«Maldito estúpido Viktor Krum —insultó Ron internamente mientras lanzaba una piedra al centro del lago—. Grandísimo imbécil búlgaro —pensó, tirando la siguiente aún más lejos—. ¿Por qué tuviste que venir aquí y arruinarlo todo? Si sólo te hubieras quedado en la endemoniada escuela a la que perteneces, nada de esto hubiera ocurrido. Pero tenías que venir a Hogwarts y volverte tan amigo de Hermione. No era suficiente con tener todo lo que yo siempre había deseado. Tenías que ir y tratar de robármela a ella también. Y todavía lo estás intentando, ¿verdad, pedazo de mierda?» —pensó Ron al hervirle la sangre, mientras apoyaba su hombro contra un árbol y miraba lleno de odio el estanque.
Sin tener más rocas para arrojar, divisó las ondas de la última piedra que había arrojado moverse en contra del banco fangoso, y la superficie del estanque se tornó tranquila una vez más—. «Todo esto es un gran juego para ti, ¿no? Como si ella fuera alguna snitch evasiva que sólo puedes atrapar si la persigues lo suficiente. Bueno, tengo noticias para ti, Vicky… yo voy a estar ahí, esperándote. Si la tocas otra vez… que una bludger se estrelle en tu cara será como organizar un maldito picnic, comparado a lo que te haré yo».
Él sabía que ella estaba allí incluso antes de que dijera una sola palabra, pero Ron decidió ignorarla. No quería hablar con ella. No quería hablar con nadie. Sólo quería que lo dejaran en paz..
—Tus hermanos quieren que regreses a la casa —le dijo Hermione mientras se acercaba a él.
—Ellos se pueden ir bien a la mierda —ladró Ron, sin siquiera molestarse en voltear a verla.
«No lo digas —se dijo Hermione—. Éste no es momento de reprenderlo por sus insultos. Sólo conseguirás hacerlo explotar» —pensó Hermione en un suspiro—. Vas necesitar esto, entonces —dijo ella, llevando la mano atrás de su espalda para darle su varita. Ron bajó la vista buscando el objeto y se lo sacó de la mano. Sin querer irse aún, Hermione envolvió sus brazos alrededor de su pecho y lo abrazó por detrás.
—No deberías estar afuera, Hermione —dijo Ron, pero con menos bronca en su voz que antes—. Esos malditos reporteros probablemente sigan merodeando por aquí cerca.
Para su completa sorpresa, Ron escuchó a Hermione ahogar una risa detrás de él y abrazarlo aún más fuerte.
—Pobre Harry —bromeó ella mientras se apoyaba enteramente en él y se aferraba firmemente a su espalda—. Imagina lo aturdido que va a estar cuando vea nuestra foto plasmada en la primera plana del periódico matutino. Ya puedo ver el titular, "La Niña que Escapó engaña al Niño que Vivió".
—No es gracioso, Hermione.
—Es ridículo —corrigió ella mientras se paraba en puntas de pie y colocaba el mentón sobre su hombro—. Pero apuesto a que Harry se divertirá bastante. Una vez que haya sobrepasado la impresión de vernos juntos, claro está.
—No lo creo —dijo Ron alejándose de ella.
—Vamos, Ron, no seas así —imploró Hermione—. No esperabas que los dejara arrastrarlo a prisión, ¿o sí?
«Así que sí sabe por qué estoy afuera» —pensó Ron, todavía sin dignarse a mirarla—. No, supongo que no —admitió finalmente para ambos: para ella y para sí mismo.
—¿Entonces por qué estás tan disgustado?
—No quiero que lo veas —respondió Ron sin pensar.
—¿Quién dijo que iba a verlo? —preguntó Hermione.
—Él querrá hablar contigo —indicó Ron—. Pedirte disculpas. Darte las gracias.
—¿Y?
—Te querrá ver —dijo él como si fuera la cosa más obvia del mundo.
—Probablemente... —admitió Hermione.
—No quiero que lo hagas.
—Entonces no lo haré —replicó ella rápidamente.
Completamente desconcertado por la respuesta, Ron se volteó y miró dentro de los profundos ojos castaños de Hermione.
