Incluso sin ver la delatadora señal de reconciliación exhibida en el cuello de Hermione, a la Sra. Weasley le tomó menos de cuarenta y cinco minutos darse cuenta de que ya no estaban peleados. Lo habría descubierto antes, pero el hecho de que Ron no había bajado a desayunar la había calmado con una falsa sensación de seguridad. No fue hasta que ella asomó su cabeza en la pequeña habitación del piso principal, que se dio cuenta de que no todo era lo que parecía.
Como lo esperaba, Hermione estaba haciendo exactamente lo que le había pedido. Era Ron el que haraganeaba. Ni siquiera había tocado los anaqueles superiores del armario. De hecho, no estaba ni cerca del mismo. Simplemente estaba parado allí, en medio de la habitación, con un trapo para limpiar todavía en mano, comiéndose con los ojos a Hermione, que estaba de rodillas restregando el piso. La mirada en su rostro y el hecho de que sus ojos estaban fijos en su parte trasera, fueron más que suficientes para darle un indicio de lo que él estaba pensando.
—¡Ronald Weasley! —burfó la Sra. Weasley, justo antes de caer sobre su hijo, agarrarlo por la oreja y sacarlo de la habitación.
—¿Qu…? —comenzó a protestar, pero enseguida cambió sus palabras—. ¡AYYY!, ¡MAMÁ!
Tomada completamente por sorpresa, Hermione se giró para ver de qué se trataba tal conmoción, pero ni Ron ni su madre estaban en algún lugar donde pudieran ser vistos. Soltando su trapeador en el cubo de agua a su lado, se levantó y se dirigió a la puerta justo a tiempo para ver a la Sra. Weasley empujar a su hijo hacia la escalera. No tenía ni idea de lo que acababa de suceder pero, fuese lo que fuese, había sido lo suficientemente grave para que su madre los separara.
Ron no había regresado para cuando ella terminó con el piso ni con los anaqueles llenos de libros, lo cual significaba que probablemente no volvería. Ya con sus quehaceres completados, Hermione decidió limpiar el armario ella misma.
...
La Sra. Weasley estaba sentada en la mesa de la cocina, conversando tranquilamente con Tonks y Remus Lupin cuando un grito horripilante retumbó por toda la casa. Por una fracción de segundo, todo pareció detenerse, incluyendo su corazón. Dejando caer la taza al suelo, Molly saltó de la silla y corrió hacia las escaleras con sus compañeros pisándole los talones.
—¡NNNNOOOOOOO!
Para el momento en que el trío llegó al pasillo, el retrato de la Sra. Black maldecía como un estruendo infernal, pero ni siquiera su griterío era suficiente para apagar los gritos angustiados que emanaban del cuarto directamente enfrente de ella. Ignorando el cuadro, Molly entró empujando la puerta de la habitación, donde encontró a Hermione abrazando sus rodillas al lado de una figura tendida a sus pies.
—¡¿Qué sucedió?! —preguntó Lupin, empujando a Molly dentro de la sala, intentando pasar por la puerta.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que Hermione estaba arrodillada sobre su hijo menor. Con un grito ahogado de terror, cubrió su boca y contuvo un sollozo.
—¡¿QUÉ SUCEDIÓ?! —gritó Lupin nuevamente, mientras avanzaba lentamente hacia Hermione. Era demasiado tarde, y él lo sabía. Había visto esos ojos abiertos sin vida en muchos rostros como para mantener alguna esperanza. Ella no necesitaba responderle la pregunta para saber que había sido la maldición Avada Kedavra. Pero necesitaba saber quiénes lo habían hecho y por dónde se habían ido.
—Hermione... —dijo Lupin suavemente, al agacharse a su lado—, ¿Quién hizo esto?
—¡¿QUIÉN SALIÓ DE ESTE CUARTO? —le gritó Tonks al retrato de su tía—. ¡¿POR DÓNDE SE FUERON?!
—¡¡TÚ, MESTIZA INMUNDA, FUERA DE MI CASA!!
—¡¡RESPÓNDEME, VIEJA BRUJA!! ¡¿SUBIERON POR LAS ESCALERAS O SALIERON POR LA PUERTA DELANTERA?!
—Hermione —Lupin intentó de nuevo, la desesperación era evidente en su voz. Aunque bien podía haberle hablado a la pared, porque ella no contestó. Ni siquiera se inmutó. Parecía no darse cuenta de que alguien más estaba en la sala con ella. Tan sólo continuó meciéndose de aquí para allá, su ser completamente concentrado en el cuerpo delante suyo.
