Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 23: Inseguridad

Hermione estaba sentada sobre un sillón en el recibidor, con la nariz enterrada en un libro, cuando él la encontró.

«Típico —pensó Ron mirándola fijamente, esperando a ver si ella reconocía su presencia—. Siempre escondiéndose detrás de sus libros. Uno dudaría de si se acuerda de cambiar la página de vez en cuando».

—Te llegó esto del Ministerio esta mañana —dijo Ron, sosteniéndole el sobre que su padre le había dado para que se lo entregue.

—Te dije que continuaría escribiendo —replicó Hermione al mirarlo y ver la carta en su mano extendida—. Parece que ahora tienes dos para leer —añadió, enfocando su atención en el libro una vez más.

—No es de él —dijo Ron, tomándola por sorpresa y, a pesar de la decisión que había tomado cuando él entró en la sala, Hermione se halló mirando sus cautivantes ojos azules—. Es de Neville —añadió con una expresión que ella no pudo descifrar.

—Ah —respondió Hermione, extendiendo su mano para tomar la inesperada carta, aunque no estaba totalmente segura de si la quería. No deseaba leer condolencias de extraños. ¿Quería leerlas si las enviaban sus compañeros de clase? No le molestaba cuando eran de Harry. Pero Harry era diferente y sus cartas habían sido de mucha ayuda. Se había emocionado muchísimo por darle consejos de cómo lidiar con su repentina fama. Después de sus bromas al estilo “bienvenida a mi mundo”, claro está. ¿Pero Neville? Él nunca le había escrito en el verano y no estaba segura de qué hacer con ello.

Hermione inintencionadamente rozó los dedos de Ron mientras su mano agarraba la carta. Ella esperaba que él soltara el sobre, pero no lo hizo. Por un momento, se quedaron parados ahí con sus manos extendidas, mirándose el uno al otro, y luego, sin previo aviso, él se alejó. Hermione notó la expresión calmada en su rostro cuando continuó observándola, pero parecía un poco forzada.

—¿Alguna otra cosa? —preguntó ella finalmente, quebrando el silencio.

—Sí —dijo Ron—. Estaba pensado si..., bueno, tú dijiste que podía tomar prestado tu libro de transformaciones. Ya sabes, porque yo ya no tengo el mío. ¿Así que puedo? Es decir, si puedo tomarlo prestado.

—¿Quieres que te preste mi libro de transformaciones? —preguntó Hermione, lanzándole una mirada de muy extraña—. ¿Ahora?

—Eso fue lo que dije, ¿no? —escupió él en respuesta—. Mira, si te molesta, yo...

—No —interrumpió ella—. No me molesta. Está en mi baúl. Voy a ir a traért...

—Yo lo busco —dijo Ron, dándose la vuelta y yendo hacia la puerta—. No te preocupes, te lo devuelvo tan pronto termine —añadió él.

—No hay apuro —gritó Hermione después de su retirada.

...

A Ginny le tomó menos de dos minutos ir hacia ella. Obviamente, había estado en su cuarto cuando su hermano se entrometió y no lucía muy feliz con ello.

—¿Sabías que Ron está buscando algo en tu baúl? —preguntó ella—. Dijo que lo sabías, pero...

—Está bien —le garantizó Hermione—. Le dije que podía. Sólo quiere mi libro de transformaciones.

—¿Estás segura de que eso es todo lo que busca? —dijo Ginny, mirando a Hermione como si fuera estúpida.

—Él empacó mi baúl, ¿recuerdas? —respondió ella—. Si quisiera husmear mis cosas, lo habría hecho en ese momento.

—Probablemente lo hizo —murmuró Ginny por lo bajo, al sentarse en el sofá—. No la ha leído, ¿verdad? —preguntó, notando la carta en las manos de Hermione.

—¿Qué? —replicó ella perdida en sus pensamientos—. Ah, no. Sólo me trajo esta. Es de... Neville.

—Ah... —contestó Ginny, sonando un poco decepcionada. Por un minuto creyó que había logrado hacerlo entrar en razón—. Entonces, ¿qué dice Neville?

—No lo sé —replicó Hermione, abriendo el sobre y removiendo la carta—. No la he leído aún —añadió ella, ojeando la carta por un momento—. En su mayoría lo previsible —acotó, dándosela a Ginny-. Que siente lo que pasó, y espera que me sienta mejor.

—Está preocupado por ti —dijo Ginny, echándo un vistazo a la carta.

—Probablemente sea un poco desconcertante para él. Tú sabes, porque fui torturada por la misma mujer que torturó a sus padres hasta la...

—Sí —interrumpió Ginny, sin necesidad de que terminara—. Ella la usó en él también. Supongo que entiende por lo que pasaste mejor que cualquiera de nosotros, teniendo la experiencia propia y todo eso —Como si de repente se diera cuenta de lo que estaba hablando, Ginny se calló y miró nerviosamente a Hermione—. Lo siento —añadió ella, algo culpable.

