feliz. Ella no quería ser la que lo arruinara. Había pasado por tanta muerte y desesperación que podría durarle toda la vida. No quería pensar en eso nunca más.
«Tendrá que esperar —decidió ella, queriendo poder ser capaz de empujarlo fuera de su mente y pretender que nunca existió—. Terminaré la investigación y se le diré después de eso. De esa manera, si estoy equivocada no lo habré enfadado por nada—. Por un momento consideró enseñarle la técnica muggle como había planeado, pero luego decidió que eso también podía esperar. No había manera de que le pudiera enseñar cómo revivir un corazón sin que eso lo llevara a preguntar por qué se detuvo en primer lugar—. No, todo tendrá que esperar» —Había pasado el día anterior convencida de que iba a morir. Hoy iba a gozar el estar viva.
—Sr. Weasley, creo ver una chispa en sus ojos —bromeó Hermione al inclinarse y recorrer sus manos suavemente por el pecho de él.
—Hermione —gimió Ron—, vas a matarme si sigues con esto.
Ella contestó con una débil sonrisa mientras se dejaba caer encima de él y le daba un tierno beso en el cuello, justo debajo de la oreja, causando que Ron gimiera y cerrara sus ojos.
—Te dije lo que pasa cuando veo una chispa en tus ojos —recordó ella con una traviesa sonrisa—. Voy a empujarte hasta que te vuelvas un completo infierno...
—Mione —advirtió Ron, no queriendo que se detuviera, pero aterrado de ser humillado si ella lo empujaba aún más. Comenzaba a pensar cómo reaccionaría ella si él dejara de luchar para seguir sus impulsos, cuando su hermana lo arruinó todo.
—¡OH, MERLÍN! —gritó Ginny desde la ahora puerta abierta.
Antes de que él tuviera tiempo de registrar el hecho de que habían sido interrumpidos, Hermione se había arrojado de encima de él y se había cubierto con el cubrecama, quitándoselo a Ron en el proceso. Afortunadamente, él aún estaba vestido. Desafortunadamente, en su estado actual, sus boxers no ocultaban demasiado. Mortificada, Hermione escondió su cara detrás de la espalda de Ron, mientras él se enderezó completamente y miró boquiabierto a su hermana sobresaltada.
—¡MADRE SANTA! Tú y Ron… Ron y... ¡OH, POR TODOS LOS CIELOS! —chilló Ginny mientras se cubría los ojos con ambas manos—. ¡CÚBRETE AHORA MISMO! —le gritó ella a Ron con la cara de un rojo tan intenso que no se distinguía de su pelo—. ¡¡Puaaj!! No puedo creer que los haya visto… estaban… y... ¡OH, MERLÍN, HERMIONE! ¡Estás prácticamente desnuda! ¡¡¿Por qué no cerraron la maldita puerta?!!
—¡¡¿Por qué no llamaste antes?!! —demandó Ron mientras agarraba una porción de la frazada y se la ponía sobre su regazo.
—¡Lo hice! —replicó Ginny—. ¡OH, MERLÍN!
—¡Deja ya de decir eso! —ladró Ron, esperando poder ahogar su vergüenza con un poco de rabia—. ¡¿Qué demonios quieres?!
—¡Un maldito giratiempo estaría bien! —gimió Ginny fuertemente—. ¡O un poderoso Encantamiento Desmemorizante!
—¡¿GINNY?! —gritó Ron.
—Mamá me pidió que viniera y… ¡OH, MERLÍN! —gritó Ginny, mientras unía las piezas en sus mente—. ¡Ella sabía! Ella sabía que ustedes dos estaban… aquí… juntos. ¡Fue por eso que me pidió que les dijera a ambos que…, porque ella sabía que estaban…!
—No pasó nada —acotó Hermione por detrás de la espalda de Ron.
—¡… juntos! —terminó Ginny.
—¿Mamá te pidió que nos dijeras qué? —preguntó Ron.
—¿Qué? —contestó Ginny, su mente obviamente estaba en otro sitio.
—¡¿QUÉ DIJO MAMÁ?!
—¡Ah!, me pidió que subiera y les dijera a ambos que el desayuno está casi listo.
—¿Eso es todo? —preguntó Ron, claramente esperando por más.
Después de dar el mensaje, Ginny se dio la vuelta y comenzó a correr para marcharse, pero pareció cambiar de opinión a mitad de camino. Se detuvo abruptamente y giró hacia ellos para afrontarlos una vez más.
—¡Será mejor que tengan más cuidado! —les advirtió ella.
—¿Estaba… enfadada? —preguntó Ron con la voz llena de inquietud.
—¿Mamá? —preguntó Ginny—. «Eso crees, ¿verdad? Obviamente, ella sabía que ellos estaban aquí… juntos. ¿Por qué no estaba enfadada?» —se preguntó Ginny silenciosamente antes de continuar—. No, estaba bastante alegre, en realidad. Pero estoy pensando en Fred y George —explicó—. Esos dos han estado con las cabezas juntas toda la mañana. Están tramando algo. Sea lo que sea, puedes apostar a que será terrible.
—¿Ginny? —la llamó Ron cuando su hermana comenzaba a irse nuevamente—. Espera.
—¿Qué? —preguntó ella, retrocediendo hacia la puerta.
—Hermione necesita algo de ropa —contestó Ron.
—¿En serio? ¡Pues no lo había notado! —gritó ella sarcásticamente.
—Termina de una vez —dijo Ron impacientemente—. Estoy hablando en serio. Sé que eres más pequeña que ella, pero estoy seguro de que debes tener algo que le sirva.
—Puede que encuentre algo —dijo Ginny con un suspiro—. ¡Pero será mejor que no estén besuqueándose cuando regrese! —advirtió ella.
—No te preocupes —dijo Ron—. Ya no estaré aquí. A mamá le daría un ataque si supiera que estoy en el mismo cuarto que tú cuando te estás cambiando —le explicó a Hermione cuando vio su confusión. Ginny resopló fuertemente, pero Ron la ignoró y continuó—. Ginny te ayudará —dijo él, dándole un tierno beso en la mejilla—. Voy a darme una ducha rápida y te veré en la cocina —dijo Ron, saltando fuera de la cama. Esperó a que Hermione asintiera con su cabeza, entonces empujó a Ginny y desapareció por el corredor.
—No sólo va a darse a darse baño, ¿sabes? —se burló ella.
—¡GINNY! —gritó Hermione impactada.
—Bueno, es la verdad.
—Lo sé —admitió Hermione con una sonrisa culpable.
—Espero que estés satisfecha —dijo Ginny con una risita—. No va a quedar agua caliente para cuando termine.
—Estoy bastante satisfecha ahora que lo mencionas —replicó Hermione radiante como una idiota.
—Esta conversación va a ser demasiado perturbadora —dijo Ginny sonriendo—. Y no quiero tenerla mientras estás semi desnuda. Mantén lo que estés pensando que ahora regreso con algo de ropa —dijo Ginny, dejando el cuarto y cerrando la puerta detrás de ella.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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