Al alcanzar la puerta de la cocina, Hermione se congeló. Ron sintió como su mano abandonó la suya y se colocó en el picaporte. Esperó pacientemente mientras la veía intentar controlar su respiración, pero Hermione no giraba la perilla. Bajó la vista hacia sus manos y él se dio cuenta de que estaban temblando. Sin siquiera pensarlo, Ron bajó sus brazos y cubrió la mano de ella con la suya.
—Todo saldrá bien —susurró Ron en su oído al acercársele. Su mano aún seguía sujetando la de ella, y guiándola, giró el picaporte y sostuvo la puerta abierta para dejarla pasar.
Hermione dio unos cuantos pasos indecisos adelante y parpadeó varias veces para acostumbrarse a la luz brillante de la cocina. Sus ojos inmediatamente se dirigieron hacia los Weasleys, quienes estaban sentados junto a la mesa de la cocina. Molly lucía como si hubiese estado llorando por sus ojos enrojecidos. Hermione notó que Arthur estaba sentado a un lado de su esposa, con un brazo sobre su hombro, y su mano libre sobre la mano de Molly, de la misma forma en que Ron la tenía sobre hacía un instante. Bill estaba sentado del otro lado de su madre. Parecía cansado y… había algo más. Algo en los ojos de Bill cuando se fijaron en ella. Algo con lo que jamás había sido observada, pero que sí había visto dirigirse a Harry en reitaradas ocasiones.
«Piedad —pensó, arrugando su nariz en disgusto—. No quiero que sientan compasión por mí —gritó en su mente—. Eso sólo lo hará peor».
Incapaz de soportar el dolor que emanaban aquellos ojos por más tiempo, Hermione apartó la vista de los Weasley y la fijó en ‘Ojoloco’ Moody y Remus Lupin, quienes estaban sentados enfrente de ellos.
«Oh, no, usted también» —pensó Hermione al ver la misma expresión afligida en la cara de Lupin. Sus ojos se dirigieron hacia los de Moody, y se sintió aliviada al ver que él le devolvió la mirada sin estremecerse. Su cara estaba tiesa, como si hubiera sido esculpida en una piedra. Su expresión no revelaba nada de lo que pasaba por su mente y ella lo preferió así
«¿Cómo es que Harry aguanta todo esto?» —se preguntó Hermione. Fue entonces que, de repente, se dio cuenta. Se sentía culpable de esa ofensa atroz. Ella lo había mirado de esa manera, se había sentido mal por él. Deseaba estar con él en esos momentos. Había querido confortarlo después de la muerte de Sirius. Lo había forzado a hablar de ello, pensando que lo haría sentir mejor, y... solo Ron la había detenido.
«Él sabía —pensó Hermione—. No lo entendí en ese momento, pero Ron lo hizo. Él sabía que sólo lo haría sentir peor. No lo regañé por eso, ¿verdad? —se tomó un momento para recordarlo—. ¡Oh, no! —gimió silenciosamente—. Odio cuando él tiene la razón. Ahora voy a tener que disculparme».
Hermione fue liberada de sus pensamientos por el sonido de algo metálico sobre la mesa. Levantó la vista y notó que el profesor Dumbledore estaba parado delante suyo. De dónde había venido, no estaba segura. No se había percatado de que él estaba en el cuarto hasta ese momento.
—Por favor, siéntese Srta. Granger —dijo Dumbledore al ofrecerle una silla para que se sentara.
Sus ojos se movieron hacia la silla, pero no se movió hacia ella. Ignorarlo no fue una decisión consciente porque, a decir verdad, ella no parecía no poder caminar.
Hermione no se había dado cuenta de que sus manos temblaban hasta que alguien le sostuvo una de ellas. Tomada por sorpresa, comenzó a girar para ver quién era cuando la respuesta vino a su mente.
«Es Ron, ¿quién más? —se dijo a sí misma—. Él siempre sabe lo que necesito. Incluso antes de que yo lo sepa».
Sintiéndose más relajada por su cercanía, Hermione miró a Dumbledore nuevamente.
—Lamento que esto sea necesario —dijo Dumbledore compasivamente—. Sé que nada le gustaría más que dejar las últimas horas de su vida atrás, pero me temo que realmente necesito saber exactamente qué sucedió el día de hoy.