—Está bien —dijo Hermione, ofreciéndole a su amiga pelirroja una débil sonrisa—. No me molesta hablar de eso. Puedes preguntarme.

—Les pregunté a Fred y a George, pero no me dijeron nada.

—Pensé que irías ido primero con Ron.

—Lo hice —admitió Ginny—, pero... tampoco me contó nada. Se puso sumamente protector y me dijo que sería mejor que no te molestara con ello.

—No me estás molestando —replicó ella. La mirada en la cara de Ginny dejaba en claro que no le creía, así que Hermione continuó—. No, de verdad, está bien.

—¿De... de veras que...? Bueno..., más o menos oí por casualidad a Bill hablando con Fred y George —confesó Ginny—. ¿De veras que usaron la maldición Cruciatus en ti unas diez veces?

—No lo sé —contestó Hermione honestamente—. No conté exactamente. Pero creo que así es.

—¿Cómo...? Quiero decir..., debió haber sido terrible. ¿Cómo pu... cómo pudiste soportarlo?

—Tampoco tenía muchas opciones —dijo Hermione, cerrando su libro y dejándolo en el piso—. Sé que debe parecer extraño, pero fue... Pettigrew —admitió ella.

—¿Qué? Él no...

—No, él me ayudó sin darse cuenta —respondió ella—. Me recordó por lo que estaba luchando. Y que preferiría morir antes de convertirme en algo como él.

—¿De... de verdad la incitaste a que te matara? —preguntó Ginny, incapaz de contenerse ahora que alguien estaba dispuesta a hablar con ella.

—Bueno... —admitió Hermione, sonriéndole a su amiga a pesar de la morbosa conversación—. Conseguiste escuchar bastante, ¿no? —sonrió ella suavemente—. ¿Escuchaste eso de Bill también? Bueno, es verdad. La llamé con varios nombres específicos que no voy a repetirte.

—¿No tenías... miedo de morir? —presionó Ginny.

—No de la manera en que piensas —contestó Hermione, poniéndose seria al instante—. Aunque sí me aterraba lo que podría llegar a causarles a Harry y a Ron —dijo suavemente, mientras sus ojos se nublaron.

—Fue terrible —dijo Ginny quedamente—. Cuando mamá lo reanimó y él se dio cuenta de dónde estaba, se lanzó a Fred —continuó ella, tratando de olvidar la mirada asesina que su hermano traía en los ojos y cómo se había arrojado sobre la mesa de la cocina para agarrar a los gemelos—. Bill y papá tuvieron que sostenerlo. Después, se quedó como encogido en el suelo.

Ginny se detuvo abruptamente cuando Hermione cubrió su rostro con ambas manos y sofocó un sollozo.

—Perdona —dijo Ginny, apartando sus propias lágrimas antes de que pudieran caer—. No quería afectarte.

—Sabía que no le fue fácil —admitió Hermione—. Pero es mucho más difícil escucharlo.

—¿Él no te lo contó?

—Sí —contestó ella—. Tanto como pudo. No le es fácil hablar de cómo se sintió —continuó ella—. Tú conoces a Ron. No es muy bueno con sus propios sentimientos. Me animó a que me desahogara y me ayudó a lidiar con mis emociones, pero evita discutir las propias. Las quiere hacer a un lado y tratar de olvidar lo que sucedió, así que no lo presiono.

—No es algo que pueda olvidar —dijo Ginny.

—Lo sé —admitió Hermione—. Pero es más feliz si no lo menciona.

—Realmente se preocupa por ti —dijo Ginny—. Todos podíamos verlo. Estaba devastado.

—¿Piensas que estoy siendo muy dura con él? —preguntó Hermione, sintiéndose repentinamente muy culpable por haberlo tratado con indiferencia.

—¿Acerca de todo esto con Krum? —replicó Ginny— Si me hubieras preguntado eso hace quince minutos hubiera dicho que no, pero honestamente... no lo sé. Creo que... probablemente deberías tratar de hablar con él otra vez.

—Es que no escucha. No cuando es sobre Viktor.

—Creo que escucha más de lo que imaginas.

...

«Esto es una maldita pérdida de tiempo —pensó Ron, mientras miraba fijamente el libro abierto sobre el escritorio enfrente de él—. A este paso voy a tardar todo el verano —se lamentó. En los veinte minutos que había estado ahí, su nombre y el título del ensayo fueron todo que había logrado escribir en el pergamino—. ¿Cincuenta malditos centímetros? Incluso si escribo con letras bien grandes me va a llevar una eternidad. Ojalá Harry estuviera aquí. Por lo menos tendría a alguien con quién quejarme. Podría escribirle una carta —pensó Ron—, ¿pero qué se supone que voy a decirle? "Eh, Harry. ¿Cómo esta yendo tu verano? Hermione recibió una carta de Krum el otro día y, por supuesto, me comporté como un completo y maldito idiota. No me ha hablado desde entonces. Estoy tan aburrido que hasta intenté hacer mi tarea, pero es inútil. No me puedo concentrar." Por lo menos le daría algo de qué reírse».