—¿Qué quieres decir con que no lo harás? —preguntó él escépticamente, como si fuera una trampa.
—Quiero decir que no lo veré —indicó Hermione serenamente, y su rostro no expresaba ninguna emoción.
—¿Nunca? —preguntó Ron mientras fruncía su ceño sospechosamente.
—Bueno… no creo poder prometerte eso —admitió ella honestamente—. Pero —añadió cuando lo vio enfadarse—, no lo veré otra vez a menos que tú estés de acuerdo.
—¿Y qué tal si nunca esté de acuerdo?
—Entonces supongo que no lo veré nunca —contestó ella.
—¿Por qué? —preguntó Ron con incredulidad.
—¿Por qué qué?
—¿Por qué estarías de acuerdo con ello? —cuestionó él.
—Porque te amo, idiota —indicó Hermione mientras su apariencia calmada se desplomada y le sonreía a pesar de no querer hacerlo—. Porque no quiero herirte, ni hacerte enojar, ni verte celoso por nada —trató de explicar.
—No es nada —respondió él amargamente.
—Es nada, Ron —indicó Hermione con su voz tornándose un poco irritante—. Pero hasta que tú te des cuenta de eso, me mantendré alejada de él. Tienes mi palabra. No veré a Viktor Krum de nuevo hasta que te des cuenta de lo estúpido que estás siendo.
—¿ESTÚPIDO? —gritó él furiosamente—. ¿Crees que soy un estúpido?
Hermione tuvo que morderse el labio para evitar sonreír. No podía impedir hallar su angustia adorable.
—¿En este caso en particular? Sí —le informó ella.
—Primero me llamas estúpido y después te… ¿te ríes de mí? —preguntó Ron, resentido.
—¿Estás loco? —preguntó Hermione mientras luchaba contra su propia furia. Porque estar inseguro acerca de Viktor era una cosa. El hecho que de verdad creyera que lo estaba ridiculizando mientras estaba enojado, era otra muy distinta—. No me estoy riendo de ti.
—Puede verte morder el labio para aguantar la risa.
—¡Oh, por todos los cielos, Ron!
—¿Crees que esto es gracioso? —dijo él abatido.
—Por supuesto que no —gritó ella.
—¿Entonces por qué sonríes? —demandó Ron.
—Porque eres tan malditamente adorable —contestó Hermione, ya sin tratar de esconder el hecho de que estaba molesta.
—¿Qué?
—Me oíste. Eres adorable. Enfurruñado aquí afuera, todo preocupado y enojado por algo que es absolutamente ridículo —dijo ella.
Ron abrió la boca para replicarle algo, pero luego pareció cambiar de opinión. Cerró sus labios fuertemente y se conformó con brindarle una mirada incrédula.
—Te enfureciste y te enfureces por algo que no tiene importancia —indicó Hermione irritablemente-. Tus hermanos tienen miedo de enfrentarte. «Aunque nunca vayan a admitirlo» —pensó ella para sí misma—. Así que me enviarion a la guarida del león para hacerlo por ellos. Por supuesto, sabían que tú no me morderías a mí, ya que nos rugimos mutuamente tan seguido que ya es parte de nuestra naturaleza. Pero yo no quiero rugirte. No me gusta verte molesto ni inseguro. No quiero pelear contigo. Todo lo que quiero hacer es envolver mis brazos a tu alrededor y besarte hasta que te des cuenta de que estás siendo un estúpido idiota. Es por eso que estoy mordiéndome el labio y aguantándome. Porque si no lo hago, es muy probable que te salte encima —admitió ella—. Pero… realmente no quiero hacerlo aquí afuera. Especialmente con tantos reporteros hurgando alrededor. Así que por favor, Ron —Hermione imploró mientras extendía su mano y tomaba las de él entre las suyas—, ¿no quieres regresar a la casa?
—Eres increíble —indicó Ron. No sabía si debería sentirse insultado o halagado por lo que ella acababa de decir.
—¿Eso es malo? —preguntó Hermione.
—Aún no estoy seguro —admitió él.
—¿Sigues enojado conmigo?
—De eso tampoco estoy muy seguro.
