Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 11: Que no se entere Harry

Los siguientes veinte minutos se volvieron borrosos y confusos para Hermione. Lo que había comenzado como tierno y suave rápidamente estalló un frenesí de besos apasionados que, literalmente, la dejaron sintiéndose débil y sin aliento. Era como si un simple roce suyo, su propia presencia, fuese de algún modo... mágica. Esa era la única palabra que podía usar para explicar cómo él la hacía sentir. La había hechizado. Hermione se asustó al descubrir que de alguna manera Ron tenía la habilidad de esfumar todo pensamiento racional de su mente cuando se lo proponía. Y al mismo tiempo sabía que él estaba tan perdido en todos aquellos sentimientos como lo estaba ella. El mundo a su alrededor podría haberse destruido en ese preciso instante que a ninguno de los dos les habría importado, ni siquiera se hubieran dado cuenta. No importaba. Nada más importaba. Ella tenía todo lo que necesitaba justo allí. Mientras que pudiera sentir su sólido cuerpo presionando el suyo, mientras continuara sintiendo sus fuertes manos recorriendo su cuerpo, mientras que él permaneciera esfumando toda razón de su mente con aquellos fervientes besos, nada más importaba.

En algún punto mientras los besos lascivos seguían su curso, Hermione se dio cuenta de que se encontraba encima de Ron, lo cual era extraño ya que ella no podía recordar cómo fue que había terminado allí ni cuánto tiempo habían estado de esa manera. Fue la sensación de su mano deslizándose por el reverso de su muslo codiciando peligrosamente su parte trasera lo que sacó a su mente del abismo. Sólo tuvo tiempo para registrar el hecho que la única cosa que prevenía el contacto piel a piel que tan desesperadamente deseaba, era la tela delgada de sus bragas, cuando sintió su mundo girar por completo. Inesperadamente, Hermione se encontró recostada de espaldas, sujetada firmemente contra el colchón por el peso del cuerpo de Ron al presionar sobre ella y besarla con toda la fuerza de la que era capaz. Ella podía sentir la pasión y la necesidad suplicando en cada beso. El cuerpo de Ron estaba, literalmente, temblando de ello.

Incapaz de contenerse, ella gimió suavemente en su boca. Hermione sintió a Ron deslizar su lengua por el labio inferior de ella antes de separarse y emerger para tomar el aire tan necesitado.

Respirando agitadamente, su corazón golpeaba en su pecho con cada bombeo como si hubiera pasado esa media hora corriendo en el Bosque Prohibido en vez de recostada en una cama. Hermione se forzó a abrir los ojos. Cuando la habitación y el atractivo pelirrojo que aún seguía yaciendo encima de ella fueron analizados, Hermione reflexivamente pasó el reverso de su mano a través de su boca.

—¿Estuvo... bien? —Ron preguntó algo preocupado después de presenciar tal reacción a sus besos. Hasta ese momento, él había estado inmensamente feliz, pero ahora... trataba desesperadamente de no interpretar lo que acababa de verle hacer como un signo de repugnancia.

—Sí, fue... agradable —Hermione le aseguró con una sonrisa muy cálida y sincera—. Sólo un poco más... mojado de lo que esperaba —rió.

«¿Agradable? —Ron se quejó internamente —¿Sólo fue... agradable? Yo pensé que estuvo endemoniadamente fantástico y ella sólo pensó que fue agradable. Por lo menos no me rechazó. Supongo que eso es algo, de todos modos».

—Mmm —Hermione gimió suavemente al dejar caer su cabeza en la almohada. Sus ojos se fijaron soñadoramente en el aire que rodeaba la habitación mientras trataba y fallaba en suprimir su sonrisa—. La verdad es que fue mucho más que agradable... fue... —vaciló por un momento, siendo incapaz de encontrar la palabra exacta para explicar cómo Ron la había hecho sentir—. Me dejas sin poder respirar —admitió ella mientras sus ojos brillantes buscaban los suyos y titilaban con la luz de la luna reflejada—. ¿Deberíamos intentarlo otra vez?—preguntó ella, tomándolo de la camisa y atrayéndole el rostro hacia el suyo.

