—¿Tú qué crees? —preguntó Lupin a la Sra. Weasley desde la esquina en la que estaba.
—La pobre muchacha ha pasado por tanto... Tiene miedo.
—¿Y cómo no va a tenerlo? Ellos tenían razón acerca de Bode. Pero... ¿cómo se enteraron de ello?
—¿Cómo es que se enteran de la mitad de las cosas que saben? —preguntó la Sra. Weasley en un tono exasperado.
—Podrías hacer que un sanador viniera a la casa —sugirió Lupin.
—Me sentiría mejor si ella fuera a St. Mungo.
—Molly, ella no irá voluntariamente. No esta noche. Tal vez sea mejor de esta forma. Dumbledore va a querer hacerle algunas preguntas una vez que arregle la situación de sus padres, y probablemente sea mejor que la interrogue aquí. Quizá tú deberías curarle las costillas y acostarla en una cama hasta que...
—¿Qué tal si dejó alguna parte atrás?
—No lo creo . Es demasiado inteligente, por suerte. Francamente, las cosas que esa muchacha puede hacer cuando se lo propone son... bueno, son asombrosas. ¿Sabías que —rió silenciosamente—, descubrió que Rita Skeeter era un animago no registrado, luego la atrapó en una jarra y la mantuvo prisionera para evitar que escribiera más mentiras sobre Harry?
—¡NO! —exclamó incrédula la Sra. Weasley.
—Oh sí — acotó Lupin—. Harry se lo dijo a Sirius, quien estaba muy impresionado, claro está. ¿Quién habría pensado que la dulce, pequeña Hermione podría llegar a ser tan... despiadada?
—Pero... ¿estás seguro de que Skeeter no sigue en aquella jarra? —preguntó la Sra. Weasley, horrorizada por la idea.
—Oh no, ella la dejó ir apenas terminaron las clases. Pero no antes de chantajearla para... bueno, tú viste la historia que Skeeter escribió sobre Harry hace unos meses en el Quisquilloso. Para citar a Sirius, ella es "la portavoz de Hermione" ahora.
La furtiva conversación entre los dos fue interrumpida cuando Alastor Moody apareció inesperadamente dentro de la cocina y apuntó su varita hacia Hermione.
—¿Por qué te negaste a ir al hospital? —ladró Moody el mismo instante en que se materializó.
Tanto Ron como Hermione levantaron la vista hacia Ojoloco, con sus bocas abiertas por el asombro, pero ninguno de ellos le respondió.
—¿Cómo escapaste? —demandó Moody.
—Aleje esa cosa de su cara —dijo Ron, levantándose de su silla para dar la vuelta y pararse delante de Hermione .
—Yo... yo me aparecí —contestó ella, temblando.
—¡Ajá! —gritó Moody como si la hubiera descubierto en una mentira—. Las brujas de quince años no pueden aparecerse.
—Y los magos de quince años tampoco pueden producir un patronus corpóreo —replicó Hermione, recuperando el fuego en sus ojos.
Ron pudo ver como un lado de la boca de Moody se contraía. Era una sonrisa, o una mueca de desprecio. No estaba seguro qué era, en realidad.
—Alastor, suficiente —interrumpió la Sra. Weasley al cruzar la cocina.
—Ella podría ser un impostor usando la poción Multijugos —le contestó Moody, aunque sus ojos nunca se apartaron de los de Hermione.
—Esto ya fue demasiado —recriminó Ron enfurecido—. En especial cuando lo dice de un hombre que pasó gran parte de un año encerrado dentro de su maldito baúl. Hermione no es...
—¡RON! —lo regañó la Sra. Weasley.
—¿Por qué se rehusó a ser examinada, entonces? —demandó Moody.
—Ron —dijo la Sra. Weasley calmadamente, ignorando la pregunta de Ojoloco—. ¿Por qué no llevas a Hermione al cuarto de Percy y la dejas descansar?
—Esa muchacha no irá a ningún sitio hasta que yo obtenga algunas respuestas —gruñó Moody—. ¿Cómo lo hiciste?- le preguntó a Hermione.
—¿Hacer qué? —replicó ella, estrechando sus ojos como si él tratara de guiarla hacia una trampa.
—¿Cómo lograste aparecerte?
—Lo leí en...
