Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 21: Días de mal humor

«¿Y ahora qué voy a hacer? —se preguntó Ron cuando salió de la ducha y se puso algo de ropa limpia—. Las duchas frías definitivamente que no están funcionando».

Bueno, eso no era completamente cierto. Funcionaban hasta que él salía y veía a Hermione de nuevo. Todo iba cuesta abajo desde ese momento.

Los días no eran tan malos. Su madre los mantenía ocupados limpiando los gabinetes superiores de la casa. Por más que Ron odiara los quehaceres domésticos, estaba agradecido de tener otra cosa que hacer para ocupar su tiempo. Tener a Ginny en la misma habitación que ellos mientras limpiaban era una gran ayuda también. No sólo su presencia lo mantenía lo suficientemente alejado como para escaparse de sus tareas y arrastrar a Hermione hacia algún rincón oscuro, sino que descargaba en ella su frustración acumulada. En ocasiones se sentía un poco culpable por ello. Ginny no tenía la culpa de que él estuviera tan exasperado. Bill sí. Pero no había mucho que Ron pudiera hacer al respecto por el momento.

Ginny no era la única con la que Ron estaba cortante, de ninguna manera. Casi todos los que cruzaban por su camino habían sido el blanco de sus descargas de una u otra forma. Todos excepto la persona con la que usualmente peleaba. De algún modo, Hermione había permanecido los pasados cinco días ilesa. Lo cual era irónico, pues ella era la única persona que felizmente hubiera mordido el anzuelo y le hubiera dado la pelea que tanto buscaba, sin ninguna otra razón que la de aliviar su propia frustración. Pero mientras Hermione le replicaba, principalmente por los viles comentarios que le hacía a su hermana, Ron no había tomado represalias. Había estado terriblemente tentado, y en más de una ocasión, pero de alguna manera alcanzaba a tragarse sus groseras réplicas.

Era tan frustrante estar con ella a veces, pero la perspectiva de no estarlo era aún peor. Ron anhelaba esas noches cuando hallaban tiempo para estar solos. Incluso si lo único que hacían era jugar ajedrez o sentarse lado a lado en el sofá mientras hablaban. Hermione era ambas, la fuente de su felicidad y de su irritación. Pasar el tiempo solos podía ser una agonía, pero al mismo tiempo era un éxtasis. Aunque el estar absteniéndose lo volvía loco lentamente, sentía como si Hermione fuese la única cosa que lo mantenía cuerdo. No iba a empezar una pelea con ella y arriesgar eso. Lo único que lograría sería asegurarse el terminar solo y frustrado.

«¿De qué me sirve tener el derecho de besarla si no puedo hacerlo? —se lamentaba Ron al retornar a su habitación y tirarse en su cama. No que ellos no se besaran. Claro que sí. Sólo que él los terminaba antes de tener la oportunidad de entusiasmarse demasiado—. Es peor que antes, porque ahora es la única endemoniada cosa que puedo pensar. ¡Maldita sea, Bill! ¿Por qué tenías que arruinarlo todo? ¿Nunca has escuchado la expresión "la ignorancia es felicidad"? ¡Yo quiero mi felicidad de vuelta! ¡Desgraciado! Te odio, maldito desgraciado».

...

Mientras Ron estaba acostado en su cuarto, maldiciendo al techo, Hermione estaba encerrada en el suyo leyendo un libro. Bueno, quizás "leyendo" no sea la mejor palabra para describir lo que hacía. Tratando de leer sería una descripción más precisa. Había estado mirando la misma página al menos por quince minutos. Debía haberla leído unas cuatro veces ya y todavía no podía recordar una sola palabra.

«¿Qué caso tiene?... —pensó ella, cerrando el libro de un golpe y dejándolo caer sobre la cama al lado de ella—. Ésto se está tornando ridículo. Ni siquiera me puedo distraer leyendo tranquilamente. Tendré que obligarlo a hablar acerca de esto —pensó Hermione—. ¿Pero estoy lista para oír la respuesta?»

Habían pasado varios días y todavía no había descubierto qué le estaba pasando a Ron. Cada vez que preguntaba, él negaba que algo anduviera mal. Claro está, él jamás había sido la persona más sencilla de comprender. Hermione sabía que su humor tendía a cambiar de vez en cuando, pero nunca duraba tanto tiempo. Él era fácil de irritar y quizás pasaba un día o dos con de mal humor, pero rara vez duraba más que eso. No lucía como si estuviese específicamente enojado. Sólo estaba irritable.