Todavía incapaz de hablar, Hermione asintió con la cabeza. Había un aire tranquilizador a su alrededor. Hermione sabía que él la había dejado ir a su propia velocidad. Miró la silla una vez más, pero no quiso sentarse. Tenía la sensación de tener más control si se quedaba de pie. Dumbledore pareció entenderlo y no le pidió que se sentara de nuevo. Algo sobre la mesa le llamó la atención. Algo... brillante. Inmediatamente buscó la fuente de luz, y sus ojos se abrieron asombrados al descubrir un profundo recipiente de piedra.
—¿Estoy en lo correcto si asumo que usted sabe lo que es esto? —preguntó Dumbledore, hundiendo su varita dentro del contenido plateado, revolviéndolo.
—S-sí —replicó Hermione—. Es… un pensadero.
—¿Y sabe como funciona? —inquirió él.
—Sí —contestó suavemente.
—¡Genial! —dijo Ron detrás de ella mientras se adelantaba para mirar más de cerca el brillante contenido dentro de la vasija—. ¿Esos son sus pensamientos, profesor? —preguntó a Dumbledore.
—Memorias, Sr. Weasley —le corrigió Dumbledore con una sonrisa—. Y sí, lo son—. Los ojos penetrantes de Dumbledore estudiaron a Ron por un momento y luego lo llamó agitando su mano—. Venga, le mostraré.
Ron miró a Hermione por un instante, como pidiéndole permiso para acercarse, pero su curiosidad pudo más que él. Sin molestarse en soltarle la mano, Ron se acercó a la mesa, arrastrándola a medida que se acercaba. Ambos vieron como Dumbledore colocaba la punta de su varita en su sien y luego tiraba hacia atrás, retirando una sustancia brillante consigo. El hilo plateado se reducía aún más cuando la varita de Dumbledore se alejaba de su sien, y luego se separó completamente de ella y cayó dentro del pensadero.
—No duele, ¿verdad? —preguntó Ron al dejar la mano de Hermione e inconscientemente estirarse para tocar las cicatrices recientes que había adquirido en su brazo. Aunque ya habían sido curadas y lentamente estaban desapareciendo, obviamente no se había olvidado cómo las había obtenido.
—En absoluto —replicó Dumbledore—. Es bastante seguro —le aseguró a Ron mientras le señalaba el pensadero—. Adelante. Mire adentro.
Ron observó el interior de la vasija de piedra y se sorprendió al ver que el contenido plateado se había desvanecido, siendo reemplazado por una imagen. Inclinándose para ver mejor, Ron comprendió que estaba examinado alguna especie de habitación. Un cuarto lleno de magos, todos ellos usando trajes idénticos de color ciruela. Había una silla en el medio de la sala, cuyos apoyabrazos estaban cubiertos de cadenas. Alguien estaba sentado en aquella silla, arrimándose bien al borde, como si no quisiera sentarse en ella. La habitación estaba iluminada con unas pocas antorchas, lo que hizo difícil poder distinguir los rasgos de aquella persona.
—Es el Wizengamot —dijo Ron mientras estudiaba a los magos sentados en los bancos que se elevaban encima de la silla de madera—. ¿No es este el caso que Harry vio cuando… —comenzó Ron—. ¡Demonios! —Se inclinó aún más—. ¡Mira, Hermione! Ese del medio es Fudge y mira quien está sentado a su lado, es…
—Umbridge —terminó ella, en un tono asqueado—. ¡Ron! —dijo Hermione mientras arrugaba su rostro por la repulsión—. ¡Mira la fila delantera, allí, casi al final! ¿Ese no es...?
—¡Percy! —Ron escupió su nombre como si la palabra misma fuera veneno.
—Es… es el juicio de Harry —dijo Hermione acercándo el rostro, incrédula.
—¿Quisieran verlo desde adentro? —preguntó Dumbledore.
—No —dijo Hermione, mientras apartaba la mirada del pensadero y se enderezaba—. Creo que ya vimos suficiente.
Ron miró el recuerdo intrigado por una fracción de segundo más que ella, y luego también se enderezó.
—Sr. Weasley, ¿le gustaría echar un mejor vistazo? —preguntó Dumbledore con un destello en los ojos. Aparentemente, el hecho que Hermione había respondido por los dos pasó desapercibido.
