Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


T
ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 20: Consejos de hermano mayor

—¡Puaj! Eso es repugnante —bramó George desde el rellano de la escalera donde se quedó congelado—. Creo que perdí el apetito.

—Consíganse una habitación —añadió Fred al aparecer detrás de su hermano gemelo.

—¿Nos prestan la suya? —devolvió Ron, para disgusto de Hermione.

—Usa tu maldito cuarto —respondió Fred al descender y empujar a la pareja al pasar en su camino a la cocina.

—Lo haría, pero ese sería el primer lugar en donde mamá nos buscaría.

—¡Ron! —gritó Hermione al pegarle fuertemente en el brazo.

—¡Ay!

—Eso es verdad —replicó George con una sonrisa satisfecha al ver cómo su hermano frotaba inconscientemente su brazo. Hermione era pequeña, pero aparentemente había lanzado un fuerte puñetazo y George tenía más que la ligera sospecha de que había sido entrenada por Ginny—. Aunque eso no signifique que los quiera a ustedes dos revolcándose en mi cama.

—¡Nosotros no vamos a…! —comenzó a gritar Hermione, pero luego se atrapó a sí misma pensándolo y se detuvo—. Bah, olvídenlo —murmuró al levantarse y pasar por al lado de los gemelos, marchando hacia las escaleras que conducían a la cocina del sótano—. Ya lograron ponerme de mal humor. Voy abajo a cenar.

—Muchas gracias —refunfuñó Ron al ver a Hermione desaparecer al irse.

—Cuando quieras —rió Fred.

—Parece que nuestro trabajo aquí ha concluído —agregó George—. Me muero de hambre. Vamos a comer.

...

Al entrar a la cocina, Ron se desilusionó al ver a Hermione sentada al lado de Bill ya absorta en una conversación. Como su padre estaba sentado al otro lado, él tomó el asiento frente a ella y esperó a que notara su presencia. Después de un minuto o dos, ella se fijó en él, le sonrió, y luego giró hacia a Bill y continuó hablando con él acerca de alguna interesante maldición.

Mientras transcurría la cena, Ron se dio cuenta de que Hermione estaba evitando a los gemelos a propósito. Periódicamente lo miraba a él o a Ginny, pero no había mirado a Fred o a George desde que habían entrado a la sala. No le tomó mucho tiempo darse cuenta que le preocupaba provocarlos si llegaba a hacerlo. Sorprendentemente, hasta el momento, los dos habían mantenido sus bocas cerradas. En vez de bromear acerca de la sesión de besos apasionados con la que se habían topado, los gemelos hablaban tranquilamente con sus padres acerca del clima en el Callejón Diagon.

Habiendo devorado su comida con rapidez, Ron estaba bastante ansioso por salir de la cocina y alejarse de miradas entrometidas. El problema era que Hermione parecía no notarlo. Así que continuó esperando por un tiempo su demora en la conversación con Bill, pero aparentemente eso no iba a suceder. Eran necesarias medidas drásticas. Tan sólo rezó por que fuera su pie el que estaba a punto de patear y no el de su padre.

Armándose de todo el coraje del que era capaz, Ron extendió su pierna hasta que su pie tocó algo directamente en frente de él. Nada sucedió. Ron miró rápidamente a su padre y de regreso a Hermione, pero ninguno de ellos reaccionó. Pensando que quizás había sido la pata de la mesa en vez de un pie humano, Ron recorrió suavemente con los dedos de los pies aquella cosa y se detuvo bruscamente cuando se dio cuenta de que estaba directamente encima de otra persona. Definitivamente, no había sido la pata de la mesa. Suspiró aliviadamente cuando Hermione lo miró y él notó cómo sus mejillas se sonrojaron levemente. Ron fijó los ojos en los suyos antes de que ella tuviera la oportunidad de apartar su mirada otra vez, luego miró hacia la puerta e inclinó su cabeza sutilmente como diciendo: “vámonos.”

El tono rosáceo en sus mejillas se profundizó un poco más cuando ella inclinó su cabeza sólo una vez, dejándole saber que había entendido. Pero a diferencia de Ron, que se levantó y llevó su plato vacío hacia el fregadero, Hermione permaneció sentada. Sus ojos encontraron los de ella una vez más desde donde él estaba parado detrás de Bill, y la miró interrogantemente. Ella sostuvo la mirada por un momento, luego fijó la vista en la puerta y la regresó rápidamente a él. Dándose cuenta de que quería que saliera primero, Ron le agradeció a su madre por la comida y se fue.

...

Unos pocos minutos más tarde, Hermione se dirigió a las escaleras seguida por Ginny, quien parecía estar de muy mal humor.