—¡HERMIONE! ¡¿QUÉ SUCEDIÓ?! —gritó Lupin, agarrándola por los hombros y sacudiéndola mientras hablaba—. ¡¿QUIÉN HIZO ESTO?!
—Vol…Vol…Voldemort… —tartamudeó ella entre sollozos.
Molly dejó salir su propio llanto y Tonks, dándose por vencida con el retrato de su tía, fue inmediatamente a su lado.
—¡Mamá, escuchamos a alguien gritar! —gritó Ginny, corriendo adentro de la sala tan rápidamente que casi choca con las dos mujeres paradas cerca de la puerta.
—¿Qué pas…? —su hermano comenzó a preguntar detrás de ella. La escena delante suyo era tan espantosa que por un momento todo lo que pudo hacer fue quedarse parado y dejar la mirada fija sobre su propio cadáver—. ¡¿QUÉ DEMONIOS PASA AQUÍ?!
Todos, excepto Hermione, se viraron y miraron boquiabiertos a Ron, mientras él trataba de entender lo que estaba viendo. Instantáneamente, expresiones de alivio centellearon en los rostros de los adultos y antes de que Ron pudiera pronunciar otra palabra, Molly lo tenía atrapado en un abrazo asfixiante.
—¡Suelta! —dijo Ron, haciendo fuerza para desprenderse de los abrazos de su madre—. ¡MAMÁ, SUÉLTAME! —gritó él, apartándola para llegar donde su novia, quien todavía estaba llorando histéricamente en el piso, ignorando todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
—Hermione —dijo Ron, colocando las manos sobre sus hombros al arrodillarse a su lado—. Todo está bien.
Ella no lo escuchó. No lo vio. Hermione no estaba allí. Estaba perdida detrás de un manto de dolor. Ron se dio cuenta de ello al mirarla más detenidamente.
—¡Hermione! —gritó, tomándola del rostro cubierto de lágrimas y girándola para que lo viera—. Mírame —exigió—. Estoy justo aquí—. Tomó un segundo o dos, pero finalmente notó la chispa de reconocimiento en sus ojos.
—¿R-Ron? —preguntó ella, aún cuando se le arrojó encima, abrazándolo como si su vida dependiera de ello.
—Sí —dijo él torpemente, mirando fijamente a su propio cadáver mientras la abrazaba.
—Aléjala de aquí —ordenó Lupin, inclinándose para ayudar a Ron a levantar a Hermione.
Desafortunadamente, la angustia de Hermione parecía aumentar en cuanto el trance y el susto se desvanecían. Ron había esperado que dejara de llorar al darse cuenta de que estaba bien, pero en vez de disminuir, sus sollozos parecían tornarse aún más fuertes. Ella continuó abrazándolo desesperadamente y su cuerpo se estremecía cada vez que respiraba profundo.
Molly todavía estaba horrorizada, a pesar de que su hijo se encontrara parado allí, más vivo que nunca. Quería concentrarse en él, pero sus ojos se movían hacia aquella forma sin vida en contra de su voluntad. Y esa era sólo una de las batallas internas que estaba luchando. Más que nada, deseaba tocar a su hijo. Deseaba abrazarlo y sentir que él era real, pero él la había apartado. La había hecho a un lado. Sabía que no había nada malintencionado en ello. Podía verlo en ese mismo momento, Hermione precisaba el contacto más que ella. Arthur tenía razón. El primer instinto de Ron había sido consolar a Hermione. Todos los demás, incluyéndola a ella, venían en segundo lugar. Pero entenderlo y aceptarlo, no detenía su dolor.
Tan pronto en cuanto tuvieron a Hermione a una buena distancia, Lupin la soltó, apuntó su varita al cadáver y avanzó. Él estaba a un metro de distancia cuando de pronto hubo un sonido fuerte, resonante y el cuerpo se transformó en un orbe blanco y resplandeciente.
Ron dejó salir una risa pequeña a pesar de no querer hacerlo.
—Es sólo un boggart —le dijo a Hermione, el alivio fue evidente en su voz—. Siempre has sido un desastre cuando de boggarts se trata.
—¡Cállate! —gritó Ginny, encarando a su hermano—. ¿Cómo puedes insultarla en un momento como éste?
—¡Riddíkulus!
—Por lo menos McGonagall no está persiguiéndola por la casa, gritándole por fallar todos los TIMOs.