—¿Vendrás adentro? —preguntó ella.
—¿Estás planeando besarme si lo hago? —preguntó él, dudando de si era una artimaña que ella estaba usando para llevarlo a la casa—. «¿Y si lo es? —se preguntó él—. No es que la vaya a rechazar».
Ron observó como una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios.
—En realidad —respondió Hermione mientras tomaba un paso hacia él-. Estoy planeando besarte de cualquier forma. Aquí afuera, ahí adentro, ya no me importa demasiado, que digamos.
Al ella avanzar, Ron inconscientemente retrocedió un paso y se encontró con que su retirada fue frustrada por el árbol en el que se había recostado antes. Aunque no era como si quisiera escapar, en realidad. Sólo que su respuesta lo había tomado por sorpresa. Había estado casi completamente seguro de que su oferta no era más que parte de una estrategia diseñada para llevarlo dentro de la casa. Ahora se daba cuenta de que estaba equivocado y que quizás ella hababa en serio cuando le dijo que era adorable.
Súbitamente, Hermione eliminó la distancia entre ambos y Ron la sintió presionarse en contra suyo, sujetándolo al árbol. Sin decir una palabra, ella lo miró directamente de sus ojos.
«¡Rayos!» —pensó él, hipnotizado por sus labios. Cerró sus ojos en un intento por escapar de la atracción que le causaban. Cuando lo hizo, eschuchó que alguien gemía. Le tomó un momento darse cuenta de que quien había producido ese sonido, había sido él—. ¿Hermione? —preguntó mientras sus ojos seguían cerrados fuertemente.
—¿Sí? —inquirió ella suavemente.
Empujando su mano profundamente dentro de su bolsillo, Ron excavó en su interior y al sacar un contenedor plástico, se lo entregó.
—Creo que esto es tuyo —murmuró.
Ella lo agarró con una sonrisa satisfecha y rápidamente lo guardó en un lugar seguro.
—Eres el maestro de la sutileza —Hermione rió en silencio mientras retiraba la mano de su propio bolsillo y observaba a Ron tornarse de un rojo carmesí—. Dije que iba a besuquearte, no que te iba a hacer el favor...
—No puedes culpar a un sujeto por intentarlo —dijo él, abriendo sus ojos finalmente y dándole una sonrisa atrevida.
—No, supongo que no —replicó Hermione con una sonrisa—. No cuando da la casualidad que ese sujeto eres tú. ¿Entonces? —preguntó ella con los ojos brillantes y fijos en los suyos—. ¿Aquí afuera?
—No —dijo Ron, alejándola de él. Notó como su expresión cambió de entretenimiento a sorpresa, aunque ella se las arregló para ocultarla rápidamente—. No creo que sea una buena idea tener demasiada… eh… distracción aquí afuera —explicó Ron, tomando su mano y guiándola hacia la casa.
—Si tú lo dices —dijo Hermione mientras se permitía guiar por el camino que los apartaba del lago—. Aunque un poco de privacidad hubiera sido agradable. Hay sinceramente demasiadas personas en tu familia. Nunca vamos a tener la oportunidad de estar realmente solos, ¿sabes? Alguien tiene que poner límites y… —Ron frenó tan abruptamente que ella chocó con su espalda—. ¿Ron? ¿Pasa algo?
—¿Escuchaste algo? —murmuró él.
—No… —contestó Hermione mientras guiaba la mirada hacia la alta hierba de su derecha. No se había dado cuenta cuán lleno de maleza estaba el prado cuando fue a buscarlo al estanque. Cuando sintió la mano de Ron apretarle la suya, su corazón comenzó a bombear salvajemente dentro de su pecho.
—Aquí tienes—dijo Ron mientras le soltaba la mano y alcanzaba su bolsillo nuevamente. Rápidamente sacó la varita de ella y la presionó en su mano—. La saqué de tu baúl hace varias horas. ¿Puedes correr? —murmuró él.
Ella no tuvo la oportunidad de responderle. Asustada por el sonido de aleteos generado por un grupo de pájaros tomando vuelo en el campo al lado, Hermione saltó e instantáneamente volteó bucando la fuente de ese sonido.
