Después de entrometerse en el cuarto de Harry, su tío enseguida sacó una libreta de papel amarillo a rayas y exigió que Harry le escribiera a "los raros" antes de que más "sinvergüenzas" o "canallas" se aparecieran en su umbral. Fue entonces que Harry se dio cuenta de por qué su tío Vernon había invadido su santuario. Había pasado más de tres días sin contactar a nadie de la Orden y ellos habían enviado a alguien para ver si estaba todo bien. Quienquiera que haya sido, probablemente había amenazado en volver si no sabían algo de él por la mañana.
Por un segundo o dos, Harry estuvo tentado a no hacer nada, sólo para ver lo que pasaría. Si sus amigos creían que lo estaban maltratando, si pensaran que los Dursley lo habían aprisionado nuevamente, quizá intentarían rescatarlo. Hasta incluso podría largarse de allí. Pero entonces comprendió que no tenía otro lugar adónde ir. No podía ir a La Madriguera. Ron y su familia ya no se encontraban allí. Todos sus amigos estaban viviendo en la casa de Sirius y ese era el último lugar en donde querría estar. Preferiría quedarse con los Dursley a estar encerrado en la casa de su padrino. Sería demasiado doloroso. Vería a Sirius por todos lados. Pero él no estaría allí. Sirius ya no estaba en ningún lugar. Se había ido; y según Harry, todo era culpa suya.
Eso resolvió el asunto rápidamente. Sin decir una palabra, Harry agarró la libreta y el bolígrafo de la mano de su tío. "Estoy bien", garabateó, luego arrancó el papel de la libreta, lo plegó y se lo dio a Hedwig.
—No me importa a quién se lo entregues —le instruyó a su lechuza, abriendo la ventana y sosteniendo las cortinas para que ella pudiera salir—. Dáselo a Ron o cualquiera que encuentres. No importa quién sea.
Con su mensaje enviado, Harry se arrojó a su cama y continuó mirando al techo. No cambió casi nada en los días siguientes. Hedwig había regresado, cargada con un paquete y dos tarjetas de cumpleaños; una de Ron y otra de Hermione, ninguna de las cuales se molestó en abrir. Éstas descansaban lado a lado sobre su escritorio, junto al regalo sin abrir. Ya las leería tarde o temprano. No irían a ninguna parte. Esperaría hasta estar hambriento para ver lo que había en la caja. Conociendo a Ron, probablemente era algo con chocolate.
Pero él no estaba hambriendo en ese momento. De hecho, no había tenido apetito en días. Comía lo que su tía le empujaba por la gatera en la parte inferior de la puerta de su dormitorio, pero no lo saboreaba. Podía haber sido cartón por el sabor que tenía.
—¡MUCHACHO! —El sonido de su tío Vernon gritándole desde el pié de las escaleras regresó a Harry a la realidad.
«¿Ahora qué?» —pensó Harry con la vista en la puerta al levantarse de la cama, ofendido. Él no había hecho nada. ¿Por qué no lo dejaban en paz?
—¡BAJA AHORA MISMO!
—¿Qué quieres? —preguntó Harry al descender las escaleras a regañadientes—. No he hecho nada. No he salido de mi cuarto. No te estoy molestando. De hecho, estoy haciendo exactamente lo que quieres. Pretendo que no existo.
El Sr. Dursley esperó hasta que Harry llegara al pie de las escaleras antes de hablar.
—Vete —dijo él, empujando al adolescente boquiabierto afuera de la puerta principal.
—¿Qué?
—Será mejor que primero te pongas unos zapatos —dijo la Sra. Figg, mirando las medias disparejas de Harry—. Y peina tu cabello mientras tanto —añadió ella, empujándolo adentro de la casa de nuevo.
—¿Alguien me puede decir qué está pasando? —gritó Harry, mirando a la Sra. Figg con asombro.
—Ya he tenido bastante de tu holgazanería aquí en mi casa —le informó su tío—. Es hora de que salgas y ayudes a mantenerte.
—¿Qué?
—La Sra. Figg tiene algunas tareas que necesita terminar en su casa y ha sido lo suficientemente generosa de pagarte por hacerlas —continuó él, moviendo dos billetes de veinte libras bajo la nariz de Harry—. Aunque no recibirás ni un solo centavo —añadió él, metiéndose el dinero en su bolsillo—. Esto es lo menos que nos debes. Ahora ve, ponte tus zapatillas y sal de mi vista.
...
—Ron... —Hermione gimió suavemente al tratar de alejarlo de encima suyo y fracasar—, por favor —suplicó ella, inclinando su cabeza sólo lo necesario para impedir los besos apasionados que él le había estado concediendo. Desafortunadamente, Ron malinterpretó su significado y en vez de detenerse, simplemente llevó sus labios hasta su cuello, que había quedado expuesto, pensando que era eso lo que ella quería.
Habían estado de esa forma bastante acalorada y densa desde que su familia había dejado Grimmauld Place. Al reflexionar, Hermione se dio cuenta que llegar al cuarto de Ron y acostarse en su cama, probablemente no había sido la mejor forma de empezar una conversación. Pero tenían todo el día para ellos solos. No había razón para arruinarlo enseguida. Todo estaría bien siempre y cuando hablara con él antes de que todos regresaran.
Aunque una hora de intenso besuqueo por poco aleja por completo de su cabeza la idea de contarle todo sobre su investigación. Había sentido una gran tentación de abandonar todo el asunto. Pero se lo diría, al menos cuando lograra recordarlo por completo. Ron era muy bueno distrayéndola. Era difícil pensar con su boca y sus manos haciendo las cosas que hacían. Ella no quería pensar. Todo lo que quería hacer era sentir.
«Sólo voy a enfadarlo y ya ha estado bastante irritable últimamente —pensó, buscando una pretexto para no decirle nada—. Tengo el resto del verano para hablarle acerca de la investigación».
«Pero nunca tendrás una oportunidad como ésta —se entrometió la parte fastidiosa y racional de su mente—. No estarás a solas con él otra vez. Incluso cuando regresen al colegio, siempre habrá alguien en el medio y esto definitivamente no es algo que puedas arriesgar a que alguien lo escuche».
«Está bien. Se lo diré —se informó a sí misma—. Lo haré en… diez minutos. Otros diez minutos no dolerán» —decidió al sentir la mano de Ron recorrer su pecho y deslizarse sobre su estómago. Fue una caricia sumamente delicada y, aún así, causó que un fuego fluyera por sus venas. Fuego y hielo. Adentro se estaba quemando y por afuera, su roce le ponía la piel de gallina.
—Me vuelves loco —murmuró Ron, al colocar sus manos a los lados de ella, elevarse y delinear sobre su cuerpo, siguiendo el camino que su mano había recorrido con una serie de delicados besos.
Hermione gimió de placer cuando esos dedos se sumergieron debajo de su falda y rozaron su muslo interior. Él realmente sabía cómo echarle leña al fuego. Apenas la estaba tocando y prácticamente ya se encontraba sin aliento. La parte racional de su mente estaba perdida. La dolorosa, abrasadora necesidad la había retorcido y hecho a un lado. Lamentablemente, en el instante en que los dedos de Ron se deslizaron por debajo de la cintura de sus bragas, su lado racional se despertó nuevamente y volvió a imponerse.
—Basta —jadeó ella, casi en contra de su voluntad. El lado racional de su mente sabía lo que él estaba por hacer. También sabía que una vez que él comenzara eso estaría enteramente perdida. Ya no podría compartir sus secretos. Tan sólo estarían aquellos besos, caricias y sensaciones. Una vez que él finalizara aquella labor, ella le correspondería y esto seguiría hasta que se durmieran abrazados, de la misma forma que la noche anterior—. No... podemos —dijo Hermione, de una forma mucho más autoritaria de lo que hubiera querido.
Pero intencionalmente o no, su tono de voz había atrapado la atención de Ron. El peso de su cuerpo instantáneamente se aligeró al levantarse y cambiar de posición para poder verla a los ojos.
En el momento en que sus ojos azul cobalto se fijaron en los suyos, ella notó su torbellino de emociones. El deseo; la decepción; su propia frustración. Pero más allá de todo eso, había confusión. Él no entendía por qué lo había detenido. Aún peor, pensaba que la había irritado, pero no sabía por qué.