Al principio Hermione pensó que quizás estaba cansado, pero obviamente ese no era el problema. Todavía seguía perturbado después de dormir toda una noche. Y sólo parecía ponerse peor. Ron pasaba la mayor parte de sus tardes con un continuo mal humor. Era cortante con su hermana y le gritaba a los gemelos casi cada vez que se tropezaba con ellos.

A Hermione no se le había escapado el hecho de que mostraba su irritación con su familia y no con ella. Lo había presionado unas pocas veces para ver si él respondía, pero nada hasta ahora. Sea lo que sea lo que estaba molestándolo, su familia era la que sufría la peor parte, lo cual la llevó a preguntarse si él estaba frustrado simplemente porque siempre andaban detrás suyo. Él le había advertido que sería casi imposible estar solos con todos viviendo allí. Y tenía razón. No era imposible, pero sí muy difícil. Alguien siempre parecía aparecerse para ver lo que estaban haciendo. Y con mucha frecuencia, era su madre. Hermione ahora sospechaba que mandaba a los demás a espiarlos también. Ni que ellos hubieran interrumpido demasiado.

Se habían acostumbrado a pasar las noches en el salón del primer piso, cerca del cuarto de las chicas. Había un cómodo sillón ahí adentro y una gran chimenea. Era bastante acogedor por las noches, Hermione disfrutaba acurrucarse junto a Ron en el sofá. Habían hablado muchas cosas y él se portaba excepcionalmente atento. Tomaba su mano cuando se sentaban juntos y parecía que no podía evitar tocarla. Y no era como si Hermione tuviera algún inconveniente. Todo era muy inocente y dulce, y aún así no podía evitar encontrarlo estimulante.

Cada vez que sentía sus dedos correr por sus brazos o rozar su cuello mientras él acariciaba su cabello, se le ponía la piel de gallina. A veces hallaba difícil de creer que pudiera sentir tanto con una simple caricia, pero se estaba acostumbrando. Más que eso, parecía depender de ellos. Más de una vez se hallaba a sí misma esperando ansiosamente el momento en que sus dedos se abrieran paso hacia su rostro, porque sabía lo que vendría luego. Él casi siempre tocaba sus mejillas antes de inclinarse para besarla.

El problema era que los besos nunca duraban demasiado. Ron se contenía y cada vez que las cosas comenzaban a calentarse, se alejaba y hallaba una excusa para tomar un respiro. Sabía que era posible que sólo estuviera preocupado porque alguien los encontrara, y había grandes probabilidades de que eso ocurriera. Pero en este momento se sentía tan frustrada que no le importaba si su familia entera cogía una silla y se sentaba observarlos.

Lo que sea que estaba perturbando a Ron, comenzaba a afectarle a ella también. Al principio sólo había estado preocupada por él, pero confiaba en que, sea lo que sea, él lo resolvería. Pero ahora había empezando a alarmarse. No sólo eso, estaba volviéndose cada vez más paranoica.

«¿Y si no es con su familia con quien está irritado? ¿Y si es conmigo? Quizás ha cambiado de parecer acerca de estar conmigo y no sabe cómo decírmelo. O quizás me esté volviendo loca preocupándome por nada. ¡Tan sólo deja de pensar en ello!» —se regañó a sí misma.

—Sólo necesito algo más en que concentrarme —dijo Hermione, saltando fuera de la cama y abriendo su baúl—. Algo más absorbente que este libro —continuó, colocando el ejemplar descartado dentro de su baúl y reemplazándolo por una pila de pergaminos.

...

Sabía que no era buena idea salir de la casa. Sabía que probablemente era peligroso. Sólo que no le importaba. No era la primera vez que caminara a tientas hacia el peligro y ciertamente que no sería la última. A menos que hubiera un grupo de Dementores afuera esperando por él, por supuesto. No hubiera importado que tuviera su varita encima. Harry Potter simplemente no tenía buenos pensamientos dentro de él para evocar en un momento así. Todo lo que sentía, cuando sentía algo más que un peso muerto, era furia y desesperación. Y en ese preciso instante la rabia gobernaba los sentimientos del joven que caminaba penosamente hacia el parque.

«¡Estoy harto de esto!» —pensó Harry, con sus impactantes ojos verdes ardiendo de resentimiento.