Una carta, de hecho, estaba comenzando a sonar cada vez mejor. Al menos eso sí fluiría espontáneamente. Ron estaba considerando seriamente tachar el título y usar el pergamino para escribirle a Harry, cuando fue interrumpido por un golpe en la puerta.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Hermione, al entrar en el cuarto y cerrar la puerta detrás de ella.

—No —contestó Ron rápidamente—. «Por suerte aún es un ensayo —pensó él, mirando al pergamino—. Lo último que necesito es que me regañe por escaparme de mis deberes para escribir una carta».

—Parecías un poco... nervioso cuando viniste a verme más temprano —dijo ella después de un silencio prolongado—. ¿Quieres... hablar de ello?

—Perdona —replicó Ron con los ojos pegados al libro mientras fingía leer—. Sopongo que tenía muchas cosas en la cabeza. Estaré bien una vez que haya terminado con este ensayo.

—No es el ensayo y los dos lo sabemos muy bien —indicó Hermione—. El hecho de que estés haciéndolo con tanta anticipación es, bueno..., extraño.

—Pensé que si me lo sacaba de encima podría disfrutar del resto del verano —mintió Ron. No necesitó levantar su cabeza para saber que ella no le creía ni una palabra.

—Aún así, eso no explica por qué estás tan... «¿Tan qué?» —se preguntó ella—. Me estás precupando.

—No hay por qué preocuparse. Estoy bien —puntualizó Ron, volteándo la página del libro para que ella pensara que todavía seguía leyéndolo—. Entonces... ¿qué dice Neville? —preguntó él, indiferente.

Hermione estrechó sus ojos mientras campanas de alarmas sonaban en su cabeza. Sabía que él no podía leer un libro y mantener una conversación al mismo tiempo. Y estaba totalmente segura de que sin importar cuán indiferente sonara, no había nada casual en la pregunta.

«¿Neville? —pensó ella—. No, no puede ser. Seguramente no está... celoso de Neville. ¡NO! No puede ser. ¿O sí?» ¿Se trata de eso? —preguntó ella—. No estás molesto por esa carta también, ¿verdad?

Hermione le dio un momento para responder, y como no lo hizo, fue a sentarse al borde del escritorio en el que él estaba trabajando.

—¿Ron?

—Nunca dije que estaba molesto —dijo él con un suspiro, apartando el pergamino y cerrando el libro. No tenía sentido continuar la farsa. Ella no se lo estaba creyendo y aunque lo hiciera, era obvio que no iba a dejar esto pasar.

—Pero lo estás. Se te nota —replicó Hermione.

—Sí, bueno... pero no es por culpa de esa carta —admitió Ron.

—Entonces, ¿por qué es?

—No lo sé —dijo él rápidamente.

Era una mentira y ambos lo sabían.

—No puede ser que realmente estés celoso de Neville.

—No estoy celoso —indicó Ron, mirando dentro de sus profundos ojos castaños para que ella viera que decía la verdad.

«Pero algo le está perturbando —pensó Hermione—. Algo que no tiene que ver con Viktor, y Neville es parte de ello de alguna manera». Entonces, ¿qué es? —presionó ella.

En vez de responderle con palabras, sólo suspiró una vez más. No sabía qué decir.

«Sé que a Neville le gustaba Hermione —se dijo silenciosamente—. Ella sólo lo ve como un amigo, pero sus intenciones para con ella eran diferentes. A fin de cuentas, sí la invitó al Baile de Navidad. No que yo piense que Hermione elegiría a Neville en vez de a mí. Ella lo rechazó. Pero ya tenía una cita, ¿verdad? El maravilloso, famoso, estrella de Quidditch y campeón escolar, Viktor Krum. ¿Por qué se conformaría con Neville?, ¿por qué se conformaría conmigo? ¿Qué tengo yo para ofrecerle?»

De acuerdo, sí lo podía expresar con palabras, pero, ¿realmente quería hacerlo?

—¿Ron? —preguntó Hermione. En sus ojos sólo se veía la preocupación que sentía—. Por favor, háblame.

—Si Krum no te hubiera invitado al Baile de Navidad, ¿hubieras ido con Neville? —preguntó sin pensar. En el instante en que la pregunta salió de su boca y vio los ojos de ella expandirse, se arrepintió.

A Hermione no le gustaba esto. Ni un poquito. Sabía que tendría que tratarlo suavemente o la conversación podría terminar explotándole en la cara. Y era su culpa, la verdad. Había tenido que ir a presionarlo. Pero jamás habría esperado que le saliera con eso. Todas las veces que Ron mencionaba a Krum, terminaban mal. ¿Cómo podría responderle sin empezar una pelea? Pero bueno, ellos ya estaban peleados, ¿cuál era el problema, entonces?