Ron miró rápidamente a Hermione antes de responder.
—No…, eh… Gracias, pero creo que ya sé como termina.
—Muy bien —dijo Dumbledore para después tocar la imagen con la punta de su varita.
En el momento en que lo hizo, la imagen se disolvió y la sustancia plateada y blanca tomó su lugar nuevamente en la vasija.
—Usted va a hacerme lo mismo, ¿verdad? —preguntó Hermione al mirar los ojos penetrantes de Dumbledore.
—Sí —replicó él con la voz calmada y sorpresivamente confortante.
—¿Voy a recordar lo que me pasó después de que haya tomado mi memoria? —preguntó ella.
—Sí y no —contestó Dumbledore—. Recordará que la secuestraron. Recordará cualquiera de las fuertes emociones que ha sentido, como el miedo. Pero no recordará los detalles de lo sucedido.
—¿Cómo un sueño? —preguntó Ron.
—Sí, eso es precisamente lo que sentirá —explicó Dumbledore—. Será como si hubiese despertado de un sueño. Podrá recordar vagamente lo sucedido y como le hizo sentir pero, al poco tiempo, los detalles se perderán y pronto se olvidarán en su totalidad.
—Yo no quiero olvidar —sentenció Hermione, tomando a todos en la cocina por sorpresa. Todos, excepto Dumbledore, a decir verdad. Él la estudió cuidadosamente. Sus ojos azules la miraron tan intensamente que parecían atravezarle el alma, haciendo que ella se moviera incómodamente, pero aún así no bajó la mirada. Fue Dumbledore el que rompió la conexión, sonriente.
—Sospechaba que lo preferiría de ese modo —admitió Dumbledore—. Si es eso lo que realmente desea, le regresaré la memoria en cuanto hayamos terminado —le aseguró.
Hermione pareció estar de acuerdo. En silencio, asintió con la cabeza.
—¿Srta. Granger? —preguntó el profesor Dumbledore—. Por casualidad, usted no ha ninguna lección de Oclumancia con Harry, ¿verdad?
—No, señor —contestó Hermione, claramente no esperaba aquella pregunta en particular—. ¿Por qué?
—Sólo soy curioso. Sin embargo, usted estuvo al tanto de mi presencia en este lugar, ¿o no?
—¿Quiere decir, si pude sentirlo? —preguntó ella—. No, no exactamente.
—Y aún así ha dividido su mente —dijo Dumbledore, mirándola con apreciación.
—¿Disculpe? —dijo Ron—. ¿Ella hizo qué?
—Dividió sus pensamientos —explicó Dumbledore—. En esencia, significa que en vez de expulsarme de su mente, simplemente creó una barrera alrededor de los pensamientos y memorias que no quiso compartir. Eso es equivalente a una pared de ladrillo mental. Sólo que en este caso, la pared estaba reforzada a fuerza de voluntad. Usted es una joven muy... obstinada —dijo Dumbledore al mirar a Hermione una vez más.
—Usted no tiene ni idea —rió Ron.
—Me hubiera tomado un esfuerzo considerable romper esas barreras —continuó Dumbledore—. Seré curioso pero, ¿lo hizo intencionalmente o fue sólo por instinto?
—Ambos —contestó Hermione—. Sabía que usted estaba en mi cabeza, aunque en realidad no podía sentirlo. Y no quería que viera ciertas cosas, así que sólo… bien, en realidad no sé como explicarlo. Sólo traté de apartarlos y los bloquee. Deduje que si yo no podía verlos, usted tampoco sería capaz de hacerlo.
—¿Ha hecho esto antes?
—Sí, lo hago todo el tiempo con… —se detuvo a mitad de la oración percatándose de que ya había dicho demasiado. Hermione se quedó inmóvil—. Em… es que…
—¿Con quién? —presionó Dumbledore.
—Bueno… con… el profesor Snape —admitió ella.
—Maldito imbécil.
Hermione oyó a Ron murmurar por lo bajo.
—Bastante comprensible —Dumbledore rió entre dientes—. Él debe de encontralo… interesante. Pero me refería a si lo había hecho hoy, cuando los Mortífagos la interrogaron.