Ron, que estaba enfrente de ella, mantenía su propia varita apuntando hacia la hierba y empujó a Hermione detrás de él.
—¡Vete! ¡Ahora! —gritó en un susurro, empujándola hacia la casa.
Pero ella no podía irse. Parecía estar pegada a ese lugar. Hermione se quedó en su sitio detrás de él, silenciosa, con los ojos abiertos como platos; esperando.
—¡Hermione! —murmuró Ron urgentemente, tratando de llamar su atención—. ¡Vete! Yo detendré a quienquiera que sea.
Esta vez Hermione lo miró directamente y negó con la cabeza, rehusándose a dejarlo solo. Ella vio el miedo en sus ojos tornarse en furia.
—¡Maldita sea! —gritó él débilmente.
—Cállate —murmuró Hermione—. No voy a dejarte.
—¡Mierda!
—Ron, no insultes.
Él la miró con los ojos abiertos exageradamente.
—¿Estás bien de la cabeza? Estamos apartados de la casa por un campo que probablemente esté lleno de Mortífagos que van a atacarnos en cualquier minuto, y tú estás preocupada… por... mis insultos?
—¡Bueno, los insultos no te van a ayudar! —gritó Hermione irritablemente.
—¿Entonces qué sugieres?
—O corremos a la casa juntos, o nos quedamos y peleamos contra lo que sea que se nos acerque. Pero no te voy a dejar solo para…
—O —dijo Ron, mirando la hierba enfrente de ellos—, atacamos primero.
Antes de que Hermione tuviera la oportunidad de comprender lo que había oído u oponerse a ello, Ron se lanzó dentro del campo.
...
Hermione se quedó helada por un momento, completamente horrorizada y con la boca abierta por la conmoción.
«¡Estúpido y maldito imbécil! —Esas fueron las primeras palabras que aparecieron en su mente después de observar cómo se lo tragaba la enorme maleza—. ¿En qué está pensando? ¡Correr dentro de un campo lleno de Mortífagos! —se preguntó mientras se sumergía detrás de él—. Será mejor que rece para que lo encuentren ellos primero antes que yo» —pensó al perseguirlo.
Estaba a sólo segundos detrás de él, pero ella no conocía el área de la misma manera que Ron, y la hierba estaba tan alta que Hermione era incapaz de ver a dónde se había ido. Como Ron ahora medía más de un metro ochenta, esto era una novedad inesperada. Hermione estaba comenzado a sospechar que el campo estaba encantado, quizás en un por mantener a los muggles lejos de la Madriguera. La hierba ciertamente no había lucido tan gruesa desde el sendero. Pero ahora que estaba dentro, era mucho más gruesa y alta de lo que había sospechado. De hecho, estaba tan tupido que de pronto se dio cuenta que si se alejaba aún más, habría una gran posibilidad de que se perdiera. Como no tenía ni idea de dónde estaba Ron, no le quedó más remedio que dejar de correr y escuchar, con la esperanza de que al menos sería capaz de oírlo moverse por algún sitio a su alrededor. Desafortunadamente, en el campo no había más que un silencio muerto, lo que sólo reforzó su sospecha de que efectivamente había una clase de hechizo sobre el mismo.
«Esto complica las cosas —pensó Hermione, mirando sobre su hombro la dirección por la que había venido. Sabía que el sendero estaba directamente detrás de ella, lo que significaba que la Madriguera también estaba allí, a la izquierda—. No me puedo arriesgar a perderme aquí —pensó Hermione mientras miraba al cielo y trataba de usar el sol para adaptarse al ambiente—. ¡Maldita sea!» —maldijo mientras se daba cuenta que no iba a funcionar. Sabía lo que tenía que hacer, pero ¿se atrevería a hacerlo? ¿Valía la pena ser expulsada? Podría regresar a la casa, pero eso significaba dejar a Ron solo allí afuera. No, ella no iba a hacer algo así.
Con un suspiro, Hermione colocó su varita en la palma de su mano y pronunció el hechizo.
—Guíame —dijo ella, causando que la varita girara en su mano y apuntara al Norte, lo cual le daba a conocer que la Madriguera estaba localizada al Norte y un poco al Oeste de donde estaba parada.