—Idiota insensible —refunfuñó Hermione sobre su cuello, al golpearlo débilmente en el brazo.
—Te sientes mejor ahora, ¿no? —preguntó Ron, visiblemente aliviado por el hecho de que ya estaba hablando.
—No —replicó Hermione, mientras el fuego en sus ojos era asfixiado por el dolor de lo que había presenciado.
Ron observó impotente como lágrimas frescas recorrían sus mejillas. Irritarla había funcionado por un momento, pero obviamente no había sido suficiente. Sin saber qué más hacer, simplemente se quedó a su lado calladamente, abrazándola mientras ella lloraba.
—Quizá deberíamos dejarlos solos —le susurró Tonks a Lupin.
Molly pareció salir del trance en el que estaba cuando Lupin tocó su brazo.
—Sí, tal vez sea lo mejor —coincidó ella, asintiendo con la cabeza y colocando una mano sobre el hombro de Ginny—. Vamos, querida —añadió, llevando a su hija hacia el vestíbulo.
—Sólo era un boggart, Hermione —dijo Ron nuevamente—. No era real.
—Lo será —replicó ella, tan suavemente que él no la hubiera oído si su boca no estuviera a centímetros de su oído.
Una expresión de dolor cubrió su rostro en cuanto el significado de esas palabras lo golpearon.
—No sabes eso —respondió Ron, estrechando el abrazo instintivamente.
—Sí que lo sé —dijo ella, irritada—. No te atrevas a mentirme. Ambos sabemos que es la verdad.
—Hermione…
—¡NO! —gritó ella, alejándose de su cuerpo para mirarlo a los ojos—. Ambos sabemos lo que va a suceder. Te conozco, Ron. Sé como piensas. Te lanzarás enfrente de Harry para bloquear alguna condenada maldición. Te sacrificarás a ti mismo en cuanto tengas la oportunidad —dijo ella, mirando al piso delante del armario donde su cadáver había estado.
—Quizá eso no sea necesario —dijo Ron con una voz tensa. Incapaz de mirarla a los ojos, la atrajo hacia su pecho y la abrazó por detrás para que no pudiera a ver la culpa en su rostro.
—Será mejor que creas que no pasará —lloró Hermione, apartándolo de sí—. No permitiré que eso suceda. Y será mejor que ni pienses en protegerme a mí tampoco —añadió, con sus ojos ardiendo de furia—. Te juro que si mueres intentando salvarme, nunca te lo perdonaré.
Sin pensar, él dio un paso hacia atrás, mirándola con asombro.
«Es el dolor el que habla» —pensó, forzándose a darle una débil sonrisa.
—¡NUNCA! —gritó Hermione—. ¡TE ODIARÉ POR EL RESTO DE MI VIDA!
Ron palideció ante aquellas duras palabras. Quizá el dolor era el que hablaba, pero ella lo había golpeado donde era más vulnerable y eso le afectó. Se quedó ahí parado, mirándola con su frente fruncida mientras luchaba contra sí mismo para no atacarla en respuesta.
—No lo harás —afirmó él, después de un silencio prolongado.
—Sí lo haré —murmuró Hermione, en cuanto su furia mermó y el dolor llenó sus ojos una vez más—. Lo haré —dijo ella de nuevo, como para reafirmárselo a sí misma. Mirándolo a través de sus lágrimas, Hermione podía ver que Ron no le creía, ni siquiera ella lo hacía—. «¡Maldita sea!» —pensó al cubrir la distancia entre ellos y dejar caer su cabeza en contra de su pecho.
—Todo estará bien —dijo Ron, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros, tranquilizándola.
—No, no lo estará. No si tú… si tú… No puedo —murmuró ella—. No me pidas que lo acepte porque no puedo. No lo aceptaré. Y no estoy siendo irracional.
«Realmente sabe lo que estoy pensando» —pensó Ron con una sonrisa culpable.
—Me niego a dejar que eso suceda —dijo ella obstinadamente—. No me quedaré sentada mientras ese malvado bastardo se lleva a todos los que quiero. No deseo terminar como el Profesor Lupin. No voy a quedarme atrás. Si uno de nosotros tiene que morir, voy a ser yo.
—¡NO! —gritó Ron, y para sorpresa suya, Hermione comenzó a reír levemente.
—No puedes vivir con mi muerte más de lo que yo puedo vivir con la tuya.
—¡NI SIQUIERA LO PIENSES! —gritó Ron, mirándola fijamente con una mezcla de furia y miedo en los ojos.