Estaba harto de que su tío lo mandara a fregar toda la casa. Estaba harto de escuchar cómo debería estar agradecido de todavía tener un techo sobre su cabeza y una cama tibia en la cual dormir. Estaba harto de ver la enorme cara de Dudley y escuchar sus diminutos comentarios sarcásticos. El último acerca de que lucía como si su perro se hubiera muerto, había sido la gota que resbaló el vaso. Harry tenía que irse de allí o sería el responsable de algo que ni Dumbledore podría encubrir. Estaba casi seguro de que su primo no se dio cuenta porqué el comentario le había hecho explotar. Él sólo estaba expandiendo los comentarios que su padre decía. Cierto, Dudley había retrocedido cuando vio el destello de furia en los ojos de Harry, pero no tenía la menor idea de cuán cerca había estado de ser maldecido en ese preciso instante.

«Estoy harto de todos ellos» —gimió Harry para sí mismo al acercarse a un banco del parque y tropezar sin demora. Se tambaleó hacia delante, pero logró mantener el equilibrio y se enderezó con una pizca de dignidad. Dejándose caer pesadamente sobre el banco en frente de él, Harry miró al suelo para ver con qué se había tropezado, pero no vio nada. Se había tropezado con nada.

—Tendrías que ser un poco más cuidadoso, Harry —le advirtió una voz incorpórea a su lado—. Nunca sabes con quién puedes llegar a chocar por estos lados.

Mientras la mano de Harry apretaba su varita, se escuchó un sonido siseante y Fred Weasley apareció frente a él, con la capa de invisibilidad que había estado usando, agarrada firmemente en una mano.

— ¡FRED! —gritó Harry asombrado mientras la cabeza pelirroja se sentaba a su lado—. ¿Qué haces aquí?

—Me fui a caminar y terminé por Surrey —contestó Fred sarcásticamente—. ¿Qué crees que estoy haciendo aquí? Es mi día de vigilar al pequeño Harry y ver que se mantenga lejos de los problemas. Estás arruinando el trabajo, compañero.

—Púdrete.

—No sabía que podías canalizar a Ron —rió Fred—. Con esa expresión le atinaste. Eso es todo lo que me ha dicho durante días —continuó él—. Puedo volver debajo de la capa si prefieres —añadió Fred—, pero Hermione pensó que quizá querrías compañía.

— ¿Hermione? ¿Cómo está...?

—Está bien, compañero —aseguró Fred—. Aunque muy preocupada por ti. Mamá y Ginny se estuvieron sacando chispas también. Tuvieron una gran discusión sobre quién tendría el privilegio de venir a visitarte. Ginny quería venir conmigo, pero como ves, mamá no se lo permitió. Ella tiene a esos tres bajo arresto domiciliario. Los está haciendo trabajar como elfos domésticos. Probablemente no verán la luz del día hasta septiembre.

—Sí, bueno —refunfuñó Harry, incapaz de sentir demasiada simpatía por sus amigos—. Por lo menos se tienen los uno a los otros.

— ¡Ay! Sinceramente, ¿eso te parece amable? —gritó Fred, colocando su mano sobre su corazón como si estuviera mortalmente herido—. No seré el pequeño Ronnie, pero tampoco soy un cero a la izquierda. Después de todo el viaje que tuve que hacer para venir hasta Surrey a levantarte el ánimo con la historia de Hermione y el Sombrero Acéfalo... Mira cómo me agradeces.

—Jamás se hubiese permitido usar uno de esos sombreros ni aunque le pagaran —respondió Harry, pero a pesar de su mal humor, no pudo evitar divertirse levemente por la imagen mental que había creado.

—Ah, pero sí usó uno —contestó Fred con una sonrisa corazonada—. No voluntariamente por supuesto —continuó él—. Es una lástima que haya estado invisible, la verdad. ¡Lo que hubiera dado yo por verle la cara! Todavía sigue sin dirigirme la palabra. Aunque..., quizás eso sea algo positivo —agregó Fred, un poco serio—. Ella es muy parecida a Mamá cuando se enfurece. De veras que puso en su lugar a Percy el otro día. No que no se lo merezca, el muy imbécil.

—¿Qué sucedió? —preguntó Harry.

—Es una larga historia.

—Tengo tiempo.

—De algún modo, pensé que así sería —rió Fred—. ¿Por dónde empiezo?

...

Hermione estaba sentada en el centro de su cama, completamente concentrada en lo que estaba haciendo, cuando escuchó un suave golpe en la puerta.