—Lo siento —murmuró Ron al cerrar sus ojos e intentar mantener sus embravecidas hormonas bajo control. Todavía no estaba seguro de lo que estaba pasando. Tan sólo unos minutos atrás ella le había estado suplicado. ¿Lo había hecho? Sí. Había gemido su nombre con placer, seguido de la palabra "por favor". Aparentemente, en algún punto entre la súplica y la entrega, había cambiado de opinión. Era algo endemoniadamente exasperante, pero no había mucho que él pudiera hacer. Sólo podía controlarse y bajar un cambio.
—No hiciste nada malo —le aseguró Hermione al sentarse y acomodar su blusa hasta que cubriera su estómago.
—No debí haberte… presionado. Lo siento.
—No me presionaste —insistió ella—. No fue eso por lo que te detuve. Yo…, bueno…, es que necesito hablar contigo de algo, eso es todo.
—¿Quieres hablar? —preguntó él, mirándola absolutamente incrédulo—, ¿ahora? ¿No puede esperar?
Era obvio que si ella prefería hablar a lo que él estaba por hacerle, no era muy bueno haciéndolo. Claro que tampoco había tenido mucha práctica. Anoche había sido la primera oportunidad que tuvo de tocarla ahí. Pero ella pareció haberlo disfrutado.
«A menos que lo haya fingido. Las mujeres sí fingen eso. ¡OH, MERLÍN! Quizás lo hice tan mal que sólo lo fingió para que me detuviera».
—No. Me temo que no puedo —contestó Hermione—. «Si espero más, no podré decírtelo nunca».
—Pero… Mione —se quejó él—. Esta es la primera vez que estamos solos…, realmente solos…en todo el verano. Probablemente sea la única oportunidad que tengamos…
—Lo sé —dijo ella de prisa, interrumpiéndolo—. «Esta es la única oportunidad que tendré para decírtelo sin que nadie nos escuche».
—No estaba tratando de presionarte. De verdad —dijo él, sonando un poco aterrado—. «Eso es. Tiene que serlo. Fue tan malo que ella no quiere hacerlo otra vez. Sólo que es demasiado educada como para decirme que soy un torpe idiota. O…¡Mil demonios! ¡Quizá hasta vaya a decirme cómo hacerlo mejor!»
—No se trata de eso —replicó ella, pero evitó mirarlo a los ojos al decirlo—. Por favor. Es importante.
«Esta definitivamente nooooo es la conversación que quiero tener —pensó Ron, y su rostro se enrojeció por la sola idea. Pero esa vergüenza se convirtió en ansiedad en el momento en que notó la expresión sombría en la cara de ella. Si no la conociera mejor, juraría que estaba a punto de llorar—. Esto es malo. Bien, bien malo». Mira, si he hecho algo para… Tú no vas a…—tartamudeó él, incapaz de finalizar las oraciones por temor a escuchar las palabras en alto—. Sé que he sido un furioso imbécil últimamente, pero por favor no…
—Espera —espetó Hermione, tocándolo apenas se dio cuenta de por qué estaba tan angustiado—. Oh, Ron. Sólo porque haya dicho que necesito hablar no quiere decir que vaya a terminar contigo.
—¿No lo harás? —dijo él, suspirando aliviado.
—Por supuesto que no. ¿Por qué haría algo así?
—Porque soy un repugnante imbécil y cuando no estoy gritando por algo, estoy manoséandote como un maldito pervertido.
—Eso no me molesta demasiado —replicó Hermione, ofreciéndole una sonrisa genuina—. Si así fuera, de seguro no me hubiera escabilludio en tu cuarto anoche.
—Sólo viniste porque yo estaba enfadado con Ginny y me rehusé a bajar a tu cuarto. Todo lo que querías era un poco de consuelo y yo…
—Vine hasta aquí porque quería estar contigo, Ron —le aseguró—. No porque tuviera una pesadilla. Y tú no fuiste el único con manos hiperactivas —añadió ella, y su rostro se sonrojó al pensar en las libertades que se había tomado. Sin Ginny en la habitación para limitarlos, se habían besado y metido mano a los bestia antes de que alguno realmente tuviera sueño.
—Entonces, ¿no estás molesta conmigo por… tocarte?
—No —dijo ella, pero su rostro se sonrojó una vez más al recordar los lugares en los que aquellos dedos habían estado y los sonidos lascivos que le lograron sonsacar.
—Pero no quieres que lo haga otra vez... Acabas de frenarme.
—No fue por eso que lo hice. Sólo… necesito hablar contigo y si llegamos a ese punto, me olvidaré de lo que tengo que decir.
—Bueno... —dijo Ron, mirándola nerviosamente mientras trataba de prepararse mentalmente para lo sea que estaba a punto de oír. Sea lo que sea que ella iba a decir, no podía ser nada bueno. Acababa de interrumpir una perfecta sesión de besos, después de todo—. Entonces —dijo él, respirando profundamente—. ¿Qué es lo que necesitas decirme?
—Yo... eh…—tartamudeó Hermione, luego se detuvo y respiró profundamente para calmarse—. Creo que he dado con una forma de bloquear la Maldición Avada Kedavra.
—¿QUÉ? —preguntó Ron, y sus ojos se abrieron exageradamente al observarla boquiabierto e incrédulo. Había repasado una posible lista de respuestas en su cerebro, pero esa posibilidad en particular jamás atravezó su mente—. Eso… eso es imposible.
—No, no lo es —susurró ella, apartando sus ojos para que él no los viera vidriosos.
—Espera un minuto —insistió Ron, mientras las piezas del rompecabezas comenzaron a unirse en su mente—. Eso es lo que has estado investigando, ¿no?
—Sí —respondió Hermione rápidamente—. Creo… que he desarrollado una contramaldición.
Por un minuto, todo lo que él pudo hacer fue sacudir su cabeza, incapaz de entender verdaderamente lo que acababa de escuchar.
—¿Una contramaldición? —preguntó, repitiendo las palabras de ella en su mente—. Espera… ¿acabas de decir que la desarrollaste? ¿Diste con ella tú sola? No puedes hacer eso, Hermione.
—Todos los hechizos que nos han enseñado ha sido creados por alguien —respondió ella, más que insultada por su falta de fe en sus habilidades—. No aparecen de la nada, ¿sabías? Todo lo que requiere el crear un hechizo es un poco de imaginación y muchísima investigación.
—No me refiero a eso —contestó Ron—. Hay reglas y restricciones que tienes que seguir. Tienen una sección entera dedicada a este tipo de cosas en el Departamento sobre el Uso Inapropiado de la Magia. Está ubicado en el mismo piso que la oficina de mi papá. Tienes que presentar tu propuesta y seguir sus indicaciones. Y después de haber hecho eso, tienes una cita con el comité y ellos comienzan una serie de descabelladas pruebas. Si no pasas por el control del Ministerio, podrías tener en serios problemas.
—Eso no me procupa —admitió Hermione.
—Te arrastrarán para interrogarte. Hasta te podrían arrestar —dijo Ron, casi como si tratara de asustarla—. E incluso si no lo hacen —continuó él—, probablemente te expulsen.
«Ellos no me pueden arrestar O expulsar si estoy muerta» —pensó Hermione con tristeza.
—Aunque en este caso en particular, no importa —insistió Ron cuando ella permaneció callada—. No puedes bloquear la Maldición Avada Kedavra. No es posible.
—La Maldición Avada Kedavra es generada a través del odio —dijo Hermione mientras las lágrimas que había intentado contener desbordaron y comenzaron a deslizarse por sus mejillas—. Tan sólo necesitas algo más fuerte que el odio para protegerte. El amor es más fuerte que el odio. Es la fuerza más intensa que hay. Puede resistir el tiempo y la distancia. Puede superar los sentimientos dolorosos y las traiciones. Y a veces es lo suficientemente fuerte como para persistir a pesar de la muerte. El amor que la madre de Harry sintió por él sigue a su lado hasta el día de hoy. La contramaldición es impulsada por amor.
