Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 27: No es justo

La última semana de julio fue extremadamente caótica, incluso para los parámetros Weasleys. Los miembros de la Orden parecían aparacer después de un largo letargo, y por primera vez, Ron, Ginny y Hermione no fueron excluidos de todas las conversaciones. Por supuesto, eso se debía en gran parte a que la misión que se estaba planeando, aunque secreta, había sido idea de ellos. Ron y Hermione, en particular, sabían bastante y la información que ofrecían era invaluable. Nadie conocía al objetivo de mejor manera, lo cual aseguraba que la mayor parte de los proyectos preliminares fueran controlados por ellos en algún punto, entonces así podrían predecir su reacción.

A diferencia de los demás, ellos no se habían hecho ninguna ilusión sobre cómo Harry iba a reaccionar a su fiesta sorpresa. La iba a detestar. Si había algo que odiaba era el ser mimado excesivamente. Pero no importaba cuantas veces Ron se lo dijera a su madre, ella parecía no entenderlo. A pesar de todos sus esfuerzos, su madre convirtió la simple reunión familiar que ellos habían sugerido en un circo de tres pistas, con payasos idénticos.

Ron quería que asistieran los gemelos. Ellos eran amigos de Harry y también parte de su familia. Era el resto de la lista a lo que él se oponía; miembros de la Orden que Harry apenas conocía, que estarían allí por "razones de seguridad". ¿Cómo se suponía que Harry iba a relajarse y disfrutar con un grupo de magos acechando la casa de la Sra. Figg como si en cualquier momento temieran ser atacados?

«"Feliz cumpleaños, Harry. Come un poco de pastel. Mamá lo hizo de chocolate, sólo por si acaso somos atacados por Dementores. Pero igual, a ti te gusta el chocolate, ¿verdad?" Sí, Harry realmente va a disfrutar de su fiesta» —pensó Ron al ver a su madre, quien estaba muy concentrada conversando con Mundungus Fletcher.

Ron no pudo evitar sonreír al notar el ceño fruncido plasmado en el rostro de su madre. Era agradable verla lanzar sus miradas fulminantes a alguien más. Estaba claro que "el viejo Dung" era la última persona con la que querría estar hablando. Todos sabían que la Sra. Weasley no tenía un buen concepto sobre él, incluído el mismo Dung, lo que sin duda explicaba las miradas fugaces de este ladrón zarrapastroso hacia la puerta de la cocina. Si a él no se le hubiera impuesto al cargo de organizar las cosas con "Figgy", Ron sospechaba que lo habrían expulsado hace rato.

—Entonces…—dijo Ginny, agarrando una silla para sentarse al lado de su hermano—, ¿crees que esto lo animará?

—Estás bromeando, ¿verdad? —preguntó Ron, sacudiendo su cabeza dudosamente.

—Es una lástima, la verdad —suspiró Ginny—. Pero supongo que tendremos que sacar lo mejor de todo esto. Aún así, será agradable verlo. Quiero decir…estoy segura de que él estará encantado de verlos a ti y a Hermione. Eso lo animará un poco, ¿no crees?

—No lo sé —dijo Ron, encogiéndo de hombros—. Supongo —añadió sin prestarle mucha atención a su hermana mientras miraba por encima de su hombro a Hermione, quien se había separado de Bill y perseguido a Mundungus en el momento en que éste acechó la puerta—. «¿Qué estará tramando?» —se preguntó, mientras Ginny continuaba hablando.

—…sobre lo que los idiotas de nuestros hermanos han planeado. Personalmente, espero que Harry saque su varita y los maldiga antes de que se dé cuenta de quienes son en realidad. Se lo merecerían. Es decir, honestamente, ¿saltar de una de las esquinas y gritar en el momento en que entre a la casa?

—¿Qué? —dijo Ron, regresando la atención a su hermana, ya que había pronunciado las palabras "maldecir" y "Harry" en la misma oración—. ¿De qué estás hablando?

—Del plan de Fred y George.

—¿Plan?, ¿qué plan? —preguntó Ron, frunciendo el ceño y lanzando una mirada venenosa adonde estaban sus hermanos—. ¿Qué van hacerle esos tarados a Harry?

—Te lo acabo de decir —contestó Ginny, enfadada—. ¿No estabas escuchando?

—Eh…no, en realidad no —admitió Ron con los ojos todavía fijos en Fred y George, quienes tenían sus cabezas juntas y murmuraban emocionadamente.

—No sé ni siquiera por qué pierdo mi tiempo hablando contigo —dijo Ginny, obviamente ofendida por la falta de atención de Ron.

—¡Espera! —gritó Ron en el momento en que su hermana saltó de la silla y comenzó a irse como un huracán—, ¿qué es lo que van hacer? —preguntó él al perseguirla.

—¿Quieres saberlo? —replicó Ginny, soltando su brazo del agarre de su hermano cuando la alcanzó—. ¿Por qué no vas y les preguntas tú mismo?