—Al menos me hubiera dejado terminar antes de echarnos —espetó Ginny echando humo, mientras subía terriblemente indignada.

—Te dijo que trayeras el plato —dijo Hermione defendiendo a la Sra. Weasley.

—Ese no es el punto. Estaba tratando de escuchar la conversación —replicó Ginny.

—Ya sé eso —respondió Hermione-, al igual que ella. Fue por eso que nos echó.

—¿Qué conversación? —preguntó Ron al levantarse de su baúl y acercarse a las chicas.

—La que tus padres estaban teniendo con Fred y George —explicó Hermione—. Acerca de cómo las personas estaban tomando la noticia de que…

—¿De qué? —preguntó Ron mirando deliberadamente a Hermione, tratando de descifrar porqué de repente estaba nerviosa.

—Que el ministerio liberó a Krum —dijo Ginny con cautela, esperando a ver a su hermano enfadarse.

—Ah —murmuró Ron, después de un silencio prolongado. Ginny notó cómo fruncía la mirada, pero antes de que él pudiera decir algo más, Hermione lo tomó del brazo y lo arrastró por el vestíbulo lo suficientemente lejos del alcance de sus oídos.

Al verlos irse, Ginny no pudo evitar sonreír para sí misma cuando se dio cuenta de lo que Hermione estaba haciendo. Ella lo había llevado peligrosamente cerca del retrato de la Sra. Black y Ginny no tenía duda alguna de que lo había hecho a propósito. Si Ron perdía la paciencia, perturbaría a la vieja bruja y los gritos llegarían al cielo. Y no sólo tendría que lidiar con Hermione, sino que también tendría que enfrentar la furia de su madre. A pesar de que Ron no tenía ni dos dedos de frente, tenía suficiente sentido común como para darse cuenta del aprieto en que se metería, por lo que mantuvo su voz calma.

Ginny veía con interés cómo Ron y Hermione hablaban en susurros sumamente precipitados. Por raro que parezca, cuando él la miró no parecía enojado. Si Ginny tuviera que nombrarlo, diría que lucía decepcionado, pero él se viró antes de que ella tuviera la oportunidad de estar segura. Hermione debió haber sugerido algo que a su hermano no le agradó demasiado. No sólo sacudió su cabeza negando enérgicamente en desacuerdo, sino que también estiró sus brazos y la tomó de las manos para intentar convercerla de algo.

El hecho de que él iniciara el contacto cogió a Ginny levemente desprevenida. Ron nunca había sido un chico susceptible y sentimental, y hasta hacía muy poco siempre había evitado tocar a Hermione. Entonces supo que ahora las cosas habían cambiado. A fin de cuentas, los había encontrado besuqueándose, pero aún así le resultaba algo extraño. Nunca se había imaginado a su hermano como la clase de sujeto que coge las manos de una chica, mucho menos enfrente de algún miembro de la familia. Y aún así, ahí estaba. La tomaba de las manos provocando un claro efecto en Hermione. Sus facciones se habían suavizado y estaba escuchando lo que fuera que Ron le decía sin señales de interrumpirlo.

«Eso es nuevo» —pensó Ginny para sí misma, al observar la interacción.

Hermione siempre había sido la que mandaba en su amistad. Le decía a Ron y a Harry lo que debían hacer y aunque Ron peleara y Harry se quejara, al final casi siempre hacían lo que ella quería. Por otro lado, Hermione muy raramente escuchaba a los chicos una vez que se encontraba decidida. Pero ahora estaba escuchando a Ron. No sólo eso, estaba considerando fuera lo que fuera que él le había dicho. No estaban peleando, estaban debatiendo. Ginny nunca antes había visto que eso pasara y le desconcertó. Cuando Hermione se llevó a rastras a Ron, no había tenido ninguna duda de que ella saldría victoriosa. Pero ahora que la discusión se había acabado y la pareja volvía hacia ella, no tenía ni la menor idea de quién había salido vencedor.

—¿Quieres que te ayude con eso? —preguntó Ron señalando al baúl de Ginny.

—No, está bien —contestó ella, todavía impresionada de que Ron no hubiera armado un escándalo cuando Krum fue mencionado—. Sólo voy a llevar lo que necesito a mi cuarto. Mamá les dirá a Fred y a George que lo suban más tarde —añadió ella.

—Ah, bueno —dijo Ron mirando a Hermione, quien arqueó su ceja y asintió con la cabeza hacia Ginny—. ¿Y qué es lo que necesitas? —preguntó él sin mucha convicción.

—¿Qué te pasa? —espetó su hermana defensivamente. «¿Qué demonios está pasando aquí?».