—Voy a hallar una forma de librarnos de ese maníaco de una vez por todas —indicó Hermione, con su voz llena de determinación—. Sé que hay una forma. Tan sólo tengo que hallarla. Y cuando lo haga…
—No vas a acercártele —interrumpió Ron—. ¿Me estás escuchando? Lo digo en serio. Esta no es tu batalla.
—Esta lucha es tan mía como tuya —contestó ella—. Y voy a estar parada justo a tu lado y al de Harry cuando tengamos que enfrentarla.
—No.
—Sí.
—¡NO!
—No puedes detenerme.
—No dudes de que pueda.
—¿Estás planeando en maldecirme?
—Si tengo que hacerlo.
—No lo harás.
—Sí que lo haré. «Si es necesario».
—No, no lo harás.
«Sí, lo haré» —pensó él.
—La verdad es que no quiero discutir contigo —dijo Hermione, con la voz levemente temblorosa al afianzar su agarre—. No ahora, ¿sí? No tengo fuerzas. Podemos pelear mañana. En este momento, sólo necesito que me abraces, por favor.
—Está bien, amor —dijo Ron, soltando un suspiro al descansar su mentón sobre la cabeza de ella.
—¿Ron?
—¿Sí?
—Nunca podría odiarte —dijo ella suavemente—. Te amo.
...
«Basta» —pensó Ron cuando su estómago gruñó inquietantemente una vez más. Sabía que no había almorzado y no le importaba. No tenía la menor intención de abandonar el sofá, sin importar cuán fuerte protestara su estómago. Hermione no había hablado mucho desde que la condujo hacia el estudio del primer piso, pero eso no importaba. No necesitaba hablarle para consolarla. Siempre y cuando se quedara sentado a su lado, ella estaría contenta.
Afortunadamente, su madre siempre estaba un paso delante de él, lo cual no era ninguna sorpresa. La Sra. Weasley echó un vistazo a Hermione de reojo al entrar a la habitación y colocar una bandeja con bocadillos enfrente del sillón.
—Asegúrate de que beba todo el té —le dijo Molly a su hijo, silenciosamente al partir.
Aunque le dio un poco de trabajo, Ron finalmente consiguió que se lo bebiera. Sabía que la única razón por la que lo había bebido era para callarlo, pero sinceramente no importaba. El punto fue que lo bebió. No fue hasta que ella terminó, que él se dio cuenta de que no era un té común. Obviamente su madre había puesto algo en él, probablemente una poción de sueño, porque ella estaba durmiendo tan pronto dejó la taza.
Ron permaneció sentado allí, con la cabeza de Hermione apoyada sobre su hombro y consideró dejarla dormir en el sofá. Pero al final decidió que no sería tan buena idea. Sus hermanos aparecerían en cualquier momento y no deseaba que la perturbaran.
—¿Mione? —dijo Ron, tocándola suavemente. En realidad no esperaba que se despertara, pero valía la pena intentarlo. Con sus sospechas acerca el té confirmadas, comprendió que la única manera de llevarla a la cama era cargándola.
No era una tarea difícil. Su cuarto estaba a pocas puertas del pasillo y ella pesaba casi nada. La parte más difícil había sido abrir la puerta del dormitorio con ella en brazos. Una vez entreabierta, él simplemente la abrió con el pie y la llevó adentro.
La mirada amenazante que recibió del enorme gato canela que había estado durmiendo en medio de la cama de ella detuvo a Ron a la mitad del camino.
—Muévete —exigió, decidido a no dejar que el gato lo intimidara.
Crookshanks se desperezó y enderezó sin prisa. Sin embargo, en vez de hacer lo que se le ordenó, miró a Ron desafiante y sacó sus uñas intencionadamente al estirarse.
«Ese pequeño desgraciado me está amenazando» —pensó Ron frunciendo las cejas—. Última oportunidad, bola de pelos —advirtió él, al acercarse a la cama—. Muévete o voy a aplastarte. Y deja de mirarme así —agregó,mientras el gato de Hermione paseaba al pie de la cama y se sentaba, sacudiendo la cola—. Yo no planeé esto. ¿Cómo se supone que iba a saber que no era un té normal?
«Listo, es oficial —pensó Ron al colocar a Hermione en la cama y sacarle los zapatos—. Te has pasado de la raya, compañero. Cálmate. Le estás dando explicaciones a un maldito gato». Puedes mirarme todo lo que quieras —dijo, al sentarse en el borde la cama de Ginny y observar a Crookshanks reacomodarse al lado de Hermione, como algún tipo de centinela silencioso—, porque no pienso irme a ningún lado. Así que será mejor que te acostumbres.