Ron no pudo menos que sonreír débilmente por la impaciencia de ella. El entusiasmo con el que lo besó curó instantáneamente su ego recientemente magullado. Esta vez fue Hermione la que profundizó el beso primero. Parecía que ella aprendía rápidamente, lo cual no debía haber sido ninguna sorpresa para Ron si hubiese sido capaz de pensar claramente en ese momento. Pero como no podía, se desconcertó levemente al sentirla presionar su lengua en su boca imitando los movimientos que él había realizado unos minutos atrás. Él gimió suavemente al sentir sus labios comprimiendo los suyos para alejarse después, provocándolo.

«Esto es endemoniadamente brillante» —pensó él, deseando que jamás se terminara.

Mientras se besaban vorazmente el uno al otro, Hermione dejó resbalar una de sus manos por debajo de la camisa de Ron y empezó a deslizar levemente sus dedos por su espina dorsal. Encontró extremadamente excitante la sensación de sentir los músculos en su espalda tensarse instintivamente al tocarlos. El simple conocimiento de que él tenía músculos era excitante, pero sentirlos; sentir cuán duros y fuertes eran; cuán diferentes eran sus cuerpos, era embriagador. Sin saber por qué, rasgó ligeramente la piel de su espalda con sus uñas.

Ron jadeó fuertemente y sintió su cuerpo entero estremecerse por el inesperado placer que sintió. Le pareció increíble cuán sensible era a sus caricias. Si reaccionaba tan fervientemente a una caricia suave en la espalda, se preguntó silenciosamente cuánto placer sentiría si ella lo tocara en otras partes; cuánto placer sentiría si ellos... continuaran hasta el último nivel. Deseaba con todas sus fuerzas sentir la piel de Hermione contra la suya, sentir su calor, sentir su cuerpo recubrir el suyo mientras se volvían uno y se deleitaban juntos de satisfacción.

«Pero... eso no puede ser —se recordó a sí mismo por centésima vez. Aunque lo deseaba, desesperadamente. Pero sabía que era demasiado pronto. Todo estaba pasando demasiado rápido. De alguna manera, esto estaba girando fuera de control y Ron sabía que tenía que regresar a la realidad—. Es Hermione —se repetió a medida que continuaba besándola—. Esto no es un sueño dónde puedes actuar como un asqueroso degenerado y hacerle todo lo que se te dé la gana sin medir las concecuencias. Esto es real... —Y en el mundo real él iba a poner las necesidades de Hermione por encima de las suyas, incluso si esto terminara matándolo—. Ella merece mucho más que esto —se dijo a sí mismo—. No es que se esté oponiendo, pero... sólo asegúrate de no darle ninguna razón para que lo haga».

«Es sólo una sesión apasionada de besos —se dijo a sí mismo en un intento de justificar el hecho de que aún no había finalizado el beso—. No estamos haciendo nada malo» —pensó mientras deslizaba sus manos suavemente arriba y abajo a ambos lados de su cuerpo. Ron pudo sentir aquellos senos escapar hacia los lados cuando el peso de su propio torso los presionó desde arriba. Mientras rozaba ligeramente sus dedos hacia atrás y adelante sobre la fina tela de su remera, Ron tuvo que luchar contra el impulso de llevar sus dedos por debajo de la misma y sentir sus suaves curvas con las yemas de sus dedos.

Ron oyó a Hermione gemir delicadamente de desilusión cuando alejó sus labios de los de ella, pero enseguida los posó sobre su mejilla y procedió a besarla, trazando un camino hacia su cuello. Cuando alcanzó el lugar correcto debajo del lóbulo de su oreja, Hermione jadeó fuertemente y él sintió su cuerpo temblar bajo de sí.

—Mmm, se siente increíble —gimió Hermione de una forma tan sensual que logró estremecerle toda la piel. Rápidamente Ron hizo una nota mental para recordar ese punto, para así volver a él una vez que haya acabado con sus exploraciones. Ahora mismo sólo quería continuar el viaje para descubrir como su boca y manos podrían recorrer el cuerpo de ella abajo del suyo. Quería memorizar cada centímetro; no podía esperar por descubrir qué otras áreas sensibles permanecían esperando ser reclamadas por sus labios o cuántos otros sonidos eróticos él podía incitarla a producir. Con un último beso, Ron alejó sus labios de su cuello y deslizó la remera que ella usaba hacia un lado para exponer la piel desnuda de su hombro. Estaba a punto de satisfacerlo con los mismos besos tiernos cuando Hermione, inesperadamente, gritó un nombre y Ron se horrorizó al darse cuenta que no era el suyo.

—¡HARRY!