«Bueno, adiós a lo de no usar magia —pensó ella mientras comenzaba a adelantarse cautelosamente—. Será mejor que este campo esté lleno de Mortífagos, porque sino lo está y me expulsan por estar ayudándote a perseguir un zorro o algún maldito pájaro, voy a matarte, Ronald Weasley».
Mientras Hermione lentamente forzaba su camino dentro del campo, no podía evitar notar la calma inquietante que la rodeaba. No había ruido alguno. Tampoco ningún movimiento. A pesar del hecho de que había una ligera brisa soplando, la hierba no se balanceaba en lo absoluto. Incluso sus propios pasos parecían algo sordos.
—¿Dónde está? —murmuró Hermione para sí misma mientras estudiaba el terreno. Alerta y tensa, con la varita apretada fuertemente en su mano, Hermione comenzó a considerar aparecerse ante Ron—. «Por supuesto, si tratara de aparecerme, debería hacerlo para regresar a la Madriguera en busca de algo de ayuda, pero no puedo simplemente dejarlo aquí afuera solo. Y si me aparezco de nuevo, de seguro que me expulsan. ¿Qué pasa si estamos aquí afuera persiguiendo nada?» —se preguntó ella.
Hermione se sobresaltó cuando la hierba a su izquierda se agitó, apartándola de sus pensamientos. Inmediatamente se dio la vuelta y frunció el ceño observando hacia aquel sitio mientras los oídos para escuchar alguna otra señal de movimiento—. «No fue nada» —se dijo a sí misma mientras tomaba un silencioso paso hacia delante. Hermione apuntó su varita al sitio de donde el ruido había provenido y estaba a punto de echar un hechizo inmovilizante, cuando fue cegada por un destello brillante de luz blanca.
Se cubrió sus ojos e instintivamente tomó unos pasos hacia atrás cuando escuchó un débil zumbido que parecía fuera de lugar. Cuando el sonido cesó abruptamente, Hermione oyó un gruñido gutural y un ruido estremecedor que era indudablemente el resultado de algo grande siendo empujado enérgicamente contra el suelo. Se dio cuenta de que esa cosa era enorme, de hecho una persona, cuando los escuchó gruñir por el impacto que expulsó todo el aire de sus pulmones.
Parpadeando para alejar los residuos que todavía le nublaban la vista, la primera cosa que Hermione notó fue su pelo rojo. Con una ola de alivio, Hermione comprendió que el sonido ronco que había oído provenía de Ron mientras él empujaba a un hombre hacia el suelo. Todavía estaba tumbado sobre el sujeto, presionando sus hombros al piso con las rodillas. Hermione pudo escuchar al hombre jadear desesperadamente al tratar de retomar el aire que había sido arrebatado de sus pulmones por la fuerza de la caída.
—¡RON! —gritó Hermione, corriendo detrás de él mirando a la presa. Lo que llegó a ver la asustó. No tenía sentido. El hombre atrapado en el suelo no podía ser unos pocos años mayor que Ron y ella misma. Lucía tan joven, tan pálido. Sus ojos no eran los ojos de un Mortífago. No estaban llenos de odio y malicia. Estaban llenos de… miedo. Arrodillándose al lado del hombre, que estaba claramente demasiado atemorizado como para intentar defenderse, Hermione extendió su mano y sujetó su brazo. Rápidamente forzó la manga de su camisa hacia arriba para estudiar la piel de su antebrazo.
—No es un Mortífago —dijo Hermione soltando su brazo y mirando a Ron, quien continuaba observando amenazadoramente al hombre que había inmovilizado en el suelo.
—¡RON! ¡Él no es un Mortífago!
—Trató de maldecirte —gruñó Ron—. Lo vi. Te cegó con un hechizo.
—No fue un hechizo —dijo Hermione al inclinarse y recoger algo del suelo—. Era una cámara —explicó ella sujetándola por una correa de cuero y dejándola balancear en el aire para que él la vea—. Debe ser uno de esos reporteros a los que Fudge les dio propina.
El hombre detenido en el suelo comenzó a menear frenéticamente su cabeza.