...
Hermione estaba despierta en el cuarto oscuro, abrazando la almohada a su lado mientras intentaba calmar su respiración agitada. Las lágrimas aparecieron en sus ojos al enterrar la cabeza en la almohada y regañarse a sí misma.
«Tan sólo fue un sueño» —se recordó por centésima vez. Sin embargo, por algún motivo, el saberlo no la confortaba mucho. Podía haber sido sólo un sueño, pero había sido espantosamente real.
Acostada allí, escuchando la respiración constante que provenía de la cama de Ginny, no pudo evitar envidiar la paz que su compañera de cuarto encontraba en sus sueños. Aunque, por supuesto, no se podía predecir cuánto tiempo duraría. Hermione sabía que Tom Riddle todavía perseguía a su joven amiga en sus sueños. No ocurría con tanta frecuencia como en veranos pasados, pero él aún seguía apareciéndosele.
Con un suspiro, Hermione salió de la cama y asió su bata. Dormir ya no era una opción para ella; no esta noche, por lo menos. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes de su sueño se reproducían en su cabeza. El destello de luz verde. El sonido escalofriante del cuerpo al caer al suelo. Sus ojos. Aquellos penetrantes ojos azules que normalmente estaban tan llenos de vida, risas y travesuras, mirándola fijamente, apagados y vacíos, sin vida.
El cuerpo de Hermione se estremeció involuntariamente al verlos de nuevo. Dispuesta a dejar la imagen que la atormentaba fuera de su mente, cogió el primer libro que vio sobre la mesita de noche y salió del cuarto.
No fue hasta llegar al estudio que le echó un vistazo al título del libro que llevaba en la mano y casi lo dejó caer del susto. Maldiciones que matan. De todos los libros que tenía en su habitación, tuvo que agarrar justamente ese. El destino era cruel. Bill se lo había devuelto esa misma mañana. Había estado tan apurada por llegar al cuarto de Ron que lo había tirado encima de sus libros escolares en vez de ponerlo en el baúl, donde debería estar. Y ahora se encontraba en su mano, burlándose de ella.
Definitivamente, no iba a leer ese libro esa noche. Por un momento, Hermione consideró volver a su cuarto y buscar algo más con que distraerse, pero no quería arriesgarse y despertar a Ginny.
Lo que realmente quería era a Ron. Quería escabullirse dentro de su cuarto, meterse en su cama y abrazarlo con fuerza. Quería sentir el calor de su cuerpo, escuchar los rítmicos latidos de su corazón. Quería observar su pecho ascender y descender con cada maravillosa respiración que daba. Si tan sólo hubiera una forma de hacerlo sin despertarlo..., pero era imposible.
—No, eso no funcionará —murmuró y se forzó a bajar por las escaleras a cambio—. «Tal vez un vaso de leche tibia» —pensó, dirigiéndose a la cocina.
No fue hasta llegar al frente de la puerta de la cocina que notó una luz proveniente del otro lado. No estaba segura de qué hora era, pero sabía que debían ser por lo menos las dos o tres de la mañana. Los miembros de la Orden entraban sin anunciarse todo el tiempo, pero aún así, era demasiado tarde para una reunión.
Colocando su oído en contra de la puerta, Hermione escuchó si había alguna señal de voces, pero el cuarto estaba silencioso. Aunque era obvio que alguien estaba ahí dentro. Ella podía ver la luz pasar a través de la grieta bajo la puerta.
«Quizás pusieron un encantamiento imperturbable en la puerta —pensó, dándole un ligero empujón—. O quizás no» —añadió al abrirla y revelar a la Sra. Weasley sentada a la mesa, sola.
—¿No puedes dormir, cielo? —preguntó la Sra. Weasley, bajando la taza de la que había estado bebiendo.
—Pesadillas —admitió Hermione, forzándose a entrar en la habitación y sentarse a la mesa.
—¿El boggart? —presionó la Sra. Weasley.
En vez de hablar, Hermione dejó caer sus ojos a la superficie de la mesa y asintió con la cabeza.
—Bebe un poco de té, querida —dijo la Sra. Weasley antes de levantarse, sacar la tetera de la estufa y llenar una nueva taza—. Te ayudará —agregó ella, volviendo a la mesa y colocando la taza frente a Hermione.