—S-sí, eso creo —dijo Hermione, recordando—. Sí, definitivamente hubieron cosas que no quise que ellos vieran.
—¿Lograron romper sus barreras?
—Yo… no sé. No estoy segura de si alguno de ellos estaba tratando de entrar en mi mente.
—Hubiera sido capaz de sentirlo —le aseguró Dumbledore—. Si ellos hubieran intentado traspasar sus barreras, por supuesto. Como he dicho, usted es muy… determinada. Incluso aún no estando entrenada, sospecho que hubiese tomado un gran esfuerzo mental lograr ver algo que usted protegía de ellos intencionalmente. Hubiera sido… doloroso.
—Entonces no, no lo hicieron. Aunque sí usaron varias maldiciones imperdonables.
—¿La maldición Cruciatus? —preguntó Dumbledore apenadamente.
—S-sí —dijo Hermione, tratando decididamente no mirar los tensos rostros de los adultos sentados alrededor de la mesa.
—¿Ya había dividido su mente para cuando llegó ese momento? —volvió a preguntar.
—Eso creo.
—¿Y eso qué importa? —preguntó Ron mientras su cara palidecía—. ¡Malditos desgraciados!
—¡Ron! —gritó Hermione mientras lo golpeaba con el codo.
—¡¡Ellos no querían romper ninguna barrera, sólo buscaban hacerte daño!! —dijo Ron echando humo.
—Sí —acordó Dumbledore—. Pero la maldición Cruciatus no fue creada sólo para infligir dolor. Está diseñada para romper el espíritu de sus víctimas. Incluso, en casos extremos, quebrar sus mentes —Dumbledore le explicó a Ron.
«Como lo que le ocurrió a los padres de Neville» —pensó Ron. La imagen mental de Hermione encerrada en St. Mungo junto a Lockhart y los Longbottom era más de lo podía soportar, así que rápidamente alejó esa imagen de su cabeza.
—Dividir la mente es un medio eficaz para resistir tal tortura. Si uno puede separar el núcleo de sí mismo y encerrarlo lejos, se vuelve más fácil soportar la degradación de ser torturado. Además, también permite engañar a sus atacantes. Hecho adecuadamente, pueden llegar a creer erróneamente que han destrozado y aplastado su voluntad de luchar. Creerían que uno ha sido derrotado, cuando en realidad, sólo ha ganando tiempo, esperando la oportunidad apropiada para desatar su propio núcleo y oponerse —explicó Dumbledore.
—¿Tú hiciste todo eso? —le preguntó Ron a Hermione, mirándola con admiración.
—No —respondió ella, ruborizando por la intensa indagación.
—¿Pero sí has dividido tu mente? —preguntó ‘Ojoloco’ Moody.
Hermione se sobresaltó al escuchar aquella voz áspera, casi había olvidado que los demás aún estaban allí.
—Déjenos ver, ¿de acuerdo? —dijo Dumbledore, sosteniendo su varita mágica delante suyo y mirando a Hermione—. Si usted está lista, Srta. Granger, extraeré su memoria.
—Espere —sentenció Hermione retrocediendo unos pasos y tropezando con Ron que estaba parado detrás de ella—. Exactamente, ¿cuánto de ella va a tomar? —cuestionó—. Yo… yo… no quiero que… Em, bueno, es que… he dicho algunas cosas hoy temprano de las que no estoy muy orgullosa y son… bastante privadas, y de verdad no quiero que todos... —echó un vistazo al grupo de adultos sentados alrededor la mesa—... las escuchen.
—¿Se está refiriendo a la pelea de esta tarde con el Sr. Weasley? —inquirió Dumbledore.
—S-sí —admitió Hermione mirándose los pies, claramente avergonzada por la situación.
—No hay necesidad regresar tanto tiempo—le aseguró Dumbledore—. Empezaremos justo después de eso, ¿de acuerdo? Piense en el momento en que tocó el traslador —dijo Dumbledore—. El momento en que lo tocó y todo lo que ocurrió inmediatamente después de eso. Empuje esa memoria adelante de su mente. Véala. Escúchela. Siéntala. Concéntrece en esa memoria —instruyó Dumbledore-. ¿Puedes verla en tu mente? —preguntó—. ¿Puedes sentirla?