—Pasa —dijo ella, sin molestarse a ver quién entraba al cuarto—. Sólo dame un segundo — añadió ella mientras marcaba con el dedo un punto en el libro, para luego inclinarse hacia delante y escribir algo en el pergamino que tenía a un lado.

—Puedo volver más tarde —dijo Ron, mirando la cantidad de trabajo con la que ella se había rodeado. No solo habían varios libros abiertos desparramados por toda la cama, sino que habían pilas de notas esparcidas de un modo que sólo Hermione podría entender.

—No seas tonto —replicó ella al levantar la mirada y darle una sonrisa cálida, aunque continuó escribiendo—. Sólo déjame terminar esto.

—No, está bien —dijo Ron, un poco inquieto ahora. Él sabía que a Hermione no gustaba que la interrumpieran cuando estaba en medio de un proyecto—. No sabía que estabas haciendo tu tarea.

—No es tarea —le informó ella, adhiriendo los ojos al libro nuevamente—. Quédate. Sólo necesito un minuto para terminar.

«Por favor, dime que no estás haciendo todo esto sólo por un poco de crédito extra —pensó Ron al acercarse a la cama y agarrar uno de los libros abiertos, para ver así en qué estaba trabajando. Marcando la página con la mano, cerró el libro y leyó Moste Potente Potions escrito en la cubierta—. Eso explica las notas en los márgenes —pensó él, abriendo nuevamente el libro—. Es muy poco probable que Hermione garabatee un libro que no es de ella. Pero Snape nunca nos da crédito extra. ¿Para qué es esto, entonces?» —se preguntó silenciosamente, echando un vistazo a las líneas que ella había subrayado.

Una poción unificadora es generalmente usada para ampliar o magnificar información de entrada y salida entre dos o más individuos.

Una vez que se hayan unido, experimentarán sentimientos, pensamientos y en raras ocasiones hasta sensaciones físicas que no son las propias, sino la de esos individuos con los que se ha conectado. La sensibilidad emocional es el resultado más resaltante. Una vez que la conexión haya sido forjada, usted podrá ser capaz de sentir cualquier emoción fuerte o devastadora que su pareja está experimentando como si esos sentimientos fueran, de hecho, los propios. Sin embargo, la intensidad de la experiencia depende de la magnitud de los sentimientos y/o emociones que le sean transmitidas. Algunas veces sentirá exactamente lo que su pareja está sintiendo, y otras, sentirá las sensaciones aún más potentemente que la persona con la que esté enlazada, ya que ellos están acostumbrados a sus propios niveles emocionales y usted no.

ADVERTENCIA: esta experiencia puede ser devastadora y es a menudo perjudicial para conllevar una vida normal. La clave para evitar ese riesgo es reconocer la diferencia entre sus propios sentimientos y aquellos que le son transmitidos. Una vez que esto sea alcanzado es posible dejar de sintonizar o bloquearlas por completo, a excepción de experiencias de emociones extremas.

«Eso explica bastante» —pensó Ron al depositar prudentemente el libro en el mismo lugar en que lo encontró. Sabía por experiencia no perturbar su sistema de organización—. ¿Así que esta es la investigación de la que me hablaste? —preguntó mirando varias pilas de notas, algunas de las cuales estaban escritas en ese papel blanco con líneas que los muggles suelen usar—. ¿Por cuánto tiempo has estado trabajando en esto? —pregunto él.

—Un rato —contestó Hermione para luego volver a quedarse callada. Sabía que él no estaría conforme con esa respuesta, pero aún no deseaba hablar sobre eso. Hermione metió rápidamente el pergamino en que estaba escribiendo dentro del libro, luego lo cerró de golpe y lo arrojó detrás suyo—. Entonces, ¿qué pasa? —preguntó ella, tratando de cambiar el tema.

—Nada —replicó Ron, mirando a Hermione escabullirse hacia un lado de la cama y señalándole a que se sentara a su lado—. Es sólo que vi las luces prendidas —añadió él al sentarse—, y pensé en ver en que andabas. No quise molestarte.

—No me molestas —replicó ella rápidamente.

—Así que esta unión de aquí —dijo Ron tomando Moste Potente Potions de la cama otra vez y elevándolo para que ella lo viera—, suena un poco como lo que sucede con Harry y Tu-Sab...

—Voldemort —corrigió Hermione antes de que él tuviera la oportunidad de finalizar.