—No quiero saber cómo aprendiste a hacerlo. Quiero que expliques cómo lograste hacerlo.
—Oh, bueno... cerré mis ojos y me concentré en quién yo quería...
—¿Quién? —preguntó Moody impaciente.
—Ron —indicó Hermione, creyendo que él le preguntaba en quién ella había pensado.
—¿Te concentraste en Ron?- preguntó Lupin, claramente desconcertado—. ¿No... en la Madriguera o el cuarto de Ron?
—Sí —rectificó Hermione insegura.
—¿Qué? —preguntó Ron, mirando todos los tensos rostros que tenía a su alrededor.
—La aparición usualmente no funciona de esa manera —le explicó Lupin a Ron—. En general, te concentras en el lugar al que quieres llegar. Lo visualizas.
—Yo no sabía dónde él estaba —dijo Hermione defensivamente—. Por eso sólo pensé en él.
—Y funcionó, ¿no es así? —gruñó Moody, estudiándola detalladamente con su ojo mágico.
—Pues, obviamente —replicó Hermione irritada—. Estoy aquí, ¿verdad?
—¡Esto es ridículo! —resopló Ron—. Vamos —dijo ofreciéndole una mano a Hermione para ayudarla a levantarse—. No tienes por qué seguir oyendo esta basura.
—Ella no va a ir a ningún sitio —exclamó Moody.
—Yo no soy un Mortífago —declaró Hermione rotundamente al mirar el rostro torcido de Ojoloco—. Pero ya que no cree en mí, está más que bienvenido en coger una silla y continuar observándome durante la próxima hora.
—Eso es justamente lo que estaba planeando, señorita —replicó Moody.
—No seas absurdo —intervino Lupin—. Hay maneras más fáciles de demostrar quién es. Hermione —dijo él, arrodillándose delante de ella—. ¿Cómo hizo Sirius para escapar de Hogwarts?
Hermione abrió exageradamente los ojos debido al asombro. Miró a Ron, insegura por un minuto y entonces tornó su mirada hacia la Sra. Weasley—. Mmm... —dijo mordiéndose el labio nerviosamente.
—No lo sabe —exclamó Moody con una voz ronca y triunfante.
—¡Por supuesto que lo sé! —replicó Hermione dejando caer su mirada en la Sra. Weasley otra vez. Suspiró y luego guió su mirada hacia los ojos de Lupin—. Harry y yo usamos mi giratiempo para retrocederlo y rescatarlo.
Su rostro se sonrojó al contestar la pregunta y eludió la mirada penetrante de la Sra. Weasley.
—¿Y cómo lo sacaste de la oficina de la Profesora Trelawney? —inquirió Lupin, perspicaz.
—Nosotros..., nosotros liberamos a Buckbeak debajo de las narices del Ministro justo antes de su ejecución, nos escondimos en el Bosque Prohibido, esperando a que nosotros mismos emergiéramos de la Casa de los Gritos contigo y los demás, y entonces volamos encima de Buckbeak hacia la ventana de la oficina del profesor Flitwick y...
—¿Satisfecho? —preguntó Lupin a Moody, interrumpiendo a la chica.
—¿Lo estás tú? —contestó él.
—Eso fue exactamente lo que sucedió —dijo Remus.
Para el asombro de todos, Moody comenzó a reírse.
—¿Un giratiempo? —dijo sin dejar de reír—. ¿Cómo es que una... —hizo la cuenta rápidamente en su cabeza—... bruja de trece años consiguió apoderarse de uno de esos? —preguntó mientras continuaba estudiando a Hermione.
—Se lo dio McGonagall —declaró Ron como si fuera la cosa más obvia del mundo.
—¿McGonagall? —Moody gritó fuertemente.
Ron frunció su rostro al mirar a los ojos de Hermione. Era como si ella pudiera leer las palabras que se acababan de formar en su mente. "Está loco".
—¿McGonagall? Contribuyendo a la... —continuó Ojoloco mientras soltaba otra carcajada—... a la delincuencia de un menor. No... de tres menores, porque cuando uno de ellos rompe las leyes, los otros dos...
—Oye, espera un minuto —gritó Ron, aventurándose a mirar a su madre, quien seguía sin decir ni una sola palabra—. Yo no hice nada. Estaba en el hospital cuando... y... todo fue idea de Dumbledore.