—¡¿QUÉ?! —gritó Ron cuando se enderezó precipitadamente y se apartó de ella tan rápidamente que casi se cae de la cama.

—Me… me olvidé completamente de Harry —tartamudeó Hermione con los ojos abiertos de par en par por la impresión—. No puedo creer que me olvidé de escribirle a Harry. Debe estar volviéndose loco, encerrado en ese lugar sin tener ninguna idea de lo que está pasando.

—Ah… ¿era eso? —dijo Ron ablandando un poco su ceño fruncido debido a la furia, pero era obvio que todavía estaba extremadamente irritado.

—Sí, eso. ¿Qué creíste que yo…? —comenzó ella a preguntar.

—Por lo general, si gritas el nombre de otro sujeto mientras te están besando, sólo significa una cosa —interrumpió Ron, enfurecido.

—No estarás hablando en serio, ¿verdad? —preguntó Hermione con incredulidad—. «No puede ser que crea eso, ¿o sí?».

—Nunca has gritado mi nombre —contestó él lamentándose.

—Sí que lo he hecho —replicó Hermione sin pensar—. Sólo que nunca me has oído.

Le llevó un momento darse cuenta de que había dicho aquellas palabras en voz alta. Se iluminó en cuanto observó que el resentimiento enfadado desaparecía de sus ojos, sólo para ser remplazado por una multitud de otras emociones, todas luchando por tomar el control. Primero, sorpresa, mientras sus ojos se abrían inmediatamente por la impresión. Luego, placer, que él rápidamente intentó ocultar. Durante un momento vaciló en la vergüenza, y finalmente sus ojos se oscurecieron de un azul intensamente profundo. Hermione sintió cómo su rostro se sonrojaba al mirar sus ojos arder sin llamas y prender fuego. Sabía que esta vez no tenía nada que ver con la furia. Lo que vio fue lujuria pura y auténtica enfocada completamente en ella. El calor de su cara se volvió tan intenso que tuvo la certeza de que debía estar tan rojo como el pelo de Ron.

«¡Oh, no! —se quejó internamente, mortificada por lo que acababa de admitir—. No puedo creer que le haya contado eso a él».

«¡Demonios!» —pensó Ron cuando se dio cuenta de que estaba peligrosamente a punto de abalanzarse sobre su mejor amiga como una bestia hambrienta y consumirla hasta que la oyera gritar su nombre en primer lugar. Pero él sabía que no se dentendría allí. Escuchar sus gritos ahogados y oírle jadear su nombre con tanto placer sólo lo instigaría aún más. No sería capaz de detenerse hasta que encontrara la forma de saciar el hambre que le quemaba todas las entrañas; no se dentendría sino hasta que él también gimiera de placer y gritara gozando el nombre de ella al llegar a su objetivo.

Sin poder confiar en sí mismo, Ron se alejó aún más dando un gemido ronco. Echó un vistazo rápidamente abajo para asegurarse de que todavía estaba envuelto en el edredón, de modo que Hermione no pudiera ver el efecto que sus palabras tenían sobre su cuerpo. Sintió muchísima vergüenza al descubrir que ni el cubrecama era suficiente para esconder cuán excitado estaba; al menos no de la forma en que estaba sentado. Trató de reprimir un gemido cuando se arrojó al pie de la cama y volvió a cubrirse rápidamente con el edredón.

—Ya le escribí —dijo Ron, tratando de actuar lo más normal posible—. Mientras estabas en el baño. «¡Mierda! —pensó cuando las imágenes de su cuerpo desnudo en una tina llena de agua caliente inundaron su mente—. Este no es momento para pensar en cosas como esas. Tienes que deshacerte de esto antes de que ella lo note. Y lo va a notar, porque no puedes hacer ni un maldito movimiento sin gemir. Piensa en algo asqueroso. Snape... Snape besuqueándose con McGonagall. ¡No es lo suficientemente perturbador! Snape besuquándose con Hagrid... ¡Puaj! No, no, eso es demasiado repulsivo».

—¿Ron, me escuchaste? —preguntó Hermione en voz alta.

—¿Qué? Oh... Lo siento, mi mente colapsó por un momento. ¿Qué decías? —replicó él.

—¿Qué le dijiste?

—Le dije que estabas bien —informó Ron—. Que mamá te estaba curando... «Eso es, sigue con el truco» —admitió él, mientras las imágenes de las cosas que había visto en el pensadero inundaban su mente—. Que... eh... que Dumbledore iba a hablar contigo después de que te recuperaras. Y que le escribirás mañana.