—Sí... él —dijo Ron—. ¿Estás tratando de averiguar cómo romper la conexión?

—No creo que sea posible —admitió Hermione—. Ellos no están conectados por una poción, sino a través de la sangre de Harry y por la maldición que usó en él cuando era un bebé.

—Ah —dijo Ron—. ¿Qué estás haciendo entonces? —preguntó, incapaz de mantener la pregunta para sí mismo.

«Diablos» —pensó Hermione. Sabía que él preguntaría tarde o temprano, pero realmente no quería meterse en eso ahora—. Eres tan dulce, Ron —dijo ella acurrucándose a él—. Y aprecio lo que estás haciendo —añadió, sabiendo que él estaba haciendo un esfuerzo por hablar de algo que a ella le interesaba—, pero no quiero aburrirte.

—No lo harás —contestó él, genuinamente interesado—. «Obviamente está poniendo demasiado esfuerzo investigando... lo que sea que está investigando. Y si va a ayudar a Harry, quiero saberlo». Así que..., ¿de qué se trata? —pregunto él—. Si no estás tratando de hallar una forma de romper la conexión, ¿qué estás haciendo?

—Oh, ya sabes —dijo Hermione evasivamente—. Sólo buscando algo que pueda ayudar. Te haré saber cuando encuentre algo útil. No tenemos que hablar de esto justo ahora.

—¿Entonces de qué quieres hablar? —preguntó Ron, estudiándola intensamente. El hecho de que ella no quisiera hablar acerca de lo que estaba trabajando, lo desconcertaba. Era posible que realmente aún no haya encontrado algo útil. Pero, del mismo modo, era posible que sí lo haya hecho, sólo que por alguna razón, no quería que lo supiera. No estaba muy seguro de que perspectiva era la correcta.

—No lo sé —contestó ella, mirando sus profundos ojos azules y sintiendo que la parte racional de su mente se disipaba—. «¿Quién dijo que teníamos que hablar?» —pensó ella, sintiendo el calor de su pierna presionada en contra de la suya al sentarse lado a lado—. ¿De qué quieres hablar? —preguntó mientras estiraba el brazo y recorría con sus dedos su encantador cabello pelirrojo. En el momento en que lo tocó, perdió la razón. Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, Hermione se inclinó hacia delante y lo besó suavemente.

Completamente desprevenido, Ron se alejó y entonces comprendió lo que había hecho. Se arrepintió instantáneamente y se dispuso a rectificar su error antes de que ella lo pensara lo que no era.

La cara de Hermione todavía estaba bastante cerca de la suya, pero sabía que no sería por mucho tiempo. Sin siquiera pensarlo, Ron elevó su mano y deslizó levemente sus dedos sobre su mejilla enrojecida, luego fijó sus ojos sobre los de ella, se inclinó hacia delante muy lentamente, y cubrió sus labios con los suyos.

No fue un beso ni profundo ni apasionado, pero aún así, se sentía como si volviera a nacer. Después de un momento, un beso llevó a otro y luego otro. Cada uno lleno de la ternura y el cariño que él sentía por la chica sentada a su lado.

Sin saber qué debía hacer con sus manos, Ron las dejó sobre la cama para asegurar que la única parte de su cuerpo tocándola fueran sus labios. Hermione, sin embargo, no parecía tener las mismas preocupaciones. La mano que tenía enterrada en su cabello se descendió lentamente para jugar con el vello alrededor de su cuello, rozando los dedos contra su piel intencionadamente.

El contacto tuvo el efecto deseado, y Hermione dio soltó una suave risita cuando lo sintió estremecer. Amaba el hecho de poder hacerle sentir eso. La primera vez que había pasado había sido por accidente, pero había aprendido de la experiencia. Esa primera noche, cuando Ron besó su cuello, el placer que sintió casi la vuelve loca. Ahora sospechaba que él podría reaccionar de la misma manera. Si alguna vez tuviera la oportunidad de probarlo, claro está. Sus labios siempre parecían estar ocupados cuando la inspiración llegaba y ella nunca actuaba por miedo a que él se apartara cuando abandonara sus labios.

«Lo más probable que se aleje de todas formas» —pensó Hermione al colocar su mano libre sobre su pecho. Ella agarró su camisa para mantenerlo en lugar y entonces se inclinó hacia delante para que su torso estuviera presionado contra el suyo.