—Probablemente —admitió ella—. ¿Por qué?

—Incluso si… ¿incluso aunque yo te lo haya pedido? —se arriesgó Ron.

—¿Me estás preguntando con quién quería ir —replicó Hermione—, o con quién hubiera ido?

—¿Hay alguna diferencia?

—Sí, la hay —le informó ella—. Yo quería ir contigo, pero nunca pensé que realmente me lo pedirías. Tú y Harry estaban..., bueno, eso no importa. Jamás creí que me preguntarías. Y no deseaba ir sola. Especialmente si ustedes dos tenían pareja. Así que acepté ir con la primera persona que me preguntó.

—Krum.

—Sí. Y si Neville me hubiera preguntado antes, hubiera ido con él —explicó Hermione.

«Ojalá lo hubieras hecho» —pensó Ron-. Pero dijiste que querías ir conmigo, ¿cierto? Entonces, ¿por qué te conformarías con Neville si él no era con quien querías estar?

La boca de Hermione se abrió mientras todas las piezas se unían dentro de su cabeza.

—Fue sólo un baile —contestó ella rápidamente—. Fue sólo una noche. No es nada de lo que estás pensando. Yo quería ir contigo —insistió ella—. Y cuando me lo pediste, una parte de mí quería decir que sí. Pero no podía. Así como Ginny quería ir con Harry, pero no pudo. Ya habíamos aceptado ir con otras personas. No podíamos retractarnos.

—¿Así que fuiste con Krum aunque no querías hacerlo? —presionó Ron—. ¿Te conformaste con él?

—No —respondió Hermione ansiosamente—. Bueno, creo... que de alguna forma sí —admitió a regañadientes—. Pero no es lo que crees. Tan sólo fue por una noche. Sólo fue una oportunidad para divertirme un poco. No importaba la estrategia que usara. No me estaba conformando. ¡NO ME CONFORMO! No con las cosas que son importantes. Y tú ibas a estar ahí también. Asumí que podríamos pasar algo de tiempo juntos.

—Si no era importante, entonces, ¿por qué estábamos tan enojados el uno con el otro? —preguntó Ron, mirándola miserablemente.

«Tú habías empezado» —pensó Hermione, pero se abstuvo de decirlo en voz alta—. Estás cambiando de tema, Ron.

—¿Y cuál es?

—Tú fuiste el único al que quise desde el principio —contestó ella, extendiendo su mano para tomar la de él.

—¿Por qué? —preguntó Ron, alejando su mano antes de que ella pudiera agarrarla—. ¿Por qué me querrías? ¿Qué tengo yo para ofrecerte comparado con... alguien como Krum? No tengo nada. No soy nada —dijo él mirando el suelo, desanimado—. No soy tan atractivo como Bill. No soy un gran jugador de Quidditch como Charlie. No soy inteligente como Percy. Incluso hasta Fred y George son mejores que yo: graciosos, populares y... yo sólo no soy nada. No soy heroico ni valiente como Harry —se lamentó él—. Lo único en lo que soy bueno es en jugar ajedrez, por todo el provecho que sacaré de eso en mi vida. Puedes tener alguien mucho mejor que yo, Hermione. Yo no quiero que te conformes. No quiero... retenerte —admitió él, luciendo completamente abatido.

—¿Terminaste? —preguntó Hermione, con su voz baja y sorprendentemente fría.

Definitivamente no fue lo que él esperaba.

«¿Qué esperaba? —pensó Ron al levantar su vista y verla furiosa—. Eso no».

Él esperaba verla resignada. Esperaba ver tristeza y quizás un poco de lástima en su mirada, no esa ira ardiendo sin llamas.

—¿Y bien? —demandó ella—. ¿Terminaste de denigrarte a tí mismo?

Incapaz de soportar la decepción que vio en su rostro por más tiempo, Ron llevó su mirada del piso y simplemente asintió con la cabeza.

—Si vuelvo a escucharte decir que no eres nada una vez más, Ronald Weasley —gritó Hermione—, juro que... que... te lanzaré un hechizo silenciador tan fuerte que no serás capaz de hablar por un mes entero. ¿Me escuchaste?

—Pero...

¡CÁLLATE!

—Pero...

¡NO!

—Hermi...

¡NO! —gritó ella, forzándolo a mirarla al agarrarle el mentón con sus dedos—. Te voy a decir algo y será mejor que ni pienses en interrumpirme —advirtió ella, soltando su rostro—. Primero que nada, tú eres tan heroico y valiente como lo es Harry. ¿Quién se sacrificó para que Harry pudiera llegar a la Piedra Filosofal? Tú. ¿Quién es el que intenta reducir a Malfoy hasta hacerlo papilla cada vez que me llama "sangre sucia"? Tú. ¿Quién es el que enfrentó su mayor miedo cuando tuvo que luchar contra las espantosas acromántulas de Hagrid? Tú. ¿Y quién fue el que se levantó con la pierna quebrada y le dijo a Sirius que tendría que matarnos a los tres si quería herir a Harry? Eso fue lo más valiente que jamás vi en mi vida, Ron. Más valiente que cualquier otra cosa que le he visto hacer a Harry.