—Aún así —objetó Ron con su corazón palpitando frenéticamente, como si fuera a saltar de su pecho y alojarse en su garganta—. No hay manera de saber si funcionará. Sólo es una teoría, ¿verdad? Todavía tendrás que presentársela al comité.
—Funcionará —insistió Hermione.
—Pero no puedes estar segura. Tendrás que…
—Ya ha funcionado, Ron.
—¿Qué? No lo has malditamente probado, ¿verdad?
—Por supuesto que no.
—Entonces, ¿cómo…? —preguntó Ron, pero mientras lo hacía las piezas se unieron en su cabeza—. Espera… —susurró él, y el color de su rostro palideció al instante—. La única persona que sobrevivió a la maldición fue Harry.
—Cierto —dijo Hermione, al ver el entendimiento en los ojos de Ron—. A él lo salvó el amor de su madre.
«Respira» —se recordó Ron a sí mismo al mirarla fijamente, lleno de horror—. Ella murió, Hermione.
—Lo sé —murmuró ella con las lágrimas deslizándose por sus mejillas—. Es un acto de desesperación. El último recurso. La contramaldición es exactamente lo opuesto a la maldición asesina. En vez de matar por odio, te sacrificas por amor.
—¿Sacrificar qué? —preguntó Ron, aunque estaba bastante seguro de que ya sabía la respuesta. Y no le gustaba. Ni siquiera un poco.
—A ti mismo —contestó ella solemnemente—. Entregas tu vida para proteger la vida de aquél que amas.
—¡NO! —gritó Ron, pero era el miedo el que hablaba, no la furia—. Tiene que haber otra forma.
—No hay otra forma.
Por un segundo o dos, todo lo que Ron pudo hacer fue sentarse y mirar con los ojos abiertos de par en par a Hermione, sorprendido, mientras todo lo que ella había dicho era analizado. Pudieron haber pasado sólo unos pocos segundos, pero durante ese tiempo varios pensamientos se dispararon por su mente.
«¿Cómo se supone que debo reaccionar a esto? ¿Qué se supone que debo decir? De ninguna puta forma voy a dejarla hacer algo así. Aunque tampoco es muy diferente de lo que yo planeaba hacer; ¿no? Puede que sea útil conocer lo que planea, sólo por si acaso. Pero tendré que asegurarme de que ella no tenga la oportunidad de usarlo. Eso significa que tendré que vigilarla de cerca la próxima vez que nos metamos en problemas. Un encantamiento silencioso le impediría pronunciar la contramaldición. ¿Pero cuál es? Necesito saberlo». Muy bien —suspiró él, sonando verbalmente derrotado—. ¿Cuál es el conjuro?
Hermione abrió la boca para responder, pero antes de pronunciar una sola palabra, pareció cambiar de opinión y la cerró otra vez.
—No te lo voy a decir —susurró ella, mirando a Ron tristemente y negando con la cabeza—. Lo siento.
—Hermione... —siseó Ron, al extender su mano y agarrarla por ambos brazos. Su cuerpo entero estaba temblando. Ella lo pudo notar en el instante en que sus dedos la tocaron. No estaba completamente segura de si era por rabia o temor, aunque no importaba. Sabía lo que pasaría si le decía cómo conjurar la contramaldición.
—No te lo voy a decir, Ron —dijo ella suavemente, sabiendo que las palabras que estaban a punto de salir de sus labios pondrían a sus nervios y furia de punta, pero él necesitaba escucharlas de todas formas—. Tengo que ser yo.
—¡NO! —gritó él, alejándose de ella al decirlo.
El dolor que vio en sus ojos casi le partió el corazón, pero tenía que continuar. Él tenía que entender el por qué.
—Harry te necesita —sollozó ella, incapaz de mantener su propia angustia en su interior por más tiempo—. Él te necesita más que a mí. Se derrumbaría sin ti.
—¡AL DIABLO! —bramó Ron—. ¡NO PERMITIRÉ QUE LO HAGAS!
—Yo no quiero hacerlo. No quiero morir —gimió Hermione, y entonces, se arrojó encima de él—. No quiero perderte —dijo ella, abrazándolo fuertemente—. Oh, Merlín…
Incapaz de finalizar, Hermione colapsó completamente y lloró en los brazos de Ron. Entonces, sin ninguna advertencia, se alejó de él y salió corriendo de la habitación. Ron estaba tan aturdido que todo lo que pudo hacer fue sentarse ahí, en el borde de su cama, tratando de comprender lo que acababa de suceder.
«No —pensó él. Fue la única palabra que su cerebro parecía capaz de formular—. No» —pensó nuevamente, limpiando sus propias lágrimas antes de que se derramaran—. No —dijo esta vez silenciosamente, no dispuesto a aceptar lo que había escuchado—. ¡NO! —gritó, decidido, saltando de su cama y perseguiendo a Hermione.
...
A pesar de que estaba en una fiesta, Ginny no la estaba pasando muy bien. Debería estar contentísima. Había hecho lo imposible. Había hecho que su madre cediera. Cualquiera que conociera a Molly Weasley bastante bien, concordaría con que eso era gran hazaña. Ginny le había ganado a su madre. Estaba aquí, en la fiesta de Harry. Estaba aquí, pero su hermano y su novia no. Y ahí yacía el problema.
Ginny había pasado los últimos cuarenta minutos viendo al mejor amigo de su hermano tornarse cada vez más abatido, aunque había logrado montar un espectáculo bastante creíble por un rato. Había estado sinceramente sorprendido cuando llegó, y estuvo verdaderamente halagado por el esfuerzo que pusieron en su fiesta. Nadie le había hecho una fiesta a Harry Potter, nunca antes. El hecho de que sus amigos pasaran por tantos problemas para hacerla lo había emocionado enormemente. El problema era que los amigos a los que más deseaba ver no estaban ahí. No porque no quisieran, sino porque no podían.
Nadie se le había acercado a decirle a Harry por qué Ron y Hermione estaban ausentes, pero él era un chico inteligente. No se requería ser alguien tan brillante como Hermione para unir las piezas del rompecabezas. Fred ya le había contado que la Sra. Weasley los tenía prisioneros en Grimmauld Place. Ellos estaban atascados en esa vieja y mugrienta casa. Habían estado encerrados todo el verano por su culpa. Harry los había convertido en blancos.
Trató de no mostrar su desilusión. Trató de esconder el desánimo que sentía. Sonrió cuando la madre de Ginny lo abrazó, e incluso se rió con unas cuantas bromas de los gemelos. Pero a Ginny no la engañaba. Había pasado la mejor parte de sus cuatros años estudiando al joven con anteojos y ese despeinado cabello negro. Ella lo podía leer como un libro. Sabía que no estaba feliz. Sabía que se estaba culpando a sí mismo por algo que estaba más allá de su control. Sabía que se sentía culpable. Ginny conocía el sendero por el que estaba atravezando, porque ella lo había recorrido también. Nada de lo sucedido era culpa de Harry. Ginny era consciente de eso. El problema era que Harry no.
«Bueno —pensó Ginny al ver a Harry sentado solo, mirando por la ventana y mutilando un perfecto pedazo de su pastel de cumpleaños—, Hermione ya me advirtió que esto pasaría. Me dijo que él se apartaría e intentaría permanecer alejado de los demás. Y... también me dijo que no vaya a tolerar ese comportamiento. "Tendrás que enfrentarlo" —recordó el consejo de Hermione—. "Tendrás que ponerte delante suyo y rehusarte a irte, sin importar lo que él te diga. No es nada personal. Es sólo lo que Harry hace cuando está enfadado. Tienes que darle a entender que no te vas a ir. Es una prueba. Él quiere que te vayas, pero al mismo tiempo quiere que te quedes, porque si te quedas, significa que te preocupas por él. Necesita saber que estarás a su lado sin importar lo que suceda. Pero al mismo tiempo, tendrás que demostrarle que no aguantarás ninguna de sus tonterías. No lo dejes enfurruñarse. Cuando comience actuar como un imbécil, díselo. Él te respetará más por ello. Además, una vez que vea que no se puede deshacer de ti, dejará de intentarlo"».
—Sabes, puedo pensar en mejores formas de aplastar ese pastel que con un tenedor —dijo Ginny, al tomar una silla y sentarse al lado de Harry—. El trasero de Fred encabeza la lista.