En vez de resistirse, Ron respondió a al avance rodeándola con un brazo alrededor de su cintura mientras un beso terminaba y otro comenzaba. Él sazonó sus labios con una serie de besos. Éstos eran suaves y dulces al principio, pero mientras el calor entre ellos se intensificaba, el contacto duraba cada vez más.

Sin advertencia alguna, Hermione sintió cómo el vértigo y el calor eléctrico que había comenzado en su corazón rápidamente se expandía por todo su cuerpo. Ahogó un gemido cuando sintió la lengua de Ron lamer su labio inferior, buscando profundizar el beso aún más. Antes de darse cuenta de lo que hacía, Hermione se recostó sobre el pergamino extendido sobre la cama, llevándose a Ron consigo.

El peso de su cuerpo presionándola contra la cama mientras él la besaba tan profundamente era demasiado, y a pesar de sus esfuerzos por contenerse, ella gimió dentro de su boca. Como si el sonido hubiese quebrado un hechizo del cual estaba siendo víctima, Ron de repente se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Hermione casi maldijo cuando él se alejó de ella y se sentó firmemente a su lado.

Ella gimió de nuevo, esta vez decepcionada. Respirando profundamente, abrió sus ojos y lo miró anhelante. Al apoyarse en sus codos, el anhelo se desvaneció y fue reemplazado por irritación.

—¿Por qué sigues haciendo eso? —demandó saber.

—¿Besarte? —replicó Ron bromeando.

—No, alejándote —dijo Hermione seriamente—. Algo anda mal. Y quiero saber qué es.

—No es nada —protestó él.

—No puede ser nada —contestó ella—. Has estado alterado durante días. Pensé que quizás sólo tenías miedo de que alguien nos descubriera, pero es más que eso, ¿verdad? —preguntó ella—. ¿Te has... arrepentido o algo así?

—¿Qué? —contestó Ron, incapaz de mantener la inquietud que estaba sintiendo fuera de su voz—. ¡Por supuesto que no!

—Si no eres tú, entonces debo ser yo —indicó Hermione al enderezarse—. Si no me encuentras atractiva, preferiría que me lo dijeras —propuso ella tristemente, incapaz de mirarlo a los ojos—. Así no seguiría haciendo el ridículo.

Sin pensarlo, Ron tomó la mano de Hermione y la presionó en su regazo para que pudiera sentir cuán atractiva la encontraba. No había manera de que ella negara lo que sentía allí. En el instante en que su cara se ruborizó, él se dio cuenta de lo que había hecho y soltó su mano enseguida. Incapaz de seguir mirándola ahora, Ron dejó caer sus ojos al piso. Su rostro había adquirido varios tonos más oscuros que el de ella de un momento a otro.

—Te encuentro atractiva —murmuró él, moviendo los pies un poco incómodo—. Demasiado atractiva —admitió él—. Es por eso que me alejo.

—Pero, ¿no se supone que eso es lo que tiene que pasar? —preguntó Hermione mirándolo inocentemente.

«Maldita sea —se quejó Ron para sí mismo—. ¿Por qué hice eso? Ahora de verdad pensará que soy un pervertido. Y con razón».

—No veo cuál es el problema —indicó Hermione, frunciendo el ceño algo confundida.

—¿Qué? —preguntó Ron. ¿Cómo no veía que él era un pervertido? ¿Por qué no estaba enojada después de lo que le había forzado a hacer?

—No hay nada de qué avergonzarse —continuó Hermione cuando advirtió cuán incómodo él estaba—. Yo también lo siento, ya sabes —dijo ella suavemente—, cuando me besas. Quizás no seas capaz de verlo cuando me miras, pero aún así lo siento. Y me gusta. Me gusta cómo me haces sentir. No quiero que dejes de besarme.

—No sólo estoy pensando en besarte —admitió Ron con los oídos tan sonrojados, que casi estaban más brillantes que su pelo.

—¿Y qué es lo que estás pensando hacer? —preguntó Hermione.

—Creí que sería bastante obvio —gimió Ron, deseando que la tierra se abriera y se lo tragara por completo—. No puedo evitarlo Mione —añadió él miserablemente—. «Merlín sabe que he tratado». Y no sé qué hacer —admitió él—. «Me está volviendo loco». No quiero que pienses que eso es todo lo que quiero, porque no lo es. Pero cada vez que te beso… no puedo evitar pensar en ello —confesó él, luciendo culpable—. No soy uno de esos tipos. «Ya no».