—Nada —protestó Ron—. Es sólo curiosidad, nada más.

—No es nada que te interese, pero pensé en empezar mi tarea de pociones.

—Eh…, está bien, entonces.

—Ron y yo vamos a jugar ajedrez en la sala de arriba —le dijo Hermione a Ginny—. Puedes venir con nosotros —añadió rápidamente—, si quieres. Hay un escritorio allí donde podrías hacerla.

—¿No prefieren estar… solos? —preguntó Ginny.

«¡SÍ!» —gritó la mente de Ron, pero tuvo la delicadeza necesaria de no decirlo en voz alta. Ya lo habían decidido, a pesar de su disgusto.

—Esto no está molestándote, ¿cierto? —preguntó Hermione. Su rostro se ruborizó levemente al desprender su mano —que aún seguía entrelazada a la de Ron—, y elevarla para llamar a Ginny.

—No —contestó Ginny honestamente—. Creo que es grandioso. Pero eso no significa que quiera ver como se besuquean toda la noche.

—Vamos a jugar ajedrez —aclaró Hermione.

—Sí, seguro... —resopló Ginny.

—De verdad —suspiró Ron, demostrando su desilusión—. Así que más te vale que nos acompañes.

—¡RON! —gritó Hermione fuertemente.

—¿Qué?

—¿Más te vale? —regañó ella.

—¿Qué malo hay en eso? —cuestionó él—. «La invité, ¿o no? Era eso lo que querías».

—Fue descortés.

—No lo fue —protestó Ron—. Descortés habría sido decirte que ella es mejor jugadora que tú.

—Sólo por eso, yo no voy a jugar contigo —informó ella, soltando su otra mano y cruzándose de brazos.

—Ginny, ayúdame a salir de esto —gimoteó Ron.

—Eres un imbécil sin diplomacia —dijo Ginny—. Y eso está fuera de mi alcance.

—Pero aún así jugarás, ¿verdad? —le suplicó Ron a su hermana.

—Vas a molestarme hasta que te diga que sí, ¿verdad?

—Sabes que sí quieres —replicó Ron con una gran sonrisa—. Nadie que esté bien de la cabeza elegiría trabajar en pociones si tuvieran alguna otra opción.

—No me digas... —replicó Hermione.

—Rápido, ¿aritmancia o pociones? ¿Cuál harías primero? —lanzó Ron.

—Ya, en serio... —gimió Hermione al morderse el labio y sacudir la cabeza, exasperada. Él la tenía y ambos lo sabían.

—Ves, tengo razón —proclamó Ron con una sonrisa—. ¿Qué dices, Ginny?

—Un juego —replicó Ginny—. Y luego trabajo en mi ensayo.

—Como tú digas —rió Ron entre dientes al destrabar la pestaña de su baúl, y retirar las piezas de ajedrez.

...

Una hora y media después, Ron y Ginny estaban a la mitad de su tercer juego. Hermione había cedido y habría jugado con el ganador del primer juego de no haberse dormido antes de que terminara. Ahora estaba acurrucada al lado de Ron—quien estaba sentado cómodamente en el sofá con su brazo apoyado alrededor de su hombro—, mientras le decía a sus piezas adónde moverse.

—Ahí están ustedes tres —dijo Bill al asomar la cabeza por la puerta—. Todo despejado.

—¿Estás seguro? —preguntó Ron.

—Sí. Todo está perfectamente a salvo —insistió Bill.

—¿De qué están hablando? —preguntó Ginny, apartando la vista del tablero de ajedrez para mirar a su hermano mayor.

—Ron estaba preocupado de que Kreacher le hubiera hecho algo a tu cuarto.

—Entonces, de eso se trataba toda esta tontería del ajedrez —dijo Ginny, luciendo insultada—. ¿Sólo intentabas mantenerme alejada de allí hasta que Bill lo revisara?

—No —contestó Ron sinceramente—. No fue así, para nada. «Hermione no quería que te sintieras excluida».

—Me voy a la cama —dijo Ginny, levantándose de su silla y saliendo como un huracán de la habitación.

—Sólo está enfadada porque no me pudo ganar —rió Ron, mientras Bill entraba al cuarto y miraba al tablero de ajedrez.

Con una risa ahogada, Bill giró la tabla para que Ron la pudiera examinar desde su ángulo.

—Ella te habría dejado en jaque con dos movidas —rió él.

—No, claro que n... —comenzó a protestar Ron—. Bah, lo habría notado apenas moviera su caballo.

—Sin duda —replicó Bill, sentándose en la silla ahora vacía de Ginny. Los ojos de Bill se movieron de su hermano a Hermione, quien dormía profundamente al lado de él.