Por un momento, Ron se quedó parado ahí, observando la retirada de su hermana.

«Mujeres —pensó él, sacudiendo su cabeza con asombro. No tenía la menor idea de lo que había hecho para irritarla, aunque en realidad no le importaba demasiado. Sus hermanos y la confabulación que estaban planeando era todo lo que importaba por ahora. La pregunta era: ¿qué estaban planeando?—. Sólo hay una forma de averiguarlo» —se dijo a sí mismo mientras marchaba a través de la habitación para demandar respuestas.

—No creerás que realmente él nos haya delatado, ¿o sí? —le preguntó George a su hermano gemelo en una voz susurrante, sin darse cuenta de que Ron estaba parado exactamente detrás de ellos.

—Quizás estamos siendo paranoicos —sugirió Fred esperazadoramente—. Es decir, tal vez ella sólo le esté hablando de Harry o algo parecido.

—Tienes razón —gruñó George—. Míralo, hermano —añadió cuando Mundungus alejó su vista de Hermione para echarles una mirada de culpabilidad—. Prácticamente está temblando en sus botas. Es obvio que ella lo está amenazando con contarle a mamá lo de…

Desafortunadamente, la voz de George bajó tanto que Ron no pudo escuchar el resto de la oración.

—No hay forma de que ella se haya enterado de esto —replicó Fred suavemente—. Hemos sido cuidadosos.

—No tan cuidadosos como para que Harry no nos descubriera —le recordó George a su hermano.

—Eso fue hace casi un año atrás —protestó Fred—. ¿No crees que ella hubiera dicho algo tiempo atrás si lo hubiera descubierto también?

—Pero Hermione guarda información que le sea útil, para más tarde usarla en contra de uno, ¿verdad?

—Sí, pero nosotros somos de la familia. No nos chantajearía.

—Y aún así, no parece tener reparos en chantajear a Dung, ¿o si? —dijo George quedamente.

—A pesar de todo, tenemos que admirar su estilo —replicó Fred con la admiración evidente en su voz a pesar del tono bajo—. No todos los días ves a una bruja adolescente intimidar a un delincuente empedernido.

—Impresionante, ¿no? —dijo Ron, finalmente dando a conocer su presencia. Fue demasiado satisfactorio ver a sus hermanos gemelos saltar y girarse para afrontarlo con algo cercano a temor en sus ojos.

—¿Qué estás haciendo? —exigió saber Fred.

—¿Cuánto tiempo has estado ahí parado? —añadió George.

—Lo suficiente —contestó Ron con una sonrisa satisfecha.

—Oh, tú pequeño…

—No, no —interrumpió Ron, señalando desaprovatoriamente con su dedo a Fred—. Será mejor que tengas cuidado con lo que dices. A diferencia de Hermione, yo no tengo ningún problema en chantajear a mi familia.

—Anda, ve y dile, pequeña mierda —respondió Fred, desafiando a su hermano.

—¡Maaaaamm...!

—Cállate —siseó George, cubriendo la boca de Ron con su mano y deteniéndolo antes de que su madre lo escuchara—. ¿Qué quieres? —preguntó él, mirando a su hermano con cautela mientras lo soltaba.

—Sea lo que sea que estén planeando hacerle a Harry, no lo hagan —insistió Ron—, o le diré a mamá lo que escuché.

—Nosotros no vamos hacerle nada a Harry —replicó Fred instantáneamente.

—Eso no fue lo que dijo Ginny.

—¿Ginny?, ¿de esto se trata? —preguntó George, examinando la habitación en busca de la larga melena rojiza de su hermana—. ¿Aún sigue detrás de todo ese tema "sorpresa"?

—Bien —replicó Fred, antes de que Ron cambiara de parecer—. Me parece que estás desperdiciando completamente un excelente material de chantaje, pero como quieras. Trato hecho. No saltaremos sobre Harry ni gritaremos "sorpresa" a cambio de que mantengas tu bocota cerrada en lo referente a nuestros asuntos con Dung.

—¿Eso es? —preguntó Ron escépticamente—, ¿eso era lo que estaban planeando?

—Sip —contestó Fred con una sonrisa satisfecha—. Pero un trato es un trato, hermanito.

—¿Que es esto? —dijo Hermione al acercarse a los tres hermanos—. Exactamente, ¿qué clase de tratos están haciendo?

—Como si ya no lo supieras —replicó George duramente—. No me sorprendería que hubiera sido tu idea en primer lugar.

—Perdona —contestó ella—, pero no tengo ni idea de qué estás hablando.

—Ah, ¿en serio? ¿Y de qué exactamente estabas hablando con Dung tan intensamente? —preguntó Fred.

—Eso no es asunto tuyo —respondió Hermione rápidamente.

—Claro que es asunto nuestro —dijo Fred bruscamente—. Si estás amenazando a nuestro proveedor, definitivamente es asunto nuestro.

—¿Proveedor? —cuestionó Ron, mirando a los gemelos y a Hermione alternadamente—. ¿Qué es lo que Dung les está proveyendo?