—¿Qué le dijiste acerca de nosotros?

—¿Nosotros? «¿Acaba de estrechar sus ojos? ¡Ups!, creo que estoy en problemas. ¡Haz algo! ¡Rápido! Antes de que lo arruines todo» Bueno... es que... por favor, no vayas a pensar cualquier cosa, Hermione —dijo Ron enderezándose completamente para que cuando ella comenzara a gritarle no quedara a su merced—. Yo... no le dije nada, ¡pero no es lo que estás pensando!

—¿Y qué es lo que estoy pensando? —exigió Hermione.

—Que esto no significa nada para mí o que estoy demasiado avergonzado como para mencionárselo, o cualquier otra conclusión irracional que hacen las mujeres.

—¿Soy irracional? —preguntó ella tranquilamente.

—¡NO! —gritó Ron—. ¡Eso no fue lo que quise decir! «¡IMBÉCIL!»... Realmente lo arruiné todo, ¿verdad?

—No, no lo hiciste —contestó Hermione cuando se inclinó y lo besó dulcemente, tomándolo enteramente por sorpresa—. ¿Por qué mejor no me dices por qué no le contaste nada? Así no tengo que hacer ninguna "conclusión irracional".

—Sólo creo que este no es el momento, es todo —dijo Ron al mirarla con cautela, esperando que se enfadara.

—Ajá, ¿y entonces?

—¿Entonces, qué?

—¿Cuándo será el momento? ¿Hay alguno? Sinceramente —preguntó Hermione, mirándolo fijamente a los ojos—, ¿planeas decirle en alguna ocasión?

—Eh... seguro. «Algún día».

—¿Ron? —Hermione preguntó cuando extendió su mano en busca de la de él—. No tienes... miedo de que Harry lo tome a mal, ¿verdad? Es decir, ¿estás preocupado de que reaccione como... como tú lo harías si... Ginny estuviera con… bueno, con alguien?

—Emm... sí, ese es uno de los motivos —confesó él.

—¿No crees que Harry estaría feliz por nosotros?

—Probablemente, una vez que se calmara un poco.

—Harry no es así. Él no va a...

—Oh, sí que irá —declaró Ron definitivamente—. Puede que no reaccione tan exageradamente como yo si averiguara que estás viéndote con alguien, pero reaccionará. Créeme.

—Hasta ahora, te lo has tomado extraordinariamente bien —se burló Hermione.

—Sabes a lo que me refiero—se quejó Ron.

—Sí, lo sé —confesó ella—. ¿Entonces crees que Harry se enfadará?

—No lo creo. Lo sé. Tú recuerdas lo enojado que estaba con nosotros el verano pasado. Este año será mucho peor. Él sólo está…

—... preocupado por mí —Hermione terminó la frase por él.

—Sí, eso también —admitió Ron.

—¿Preocupado por tus intenciones?

—No. Harry sabe que me gustas desde hace tiempo. No es por eso.

—De seguro no piensas que… —cuestionó ella estudiando su expresión—, que Harry estaría… celoso «¡Oh, Merlín! —pensó Hermione al verle una mueca—. Lo piensa».

—En realidad… él va a estar celoso. No del mismo modo en que yo lo estaría, creo. Sólo celoso en general. Tú sabes, de que estemos… juntos. No juntos en el mismo lugar, sino realmente juntos. Celoso de que tengamos a alguien… especial y él no. Celoso de que estemos felices cuando él esté deprimido, y…

—… solo —volvió a terminar la frase.

—Exactamente. Él no está en una muy buena situación ahora mismo, con la muerte de Sirius y encerrado con aquellos horribles muggles durante el verano… Podría estar igual en una prisión. Va a tomar lo que te pasó con resentimiento, Hermione. Sabes que lo hará. Se va a culpar a sí mismo.

—¿Y piensas que nos apartará de él aún más? —preguntó ella—. Admito que he estado más que un poco preocupada por esto, pero nosotros no debemos permitir que se aleje.

—Pero, si se entera de nosotros... de esto... tendrá la excusa perfecta. Fingirá que es porque se siente demás. Se apartará de nosotros y le echará la culpa a nuestra relac... a esto. Y terminará resentido con nosotros dos.

—Está bien —dijo Hermione, recostándose nuevamente con un suspiro.