—¿Quieres jugar? —le preguntó Ron a su hermano mayor.

—¿No estás cansado? —cuestionó Bill.

—¿De jugar ajedrez? —replicó Ron como si la idea fuera ridícula—. Jamás.

—Te puedo dar una partida por tu dinero.

—Puedes tratar —rió Ron disimuladamente—, pero perderás como todos los demás.

—Eres un presumido, ¿lo sabías? —rió Bill entre dientes.

—La última vez que me ganaste yo tenía ocho años —contestó Ron, mientras Bill viraba el tablero y ubicaba las piezas faltantes.

—Quizás te dejé ganar —objetó Bill.

—¿Durante ocho años? —Ron soltó una carcajada—. Las blancas se mueven primero.

—Entonces, las cosas entre ustedes dos van en serio, ¿verdad? —preguntó Bill mientras avanzaba unos de sus peones.

—Eh…, sí. Eso creo —dijo Ron incómodamente.

—Felicitaciones.

—Em, gracias —replicó Ron, evitando deliberadamente la mirada de su hermano y estudiando el tablero.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Eh... —Ron tartamudeó—. Uh… ¿tengo opción? —preguntó finalmente al llevar a su propio peón hacia el frente.

Ignorando la pregunta de Ron, Bill preguntó la suya a cambio.

—¿Cómo demonios hiciste para arreglarse tan rápido después de esa pelea?

—¿Qué?, ¿cuál pelea? —preguntó Ron mientras Bill hacía su siguiente movimiento.

—Esa riña que tuvieron por lo que pasó en el campo. Por un momento ella ni te hablaba, luego me voy por diez minutos y cuando regreso los dos actúan como si nada hubiera pasado. Me da curiosidad saber cómo lo hiciste.

—Ah, bueno…, eh… —tartamudeó Ron— Peón, G5. No estaba en realidad tan enojada.

—Hizo una maldita buena imitación, entonces —rió Bill— Alfil, C4.

—Creo que la conozco lo suficiente como para saber la diferencia.

—Me alegro, entonces —dijo Bill sin creer en la respuesta de Ron—. Eso les ahorrará muchísimos disgustos.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ron, tratando de no sonar preocupado— Caballo, F6 —ordenó antes de apartar la vista del tablero para mirar a Hermione, quien todavía descansaba pacíficamente contra su pecho.

—El hecho de que la conozcas tan bien —explicó Bill—. Que puedas hacer… lo que sea que hiciste para que te perdone… la próxima vez que hagas algo estúpido.

—¿Qué te hace pensar que haré algo estúpido?

—Yo también tuve dieciseis, ¿sabes?

—¿Y qué con eso?

—Que cometí muchos errores. Y estoy aquí para asegurarme de que no cometas los mismos.

—Maldita sea —gimió Ron—. Ya tuve esta conversación con papá.

—Sí, recuerdo sus conversaciones. Pero lo que estoy a punto de decirte puede serte sumamente útil.

Por un momento Ron se debatió entre la vergüenza y la curiosidad.

—«¿Útil en qué sentido? ¿Está hablando de alguna técnica? ¿O de una manera secreta para llegar al corazón de una mujer?» —se preguntó Ron echándole un vistazo a Hermione nuevamente para asegurarse de que dormía—. Muy bien —dijo él al ganar su curiosidad—. ¿De qué se trata?

—Paciencia hermanito —rió Bill—. La sabiduría que estoy a punto de transferirte me tomó años reunir. No querrías apresurarme, ¿o sí?

—Sí.

—Podría saltearme algo importante.

—¿Por qué no nos salteamos todo esto, entonces? —respondió Ron cuando su interés en la conversación descendió drásticamente.

—La amas, ¿verdad? —preguntó Bill repentinamente, muy serio.

—«Bien, ésto no era parte del trato». Eh…

—Eso lo hará algo difícil.

—¿Hacer qué difícil? —Ron demandó saber—. ¿Por qué?

—Me estoy adelantando —dijo Bill—. ¿Cómo digo esto? —se preguntó a sí mismo en voz alta—. ¿Sabes qué es lo que las mujeres quieren realmente?

Ron se quedó boquiabierto y miró a su hermano mayor con incredulidad por un momento.

–¡Puf!, seguro —se burló él—. ¿Cómo se supone que lo sepa cuando ni ellas mismas parecen saberlo?

—Veo que entiendes mi punto —rió Bill—, así que déjame reformular la pregunta: ¿sabes qué es lo que quiere Hermione?

—Mmm…, no lo sé. Quizás. Creo. Algunas veces.