—Ah, ¿eso?—rió Hermione.

—Espera un minuto —gritó George, levantando una ceja con incredulidad—. ¿Tú no sabías?

—Sólo un par de sustancias No-Comerciables, Clase C —respondió Hermione.

—Ahora sí sé —acotó Ron

—¡Mil demonios!

—Oh, cálmate —replicó Hermione, bajando la voz para que sólo los gemelos y Ron pudieran oírla—. No me importa de dónde obtengan sus semillas de Tentáculos Venenosos u otra cosa. Pero ya que están tan interesados en tratos, les tengo uno. Ustedes se mantienen lejos de nuestros asuntos —dijo ella, tomando a Ron de la mano y alejándolo de sus hermanos—, y nosotros nos mantendremos alejados de los suyos.

...

—¿Desde hace cuánto sabías de su pequeño trato con Dung? —le preguntó Ron a Hermione mientras ella lo sacaba de la cocina y lo guiaba a las escaleras del primer piso.

—Casi un año —respondió ella—, desde nuestra fiesta de Prefectos.

—¿Tanto? —exclamó Ron asombrado—. ¿Y nunca te molestaste en decírmelo?

Si hubiera estado esperando una respuesta se habría decepcionado gravemente, porque Hermione simplemente se encogió de hombros y continuó empujándolo hacia el primer piso.

—Podría haber usado esa información —refunfuñó él—. Me hubiera sido extremadamente útil, ¿sabes?

—La habrías desperdiciado en algo estúpido —suspiró Hermione.

—Claro que no.

—Lo acabas de hacer.

—No, no lo hice —protestó él—. No sabía nada cuando hice el trato con ellos. Estaba embaucándolos.

—Ese no es el punto —replicó Hermione, empujando a Ron dentro de su cuarto y cerrando la puerta detrás suyo.

—Sí que lo es.

—No, no lo es.

—Sí, lo es.

—No —insistió Hermione al trabar la puerta—, no lo es. Esto sí —continuó ella, sacando un pequeño recipiente de cristal de su bolsillo y enseñándoselo a Ron.

—¿Qué demonios es eso? —preguntó Ron, inclinándose hacia delante y mirando fijamente el azul cielo intenso de la sustancia que flotaba dentro del frasco.

El punto estaba ahora sumamente claro. Hermione no quería que nadie supiera de las cosas que Mundungus les proveía a sus hermanos porque él también le estaba proveyendo cosas a ella. Cosas como ese vapor azul, sea lo que sea.

—Esto —dijo Hermione, abriendo su baúl y guardando el frasco adentro—, es una sustancia No-Comerciable, Clase B. Es también la razón por la que tú y Harry recibieron planificadores de tareas la Navidad pasada. Me tomó gran parte del año pagarlo, así que no juegues con esto.

—¿Pero qué es? —preguntó Ron otra vez, mirando el frasco como si fuera una bomba a punto de explotar. Todos sabían que las sustancias No-Comerciables de Clase B eran peligrosas, razón por la cual estaban restringidas.

Hermione estudió a Ron intensamente al cerrar su baúl con seguro. Era hora de probar las aguas y ver cómo reaccionaría si ella compartía su investigación con él.

—Esporas de hongos Botrytis—contestó ella de una forma tan casual, que cualquiera pensaría que eso era parte de todos los ingredientes para pociones de sexto año. Sólo el hecho de que sacara la llave de su baúl y la colocara en su bolsillo delantero indicaba lo contrario.

—¿Hongos Botrytis? —gritó Ron, mientras todo el color de su rostro palidecía—. Pero… esas esporas son tóxicas. Si no las manejas bien...si se te escapan y las respiras…

—Oh, relájate —lo interrumpió Hermione—. Hay un encantamiento irrompible en el frasco. No se van a escapar. Eres peor que Mundungus. Todo el tiempo aconsejándome y convenciéndome de lo contrario con excusas absurdas. Cualquiera pensaría que iba a morirse apenas las tocara, por la manera que estaba actuando. Bien, lo hubiera pensado mejor antes de tomar todos mis galleons.

—Hermione... —refunfuñó Ron—, esto no es un juego. Esas cosas podrían matarte a ti…o a Ginny.

—¿No crees que estás siendo demasiado dramático? —preguntó Hermione, girando los ojos.

—¿DEMASIADO DRAMÁTICO? —gritó Ron—. Ese baúl está lleno de libros. Libros MUY PESADOS.

—Ya te dije, el frasco tiene un encantamiento irrompible —replicó ella—. E incluso si no lo tuviera, allí no hay suficientes esporas como para matar a alguien. Nos enfermaríamos un poco, pero…

—¿Y para qué demonios necesitas las esporas de hongos Botrytis? —demandó Ron—. Esto tiene algo que ver con toda esa investigación que has estado haciendo, ¿verdad? Eso quiere decir que has estado trabajado en ella durante un año...