—¿Qué? —preguntó Harry, alejando sus ojos de la ventana y fijándolos en la inesperada compañía.
—-Ese destrozado pedazo que solía ser un pastel —clarificó ella—. Si no te lo vas a comer, discretamente puedes ponerlo en su silla. Quizás si tiene una gran mancha en la parte trasera de esos odiosos pantalones de piel de dragón, se deshaga de ellos. Él piensa que le quedan bien. Yo creo que lo hacen ver como una gran rana gigante.
—No creía que lucieran tan mal.
—¿Tan mal? —preguntó Ginny—. Sus piernas están cubiertas de escamas verdes. Por lo menos George fue lo suficientemente listo como para usar las rojas.
—Supongo —murmuró Harry, usando el mismo tono que Ron utilizaba siempre que no la estaba escuchando.
«Muy bien —pensó Ginny al ver a Harry moverse en su silla para continuar mirando por la ventana—. Bromear no funcionó. Quizá con un poco de sarcasmo clásico atraiga su atención». Entonces, así va a ser, ¿no? —preguntó Ginny, forzándose a sí misma a sonar molesta—. ¿Sólo vas a seguir sentado aquí, meditando melancólicamente?
—Sí, eso creo —contestó Harry—. Es mi cumpleaños. Puedo pasarlo como quiera.
—No pasé los últimos tres días peleando con mi mamá para asistir a la Pobre Fiesta de Harry Potter —respondió ella-—. Así que despabílate. Tienes dieciseis años, ¿no crees que ya es hora de madurar un poco?
—¿Perdón? —dijo Harry, tirando el aplastado pastel al voltear y afrontar a Ginny con asombro—. Tú no sabes lo que estoy…
—¿No? —siseó Ginny, interrumpiendo a Harry—. En vez de sentarte a sentir lástima de ti mismo, quizás deberías pensar en los sentimientos de los demás para variar. No eres el único que lo amaba, Harry. Y no eres el único que lo ha perdido.
—No sabes de lo que estás hablando —espetó Harry. ¿Cómo se atrevía a hablar de Sirius? Apenas lo conocía. Ella no tenía idea de lo que él había perdido—. No pedí tu opinión, ¡así que por qué no cierras tu maldita boca!
—¿No has considerado lo duro que es esto para el profesor Lupin? —preguntó Ginny, completamente inmutada por el arranque de Harry o de las personas que seguramente la estarían mirando ahora—. Sirius fue su mejor amigo. El único verdadero amigo que le quedaba. Él ha perdido todo y a todos los que fueron importantes en su vida —continuó ella—. Tú todavía tienes a tus amigos. Todavía tienes una familia. Él no tiene a nadie. A nadie más que a ti. Y cada vez que intenta acercarse, tú sólo lo alejas. He visto el dolor en sus ojos cuando regresa a casa después de visitarte. Todos lo hemos visto. Pero él sigue intentando porque te ama y tú eres todo lo que le queda. Él no va a rendirse. Ninguno de nosotros lo hará. Y sentarte a sentir pena de ti mismo no te va a ser ningún bien ni a ti ni a nadie más. Pero si tan sólo te decidieras y realmente hablaras con él, podrían ayudar a cicatrizar sus heridas mutuamente.
Toda la furia que Harry había estado sintiendo, instantáneamente se enterró debajo de la avalancha de culpabilidad que lo sacudió. Alejando sus ojos de los de Ginny, se aventuró a mirar rápidamente hacia Remus Lupin, quien estaba charlando con el Sr. Weasley.
—No… no puedo —murmuró él, bajando su vista hacia el suelo—. Ni siquiera entiendo cómo puede soportar mirarme después de lo que he hecho. ¿Qué se supone que voy a decirle? —preguntó Harry—. Lo siento no es suficiente.
—Lo que sucedió no fue tu culpa —respondió Ginny comprensivamente—. Ni tampoco fue culpa de Hermione. Ella se culpó a sí misma por algún tiempo, ¿sabes?
—¿Qué? —preguntó Harry, sacudiendo su cabeza por la sorpresa—. ¿Por qué? Si ni siquiera estaba consciente.
—Porque ella había pensado que todo sería una trampa y aún así, no te detuvo —explicó Ginny—. Ella me dijo que el profesor Lupin la escuchó por casualidad hablando con Ron de eso. ¿Quieres saber lo que él le dijo? —preguntó Ginny, pero no esperó la respuesta—. Le dijo que Sirius estaba consciente de los riesgos y que esos riesgos fueron los que lo excitaron. Le dijo que él había estado encerrado por mucho tiempo y no podía resistir la idea de tener otra aventura. Él dijo que Sirius murió de la manera que hubiera querido y que el único culpable por lo sucedido fue Voldemort. El profesor Lupin no culpa a Hermione y tampoco te culpa a ti, Harry, porque no fue tu culpa.
—Si yo hubiera escuchado a Hermione. Si me hubiera quedado en Hogwarts o asegurado mejor, él todavía estaría vivo.
—Si yo no hubiera abierto ese maldito diario, si no le hubiera revelado los secretos de mi alma a Tom, la Cámara de los Secretos nunca se hubiera reabierto. ¿Crees que eso fue mi culpa? —preguntó Ginny—. ¿Me culpas por lo que le pasó a Hermione y a los demás?
—Por supuesto que no —contestó Harry honestamente—. Eso no fue culpa tuya. Tú no lo podías evitar. Voldemort te estaba controlando.
—Él me engañó —respondió Ginny—. Y yo se lo permití. Sabía que no podía confiar en un objeto que pensara por sí solo. Papá nos lo dijo en varias ocasiones. Pero yo no lo escuché. No a él. Ni siquiera a mí misma. Continué escribiendo en esa maldita cosa, incluso después de darme cuenta de que estaba mal. Podría haberle dicho a alguien lo que estaba sucediendo, pero no lo hice.
—Pero en realidad no lo sabías. No sabías lo que estabas haciendo. Yo sí. Yo sabía y fui de todas formas.
—Él te engañó, Harry. Quizá lo haya hecho de una forma diferente, pero te manipuló igual que a mí. No fue tu culpa. No había forma alguna de que supieras que esa visión que tuviste era falsa y no real.
—Hermione lo sabía —murmuró Harry.
—No, ella no lo sabía. No con certeza —le aseguró Ginny—. Ella sospechaba que podía ser una trampa, porque ese era el tipo de cosa que Voldemort haría, pero no estaba del todo segura. Le dijo a Ron que hasta había considerado maldecirte por un momento, pero tenía demasiado temor de que tú tuvieras la razón y no quería que algo le pasara a Sirius. Ella también quería salvarlo. La visión que tuviste de mi papá fue real. No había manera de saber si la que tuviste de Sirius era falsa. No fue tu culpa. Y no creo que vaya a dejarte distraerme. Ahora, deja de aislarte y ve a hablar con el Profesor Lupin. Le hará bien a los dos.
Harry estudió a Ginny atentamente por un momento y luego giró su vista hacia el demacrado señor cuyo canoso cabello resaltaba totalmente entre el mar de pelirrojos que lo rodeaban.
—¿Qué le digo? —preguntó Harry, levantándose de la silla y dando un suspiro.
—"Hola" sería un buen comienzo —contestó Ginny—. "Gracias por el regalo" funcionaría también.
—No abrí su regalo.
—Entonces ábrelo y, después de eso, puedes ir a hablarle.
—Está bien —replicó Harry, arrastrando sus pies al caminar—. ¿Sabes?... —dijo él, virándose para afrontar a Ginny otra vez—. Nunca sabía que eras tan mandona.
«Hay muchas cosas de mí que no conoces» —pensó Ginny—. Sí, bueno, es que es más entretenido sentarse a ver como Hermione los intimida a ustedes dos. Aunque eso no significa que no vaya a interferir cuando sea necesario. Así que deja de hablar y ponte a caminar.
—Muy bien —dijo Harry, dándole una pequeña sonrisa—. Ya voy. Ya voy.
...
Ron no se molestó en golpear. Al llegar al cuarto que Ginny y Hermione compartían, se lanzó contra la puerta, esperando que estuviera trabada. Pero para su sorpresa, no lo estaba. Ni siquiera estaba cerrada por completo. La puerta se abrió tan facilmente que hasta tuvo que hacer lo posible para evitar caer de cara al piso al entrar en la habitación.