—Ella quiere eso —dijo Bill observando a la pareja sentada juntos en el sofá.

—¿Eh? —soltó Ron. Ahora estaba completamente perdido y sin tener la menor idea de lo que Bill estaba hablando—. ¿Ella quiere qué?

—Eso —explicó Bill, señalándolos—. Exactamente eso. Lo que estás haciendo en este momento.

—No estoy haciendo nada —arguyó Ron—. Ella ni siquiera está despierta.

—Puedo decirte que no logró dormir muy bien anoche —dijo Bill cuando Ron comenzó a protestar—. Pero ahora está durmiendo. ¿Por qué crees que sea eso?

—Porque estaba exhausta —respondió Ron.

—No —informó Bill—. Es porque tú le diste lo que necesitaba.

—Nosotros no hicimos nada —protestó Ron—. Ginny estuvo aquí todo el tiempo.

—Tenía que ser... —replicó Bill con una sonrisa—. No sólo caíste en la trampa, hermanito, ¡sino que acabas de zambullirte de cabeza al abismo!

—¿De qué estás hablando? —preguntó Ron. Cuanto más seguía la conversación, más confundido parecía estar.

—Asumiste que lo que ella necesitaba era algo… físico. Estás pensando como un chico.

—Soy un chico.

—Hermione no lo es.

—No otra vez... Mira, siempre supe que ella era una chica. «Incluso antes de que me lo gritara en cuarto año». Sólo me tomó un poco darme cuenta que ella era…, podía ser… más que una amiga.

—Lo importante es que te diste cuenta de ello —dijo Bill—. Pero eso no es lo quiero decir.

—¿Entonces qué es?

—La mayoría de las chicas de tu edad no quieren lo mismo que los hombres. Ellas quieren estar cerca tuyo. Sentirse amadas. Tomarse de las manos y acurrucarse a tu lado. Quieren besar y tocar un poco, pero eso ya es demasiado.

—Eso no es verdad —insistió Ron—. «No puede ser verdad». Hay muchísimas otras chicas en Hogwarts que hacen más que eso.

—Sólo porque lo hagan, no significa que eso sea lo que realmente quieren.

—¿Y por qué lo harían si no quieren hacerlo? —preguntó Ron.

—Porque así consiguen las otras cosas que mencioné. Muchas chicas lo hacen sólo porque temen que el sujeto no las quiera si se niegan.

Ron pensó silenciosamente ese punto por un minuto antes de contestar.

—Pero eso es ridículo. Hermione jamás pensaría algo así. Me refiero a que… debe que saber que yo no la dejaría simplemente porque ella no quiera… Es decir…, esa no es la razón… Yo…, yo esperaría —tartamudeó él, al sentir la punta de sus orejas calentarse mientras su cara se enrojecía.

—Buena respuesta —dijo Bill, dándole una sonrisa alentadora a su hermano—. Probablemente deberías decirle eso.

—¿Qué? Si ella ya lo debe saber...

—¿En serio? —preguntó Bill—. Retrocede y mira a la escena completa por un segundo. Esas otras chicas…, las que están dispuestas, obtienen muchísima atención de los chicos en la escuela, ¿cierto?

—Bueno, sí, supongo.

—Y las chicas a las que los chicos no adulan…ven esto, ¿no?

—Sí.

—Y probablemente se ponen algo celosas —continuó Bill.

—Supongo que quizás algunas de ellas —admitió Ron.

—¿Cómo son las compañeras de cuarto de Hermione?

—Son un grupo de tontas chismosas. No están ni cerca de ser tan grandiosas como ella.

—¿Son… populares?

—Bueno, sí, pero eso es porque se pasan la mayoría del tiempo tratando de lucir bien —dijo Ron, como si eso fuera algo negativo—. ¡Lavender lleva su varita encima sólo para poder rizarse las pestañas con ella, por todos los cielos!

—¿Entonces son superficiales? —preguntó Bill.

—Podría decirse.

—Y aún así a los chicos les gustan. ¿Cómo crees que eso hace sentir a alguien inteligente como Hermione?

—¿Qué quieres decir? —cuestionó Ron—. Ella piensa que son un par de idiotas.

—¡Merlín! ¿Alguna vez fui así imbécil? —murmuró Bill para sí mismo.

—¡Oye! —gritó Ron un poco más fuerte de lo que planeado, haciendo que Hermione se moviera en su sueño. Ambos se quedaron helados cuando ella gemió suavemente y acarició con su nariz el hueco en el cuello de Ron de manera penetrante. Los dos hermanos se miraron el uno al otro silenciosamente por un momento, esperando a ver si se despertaba. Como ella no realizó ningún otro intento de moverse y continuó respirando profundamente, los dos decidieron que podían continuar.