—Dije que había estado trabajando en ella por algún tiempo —contestó Hermione. Había visto suficiente. No le podía decir lo que estaba planeando. No con tantos miembros de la Orden en la casa. En la planta baja o no, todavía podrían escuchar la pelea que de seguro vendría después. Tendría que esperar.

—¿En qué has estado trabajando? —cuestionó Ron, con una voz inquietantemente contenida—. ¿Qué estás haciendo con esas esporas?

—No te diré nada hasta que te calmes —le informó ella.

—Estoy calmado.

—Ajá —murmuró ella—. Estás como el ojo de un huracán buscando en qué dirección atacar. Pero tendrás que buscar en otro lado. No voy a ser la razón de tu furia y golpes.

—Hermione... —gruñó Ron su nombre en forma de advertencia.

—¿Qué? —preguntó ella, mirando fijamente sus ojos de un azul intenso—. «¿Cómo rayos voy a salir de esta?»

—¿Por qué te esforzaste tanto en obtener esas esporas?

—Porque las necesito para hacer una poción que me ayudará a protegerte, grandísimo imbécil.

—¿A mí?

—Bueno… a nosotros —clarificó Hermione.

—Ah —replicó Ron, y el fuego en sus ojos disminuyó. Naturalmente, asumió que "nosotros" significaba ellos dos y Harry—. ¿De…Vol…Voldemort? —preguntó él en un susurro.

—Entre otros —contestó ella—. Pero todavía no estoy segura de que funcione. Aún estoy investigándola. Quizás no los necesite todos. Pero sólo por si acaso, quiero tenerlas a mano, porque las esporas de los hongos Botrytis no son exactamente algo que podramos tomar prestado de Snape. Y ni trates de decirme que no la puedo preparar —dijo Hermione, dirigiéndole una mirada de reproche—, porque estoy casi segura de que sí puedo. No soy una idiota. Soy perfectamente capaz de usar las esporas Botrytis sin respirarlas, y aún si lo hiciera, tendría que estar en un espacio muy reducido para que me hagan un daño muy grave, así que puedes…

—Muy bien —dijo Ron, interrumpiéndola antes que continuara con su discurso—. Ya entendí. Si puedes preparar una Poción Multijugos, estoy seguro que puedes preparar esto. Sea lo que sea —añadió él, intentando apaciguarla—. Sólo… ten cuidado, ¿de acuerdo?.

—Realmente no vas a sermonearme sobre los beneficios de la precaución, ¿verdad?

—No te estaba sermoneando —dijo Ron, dándole una de sus sonrisas torcidas. Era típico de Hermione recordarle que él era el propenso a comportarse imprudentemente—. Es que no quiero que te ocurra nada malo, sólo eso.

—No me va a pasar nada —le aseguró ella, acercándose a él y asiendo su mano—. No si tengo algo a lo que aferrarme.

...

—Ron, Ginny, su padre y yo necesitamos hablar con ustedes por un minuto —les informó la Sra. Weasley a sus hijos menores después de la cena, la noche siguiente.

Como si sus palabras fueran una especia de señal preorganizada, hubo una ráfaga de excusas mientras que el resto de la familia y Lupin abandonaron sus asientos y se apresuraron en correr hacia la salida.

Tomados por sorpresa, el par se miró el uno al otro, y luego regresó la vista a su madre.

—¿Sobre qué? —preguntó Ginny al sentarse con cautela en su silla.

A diferencia de su hermana, Ron permaneció de pié con el plato vacío que iba a llevar al fregadero todavía en mano.

—«Oh, no —pensó Hermione al levantarse al mismo tiempo que todos los demás, viéndolos escaparse de la cocina y correr a refugiarse—. Esto no es nada bueno».

Ron apartó los vista de su madre y miró a su novia, quien parecía haberse congelado al lado de su silla. En el instante en que sus ojos se encontraron, supo que ella estaba pensando lo mismo que él. De alguna manera, su madre debía haber descubierto que él había estado durmiendo en la cama de ella y estaba a punto de regañarlos.

Si sólo hubiera sido así de simple.

...

—¡¿QUÉ QUIERES DECIR CON QUE NO PODEMOS IR?! —la voz furiosa de Ron resonó a través de la parte más baja de la casa.

—Parece que ya se los dijo —le dijo Bill a Remus Lupin, un minuto antes de que las cortinas agujeradas que cubrían el retrato de la Sra. Black se abrieran.

—¡TRAIDOR A LA SANGRE! —chilló la vieja bruja en la pintura, cuando el alto pelirrojo se le acercó, agarró la cortina y comenzó a tirar de ella—. ¡MUGRIENTO ANIMAL! —le gritó a Lupin, quien estaba parado al otro lado del retrato.

—Una de dos, o lo están tomando mejor de lo que había esperado o Molly ha puesto un escudo en el cuarto.

—Te aseguro que él todavía sigue gritando —dijo Bill a su demacrado compañero—, y te apuesto a que no es único.

...