La puerta se abrió de golpe dando un resonante estruendo contra la pared e inmediatamente alertó a Hermione de la presencia de su novio. Sin haber anticipando tan escandalosa entrada, se sobresaltó y apartó su vista del montón de pergaminos que había estado hojeando justo a tiempo para ver a Ron apoyarse en una silla para estabilizarse.
—¡NO TE DEJARÉ HACERLO! —rugió Ron al verla parada detrás de su escritorio. En ese momento notó los libros y papeles esparcidos sobre la superficie. Al verlos, un impulso irresistible de correr hacia ellos y romperlos en pedacitos lo envolvió. Si destruía su investigación, quizá sería capaz de detenerla.
—No está ahí —dijo Hermione, intuyendo su plan en el instante en que se cristalizó en su mente.
«¡Maldita sea! —pensó Ron, parpadeando rápidamente y mirandola a los ojos fijamente, en un intento por descubrir si ella le decía la verdad— ¿Por qué más vendría corriendo hasta aquí a revolver estos malditos papeles si no trataba de esconderlos antes de que yo los encontrara?»
—No está ahí —repitió ella con el rostro calmo e ilegible.
«¡Mierda! —insultó Ron internamente—. ¿Cómo hace eso? —Él sabía que ella no estaba tan calmada como aparentaba. Había estado sollozando al salir corriendo de su habitación. Su mente tenía que estar revuelta de emociones y aún así, ninguna de ellas era visible. Su rostro estaba tan expresivo como una pared de ladrillos—. Malditas particiones. Eso es. Ella las ha hecho a un lado y las ha cubierto con sus endemoniadas paredes mentales».
—No soy tan estúpida como para escribirlo —informó Hermione, tocándose la frente para dejarle saber en dónde estaba localizada la contramaldición—, pero puedes buscar todo lo que quieras.
—Te detendré —afirmó Ron con una sorprendente confianza—. Incluso si tengo que maldecirte para hacerlo. Te pondré un encantamiento silencioso para que no puedas pronunciar el hechizo, o le… le diré a Dumbledore.
Ron no estaba completamente seguro de cómo esperaba que Hermione reaccionara a su amenaza. Enojo parecía la reacción más lógica. Él podía manejar su enojo. Un poco de preocupación hubiera sido agradable. Por lo menos así sabría lo que le pasaba. Lo que menos esperaba era que se riera de él. ¿Cómo demonios se suponía que reaccionaría a eso?
—¿Cuándo fue que nos transformamos en el otro? —rió Hermione.
—¿QUÉ? —preguntó Ron, claramente insultado por que no había tomado su amenaza en serio
—Yo te digo mi plan imprudente y tú me amenazas a mi —dijo ella, riendo a carcajadas.
—No es imprudente, Hermione. Estás hablando de matarte a ti misma, maldita sea.
—¿Y qué de ti, Ron? —preguntó Hermione, volviéndose tan sobria y fría como una piedra con tal rapidez que la cabeza de Ron casi dio vueltas—. ¿Me puedes mirar a los ojos y decirme que no estás planeando lanzarte delante de Harry como un escudo humano para protegerlo de esa maldita maldición? Mírame a los ojos y júrame que no lo harás.
—¡MIERDA! —bramó Ron, agarrando la silla que había usado para recobrar su equilibrio y tirándola por la habitación con tal fuerza que se astilló al chocar contra la pared—. No puedo —admitió él a regañadientes—, pero sólo si tengo que hacerlo. Si no hubiera otro camino.
—Sólo si tengo que hacerlo… —repitió Hermione las palabras de él dolorosamente—. Con un poco de suerte, nunca se llegará a eso. Y no tienes derecho de estar enojado conmigo por hacer exactamente lo que tú estás planeando hacer. La única diferencia aquí es que yo no necesitaré estar parada al lado de Harry para protegerlo. Siempre y cuando lo pueda ver, lo puedo proteger. Afortunadamente, estudio las cosas un poco mejor que ustedes dos. A diferencia tuya, no soy imprudente y no tengo intención de permanecer muerta.
«Está tratando de hacerme sentir culpable. Pero no va a conseguirme. No te dejaré distraerme». Una vez que mueres, mueres, Hermione. Si no me crees, pregúntale a Sirius —replicó Ron—. «Puedo jugar este juego tan bien como tú».
Él sabía que Hermione se sentía parcialmente culpable por lo sucedido con Sirius en el Departamento de Misterios. Se lo había admitido no mucho después de llegar a Grimmauld Place. Por suerte, el Profesor Lupin los había oído por casualidad y había decidido ayudarle a Ron a convencerla de que el único culpable era Voldemort y sus Mortífagos. Ron sabía que era algo bajo usar lo que ella le había contando confidencialmente de la manera en que lo había hecho. Pero si eso era lo requería para mantenerla viva, entonces, por Merlín que lo usaría.
Una vez más, su respuesta lo descolocó.
—¿Sabes lo que hace una Poción de Acoplamiento? —preguntó Hermione, ignorando completamente su tentativa de sensibilizarla.
«¿Qué?» —pensó él en el mismo instante en que la miró perplejo—. No —admitió, estrechando los ojos al verla sacar Moste Potente Potions del montón de libros y comenzar a hojearlo—. Pero estoy seguro de que vas a decírmelo—, añadió al caminar y sentarse en el borde de su escritorio.
—Es usada para unir tu alma a la de alguien más. Para atarte a ellas —explicó Hermione, ofreciéndole el libro para que él lo observara—. No es muy largo —le informó apuntando a la página—. Léelo por ti mismo.
Ron dejó vagar sus ojos, saltando la lista de ingredientes e instrucciones para detenerse en la descripción.
Una poción de acoplamiento es generalmente usada para ampliar o magnificar información de entrada y salida entre dos o más individuos.
Una vez que se hayan unido, experimentarán sentimientos, pensamientos y en raras ocasiones hasta sensaciones físicas que no son las propias, sino la de esos individuos con los que se ha conectado. La sensibilidad emocional es el resultado más resaltante. Una vez que la conexión haya sido forjada, usted podrá ser capaz de sentir cualquier emoción fuerte o devastadora que su pareja está experimentando como si esos sentimientos fueran, de hecho, los propios. Sin embargo, la intensidad de la experiencia depende de la magnitud de los sentimientos y/o emociones que le sean transmitidas. Algunas veces sentirá exactamente lo que su pareja está sintiendo, y otras, sentirá las sensaciones aún más potentemente que la persona con la que esté enlazada, ya que ellos están acostumbrados a sus propios niveles emocionales y usted no.
ADVERTENCIA: esta experiencia puede ser devastadora y es a menudo perjudicial para conllevar una vida normal. La clave para evitar ese riesgo es reconocer la diferencia entre sus propios sentimientos y aquellos que le son transmitidos. Una vez que esto sea alcanzado es posible dejar de sintonizar o bloquearlas por completo, a excepción de experiencias de emociones extremas.
—Ya he leído esto —informó él, devolviendo la vista a Hermione.
—¿Sí? —preguntó ella, claramente sorprendida—. ¿Cuándo?
—Hace unas semanas —contestó Ron—, después de haber llegado aquí. Estaba abierto sobre tu cama. Lo leí mientras esperaba que finalizaras tus notas.
—Entonces, ¿sabes lo que hace una Poción de Acoplamiento?
—Forja una conexión entre tú y alguien más —dijo Ron—. Un vínculo que te permite sentir sus emociones. Como Harry y Voldemort.
—Es similar —dijo ella, interrumpiéndolo—, pero no lo mismo. No creo que sus almas estén conectadas. Sólo sus cuerpos. Yo creo que esa conexión fue forjada cuando él usó la sangre de Harry para crear un cuerpo nuevo. Eso —dijo Hermione, señalando al libro en la mano de Ron—, será mucho más intenso. Es una conexión espiritual.
—No puedes hacer eso —dijo Ron, después de que sus ojos se volvieron a fijar en la página y recorrieron los ingredientes necesarios para hacer la poción—. La mitad de estos ingredientes son ilegales.