—Bien—dijo Bill débilmente—. Permíteme abreviarlo todo para ti. Las compañeras de Hermione son un par de idiotas. Son superficiales y no les importa nada excepto como lucen y llamar la atención de la población masculina. ¿Correcto?

—Sí, eso lo resume todo bastante bien —asintió Ron.

—Por otro lado, Hermione es… ¿Cómo es exactamente? —preguntó Bill.

—Increíble —contestó Ron casi instantáneamente.

—¿Podrías ser más específico?

—Sí, pero no voy a serlo —informó Ron.

—Bien, entonces —dijo Bill, sabiendo que no tenía sentido presionarlo porque él ya se había decidido—. Así que Hermione, quien es esta "increíble" muchacha, ha pasado los últimos cinco años escuchando los chismes de sus compañeras acerca de varios novios. Y por supuesto, siendo lo inteligente que es, se ha dado cuenta de que a algunos adolescentes les interesa más la apariencia de una chica y cuán lejos llega, que su personalidad. Es una conexión física, no una emocional la que esos chicos persiguen.

Los ojos de Ron se abrieron exageradamente al recordar la manera en la que Hermione le había gritado después de él decir que preferiría ir solo al baile de Navidad que con un trol como Eloise Midgen.

«¡Maldita sea! Ella pensó que yo era uno de esos tipos. “¿Así que, básicamente, llevarías a la chica más bonita que puedas tener, incluso aunque sea completamente horrible?” —escuchó la voz de Hermione chillar dentro de su cabeza—. “Sí, eso es correcto” —se oyó a sí mismo coincidir con ella—. ¡MALDITA SEA! Yo era uno de esos tipos. ¿Qué tal si ella piensa que aún sigo siendo uno de ellos?» ¿Por qué no me dijiste esto hace dos años cuando podría haber hecho alguna diferencia? —se quejó Ron—. Entonces, ¿qué se supone que deba hacer?

—Yo no soy tú —dijo Bill—. No puedo responderte a eso.

—¿Qué harías tú?

—¿A tu edad? —preguntó Bill—. Ya estaría saliendo con sus compañeras. ¿Cómo crees que descubrí todo esto? Me tomó un largo tiempo darme cuenta que había más que sólo pasar un buen rato. No me malinterpretes. No era un canalla o algo así. Es sólo que no me tomaba el tiempo necesario para realmente llegar a conocerlas. De esa manera, cuando la diversión se acababa, era más fácil dejar de verlas y seguir de largo. Nunca he tenido algo parecido a los que ustedes dos ya tienen. Nunca me he tomado el tiempo necesario para involucrarme emocionalmente antes de que lo otro comenzara. Pero ustedes dos ya lo tienen. No tienen que atravesar todas las charlas incómodas para "llegar a conocerse". Y no tienen que preocuparse por esos silencios incómodos ni cómo hallar la manera de llenarlos, si entiendes lo que digo. Eso te pone de cabeza en el juego. Llenar esos silencios es lo que lleva a una relación en una dirección directamente superficial. Por otro lado…

—¿Por otro lado qué? —preguntó Ron, denotándose en su voz algo de pánico.

—Si las cosas salen mal…

—¿Por qué asumes que las cosas van a salir mal?

—Uno nunca sabe —contestó Bill—. Algo podría pasarle a…

—Basta —interrumpió Ron cuando se dio cuenta de lo que Bill insinuaba.

—Estuve allí, Ron. Vi cómo reaccionaste cuando mamá te dijo que ellos la tenían.

—No quiero hablar de eso —dijo Ron vehementemente. «¡Nunca! ¡Ni siquiera quiero pensar en ello!»

—Sé que no quieres —dijo Bill—. Pero ese es el punto malo de estar involucrado emocionalmente. Corres el riesgo de salir herido. No eres el único que corre el riesgo. Ella es una gran chica. No desearía ver a ninguno de los dos sufriendo por el otro.

—Yo nunca…

—No intencionalmente —replicó Bill—. Pero las cosas pasan. Sólo… tómalo con calma y asegúrate de no estar presionándola a hacer algo para lo cual no esté realmente lista —Bill quería decirle a su hermano que ellos tendrían el resto de sus vidas para hacerlo, pero sabía que no sería un argumento muy fuerte en ese momento, menos si tenía en cuenta que pronto estarían atrapados en medio de una guerra—. Y si es idea de ella —continuó Bill—, espera un momento y pregúntate por qué. ¿Es eso lo que realmente desea, o es porque piensa que es lo que tú quieres?