—No… no, gracias —contestó ella, mirando fijamente y con inquietud el líquido oscuro delante suyo. Sabía que la Sra. Weasley sólo estaba tratando de ayudar, pero no estaba dispuesta a beber más ese té. La podía hacer dormir, pero también le quitaría la habilidad de reaccionar a las cosas que ocurrían a su alrededor y eso podría ser peligroso.
Más temprano por la noche había escuchado a Ginny tratando de despertarla para cenar. Estaba consciente. Había oído cada palabra que Ginny le decía, pero su cuerpo se rehusaba a obedecerla. Sus párpados habían estado tan pesados que apenas era capaz de abrirlos. Había querido levantarse, pero simplemente parecía que no podía hacerlo. Por ningún motivo permitiría que eso sucediera de nuevo. Seguro, las posibilidades de que Grimmauld Place fuese atacado eran mínimas, pero se maldeciría a sí misma si permitiese que algún Mortífago la encontrara en estupor inducido por una poción.
—Te ayudará —volvió a decir la Sra. Weasley de modo alentador—. Es una mezcla especial —añadió ella—. Para noches sin sueños. Ginny pasó por esto después de… —se detuvo, incapaz de mencionar a Riddle o a su diario—. No tendrás más pesadillas —le prometió a Hermione con una sonrisa consoladora.
—¿Cómo lo hace? —preguntó Hermione, alzando la taza y fingiendo beber un sorbo.
—¿Hacer qué, querida? —contestó la Sra. Weasley, bebiendo un largo trago de su propio té.
—¿Cómo convive con este miedo constante? —preguntó ella.
La pregunta fue tan directa que realmente tomó a la Sra. Weasley por sorpresa. Sus ojos se abrieron levemente al colocar su taza sobre la mesa y mirar a Hermione de forma evaluadora por un momento. Estaba entristecida por el hecho de que alguien tan joven tuviera que lidiar con tanto. Su primer instinto fue protegerla, pero muy en el fondo sabía que era demasiado tarde para eso. Reconocía el dolor en los ojos de la joven muchacha y supo que nada que ella hiciera lo haría desaparecer.
—Desearía que existiera alguna artimaña que pudiera enseñarte —contestó la Sra. Weasley, al sentarse nuevamente y mirar a Hermione—, pero no la hay. Tan sólo debes vives con ello, porque no tienes otra opción.
—A veces me agobia —dijo Hermione sinceramente—. Me preocupo por mis padres y por lo que pasará con ellos. Me preocupo por Harry y por cómo todo esto le está afectando.
—Sí —suspiró la Sra. Weasley—. Todos nos preocupamos por Harry.
—Ha pasado por tanto y ahora, con la muerte de Sirius… se culpa a sí mismo por ello. No quiere hablarlo con ninguno de nosotros. Nos está alejando y tratando de superarlo solo —indicó Hermione, antes de darse cuenta de lo que estaba revelando y detenerse.
—¿Y estás preocupada por Ron? —reguntó la Sra. Weasley, después de un silencio prolongado.
—Sí —admitió Hermione, pero estaba reacia a decir más. No podía decirle exactamente a la madre de él que la razón por la que Ron no se aplicaba a los estudios o hacía planes para el futuro era porque no pensaba que tendría uno.
Al estar sentada, fingiendo que bebía su té, los ojos de Hermione descendieron sobre el libro que había colocado encima de la mesa.
—No le permitiré que lo haga —murmuró para sí misma, al bajar la taza.
—¿Hacer qué, querida?
—Permitir que desperdicie su vida —contestó Hermione tranquilamente.
—¿Quién, querida? —preguntó la Sra. Weasley con una expresión afligida—. «Seguramente está hablando de Harry».
—Hallaré la manera de detenerlo —respondió Hermione con rabia, con sus ojos todavía sobre el libro.
—No puedes bloquear la maldición Avada Kedavra —dijo la Sra. Weasley, cuando el ritmo de su corazón aumentó al leer las palabras Maldiciones que matan en la cubierta del libro de Hermione.
—Obsérverme —replicó Hermione con la voz endurecida por la determinación.
La Sra. Weasley se quedó tan desconcertada por la tenacidad y el desafío que vio arder en los ojos de Hermione que por un momento no supo cómo responder. La mirada en su rostro fue suficiente para demostrar cuán en serio hablaba. Estupefacta, la Sra. Weasley permaneció sentada y observó a Hermione levantarse de la silla, agarrar el libro de la mesa y salir de la cocina.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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