—No son ilegales —respondió Hermione—. Sólo restringidos.
—Sabes bien que es lo mismo. Hay…, ¡mil demonios!…, Sustancias No Comerciables de Clase B en esta lista —dijo él, subiendo la vista y buscando su rostro—. Eso explica las esporas Botrytis. ¿Y Raíz Uvularia y Haemanthus? Supongo que ya tienes esas plantas también.
Ron se quería golpear a sí mismo después de hacer ese comentario. Ya sabía la respuesta antes de que ella caminara hacia su baúl y sacara una caja que era indistinguible de aquellas encontradas cualquier estuche de pociones de estudiantes de Hogwarts. Sólo cuando quitó la tapa, pudo ver que no estaba lleno con higos secos o esqueletos de peces león. La caja contenía lo que parecía ser un corazón arrugado, como otras cosas que no reconocía y no quería saber de qué se trataban. Uno de ellos tenía que ser la Haemanthus, ¿y el resto?
Bueno, la verdad es que no importaba. Hermione tenia allí suficientes "materiales restringidos" para meterse en serios problemas si su baúl llegaba a ser inspeccionado. Aunque a decir verdad, las posibilidades de que eso ocurriera eran remotas. No sólo porque ella era una Prefecta, sino porque su aversión a las reglas era tan rigurosa que nadie sospecharía de ella transportando ingredientes restringidos a la escuela para hacer una poción ilegal. Pocas personas conocían lo suficientemente bien a Hermione como para saber que cuándo se decidía a romper una regla no sólo la doblegaba, sino que la destruía por completo.
—¡Fletcher! —gruñó Ron, irascible—. «Todo esto es su culpa». Él te puso en esto —continuó él, sacudiendo su mano sobre la tapa de la caja de pociones ilícitas—. ¿Raíz Uvularia y Haemanthus? ¿Cómo conseguiste que lo hiciera? ¿Con qué lo amenazaste?
—Con nada —contestó Hermione bastante calmada—. Simplemente le dije que se lo debía a Harry. No me mires así —agregó ella, cuando Ron se quedó boquiabierto—. Es la verdad y él lo sabía.
—Así que una vez que regresemos a Hogwarts vas a hacer esta Poción de Acoplamiento. Supongo que eso significa que querrás unir tu alma a la de Harry.
—Es un poco más complicado que eso —le informó Hermione.
—¿Sólo un poco? —cuestionó Ron.
—Está bien, es extremadamente complicado. Me está dando un terrible dolor de cabeza —admitió ella.
—¿La versión corta?
Con un suspiro, Hermione se sentó en el borde de su cama e incitó a Ron que hiciera lo mismo.
—La Maldición Avada Kedavra asesina deteniendo el corazón de sus víctimas —comenzó ella después de que Ron se sentara.
—Razón por la cual me enseñaste ese RPC.
—RCP —le corrigió ella—. Sí, es cierto. Pero hay más. Una vez que el corazón se detiene, la maldición expulsa el alma de tu cuerpo.
—¿Algo parecido a lo que hacen los dementores?
—Sí —acordó Hermione—. Esa es una buena forma de verlo. Técnicamente, debería ser posible reanimar el corazón otra vez porque la maldición no daña el cuerpo. Pero, ¿qué hay del alma? Una vez que ha sido liberada, no hay forma de recuperarla. Se esfuma. Así que aunque uno se las arregle para hacer palpitar de nuevo el corazón...
—... ellos terminarían como una víctima de los Dementores. Vivos, pero sin almas. Entonces, ¿es por eso que nadie se ha preocupado en reanimar el corazón de una víctima?
—Más o menos. Pero, de alguna manera, cuando la maldición rebotó en Harry y golpeó a Voldemort, el alma de él permaneció. Su cuerpo murió, pero su alma perduró. Él debió haber hecho algo con magia oscura para mantenerla atada a la tierra. Y, eventualmente, fue capaz de ponerla en su cuerpo nuevo, lo cual me puso a pensar. Si él lo puede hacer; ¿por qué nosotros no? No necesitamos usar Magia Negra para evitar que nuestras almas pasen al más allá. Todo lo que tenemos que hacer es atarlas a algo que esté relacionado con la tierra.
—Ya veo adónde vas. Nosotros no necesitamos cuerpos nuevos, porque la técnica muggle que nos enseñaste puede revivir nuestros corazones.
—Teóricamente, sí.
—Entonces, ¿estás planeando unir tu alma a algo con esa poción? —preguntó Ron—. ¿Para que Harry o yo te revivamos?
—Más o menos —admitió Hermione. Pero había algo en sus ojos que hizo palpitar con rapidez el corazón de Ron.
—¿Qué es lo que no me estás diciendo? —preguntó él.
—-Puedes mantener vivo tu cuerpo con RCP. Puedes revivir tu corazón con magia. Puedes unir tu alma para que no se vaya. Pero, todavía está el problema de regresar tu alma al cuerpo. Ahí es donde se torna... complicado.
—Voldemort lo hizo con un hechizo de resurrección. Podemos usar el mismo.
—Eso no funcionaría. Ese hechizo fue usado para darle un cuerpo nuevo.
—¿Ese hechizo? Entonces, ¿me estás diciendo que tienes uno diferente? ¿Uno que funcionará?
—Eso creo.
—¿Crees?
—Todo esto es teórico. Si tan sólo una parte sale mal, todo se viene abajo.
—Bien, mi cabeza realmente me está empezando a doler —dijo Ron, cubriéndose los ojos con una mano y frotando su sien—. «Y yo que pensaba que ya lo tenías todo resuelto y vienes a decirme que la parte más importante puede que no funcione».
—¿Te acuerdas del mito griego que te conté? —dijo Hermione, recobrando la atención de Ron—. Hablé en serio cuando te dije que eras mi otra mitad. No hay nadie más que pueda ocupar jamás tu lugar en mi corazón y en mi alma.
—Me estás diciendo esto porque vas a unir tu alma a la de Harry, ¿verdad? —preguntó Ron, tratando de evitar que el dolor que estaba sintiendo se notara en su voz.
—No, te estoy diciendo esto porque ya estamos conectados —contestó ella—. Quiero unir mi alma a la tuya.
—¿Yo? —gritó él de la sorpresa—. Pero... Harry es el que necesita...
—No funcionará con Harry —interrumpió Hermione.
—Claro que sí, solo tien…
—No, no funcionará —insistió ella—. Tiene que ser un..., un acto de amor.
—Tú amas a Harry.
—No de la misma forma que a ti.
—Lo amas lo suficiente como para sacrificarte por él —dijo Ron, casi atragantándose con las palabras al forzarse decirlas.
—Quizá debas leer mis notas para comprender por qué...
—No quiero leer tus malditas notas —dijo él, enfadado—. Sólo dime por qué ustedes dos no pueden tomar la maldita poción y acabar de una buena vez.
—Podríamos si... sólo quisiéramos unir nuestras almas con un...
—Lo cual es precisamente lo que quieres. Unir tu alma a la de Harry, él ata la suya con la tuya para que así, si uno de ustedes es herido con esa endemoniada maldición, sus almas se queden el tiempo necesario para nosotros retornarlas a sus cuerpos.
—Es más complicado que eso —dijo Hermione, obviamente frustrada—. Te dije que retornar el alma al cuerpo es la parte dura. Tomará ciertos... sacrificios. Sacrificios que soy incapaz de hacer por Harry.
—¿De qué estás hablando? Hace poco me estabas diciendo que estabas preparada a dar tu vida por él.
—Lo estoy.
—Entonces, ¿qué es lo que no le puedes dar a Harry que me puedes dar a mí?
—Todo lo demás —contestó ella.
—¿Qué se supone que eso significa?
—Quiere decir que para que esto funcione tengo que... darle mi cuerpo —Ella murmuró la última parte tan suavemente que él casi no la oyó.
—¿TU QUÉ? —gritó Ron—. «No. No puede ser como sonó. Ella quiso decir otra cosa. Quizá él la tenga que poseer o algo».
—Mi cuerpo —repitió ella, más alto—. Tendría que acostarme con él. Se llama Poción de Acoplamiento por una razón, Ron...