—¿Eso es todo? —preguntó Ron sarcásticamente—. ¿Que debería rechazarla, incluso si eso es lo que ella quiere, para que no piense que eso es lo único que me interesa?

—¿Todavía recuerdas el encantamiento que te enseñé?

—Sí —murmuró Ron, y su cara se sonrojó levemente.

—Si no estás seguro…

—No, recuerdo cómo hacerlo.

—No lo olvides —advirtió Bill.

—No lo haré.

—Mamá te MATARÍA.

—Como si no lo supiera...

—Sabes que… las mujeres no son iguales a los hombres —dijo Bill.

—Descubrí eso hace algunos años —bufó Ron—. Pero gracias por resaltar lo obvio.

—No, me refiero a que… no es lo mismo cuando están… juntos. En especial al principio. Será doloroso para…

—Diablos —murmuró Ron mientras sus orejas se enrojecían para convinar con su pelo y su cara.

—Tampoco es divertido para mí hablarte de esto, ¿sabes? Especialmente con ella sentada ahí. No dudaría en que haya estado fingiendo dormir.

Ron se rió a pesar de sí mismo.

«Yo tampoco» —pensó—. Confía en mí —le dijo a su hermano—. Está durmiendo. Estaría ruborizándose como loca de no estarlo. No quiero lastimarla —murmuró esta vez, más para sí mismo que para que escuchara Bill.

—Lo harás. No hay forma de evitarlo —dijo su hermano.

—Lo sé.

—No sólo estoy hablando de… al principio.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ron, sintiendo un nudo de pánico enrollándose en su estomago otra vez.

—Bueno, todas las chicas son diferentes, por supuesto, pero… eres mi hermano, después de todo. Y parece que tenemos el mismo tamaño.

—¡DIABLOS! —gritó Ron.

—¿Ron? —gimió Hermione, mientras sus ojos parpadearon y se distanció un poco de él—. ¿Qu… qué pasa? —preguntó ella y entonces se cubrió la boca para bostezar—. Ginny no te ganó, ¿o sí? —cuestionó, girando para ver a la persona sentada en la silla de enfrente—. Oh, hola Bill —dijo ella—. ¿Qué pasó con Ginny?

—A diferencia de algunas personas, decidió dormir en su cama —bromeó Ron agradecido de que Hermione siguiera somnolienta y no se diera cuenta de qué era lo que la había despertado.

—Oh, cállate —contestó ella al darle una palmada levemente en el brazo—. ¿Cuánto tiempo estuve dormida? —preguntó tratando de suprimir otro bostezo.

—Un par de horas.

—¿En serio? —dijo ella, incapaz de evitar la sorpresa en su voz—. ¿Y te quedaste conmigo encima tuyo todo el tiempo?

—No es como si pesaras algo —contestó Ron rápidamente—. Y aún me queda una mano libre —dijo él, acercándola con el brazo que tenía envuelto sobre su hombro—. Además, no necesité ninguno de ellos para darle a Ginny una perfecta derrota.

—Ella le habría ganado en dos movidas de no haberse ido a la cama —rió Bill.

—No, no lo habría hecho. Y hablando de camas —interpuso Ron cuando Hermione bostezó otra vez—. Sé que estás agotada, ‘Mione. ¿Por qué no vas a dormir?

—Estoy cómoda aquí —protestó ella.

—Como quieras —dijo Ron, bajando la vista al tablero de ajedrez nuevamente—. Creo que yo me meteré en una al terminar este juego. ¿Te despierto de nuevo, entonces? —interrogó estudiando el tablero—. ¿A quién le toca? —le preguntó ahora a Bill.

—No recuerdo —respondió su hermano honestamente—. Creo que le llamaremos un empate, entonces.

—De ninguna manera —replicó Ron, soltando a Hermione y sentándose derecho—. Vamos a empezar de nuevo —dijo reacomodando las piezas—. ¿A dónde vas? —preguntó él cuando Hermione se levantó—. Pensé que te ibas a quedar.

—Acabo de recordar algo —dijo ella mientras caminaba hacia la puerta—. Regreso en un minuto.

Tan pronto ella desapareció de vista, Ron miró a su hermano mayor seriamente.

—Podemos terminar esto más tarde —dijo Bill.

—No —protestó Ron—. ¿Qué quisiste decir?

—No es algo de lo que tengas que preocuparte en este momento —contestó Bill débilmente—. No están allí todavía, ¿verdad?

—No —admitió Ron.

—Entonces no te preocupes.

—Oh, claro. ¿Me dices que la voy a lastimar y después que no tengo que preocuparme por eso?

—Sólo entiende que probablemente será incómodo para ella por un tiempo.