—¿Qué tipos? —preguntó Hermione, completamente perdida—. No tiene sentido lo que dices.

—Uno de esos tipos que sólo se interesan en una chica por cómo luce y por cuán lejos irá con él —comenzó a divagar Ron—. Sé que eso es lo que piensas y que esa es la razón por la que te enfadaste conmigo antes del Baile de Navidad. No fue mi intención ser de ese modo. Ni siquiera me di cuenta de lo que era, lo juro. Pero no sólo es eso. No quiero que pienses algo así. No es sólo algo físico, aunque quizás así lo parezca.

—¿De qué rayos estás hablando? —interrumpió Hermione bruscamente haciendo que Ron mirara al piso, completamente abatido—. Ya sé que no eres así.

—Pero Bill dijo que…

—¿BILL? —gritó Hermione—. ¡¿Fuiste con Bill y le contaste de…?!

—É;l vino a mí —interrumpió Ron antes de que ella tuviera la oportunidad de terminar—. Me dijo que me cerciorara de no presionarte porque esto no es lo que tú quieres.

—A menos que pueda leer mi mente —respondió Hermione—, él no sabe lo que quiero.

—Sí que sabe —replicó Ron rápidamente—. Me tomó un tiempo darme cuenta de lo que decía, pero le encontré el sentido.

—Ilústrame, entonces —exigió Hermione—. ¿Qué es lo que quiero?

—Quieres estar cerca, y tomarnos de las manos, y besarnos un poco. Pero nada más que eso, y es muy probable que creas que yo sólo estoy interesado en ti porque… No quiero que pienses que…, porque no es así, en absoluto. No me importa esperar. Sinceramente. No es sólo algo físico. Es decir, claro que pienso en la parte física, pero quiero más que eso también. Y sí me importa la clase de persona que eres. Y…, y… ¡Ay, diablos!, no puedo explicarlo. Sólo me quedaré callado.

—La próxima vez que alguien te diga lo que yo quiero, ignóralos- —dijo Hermione severamente—. Y si tienes alguna duda sobre esto, a la persona que necesitas preguntar, es a mí.

—No le pregunté —replicó Ron defensivamente—. Él sólo se me acercó y me lo dijo.

—Sigo sin entender exactamente qué fue lo que te dijo —dijo Hermione—. Pero creo tener una idea general.

—Me dijo que si te presionaba, lo arruinaría todo.

—La única persona arruinando algo aquí es Bill —contestó Hermione—. Lo que sea que te haya dicho, ignóralo.

—Pero… no quiero que…

—Ignóralo.

—Pero…

—No hay forma de que él sepa lo que quiero —le informó a Ron—. Porque lo que yo quiero cambia con mi estado de ánimo.

«¡Maldita sea!». Si varía, ¿cómo se supone que voy a saberlo? —preguntó Ron con pánico—. «¿Y qué tal si quieres algo, pero cambias de parecer y luego te arrepientes?»

—Todo lo que tienes que hacer es preguntarme —contestó Hermione calmadamente—. Además, si hicieras algo que no quiero que hagas, te lo diría.

—Estoy muy confundido —gimió Ron cayendo de espalda y mirando al techo.

—Algunas veces yo también lo estoy —dijo Hermione, recogiendo sus notas en un montón y colocándolas sobre su mesita de noche antes de acostarse a su lado.

—Las chicas son endemoniadamente exasperantes —se quejó Ron—. ¿Por qué no pueden estar de acuerdo de una vez por todas? ¿Qué es lo difícil en eso? ¿Cómo demonios se supone que un sujeto las haga feliz cuando cambian de parecer todo el tiempo? No es justo. Nosotros no hacemos eso. Ustedes siempre saben lo que queremos.

—Eso es porque a la larga sólo quieren una cosa —bromeó Hermione.

—Sí, pero por lo menos lo saben —gimoteó él—. No es endemoniadamente justo.

—Todo es justo en el amor y la guerra —rió Hermione al inclinarse y besarlo suavemente en los labios—. Pregúntame qué quiero, Ron —murmuró débilmente Hermione, justo antes de que su boca descendiera a su cuello.

—¡OH, MERLÍN! —pensó él, suprimiendo un gemido de placer que amenazaba con estallar debido a su implícita insinuación—. ¿Qué… qué es lo que quieres? —preguntó él con la voz ronca.

—Quiero que dejes de resistirte y me beses hasta más no poder —contestó Hermione, reclamando sus labios con los suyos.

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