Era exactamente como había sonado. Él no había querido creerlo, pero así era. Ella acababa de admitirlo. Iba a... tener sexo con Harry. Ron no lo podía creer. Su mente simplemente se rehusaba a tratar de entender lo que hacía segundos había escuchado.
«Se va a echar un polvo con mi mejor amigo. ¡Mi novia se a montar a mi condenado mejor amigo!».
Hermione esperó pacientemente por lo que vendría. De alguna manera, era casi un alivio saber que el final estaba cerca. Ahora que ella le había dicho cómo funcionaba la poción, las cosas sólo se pondrían mejor. Después de la explosión inevitable, claro está. Ya sabía que estaba por venir. En ese instante todo lo que Ron parecía capaz de hacer era mirarla boquiabierto, aterrorizado, pero no tardaría en explotar. Su rostro ya estaba sonrojado y tornándose de un escarlata profundo. Pero eran sus ojos en los que ella se enfocaba. Uno siempre podía ver todo lo que Ron estaba pensando a través de sus ojos.
Hermione vio el asombro y el dolor que instantáneamente se formaron en ellos. Le dolía verlo, especialmente al saber que no era necesario. Si él tan sólo hubiera escuchado todo lo que ella había dicho, eso no estaría sucediendo. Pero esa no era la manera en que trabajaba la mente de Ron. Él hizo exactamente lo que pensó que haría. Se aferró a la parte que hablaba de ella y Harry e ignoró completamente las declaraciones que le habían precedido.
«Se va a ofrecer a sí misma a Harry para que esa endemoniada maldita poción funcione. No lo puedo creer. Y encima me lo dijo antes de hacerlo, como si eso arreglara toda esta mierda. ¿Me está pidiendo permiso?.¿Me está dando a elegir?. Pero no tengo ni una puta opción, ¿no? Si no le dejo hacer esto, mis celosía, mi posesividad, le podría costar la vida a Harry. No sólo a Harry, le podría costar la vida a Hermione también. Tengo que renunciar al amor de mi vida... para salvar a mis mejores amigos. Eso fue lo que quiso decir cuando habló de sacrificios. Tendré que sacrificar mi corazón».
Fue entonces cuando la cólera comenzó.
Hermione la reconoció el momento en que vio la llama en sus ojos. Todo el rostro de Ron se endureció y la miró fijamente con tal veneno que se alejó de él.
«Esto se va a poner feo —pensó Hermione al tratar de prepararse para el arranque que sabía estaba avecinándose en el horizonte. Sólo que esta vez, Ron no reaccionó como ella había predecido. No dijo ni una sola palabra. Él sólo se levantó y se fue de la habitación, cerrando la puerta tan fuertemente que los libros al borde del escritorio se cayeron al suelo —. No se suponía que iba a pasar esto —pensó Hermione, mirando con incredulidad el espacio en el cuarto vacío—. ¡Maldita sea, Ron! —maldijo Hermione al saltar de la cama y correr a la puerta para perseguirlo—. ¿Cómo te atreves a abandonarme?»
Una vez que se hayan unido, experimentarán sentimientos, pensamientos y en raras ocasiones hasta sensaciones físicas que no son las propias, sino la de esos individuos con los que se ha conectado. La sensibilidad emocional es el resultado más resaltante. Una vez que la conexión haya sido forjada, usted podrá ser capaz de sentir cualquier emoción fuerte o devastadora que su pareja está experimentando como si esos sentimientos fueran, de hecho, los propios. Sin embargo, la intensidad de la experiencia depende de la magnitud de los sentimientos y/o emociones que le sean transmitidas. Algunas veces sentirá exactamente lo que su pareja está sintiendo, y otras, sentirá las sensaciones aún más potentemente que la persona con la que esté enlazada, ya que ellos están acostumbrados a sus propios niveles emocionales y usted no.
ADVERTENCIA: esta experiencia puede ser devastadora y es a menudo perjudicial para conllevar una vida normal. La clave para evitar ese riesgo es reconocer la diferencia entre sus propios sentimientos y aquellos que le son transmitidos. Una vez que esto sea alcanzado es posible dejar de sintonizar o bloquearlas por completo, a excepción de experiencias de emociones extremas.
—Ya he leído esto —informó él, devolviendo la vista a Hermione.
—¿Sí? —preguntó ella, claramente sorprendida—. ¿Cuándo?
—Hace unas semanas —contestó Ron—, después de haber llegado aquí. Estaba abierto sobre tu cama. Lo leí mientras esperaba que finalizaras tus notas.
—Entonces, ¿sabes lo que hace una Poción de Acoplamiento?
—Forja una conexión entre tú y alguien más —dijo Ron—. Un vínculo que te permite sentir sus emociones. Como Harry y Voldemort.
—Es similar —dijo ella, interrumpiéndolo—, pero no lo mismo. No creo que sus almas estén conectadas. Sólo sus cuerpos. Yo creo que esa conexión fue forjada cuando él usó la sangre de Harry para crear un cuerpo nuevo. Eso —dijo Hermione, señalando al libro en la mano de Ron—, será mucho más intenso. Es una conexión espiritual.
—No puedes hacer eso —dijo Ron, después de que sus ojos se volvieron a fijar en la página y recorrieron los ingredientes necesarios para hacer la poción—. La mitad de estos ingredientes son ilegales.
—No son ilegales —respondió Hermione—. Sólo restringidos.
—Sabes bien que es lo mismo. Hay…, ¡mil demonios!…, Sustancias No Comerciables de Clase B en esta lista —dijo él, subiendo la vista y buscando su rostro—. Eso explica las esporas Botrytis. ¿Y Raíz Uvularia y Haemanthus? Supongo que ya tienes esas plantas también.
Ron se quería golpear a sí mismo después de hacer ese comentario. Ya sabía la respuesta antes de que ella caminara hacia su baúl y sacara una caja que era indistinguible de aquellas encontradas cualquier estuche de pociones de estudiantes de Hogwarts. Sólo cuando quitó la tapa, pudo ver que no estaba lleno con higos secos o esqueletos de peces león. La caja contenía lo que parecía ser un corazón arrugado, como otras cosas que no reconocía y no quería saber de qué se trataban. Uno de ellos tenía que ser la Haemanthus, ¿y el resto?
Bueno, la verdad es que no importaba. Hermione tenia allí suficientes "materiales restringidos" para meterse en serios problemas si su baúl llegaba a ser inspeccionado. Aunque a decir verdad, las posibilidades de que eso ocurriera eran remotas. No sólo porque ella era una Prefecta, sino porque su aversión a las reglas era tan rigurosa que nadie sospecharía de ella transportando ingredientes restringidos a la escuela para hacer una poción ilegal. Pocas personas conocían lo suficientemente bien a Hermione como para saber que cuándo se decidía a romper una regla no sólo la doblegaba, sino que la destruía por completo.
—¡Fletcher! —gruñó Ron, irascible—. «Todo esto es su culpa». Él te puso en esto —continuó él, sacudiendo su mano sobre la tapa de la caja de pociones ilícitas—. ¿Raíz Uvularia y Haemanthus? ¿Cómo conseguiste que lo hiciera? ¿Con qué lo amenazaste?
—Con nada —contestó Hermione bastante calmada—. Simplemente le dije que se lo debía a Harry. No me mires así —agregó ella, cuando Ron se quedó boquiabierto—. Es la verdad y él lo sabía.
—Así que una vez que regresemos a Hogwarts vas a hacer esta Poción de Acoplamiento. Supongo que eso significa que querrás unir tu alma a la de Harry.
—Es un poco más complicado que eso —le informó Hermione.
—¿Sólo un poco? —cuestionó Ron.
—Está bien, es extremadamente complicado. Me está dando un terrible dolor de cabeza —admitió ella.
—¿La versión corta?
Con un suspiro, Hermione se sentó en el borde de su cama e incitó a Ron que hiciera lo mismo.
—La Maldición Avada Kedavra asesina deteniendo el corazón de sus víctimas —comenzó ella después de que Ron se sentara.
—Razón por la cual me enseñaste ese RPC.
—RCP —le corrigió ella—. Sí, es cierto. Pero hay más. Una vez que el corazón se detiene, la maldición expulsa el alma de tu cuerpo.