Por supuesto, Bill estaba en lo correcto. El infierno se había desatado en el momento en que la Sra. Weasley les dijo a Ron y a Ginny que no tenían permitido asistir a la fiesta de Harry con el resto de la familia. La discusión que resultó por la noticia casi hizo sacudir los cimientos de la cocina. Tres Weasleys con mal carácter era algo intimidante de ver. Incluso Hermione, quien estaba acostumbrada a lidiar con Ron, se asombró por la escena que se desenvolvía delante de ella. Ni en un millón de años hubiera soñado con gritarle a su madre de la manera que Ron y Ginny le gritaban a la suya.

Muy en el fondo, Hermione sabía que debía sentirse tan enfurecida como sus amigos. Sabía que ellos estaban peleando por ella tanto como por ellos mismos, pero no se atrevía a gritarle a la Sra. Weasley. Lo mejor que podía hacer era permanecer parada allí, ofreciéndoles a Ron y a Ginny su silencioso apoyo. Lo extraño era que ella podía ver la lógica de ambas partes.

La Sra. Weasley tenía varios puntos válidos. Sería más seguro para todos, incluyendo a Harry, si todos los invitados se aparecieran para llegar a Surrey. Había estado en lo cierto cuando dijo que la red Floo y el autobús Noctámbulo podrían estar vigilados. La última cosa que ellos necesitaban era que él descubriera que Harry estaba fuera de la casa de los Dursley y de la seguridad que le brindaba. Eso era como suplicar en busca de problemas.

Pero la respuesta que Ginny dió acerca de usar un traslador, también tenía mérito. Hermione, tenía la leve sospecha de que el Sr. Weasley, al menos, estaba de acuerdo con su hija. Cuando se encontró con su mirada desde el otro lado de la habitación, él rápidamente eliminó su sonrisa. Afortunadamente, su esposa no había notado esa reacción. La Sra. Weasley estaba muy ocupada con su contraataque.

—Dumbledore tiene cosas más importantes que hacer. No podemos molestarlo sólo para crear un traslador que los lleve a los tres hasta la fiesta.

—¡BIEN! —le gritó Ron a su madre—. ¡Hermione lo puede hacer!

—¿Qué? —exclamó Hermione, hablando por primera vez desde que la disputa había empezado.

—No seas ridículo —respondió la Sra. Weasley.

—Conoces el hechizo, ¿cierto? —cuestionó Ron, virándose y mirando el rostro asustado de Hermione.

—Sí, pero…

—¿Ves? —dijo él, volteándose nuevamente para encarar a su madre—. No necesitas molestar a Dumbledore.

—No puedo hacerlo —dijo Hermione débilmente detrás suyo.

—Claro que puedes —insistió Ron—. Tú puedes hacer cualquier cosa que te propongas.

—No me refiero a eso —contestó ella—. Quiero decir que no lo haré.

—¿Qué? —rugió él, indignado por su rechazo—. ¿Por qué demonios no?

—Porque sería expulsada, idiota —replicó Ginny—. Ya tiene demasiados problemas con el Departamento de Transportes Mágicos por aparecerse sin tener licencia.

—Ah, sí, me olvidé de eso —admitió Ron, como disculpándose—. Bueno, entonces papá puede hacerlo.

—Oh, claro —interrumpió la Sra. Weasley— Esa es una brillante idea. En caso de que lo hayas olvidado, tu padre trabaja para el Ministerio. ¿Tienes alguna idea de lo que pasaría si lo descubren creando trasladores no autorizados?

—No lo descubrirán —contestó Ron, muy seguro.

—Aprecio tu voto de confianza, hijo —dijo el Sr. Weasley—, pero me temo que tu madre tiene la razón. No hay forma de que pueda hacerlo. No con Fudge buscando cualquier excusa para despedirme.

—¡ESTO ES TAN SANGRIENTAMENTE INJUSTO! —gritó Ginny, frustrada—. ¡Es la fiesta de Harry!, ¡él nos querría allí!

—Sí —acordó Ron de buena gana. La idea del traslador no estaba funcionando, quizá era hora de cambiar de método y probar por la vía de la culpabilidad—. Somos sus mejores amigos. ¿Cómo se va a sentir si no estamos allí? —dijo él, hirviendo de rabia—. Se suponía que todo esto lo animaría. Si van y le dicen que era muy peligroso que nosotros fuéramos, lo van a deprimir aún más.

—Aunque así fuera, ustedes no van a ir.

—Pero mamá… —gimió Ginny.

—No —dijo firmemente la Sra. Weasley, interrumpiendo a su hija—. He tenido suficiente de esto. Ustedes tres no van a ir y se acabó.

—Pero… —se aventuró Ron.

—¡DIJE QUE NO! —le gritó la Sra. Weasley a su hijo—. Es demasiado peligroso. Ustedes dos ya fueron el blanco de los Mortífagos —añadió ella, señalando a Ron y a Hermione—. No pondrán un pie fuera de esta casa y punto final.

—¡Eso no es justo! —gimoteó Ginny—. Ellos no andan detrás mío, ¿por qué me tengo que quedar?