—Espera un momento. ¿No vas discutir conmigo? ¿No vas a decirme que se le pasará? ¿O que se resentirá aún más por escondérselo? ¿O que él...?

—No —contestó Hermione. Ron la miró, completamente desconcertado por su respuesta—. Llegué a esta conclusión esta tarde en la cocina —explicó ella—. Me di cuenta de que necesito escucharte más.

Ron no estaba seguro de haberla escuchado bien.

«¿Acaba de decir que me va a escuchar más?» —pensó él mientras la miraba con los ojos exageradamente abiertos y llenos de incredulidad.

—Especialmente cuando se trate de Harry —continuó Hermione—. Tenías razón sobre de Sirius. Supiste lo que Harry necesitaba, yo no. Me detuviste cuando intenté forzarlo a hablar de ello y él no estaba listo. Sabías que sólo lo haría sentirse peor. Estoy segura de que esta vez también tienes la razón. Si crees que será mejor no decírselo, entonces no se lo diremos.

—¿En serio? —preguntó Ron, todavía incapaz de creerle.

—En serio —le aseguró Hermione—. Aunque…no veo cómo podremos ocultárselo una vez que llegue aquí. Es decir, Fred y George no pararán de molestarnos. Al contrario, se pondrán peor.

—Malditos idiotas.

—Y estoy segura de que Ginny se dará cuenta demasiado rápido, si es que aún no lo ha hecho. Alguien debería decirle.

—Tú hablas con Ginny. Yo hablaré con Fred y George —sugirió él—. Me lo harán muy difícil, pero una vez que entiendan que es por no dañar a Harry… estoy seguro de que guardarán el secreto. Si eso no funciona, seguiré tu ejemplo y los amenazaré.

—¿Con qué?

—Oh, tú sabes, lo usual. Los amenazaré con decirle a mamá sobre los nuevos productos que están creando y que, como ahora que no tienen estudiantes de primer año, están queriendo probarlos en Ginny.

—Eso no es verdad, ¿o sí?

—Bueno, sí le pidieron a Ginny que los ayudara, pero ella no es tonta.

—¿Piensas que funcione?

—Eso creo. Definitivamente no quisieron que mamá supiera que experimentaban todos sus sortilegios en estudiantes de años inferiores. Ella se enfurecería como nunca y probablemente terminaría persiguiéndolos alrededor de la tienda de bromas como una fiera —rió Ron.

—¿Y qué de tus padres, Bill y el profesor Lupin? Incluso Ojoloco podría contárselo. Todos lo saben. Admití lo que siento por ti en la memoria, podrían arruinarlo todo

—No lo harán. Ellos no dirán nada —replicó Ron—. Pero por si acaso, hablaré con Bill y tú puedes hablar con Lupin y Moody.

—¿Por qué me toca Moody a mí?

—Porque le agradas —contestó Ron riéndose—. Lo descubrí hace unas horas, cuando intentó intimidarte y tú le contestaste descaradamente. Creo que te respeta por eso.

—Oh, cállate —chasqueó Hermione—. No quiero hablar más de eso —dijo ella, mirando a Ron y haciéndole señales con la punta de su dedo índice para que se le acercara.

—¿Y que es lo que quieres hacer? —preguntó él escabulléndose en la cama para acostarse a su lado.

—Eso depende —replicó ella, dándose la vuelta para afrontralo.

—¿De qué?

—Dijiste que estábamos…"viéndonos".

—Em… sí, creo que dije eso, ¿verdad? —admitió Ron.

—¿Quisiste decir exclusivamente, o que sólo estamos pasándola bien?

—¿Tú que crees?

—Creo que eres demasiado cobarde como para preguntármelo adecuadamente —replicó Hermione.

—¿Cobarde? Si sólo te he dicho que te amo… ¡tres malditas veces, por ahora!

—No insultes cuando me dices que me amas —regañó Hermione, pero no podía dejar de sonreír al decirlo—. Y yo también te amo, así que lo haré. Ron, ¿quieres…

—¡NO TE ATREVAS! —gruñó Ron, tirándosele encima y callándola con un beso—. Me dijiste lo que sentías por mí primero. Ahora es mi turno. Pero… no lo haré ahora que me incitaste a hacerlo. Lo haré a mi manera, en el momento adecuado, para que sepas que lo digo porque realmente lo siento.

—Nunca vas a preguntarme, ¿cierto? —Hermione soltó una risita antes de cubrirle los labios con los suyos.

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