Incluso si la hubiera querido interrumpir, Ron no hubiera sido capaz. No sólo porque ella le dijo que no lo hiciera, sino porque había quedado sumamente impactado con su pequeño discurso. Sí, cuando uno enumeraba todo de esa forma, se podría llegar a pensar que el era muy valiente, pero él sabía que no lo era. Había estado completamente asustado cuando hizo todas esas cosas. Bueno, no con Malfoy; sólo había estado furioso entonces, pero sí en todas las demás. Por un momento estuvo tentado a decirle que no era valentía si uno estaba aterrado mientras lo hacía, pero ahora estaba más que sólo un poco intimidado. Era demasiado cobarde para hablar, lo cual afirmaba su punto de vista. Aún después de recobrar su buen juicio, se mantuvo callado y se contentó con lanzarle una mirada escéptica a cambio.

—Sé que Harry luchó contra Voldemort —continuó Hermione—. Y que ha hecho un montón de otras cosas, pero él no tenía opción. Tú sí. Eso es lo que vuelve a lo que tú hiciste tan valiente.

«Eso es cierto —pensó Ron—. Y Harry tenía miedo cuando luchó con él. Me lo dijo después. Tenía miedo, pero aún así se mantuvo en pie y lo enfrentó. Eso sí que fue valiente».

—Esa noche en la Casa de los Gritos, cuando te pusiste de pie, Sirius te dijo que te sentaras antes de que te hicieras aún más daño —continuó Hermione en un tono normal—. Dejó en claro que no quería herirte, y tú te levantaste de todos modos. Creías que él era un asesino trastornado, y aún así lo miraste directamente a los ojos y le dijiste que iba a tener que matarte para llegar a Harry. Y hablabas en serio. Fue la segunda vez que te vi arriesgar tu vida por Harry. Y no puedo pensar en algo más valiente que eso —continuó ella, Su voz se quebraba a medida que los ojos se llenaban de lágrimas—. Sé que no te crees un héroe, pero lo eres. Tú eres mi héroe y lo has sido desde el día en que me salvaste de aquel maldito trol —añadió ella, secándose los ojos.

»Y en cuanto a toda esa basura —dijo Hermione, recomponiéndose rápidamente por miedo a que él pensara que había terminado y la interrumpiera—, en caso de que no lo hayas notado, de todos tus hermanos, el que más se parece a Bill eres tú. Y no sólo hablo de tu estatura. Eres tan atrativo como él —le informó, y sus mejillas se sonrojaron levemente en cuanto lo hizo—. Incluso más, en mi opinión, porque particularmente no me atrae su cabello. Pero no le digas que te dije eso. No quiero herir sus sentimientos. Y tus ojos son mucho más bonitos —añadió ella, haciendo que Ron se ruborizara—. «Podría perderme en esos ojos».

»No conozco a Charlie muy bien, y nunca lo he visto jugar Quidditch en un partido real. No es que sea una experta o algo así, pero creo que probablemente eres mejor de lo que piensas. Fred y George le dijeron a Harry que eras muy bueno cuando nadie te estaba mirando. Si ellos piensan que eres bueno, entonces debes serlo —razonó ella—. Fue tu primer año, así que por supuesto que tienes que tomar eso en consideración. Y debes darte tiempo para adaptarte. Me refiero a que no es como jugar en el jardín de tu casa, ¿o sí? Y ni me hagas empezar a hablar de esa horrible canción. Además, estuviste genial en el juego contra Ravenclaw. Todo el mundo lo dice.

»En cuanto a Fred y George, bueno, ellos son dos. Funcionan juntos. Cuando están separados no son tan perversos como cuando no lo están. Hasta incluso pueden llegas a ser... civilizados. Aunque sea por un ratito. De acuerdo, Fred y George pueden ser graciosos, pero no me hacen reír tanto como tú —dijo Hermione con una sonrisa—. Algunas veces se siente... forzado con ellos. Como si fuese lo que esperas, y por ende, hacen un espectáculo. Son muy buenos y sé que lo disfrutan, pero prefiero mil veces tu sentido del humor sacástico a sus payasadas y travesuras.

»No puedo creer que no veas lo increíble que eres —continuó Hermione, haciéndolo ruborizar nuevamente—. No me malentiendas. Una de las cosas que amo de ti es cómo tienes los pies sobre la tierra. Me alegra que no seas un engreído y pomposo imbécil como Percy. Pero sólo porque odie que te hagas el arrogante engreído no significa que tienes que llevarlo todo al otro extremo. Deja de obsesionarte con tus hermanos —dijo Hermione severamente—. No eres ellos. Tú eres tú mismo. Nadie espera que seas como ellos, Ron. La única persona que te compara a ellos, eres TÚ.