Al mirarla, Ron notó que Hermione había cerrado sus ojos y había comenzado a temblar. Estaba a punto de tocarla, cuando Dumbledore lo detuvo negando con la cabeza silenciosamente. Mirándola temeroso, Ron retrocedió unos cuantos pasos y esperó.
—¿Puede verlo, Srta. Granger? —preguntó Dumbledore.
—Sí —afirmó ella, su voz fue poco más que un débil suspiro.
—¿Dónde se encuentra? —preguntó Dumbledore, mientras se acercaba silenciosamente y apuntaba su varita en las sienes de la chica.
—En… en una… una… celda —replicó Hermione—. Una celda… en un cuarto oscuro. Está en un sótano o una mazmorra, no estoy segura. La única salida es una vieja escalera desvencijada. Hay una puerta en lo alto, pero no puedo ver que hay detrás. Está frío, se cuela el viento, y huele a moho… y a algo más; algo que no puedo descifrar.
—Muy bien —dijo Dumbledore en el momento en que apoyó la varita en sus sienes y extrajo el hilo de memoria de su mente. Al romperse la conexión y caer el hilo al pensadero, los contenidos de la vasija se arremolinaron incesantes y luego una imagen comenzó a formarse.
Hermione abrió los ojos y observó la vasija. Halló la total experiencia un poco desconcertante. Al principio no reconoció el oscuro cuarto de piedra. Pero entonces, al estudiarlo, empezó a sentir un extraña sensación de déjà vu. Era como si las imágenes se estuvieran formando en su mente sólo un segundo o dos antes de que aparecieran en el pensadero. Sólo una antorcha alumbraba con una débil y titulante luz. Lo vio en su mente un instante antes de que la imagen saltara a la vida delante de ella. Había una gran jaula en medio de la habitación. Eso también le había parecido vagamente familiar.
Apartando sus ojos de la barras de acero de la celda, Hermione levantó la mirada hacia Dumbledore.
—¿Y ahora qué? —preguntó.
—Observamos —contestó Dumbledore.
—¿Todos ustedes? —preguntó Hermione.
—Si prefiere, lo haré yo solo —dijo Dumbledore, inclinándose hacia delante para hundir su cabeza dentro del pensadero.
—No, ellos deberían verlo —dijo Hermione mirando al grupo de personas reunidas alrededor de la mesa—. También Ron —pidió ella mirando a Dumbledore fijamente—. Quiero que él lo vea. Necesita verlo.
La Sra. Weasley había comenzado a oponerse, pero luego se detuvo. No tenía sentido tratar de proteger a Ron de esto. Hermione se le diría tarde o temprano. Era mejor que lo viese por sí mismo. Con algo de suerte, eso podría ayudar a expulsar algunos de esos impulsos imprudentes que tantas veces lo habían guiado hacia una muerte segura.
Dumbledore miró a los Weasley. Cuando Molly asintió con la cabeza, él se volvió al pensadero y sumegió la cabeza dentro de él.
—No es posible que todos sumerjamos nuestras cabezas dentro de esa cosa —dijo Ron al mirar a los otros levantarse de sus asientos y acercarse al pensadero.
—Todo lo que tienes que hacer es tocar a Dumbledore mientras él esté allí dentro —murmuró Hermione loojos—. Honestamente, Ron, ¿no escuchaste a Harry cuando nos explicó cómo funcionaba?
—Claro que lo escuché. Pero él nunca dijo eso.
—Sí, lo hizo.
—No, no lo hizo.
—Sí, lo hizo —insistió ella—. Nos dijo que tanto el profesor Dumbledore como Snape entraron juntos a la memoria tocándo su brazo.
—No, ellos lo sacaron de allí al haber tocado su brazo —argumentó Ron.
—Sí, pero antes de sacarlo por el brazo habían entrado a la memoria, ¿verdad?
—Ustedes dos son peores que mamá y papá —rió disimuladamente Bill al tocar a Dumbledore—. Deben volver loco al pobre de Harry.
—Claro que no —protestó Ron.
—De hecho, él sí ha dicho que…
—¡Hermione! Ahora no es el momento —interrumpió Ron.
—Está bien, tienes razón —admitió ella—. Vamos, ya todos están mirando. Sólo tócalo —dijo Hermione al alcanzar el hombro de Dumbledore.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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