—Sí —acordó él mirando a Hermione, con sus ojos aún ensanchados—. … Diario el Profeta.
—Maldita sabandija —espetó Ron, pero incluso al hacerlo levantó su peso del pecho del hombre, permitiéndole tomar un respiro decente—. Acechando en la hierba, esquivando la luz del día —gruñó Ron—. Tienes suerte de que todo lo haya hecho fuera saltarte encima.
—¡Están por aquí, papá! —gritó Bill mientras venía chocando por entre la hierba, y se detuvo súbitamente frente a ellos. No pudo evitar fijar la vista en su hermano menor, quien estaba sentado encima de un extraño, mirándolo amenazadoramente.
—Ron… Hermione… ¿están bien? —preguntó el Sr. Weasley al separar la hierba y entrar a la depresión que Ron había creado cuando chocó con el reportero. Jadeando agitadamente, el Sr. Weasley se inclinó hacia delante y reposó sus manos en las rodillas para intentar retomar el aire.
—Sí —contestó Hermione.
—¿Qué demonios… estaban ustedes dos… pensando… —preguntó el Sr. Weasley con los ojos saltando de Hermione a su hijo—… al husmear dentro del prado?
—No husmeabamos —dijo Ron defensivamente al soltar al reportero y elevarse—. Escuchamos un ruido cuando estábamos regresando a la casa.
—Alguien nos estaba siguiendo —interfirió Hermione.
—¿Así que se metieron a la hierba para enfrentarlo? —cuestionó el Sr. Weasley, irguiéndose en su completa estatura.
—¡Tú! —dijo Bill, mirando al reportero aún encogido sobre el suelo—. Creí haberte dicho que te esfumaras.
Sin decir otra palabra, Bill estiró su brazo y agarró la cámara de la mano de Hermione. El reportero gritó fuertemente cuando Bill abrió la parte de atrás y sacó la película, exponiéndola a la luz.
—¡Oye! Eso es…
Pero el reportero jamás terminó de decir lo que era.
—¡Te dije claramente que nada de fotos! —gritó Bill al hombre, mientras arrancaba la película completamente fuera de la cámara y la desaparecía con su varita. Después de que la película se esfumara, Bill lanzó la cámara al suelo.
—¿Qué si no hubiera sido un reportero? —regañó el Sr. Weasley—. ¿Qué si hubieran sido Mortífagos? ¡Podrían haberlos matado!
—Nos hubieran matado igual de fácil si nos hubiéramos quedado parados ahí esperando a que ellos nos ataquen primero —dijo Ron irritablemente—. Por lo menos de esta manera podíamos sorprenderlos.
—Sólo espera a que tu madre se entere de esto. Ella va a matarte.
—No si yo lo hago primero —murmuró Hermione conteniendo el aliento. Bill fue el único que pudo escucharla, evidenciado por la sonrisa que trató de esconder rápidamente.
—No vas a decirle en realidad, ¿verdad papá? —se quejó Ron.
—No es como si pudiera escondérselo —refunfuñó su padre, sabiendo que acabaría compartiendo la culpa—. Los dos corriendo semi armados, haciendo magia en medio de este fangoso campo…
—No hicimos nada de mag... —comenzó a protestar Ron y entonces se detuvo abruptamente. Se dio la vuelta para mirar a Hermione, que lo estaba observando furiosamente—. No hiciste, ¿o sí?
—¡Por supuesto que sí! —acusó ella mientras fruncía el ceño y ojos aún más—. ¿En qué estabas pensando, corriendo de esa manera? Me asusté terriblemente cuando no pude encontrarte. No podía arriesgarme a perderme, así que convoqué un hechizo de orientación.
—¿Perderte? —preguntó Ron como si la idea fuera ridícula.
—El campo está encantado —gritó ella.
—Sí, lo sé —replicó Ron.
—Bueno, pues yo no lo sabía. Lo hubieras mencionado antes de encargarte de esto. Ah, olvídalo. ¿Qué caso tiene? —preguntó ella sarcásticamente mientras movía sus manos en el aire—. Que alguien me diga cuál es el camino a la casa —demandó Hermione, alejándose de Ron—. Terminé de hablar contigo.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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