En un sentido estricto, eso no era verdad. Su madre lo hacía también, pero Hermione no creía que sería prudente mencionar tal hecho.

—A nadie más le importa —presionó ella—. El resto de nosotros te ve a ti. ¡A TI! Ron Weasley. Al valiente, leal, gracioso, sarcástico y amante de la diversión que todos quieren. Y en caso que se te haya olvidado, no sólo te convertiste en prefecto de la escuela, también lograste ganar la Copa de la Casa, sin ayuda de "El Gran Harry Potter" o de "La Brillante Hermione Granger". Hiciste todo eso por tu cuenta y deberías estar orgullo de ti mismo.

—Bien, bien, ya entendí —dijo Ron, levantando su mano para pararla—. Soy maravilloso —añadió tornándose completamente rojo—. Puedes parar ahora.

—¿En serio? —preguntó ella mirándolo seriamente—. ¿En serio lo entiendes, Ron?

—Sí, ¿de acuerdo? Detente. Me estás avergonzando.

—Oh, no, no podemos permitirlo, ¿cierto? —dijo Hermione, rondeando los ojos—. Sólo una cosa más y termino.

—¿Sí, qué es? —preguntó él, sabiendo que ella le diría quisiese o no.

—Te voy a contar un pequeño secreto, pero te juro que si lo llegas a repitir, negaré que lo dije. Oh, Merlín —gimió ella—. No puedo creer que esté a punto de decir esto en voz alta. —Hermione se detuvo un instante para respirar profunamente, y luego lo dejó salir.

«Demonios —pensó Ron—. Debe ser algo grave».

—Fred y George... tienen razón —suspiró Hermione.

«¿Eh?» ¿Razón en qué? —pregunto él.

—Acerca de lo que realmente importa —dijo ella, con una voz tan baja que era apenas más que un susurro—. Sé que tu madre quería que salieran bien en la escuela y consiguieran buenos, firmes y respetables empleos en el Ministerio al igual que Percy —continuó detalladamente—. Pero estaba equivocada. Ellos tenían razón. Hicieron lo que era mejor para ellos. Creo que tú deberías hacer lo mismo. No estoy sugiriendo que abandones la escuela —añadió ella rápidamente—. O que te dejaré huir de tus tareas y fallar los ÉXTASIS porque no lo haré. Lo que quiero decir es que no deberías preocuparte tanto por lo que piensan los demás. Especialmente cuando se trata de algo tan importante como lo que vas a hacer por el resto de tu vida.

»Mira a tu padre. Ha pasado toda su vida haciendo algo que ama. Algo que es importante para él. No porque gane bien, o porque lo respeten al hacerlo, sino porque lo encuentra gratificante. Lo hace feliz y eso es lo que verdaderamente importa. Fred y George sólo siguieron sus pasos. Eligieron una carrera que los hace felices. De la misma manera que Bill y Charlie, si piensas en ello. Percy es el único que eligió una carrera basándose en cuánto prestigio y dinero vendría con ella. Has algo que ames, Ron. Algo que puedas encontrar satisfactorio. Si es ser un Auror, entonces te ayudaré y apoyaré en todo lo que pueda. Si es otra cosa, también estará bien. No permitas que tu madre o alguien más te intimiden a conseguir un empleo en el Ministerio si te va a ser infeliz. Sólo piensa lo que quieres para ti y hazlo.

Ron sinceramente no sabía cómo contestarle. Sabía que lo de la rata de biblioteca sabelotodo no era más que una fachada. Había mucho más que eso en Hermione, pero ella lo escondía de todo el mundo con sus libros, sus buenas notas y su obsesión por las reglas. Él era uno de los pocos privilegiados que conocían a la verdadera Hermione. Aun así, nunca esperó que lo incitara a ir en contra de los deseos de su madre.

—¡Vaya, Hermione! —dijo Ron finalmente, mirándola con sincera admiración—. ¡Eso fue mucho mejor que todo lo que McGonagall me dijo al aconsejarme sobre mi carrera el año pasado! Quizás deberías escribirlo todo y darle ese pequeño discurso a los de quinto año. Estoy seguro de que Ginny lo apreciaría.

—Ginny es lo suficientemente lista como para descubrirlo por sí misma —dijo Hermione.

—¿Y yo no? —preguntó él, fingiendo estar ofendido aunque le sonreía.

—Lo hubieras descubierto tarde o temprano. Sólo pensé en ahorrarte el trabajo —contesto ella— Así que... ¿estamos bien?

—¿Te llevas eso de regreso? —preguntó Ron, apuntando a la carta encima de su cómoda.

—Sigo pensando que deberías leerla —dijo Hermione, al ver a Ron levantarse de su silla y agarrar la carta.

—No —dijo él, entregándosela—. Tenías razón. No importa lo que él quiera si no es lo que tú quieres. Y yo confío en ti —añadió—. Esa es una de las razones por la que no la leí.