—¡PORQUE LO DIGO YO Y PUNTO!

Todo se fue cuesta abajo a partir de ese momento. Ginny y Ron habían sido un equipo formidable, pero nunca tuvieron la posibilidad de ganar. A todos les era obvio que la Sra. Weasley no iba a ceder. No cuando la seguridad de sus hijos estaba en juego.

Hermione permaneció sorprendentemente callada mientras seguía a Ron y a Ginny escaleras arriba después de que la disputa había terminado. Ella estaba decepcionada, claro está. Le hubiera encantado visitar a Harry y ver la expresión en su rostro cuando todos lo sorprendieran, pero había una parte de ella que entendía a la Sra. Weasley, aunque no iba a admitírselo a Ron o a Ginny. Era más fácil sentarse y dejar que ellos se desahogaran sin tener que meterse en la conversación.

Y sí que se desahogaron. Los dos hermanos pasaron el resto de la tarde en la sala difamando a su madre y a su injusta decisión. Por suerte, el resto de la familia tenía la cordura suficiente como dejarles algo de espacio, lo cual era un alivio. Ellos hacían un gran trabajo estimulando su furia mutuamente y lo último que necesitaban era a Fred y a George asomándose para añadir más sal a las heridas.

—¡AL DIABLO CON ELLA! —declaró Ron de muy mal humor, mientras se paseaba por la habitación—. ¡Voy a ir y no podrá detenerme!

—Nunca conseguirás pasar más allá del conjuro protector que pondrán alrededor de la casa de la Sra. Figg —interpuso Hermione al verlo caminar de aquí para allá delante del sofá.

—¡MIERDA!

—No insultes.

—¿Cómo puedes sentarte tan tranquila? —preguntó Ginny con incredulidad—. ¿No estás furiosa?

—Claro que lo estoy —replicó Hermione—, pero amargarnos no va a servir de nada. Pelear con ella no es la solución. Ni tampoco escaparnos para irnos volando en tu escoba a Surrey —añadió ella, sabiendo que probablemente eso era lo que Ron estaba considerando.

—Entonces, ¿qué sugieres? —preguntó Ron.

—No estoy segura todavía —admitió Hermione—. La idea del traslador parecía la mejor apuesta, pero no creo que hallemos a alguien que pueda hacer el hechizo sin preocuparse por las consecuencias. Dumbledore es el único en quien puedo pensar a quien el Ministerio no pueda controlar.

—Por lo mucho que nos sirve eso —replicó Ginny—. Tiene que haber alguien más que pueda hacerlo. Tan solo tenemos que descubrir quién.

...

—McGonagall estuvo aquí —dijo Ginny al llamar a la puerta entreabierta de la sala y entrar—. Acaba de dejar nuestras cartas de Hogwarts —continuó ella, escudriñando el paquete de sobres en su mano y sacando las que estaban dirigidas a ella—. Y los resultados de sus TIMOs.

—¡¿QUÉ?! —chilló Hermione, saltando de su silla tan rápidamente que tumbó el tablero de ajedrez sobre el que estaba apoyada—. ¿Ya están aquí?, ¿tan pronto? —preguntó ella, mirando fijamente la mano extendida de Ginny, sumamente temerosa.

Ignorando los gritos asustados de las piezas de ajedrez que acababan de ser desparramadas por el suelo, Ron se quedó inmóvil en el sofá, creando distancia de su hermana. Eso fue hasta que Crookshanks, quien había estado durmiendo en una silla vacía, aprovechó que todos habían desviado su atención y se abalanzó sobre una de las piezas más cercanas, que resultó ser la Reina de Ron.

—Oh, no, no lo harás —dijo Ron, levantando al gran gato anaranjado del suelo antes de que pudiera causar algún daño.

—¿Y bien? —preguntó Ginny, ofreciéndole el paquete de cartas a Hermione—. ¿No quieres saber cómo saliste?

—No… no puedo —contestó Hermione en casi un murmuro—. Hazlo tú —dijo ella, girándose hacia Ron con una mirada de sumo horror plasmada su rostro.

—Muy bien —respondió él, dándole el retorcido gato a Hermione y tomando las cartas de la mano de su hermana—. Lo sabía —dijo Ron con una sonrisa de lado al ojear rápidamente los resultados de Hermione—. Obtuviste un TIMO en todo. Incluso en…¿Estudios Muggles?, ¿para qué te sentaste a dar ese examen? Ni siquiera habías tomado esa clase.

—Todavía podía hacer el examen si quería —contestó ella defensivamente al soltar a Crookshanks en la silla más cercana y arrebatarle los resultados de la mano de Ron—. Ob... obtuve una S —gritó Hermione, arrugando la nariz y mirando la ofensiva nota con disguto—. ¡No puedo creer! ¡Obtuve una S!

—Pero las S son geniales —dijo Ginny de una manera que esperaba fuese tranquilizadora.