—¿Algo parecido a lo que hacen los dementores?
—Sí —acordó Hermione—. Esa es una buena forma de verlo. Técnicamente, debería ser posible reanimar el corazón otra vez porque la maldición no daña el cuerpo. Pero, ¿qué hay del alma? Una vez que ha sido liberada, no hay forma de recuperarla. Se esfuma. Así que aunque uno se las arregle para hacer palpitar de nuevo el corazón...
—... ellos terminarían como una víctima de los Dementores. Vivos, pero sin almas. Entonces, ¿es por eso que nadie se ha preocupado en reanimar el corazón de una víctima?
—Más o menos. Pero, de alguna manera, cuando la maldición rebotó en Harry y golpeó a Voldemort, el alma de él permaneció. Su cuerpo murió, pero su alma perduró. Él debió haber hecho algo con magia oscura para mantenerla atada a la tierra. Y, eventualmente, fue capaz de ponerla en su cuerpo nuevo, lo cual me puso a pensar. Si él lo puede hacer; ¿por qué nosotros no? No necesitamos usar Magia Negra para evitar que nuestras almas pasen al más allá. Todo lo que tenemos que hacer es atarlas a algo que esté relacionado con la tierra.
—Ya veo adónde vas. Nosotros no necesitamos cuerpos nuevos, porque la técnica muggle que nos enseñaste puede revivir nuestros corazones.
—Teóricamente, sí.
—Entonces, ¿estás planeando unir tu alma a algo con esa poción? —preguntó Ron—. ¿Para que Harry o yo te revivamos?
—Más o menos —admitió Hermione. Pero había algo en sus ojos que hizo palpitar con rapidez el corazón de Ron.
—¿Qué es lo que no me estás diciendo? —preguntó él.
—-Puedes mantener vivo tu cuerpo con RCP. Puedes revivir tu corazón con magia. Puedes unir tu alma para que no se vaya. Pero, todavía está el problema de regresar tu alma al cuerpo. Ahí es donde se torna... complicado.
—Voldemort lo hizo con un hechizo de resurrección. Podemos usar el mismo.
—Eso no funcionaría. Ese hechizo fue usado para darle un cuerpo nuevo.
—¿Ese hechizo? Entonces, ¿me estás diciendo que tienes uno diferente? ¿Uno que funcionará?
—Eso creo.
—¿Crees?
—Todo esto es teórico. Si tan sólo una parte sale mal, todo se viene abajo.
—Bien, mi cabeza realmente me está empezando a doler —dijo Ron, cubriéndose los ojos con una mano y frotando su sien—. «Y yo que pensaba que ya lo tenías todo resuelto y vienes a decirme que la parte más importante puede que no funcione».
—¿Te acuerdas del mito griego que te conté? —dijo Hermione, recobrando la atención de Ron—. Hablé en serio cuando te dije que eras mi otra mitad. No hay nadie más que pueda ocupar jamás tu lugar en mi corazón y en mi alma.
—Me estás diciendo esto porque vas a unir tu alma a la de Harry, ¿verdad? —preguntó Ron, tratando de evitar que el dolor que estaba sintiendo se notara en su voz.
—No, te estoy diciendo esto porque ya estamos conectados —contestó ella—. Quiero unir mi alma a la tuya.
—¿Yo? —gritó él de la sorpresa—. Pero... Harry es el que necesita...
—No funcionará con Harry —interrumpió Hermione.
—Claro que sí, solo tien…
—No, no funcionará —insistió ella—. Tiene que ser un..., un acto de amor.
—Tú amas a Harry.
—No de la misma forma que a ti.
—Lo amas lo suficiente como para sacrificarte por él —dijo Ron, casi atragantándose con las palabras al forzarse decirlas.
—Quizá debas leer mis notas para comprender por qué...
—No quiero leer tus malditas notas —dijo él, enfadado—. Sólo dime por qué ustedes dos no pueden tomar la maldita poción y acabar de una buena vez.
—Podríamos si... sólo quisiéramos unir nuestras almas con un...
—Lo cual es precisamente lo que quieres. Unir tu alma a la de Harry, él ata la suya con la tuya para que así, si uno de ustedes es herido con esa endemoniada maldición, sus almas se queden el tiempo necesario para nosotros retornarlas a sus cuerpos.
—Es más complicado que eso —dijo Hermione, obviamente frustrada—. Te dije que retornar el alma al cuerpo es la parte dura. Tomará ciertos... sacrificios. Sacrificios que soy incapaz de hacer por Harry.
—¿De qué estás hablando? Hace poco me estabas diciendo que estabas preparada a dar tu vida por él.
—Lo estoy.
—Entonces, ¿qué es lo que no le puedes dar a Harry que me puedes dar a mí?
—Todo lo demás —contestó ella.
—¿Qué se supone que eso significa?
—Quiere decir que para que esto funcione tengo que... darle mi cuerpo —Ella murmuró la última parte tan suavemente que él casi no la oyó.
—¿TU QUÉ? —gritó Ron—. «No. No puede ser como sonó. Ella quiso decir otra cosa. Quizá él la tenga que poseer o algo».
—Mi cuerpo —repitió ella, más alto—. Tendría que acostarme con él. Se llama Poción de Acoplamiento por una razón, Ron...
Era exactamente como había sonado. Él no había querido creerlo, pero así era. Ella acababa de admitirlo. Iba a... tener sexo con Harry. Ron no lo podía creer. Su mente simplemente se rehusaba a tratar de entender lo que hacía segundos había escuchado.
«Se va a echar un polvo con mi mejor amigo. ¡Mi novia se a montar a mi condenado mejor amigo!».
Hermione esperó pacientemente por lo que vendría. De alguna manera, era casi un alivio saber que el final estaba cerca. Ahora que ella le había dicho cómo funcionaba la poción, las cosas sólo se pondrían mejor. Después de la explosión inevitable, claro está. Ya sabía que estaba por venir. En ese instante todo lo que Ron parecía capaz de hacer era mirarla boquiabierto, aterrorizado, pero no tardaría en explotar. Su rostro ya estaba sonrojado y tornándose de un escarlata profundo. Pero eran sus ojos en los que ella se enfocaba. Uno siempre podía ver todo lo que Ron estaba pensando a través de sus ojos.
Hermione vio el asombro y el dolor que instantáneamente se formaron en ellos. Le dolía verlo, especialmente al saber que no era necesario. Si él tan sólo hubiera escuchado todo lo que ella había dicho, eso no estaría sucediendo. Pero esa no era la manera en que trabajaba la mente de Ron. Él hizo exactamente lo que pensó que haría. Se aferró a la parte que hablaba de ella y Harry e ignoró completamente las declaraciones que le habían precedido.
«Se va a ofrecer a sí misma a Harry para que esa endemoniada maldita poción funcione. No lo puedo creer. Y encima me lo dijo antes de hacerlo, como si eso arreglara toda esta mierda. ¿Me está pidiendo permiso?.¿Me está dando a elegir?. Pero no tengo ni una puta opción, ¿no? Si no le dejo hacer esto, mis celosía, mi posesividad, le podría costar la vida a Harry. No sólo a Harry, le podría costar la vida a Hermione también. Tengo que renunciar al amor de mi vida... para salvar a mis mejores amigos. Eso fue lo que quiso decir cuando habló de sacrificios. Tendré que sacrificar mi corazón».
Fue entonces cuando la cólera comenzó.
Hermione la reconoció el momento en que vio la llama en sus ojos. Todo el rostro de Ron se endureció y la miró fijamente con tal veneno que se alejó de él.
«Esto se va a poner feo —pensó Hermione al tratar de prepararse para el arranque que sabía estaba avecinándose en el horizonte. Sólo que esta vez, Ron no reaccionó como ella había predecido. No dijo ni una sola palabra. Él sólo se levantó y se fue de la habitación, cerrando la puerta tan fuertemente que los libros al borde del escritorio se cayeron al suelo —. No se suponía que iba a pasar esto —pensó Hermione, mirando con incredulidad el espacio en el cuarto vacío—. ¡Maldita sea, Ron! —maldijo Hermione al saltar de la cama y correr a la puerta para perseguirlo—. ¿Cómo te atreves a abandonarme?»
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