—¿Pensaste que era una prueba? —preguntó Hermione al tomar la carta.

—Fue una prueba —afirmó Ron—. Me estaba probando a mí mismo. En realidad no quería leerla, lo cual fue extraño. Si me hubieras dado una de sus cartas el año pasado para que la leyera, lo hubiera hecho. Diablos, si hubieras dejado una en la sala común, la hubiera leído sin tu permiso. Sabiendo que eso te enfurecería. Sabiendo que estaría invadiendo tu privacidad. Aun así lo hubiera hecho. Entonces, ¿por qué me resistí? Tú me la entregaste. Me diste permiso para leerla. Sin embargo, no quise hacerlo. Lo sentía mal. No porque estaría invadiendo tu privacidad, sino porque es diferente ahora. Me dijiste que no estabas interesada en él. Me elegiste a mí y si hubiera leído esa carta, eso significaría que realmente no confío en ti.

—Es mi culpa, de todos modos —dijo Hermione—. Lo usé para darte celos. Sólo estaba… algunas veces esa era la única forma de saber si todavía te importaba, y quería que te importara. Quería que lucharas por mí. Pero no lo hiciste. Podía ver que querías, pero no lo hiciste. ¿Por qué?

Ellos se quedaron en silencio por un momento mientras Ron observaba el suelo.

—Creo que no sabía cómo —dijo él, incómodo.

—¿Fue porque pensaste que no eras lo suficientemente bueno?

Él no respondió al instante. Eso era parte de ello. Una gran parte, pero había mucho más que eso.

—Sí —murmuró Ron, mirando sus pies—. Eso y que tenía miedo de arruinar las cosas entre nosotros.

—Viktor es el que no es lo suficientemente bueno —dijo Hermione, saltando del escritorio y parándose enfrente de él—. No es algo que él hizo o dejó de hacer —añadió, tomando las manos de Ron entre las suyas—. No se trata de lo que él puede o no puede darme —continuó mientras él levantó la vista y la fijó en ella—. Es que él no es como tú. Nadie se compara a ti, Ron. Nadie más podría ni siguiera acercarse a ello.

—¿Hablas en serio?

—¿No lo ves? Si fueras cualquier otro excepto tú, entonces me estaría conformando. Y como ya te dije, no me conformo. No cuando se trata de algo tan importante.

—Te extrañé —susurró él, rozando levemente los dedos de su mano derecha sobre su mejilla. Ron sabía que le estaba sonriendo como un idiota, pero simplemente no podía contenerse. No importaba que hubiera una guerra avecinándose en el horizonte. No importaba que estuvieran confinados en esa lúgubre casa por el resto del verano. No había ningún otro lugar en el que preferiría estar. Estaba allí parado, en su cuarto, con la chica de sus sueños. Ella realmente lo quería. No estaba con él por conveniencia. No estaba pasando el tiempo hasta que alguien mejor apareciera. Ella no desaparecería si él cerraba sus ojos. No tenía que preocuparse porque ella se quedara con él por lástima u obligación. No tenía que fingir y ser alguien que no era, porque ella sabía como era y lo quería igual. Realmente lo quería. De repente el mundo era un lugar perfecto—. Te amo, Hermione —susurró Ron, en el instante en que vio sus ojos cerrarse. De alguna manera, el hecho de que no lo estuviera mirando, hacía más fácil el decirlo-. No sé qué haría sin ti.

—No voy a ir ningún lado —murmuró Hermione, acercándose y presionándose en contra de él. Estaba tan cerca ahora que podía sentir su corazón latiendo en contra de su pecho, mientras él se inclinaba a buscar sus labios.

Y la besó. Ron la atrapó con los brazos a su alrededor y la abrazó fuertemente mientras devoraba sus labios. Ella era suya y no quería dejarla ir nunca más. Ella era suya y él de ella. Siempre y cuando se tuvieran mutuamente, nada más importaría.

En cuanto el beso se profundizó, Ron comenzó a empujar a Hermione hacia atrás con su cuerpo. Al dar dos o tres pequeños pasos, la parte de atrás de sus piernas chocaron con la cama de él.

—No —dijo ella, apartando su boca sólo lo necesario para pronunciar aquella simple palabra y entonces volver a besarlo.

—¿Por qué no? —preguntó Ron, alejándose para poder ver su rostro. Parecía estar un poco aturdida por la pregunta, pero él se perdió de ese detalle. Estaba muy ocupado absorbiendo todo lo demás. Sus mejillas sonrojadas; la manera en que sus labios estaban húmedos y rojos a causa de sus besos; su cabello rebelde, que sus manos habían tornado en un completo desastre. A pesar de su apariencia despeinada, ella nunca había lucido más bella en su opinión.

—Sabes que tu madre nos buscará —contestó Hermione.