—No, no lo son —replicó Hermione, sus ojos aún pegados al pergamino con completa incredulidad—. Podría haberlo hecho mejor. Tendría que haberlo hecho mejor —se regañó a sí misma—-. Si no me hubiera distraído tanto podría haber…

—¡Pero era obvio que ibas distraerte! —dijo Ron, cortándola—. Ese maldito sapo atacó a Hagrid a la mitad de nuestro examen. ¡Todos estabamos distraídos!.

—No consideraron eso, ¿verdad? —replicó Hermione enfadada. Ron tenía suficiente juicio como para no responder a su pregunta. Estaba furiosa consigo misma y con Umbridge, pero eso no significaba que no se descargaría con él si le daba una excusa para hacerlo. Lo mejor para todos sería que él mantuviera su boca cerrada, ya que nada de lo que dijera la haría sentirse mejor. Apartando los ojos de Hermione, Ron abrió su propio sobre y se enfocó en sus resultados.

—¿Y bien? —preguntó Ginny, cuando vio la boca de su hermano abrirse de golpe.

—Ocho —contestó él, sonando tan desconcertado como Hermione cuando descurbió la S que recibió en Astronomía—. Obtuve un TIMO en todo exepto en Historia de la Magia —continuó, revisando las notas para cerciorarse de que las había leído correctamente—. Hasta incluso pasé Adivinación —rió él—. Jamás me hubiera imaginado eso. Ni siquiera con una bola de cristal.

—¡OH, RON! —chilló Hermione, justo antes de tirársele encima—. ¡Estoy tan orgullosa de ti! —se emocionó ella, llevando los brazos alrededor de su cuello y abrazándolo fuertemente.

—Ustedes dos son repugnantes —dijo George al acercarse a la puerta entreabierta y echar un vistazo a la habitación—¿Qué le pasa? —le preguntó a su hermana.

—Los resultados de los TIMOs —contestó Ginny.

—¡OYE, MAMÁ! —bramó George por el pasillo—. ¡LOS RESULTADOS DE LOS TIMOs YA ESTÁN AQUÍ!

—¿Por qué hiciste eso? —siseó Ron mientras Hermione lo soltó y se quedó parada a su lado, radiante.

—No necesito preguntar cómo te fue a ti —dijo George, enfocándose en Hermione e ignorando por completo la pregunta de su hermano—. ¿Y tú qué, Ron?

—Obviamente, él tenía la obligación de hacerlo mejor que tú, ¿verdad? —se río Ginny por lo bajo.

—¿Y bien? —preguntó la Sra. Weasley, entrando dramáticamente a la habitación y mirando alrededor excitadamente.

—Hermione obtuvo once —contestó Ron.

—Oh, eso es maravilloso, querida —exclamó la Sra. Weasley, depositando la cesta de la ropa sucia que había estado cargando sobre el sofá y abrazándola—. Tus padres estarán muy orgullosos. ¿Y? —preguntó ella, liberando a Hermione y virándose hacia Ron—. ¿Qué hay de ti?

—Eh… —masculló Ron, temiendo que la respuesta llevara a la repetición de la escena ocurrida el año anterior cuando obtuvo su distintivo de prefecto—. «Maldito seas, George».

—Oh, vamos, Ronnitis —dijo George, arrebatando la carta de la mano de su hermano—, no puede ser tan malo. Retiro lo dicho —añadió él, arrugando su rostro en repulsión al ver las notas de Ron—. Esto es pésimo —gritó, sacudiendo el pergamino en el aire y entonces devolviéndoselo a su hermano como si estuviera contaminado—. ¿Ocho?, ¿obtuviste ochos malditos TIMOs?

—¡OH, RON! —chilló la Sra. Weasley, lanzando los brazos alrededor de su hijo y besándolo en las mejillas—. ¡Es maravilloso!.

—¡MAMÁ! Por favor —suplicó Ron, empujándola mientras su rostro se sonrojaba—, sueeltameee.

—Aunque por supuesto tendrás que trabajar un poco más duro este año si esperas ser Premio Anual. Tus hermanos obtuvieron doce TIMOs cada uno, después de todo, y este año es tu última oportunidad para dejar una buena impresión.

La sonrisa de Hermione se transformó en un ceño fruncido en el instante en que la Sra. Weasley comenzó a comparar los logros de Ron con los de sus hermanos.

—Todo esto es culpa tuya, ¿sabes? —le murmuró George en su oído al inclinarse sobre ella—. Si continúas con esto lo convertirás en un…

—Cállate —siseó Hermione, empujándolo hacia el pasillo por la puerta abierta antes de que él pudiera decir otra cosa—. No es de extrañar que su autoestima esté tan baja, con ustedes dos constantemente menospreciándolo y tu madre comparándolo a los demás.

—¡No te pongas nerviosa! —replicó George, más que sorprendido por el inesperado ataque—. Ron puede ser un idiota, pero él sabe lo que es una broma cuando escucha una.