—¡JAAAA-JAAAA! —Moody se dobló de risa y se aferró a su estómago—. Espera..., espera... ¡Idea de Dumbledore!
—Fue un plan precipitado —admitió Albus Dumbledore al caminar a través de la puerta trasera y entrar a la cocina, seguido muy de cerca por Arthur y Bill Weasley—. Pero efectivo, claro está. Ahora, asumiendo que usted ha terminado de interrogar a la Srta. Granger —dijo Dumbledore, mirando deliberadamente a Ojoloco Moody —, ¿puede que le permita a Molly llevarla a algún sitio más privado para que atienda sus heridas?
—Profesor Dumbledore —comenzó Hermione—, ¿y mis padres?
—Están a salvo —le aseguró—. Estaban preocupados por ti, por supuesto, pero ellos confían en que los Weasleys te cuidarán muy bien. Debo decir, estuve sorprendido por cuán poco sabían ellos acerca de los... eventos recientes.
Incapaz de mirar a los ojos de Dumbledore, Hermione dejó caer su mirada al piso.
—Son Muggles —dijo ella silenciosamente—. Realmente no podrían comprender y yo no quería preocuparlos.
—Yo les he explicado la situación lo mejor que he podido —acotó el Sr. Weasley—. Aunque ellos están preocupados, y con buena razón, estuvieron de acuerdo en que probablemente sea mejor si pasas el resto del verano aquí, con nosotros.
—Molly —dijo Dumbledore—, ¿le importaría curar las heridas de Hermione?
—Sí, sí, por supuesto —replicó la Sra. Weasley al caminar hacia Hermione y ayudarla a levantarse de la silla.
Sin querer alejar a Hermione de su vista pero inseguro de tener permitido acompañarlas, Ron miró a su madre.
—Ron, querido —dijo la Sra. Weasley haciéndole un gesto para que las siguiera fuera de la cocina—. Ve a buscar a Ginny por mí y dile que necesito su ayuda. Pregúntale si puede preparar un baño de agua caliente y que encuentre algo con lo que Hermione pueda vestirse —instruyó su madre mientras guiaba a Hermione fuera de la puerta y dentro del estrecho vestíbulo que daba a la escalera.
—Es-está bien —replicó Ron, cuando volteó y salió corriendo delante de ellas.
—¿Ron?- su madre añadió, después de que él había comenzado a subir la escalera de caracol.
—¿Si? —preguntó, inclinándose sobre la barandilla del segundo piso y mirando abajo hacia ellas.
—Después de que hayas hecho lo que te pedí, vuelve. Voy a necesitar que me ayudes a subirla al baño.
—Puedo hacerlo yo sola —dijo Hermione, agarrando el pasamanos del primer piso para apoyarse y empujarse a sí misma para dar los primeros pasos. Antes de que alcanzara el cuarto, Ron estaba parado en frente de ella, bloqueando su subida.
—Deja de ser tan cabeza hueca —le dijo Ron en un tono imperativo.
Hermione arqueó sus cejas.
—Apártate de mi camino —respondió ella bruscamente.
«De acuerdo, la confrontación no funcionó —pensó Ron—. Ya es tiempo de probar una nueva táctica».
—Hermione —dijo él con voz suave y calma cuando extendió su brazo para tomar sus manos entre las suyas—. Ya sé que puedes escalar las escaleras por ti misma, pero aceptar una pequeña ayuda no te vuelve débil. Por favor —dijo, su cara expresaba una genuina preocupación—. Déjame ayudarte.
El fuego desafiante de sus ojos almendrados se extinguió casi instantáneamente.
«Lo hice» —pensó al notar cómo su cuerpo se relajaba.
—De acuerdo —suspiró Hermione—. Esperaré.
Ron no podía ocultar su alegría y le sonrió.
«Realmente funcionó. Hice que ella hiciera lo que yo deseaba sin pelear».
—Pero —añadió Hermione con una sonrisa pícara cuando él se viró para seguir las instrucciones de su madre—. Será mejor que te acuerdes de lo que me acabas de decir, porque la próxima vez que estés en problemas, voy a lanzártelo sin ningún remordimiento en la cara.
«¿Cómo es que siempre logra quedarse con la última palabra?» —se preguntó Ron mientras seguía subiendo los escalones que conducían al dormitorio de su hermana.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
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