—No, no lo hará —insistió Ron, bajando su cabeza y dejando un rastro de suaves besos sobre el cuello de ella—. Todavía cree que estamos peleados —añadió él, sonriendo para sí mismo cuando la sintió estremecer.

—¿Y qué si lo hace? —preguntó Hermione, determinada a mantener su cordura a pesar de cómo él la estaba haciendo sentir—. ¿Realmente quieres que nos encuentre besuqueándonos en tu cama?

—No —admitió él. Su ira podía ser rápida y brutal. Aún sabiendo eso, estaba dispuesto a arriesgarse. La recompensa superaba el riesgo en este caso—. ¿Qué tal la cama de Harry? —provocó él, girándola y guiándola hacia el lugar.

—En serio, Ron.

—Ésto no es por la promesa que les hiciste, ¿o sí? —preguntó él—. No tienes que hacer nada inapropiado —añadió él con una sonrisa ladeada—. Yo haré todo lo impropio por ti.

—Lo harías, ¿verdad? —preguntó ella con una risita suave—. Eso es demasiado generoso de tu parte, pero no será necesario. Prometí que no haría nada inapropiado bajo su techo. Y ya no estamos bajo su techo...

—Tú, pequeña pícara —rió Ron—. Añadiste ese parte de estar bajo su techo a propósito.

—Claro que sí —admitió ella—. No era como si nos íbamos a quedar ahí por mucho tiempo. Aunque sí esperaba que fuera la mayor parte del verano, de hecho.

—Es una lástima, la verdad —provocó Ron, usando su cuerpo para empujarla hacia atrás y ubicarla en contra de la pared entre el escritorio y la puerta—. Si tan sólo supieras todas las fantasías que he tenido de los dos en mi cuarto. Pero... este es mi cuarto también, ¿no? —preguntó con una sonrisa descarada, inclinándose hacia la derecha y cerrando la puerta. No mantendría a su madre afuera. No si ella quisiera entrar. Pero quizá les daría unos cuantos momentos—. Incluso aunque no estemos en la Madriguera. Un cuarto es tan bueno como otro —índico él, momentos antes de capturar sus labios en un beso apasionado.

—Sería mucho más fácil si estuviéramos recostados —murmuró Ron minutos después, esperando que ella cediera.

—Tú eres el que es muy alto.

—¡Oye! Yo soy perfecto, ¿recuerdas?

—Nunca dije que fueras perfecto —rió Hermione—. Tienes un horrible temperamento y eres demasiado alto.

—O quizás —respondió Ron, al agarrarla por la cintura y levantarla en el aire de modo que su cara estuviera nivelada a la suya—, tú eres demasiado baja. ¿Mejor? —preguntó él, usando la pared para mantener su peso.

—Mejor —acordó Hermione, envolviendo sus piernas alrededor de su cuerpo para ayudar a sostenerse.

—Mione —gimió él suavemente, mirando por encima de su hombro hacia la cama.

—Será mejor que me bajes —dijo ella, dándose cuenta de la posición en la que estaban y lo que esto sugería.

—Mione... —imploró él, al ella soltarlo y deslizarse por la pared.

—No podemos —replicó ella firmemente.

El lamento en su voz no era nada comparado con la desilusión que él sintió con sus palabras. En vez de discutir con ella, Ron la soltó y dejó caer su cabeza en contra de la pared, en sumisión. Por un momento consideró golpearse la cabeza contra la pared un cuantas veces más, pero sabía que probablemente no haría mucho para mejorar la situación. En ese segundo de distracción, Hermione pasó por debajo de su brazo y abrió la puerta.

—No, no te vayas —suplicó Ron, abriendo sus ojos y agarrándola por detrás antes de que ella pudiera salir por la puerta ahora abierta.

—No creo que debamos quedarnos aquí —replicó Hermione—. Es demasiado tentador.

—Entonces, ¿estás tentada? —preguntó él, incapaz de contener la sonrisa causada por esa revelación.

—Sí.

—¿Pero no podemos? —preguntó él, aún sabiendo cuál sería la respuesta.

—Sabes que no.

Él lo sabía, pero no iba a admitirlo.

—Podemos hacer otras cosas.

—¿Qué otras cosas? —preguntó Hermione tímidamente, arqueando una de sus cejas.

—Vuelve aquí y te mostraré —contestó Ron, atrayéndola hacia sí hasta que su espalda estuvo firmemente presionada en contra de él, para entonces inclinarse hacia delante y besar su cuello por detrás.

—No estás jugando limpio —gimió Hermione cuando su cuerpo entero se estremeció contra suyo. Sabía que la cosa más sensata sería huir porque el poco control que le quedaba estaba desapareciendo rápidamente, pero se sentía demasiado bien estar entre sus brazos y lo había extrañado terriblemente—. «¿Siempre se siente así de bien después de una pelea? —se preguntó ella, al darse la vuelta y buscar los labios de él—. Si es así, vamos a pelear más a menudo».

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