—Ni siquiera te das cuentas de lo que le han hecho, ¿no? —contestó ella, al tratar de apaciguar su furia. No era George con el que estaba enfadada. No en realidad. Era con su madre—. Por favor, sólo déjalo disfrutar de esto —rogó—. Trabajó muy duro por esas notas y debería estar orgulloso de sí mismo. No desprecies su logro ni lo hagas sentirse avergonzado por salir bien.

—¡OH, GINNY, ESO ES FABULOSO! —la voz de la Sra. Weasley resonó por el pasillo.

—Por favor, George. No lo hagas sentirse mal por esto.

—Vamos, relájate —replicó George incómodamente—. Él sabe que sólo estamos bromeando. No es la gran cosa.

es la gran cosa —protestó Hermione—. ¿Crees que me rebajaría a rogar si no lo fuera?

—¿QUÉ? ¡NO HABLAS EN SERIO! —el grito furioso de Ron se escuchó desde el otro lado del cuarto—. ¡SI ELLA VA, YO TAMBIÉN!

George y Hermione dejaron su conversación inmediatamente y entraron a la habitación, justo a tiempo para ver a la Sra. Weasley colocar sus manos en su cintura y enfrentarse a su hijo más joven

—¡Absolutamente no! —gritó ella, inmutada por la indignación en el rostro de él.

—¿Qué rayos...? —preguntó Hermione, mirando a Ginny en busca de respuestas.

—Ginny acaba de engañar a mamá para que la deje ir a la fiesta de Harry —gritó Ron, tan enfurecido que su rostro había pasado de rojo a un morado intenso.

—Yo no la engañé —protestó Ginny—. Ella dijo que podía tener cualquier cosa que quisiera por ser Prefecta y eso fue lo que pedí.

—¡SI ALGUIEN DEBERÍA IR SOMOS HERMIONE Y YO! ¡NOSOTROS TAMBIÉN SOMOS PREFECTOS Y ENCIMA ACABAMOS DE OBTENER VEINTE TIMOS! ¿DÓNDE ESTÁ NUESTRA MALDITA RECOMPENSA? ¡ÉL ES NUESTRO MEJOR AMIGO, NO EL TUYO! —le bramó a su hermana.

—¡RON! —gritó Hermione, asombrada por su grosera respuesta. Pero hubiera ahorrado su aliento por el caso que él le hizo.

—¡TÚ TIENES TU MALDITA ESCOBA, ASÍ QUE CÁLLATE!

—¡USTEDES DOS, PAREN EN ESTE INSTANTE! —bramó la Sra. Weasley. La riña entre Ron y Ginny se detuvo inmediatamente, pero continuaron mirándose fulminantemente el uno al otro.

—Si ella puede ir en el autobús Noctámbulo, ¿por qué yo no? —preguntó Ron, frunciéndole el ceño a su madre.

—Ya te lo dije. Tu padre y yo lo discutimos y es demasiado peligroso que tú y Hermione salgan de la casa en este momento.

—Pero Ginny…

—Ellos no están tras tu hermana —lo interrumpió su madre antes de que él pudiera replicar aún más—. Están detrás de ustedes dos y de Harry. Si alguno de los tres se montara en ese autobús, todos los que están en él se convertirían en un blanco. ¿Es eso lo que quieres? —cuestionó ella—. ¿Estás realmente dispuesto a poner en peligro a todas esas personas?

—No —gruñó Ron con la ira radiando en olas invisibles que todos en el cuarto podían sentir—. Pero…

—No más peros —dijo firmemente su madre—. Ustedes dos no van y esa es la decisión final —declaró ella, agarrando la ropa sucia y caminando hacia la puerta—. Y para que lo sepas, tu hermano y Tonks se han ofrecido a quedarse mientras que el resto de nosotros estamos fuera, así que no tiene sentido que traten de escaparse. Las puertas y ventanas van a estar selladas mágicamente, y si tan sólo se acercan a ellas, Bill los encerrará en sus cuartos.

Hermione vio las palabras formándose en los labios de Ron y se encogió, sabiendo que iban a ser dichas antes de que su madre saliera de la habitación.

—¡MIERDA!

La Sra. Weasley se quedó inmóvil en la puerta con su espalda dando al cuarto, al escuchar la fila de palabrotas que salieron de la boca de su hijo.

—¡ESE MALDITO HIJO DE... Y SU... OFRECIMIENTO DE... DE QUEDARSE AQUÍ, VIGILARME Y ENCERRARME EN MI... CUARTO DE...! ¿AH, SÍ? ¡QUIERO VERLO HACER EL... INTENTO!

—Ron... —siseó Hermione, pero su advertencia no tuvo efecto.

Afortunadamente, la Sra. Weasley decidió que era mejor dejarlo protestar furiosamente para que sacara la furia de su sistema. Exhalando el aliento que había estado conteniendo, Molly marchó al pasillo y se perdió de vista. En el momento en que se fue, Ginny y George salieron corriendo a la puerta y se dirigieron en la dirección opuesta, dejando que Hermione lidiara con Ron.

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