—Dijiste que iba a ser doloroso.

—Puede serlo. Todo depende.

—¿De qué?

—Sólo asegúrate de que esté relajada —dijo Bill—. Y… —miró hacia la puerta y luego de regreso a Ron—. Ten en cuenta que el acto mismo no será suficiente para ella. Incluso después de que se haya acostumbrado.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ron por lo que parecía ser la centésima vez.

—Que probablemente tengas que atenderla de otras maneras —dijo Bill rápidamente.

—¿Cómo? —preguntó Ron.

—Todas las mujeres son diferentes. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Sólo presta atención a cómo reacciona cuando… la toques. Serás capaz de deducir lo que le gusta y lo que no.

—¿Y qué si no puedo deducirlo?

—Entonces le preguntas —sugirió Bill.

—¡¿Estás loco?! —gritó Ron—. ¡No puedo hacer eso!

—Claro que puedes. Tan sólo le preguntas lo que quiere.

—No puedo.

—Bueno, entonces averígualo solo —dijo Bill—. Solamente recuerda esto, porque es la clave para todo. Atiende sus necesidades primero. Estará más relajada después y… más ansiosa de atender las tuyas. Pero no tienes que preocuparte por nada de esto ahora —dijo Bill al levantarse para irse—. Ahora sólo debes preocuparte en descubrir una forma para que ella no se sienta presionada. Dile lo que me dijiste antes —añadió él al caminar hacia la puerta—. Que no te importa esperar. Ella necesita oírlo. No te preocupes por el resto. Se resolverá solo.

—Él no te ganó ya, ¿o sí? —preguntó Hermione al aparecer por la puerta con un libro en la mano.

—No, decidí retirarme —dijo Bill al prepararse para salir.

—Espera —dijo Hermione cuando él la iba a pasar—. He estado pensando acerca de esa maldición en la que estás trabajando —continuó—. Me sonaba vagamente familiar. Estaba segura de que había leído acerca de una maldición similar en algún sitio. Aquí —dijo ella, dándole el libro a Bill—. Marqué la página para ti —añadió cuando él la miró interrogante—. No es la misma, por supuesto, pero es bastante parecida.

—¡Demonios, Hermione! —gritó Bill cuando bajó la mirada al libro en su mano y leyó "Magia más Diabólica" impreso en la cubierta—. ¿Qué estás haciendo con un libro como éste? —demandó mirándola con sus ojos abiertos como platos.

—Investigo —contestó Hermione rápidamente—. Lo pedí prestado de Hogwarts así que lo necesitaré de vuelta —añadió.

—¿Por qué estarías investigando con algo como ésto? —preguntó Bill, agitando el libro en frente de su cara.

—Porque eso es lo que hace Hermione —interrumpió Ron—. Ve un libro y tiene que leerlo.

—¿Dónde lo conseguiste? —demandó Bill.

—Ya te lo dije, lo pedí prestado de Hogwarts.

—Nunca vi ningún libros como éste cuando estudiaba allí.

—Quizás no buscaste en el lugar correcto —acotó Ron con una sonrisa cómplice. Bill había sido Premio Anual. Probablemente se conocía la biblioteca tan bien como Hermione. Pero aún así, él no sabía acerca de la Sala de los Requerimientos.

—Quizás hayan obtenido libros nuevos desde entonces —sugirió Hermione—. No sé qué decirte. Ahí fue donde lo conseguí y tengo que devolverlo. Si piensas que no te va a ser útil, lo tomaré de vuelta.

—No estoy seguro de que debas tener libros como éste —dijo Bill estudiando a Hermione de cerca—. Quizás deba devolvérselo a Dumbledore cuando termine.

—Está bien —contestó Hermione sin mover una pestaña—. No importa siempre y cuando Madam Pince lo tenga de regreso. Yo ya lo he leído, ya sabes... —añadió ella al caminar y sentarse sobre el sillón al lado de Ron—. Más de una vez, en realidad. Así que ya no lo necesitaré más.

—Estás empezando a sonar como mamá, ¿sabes? —gritó Ron a su hermano después que él asintió con la cabeza a Hermione, y salió de la sala—. Él no se lo dará a Dumbledore —dijo Ron calladamente—. Tan sólo te estaba probando para cerciorarse de que realmente lo hayas obtenido del colegio.

—Uno pensaría que estuve merodeando por el Callejón Knockturn en busca de libros sobre magia oscura, por la manera en que reaccionó.

—Probablemente lo pensó —rió Ron disimuladamente—. Has estado usando material poco fiable últimamente. ¿Viste la cara que puso cuando descubrió que tenías una poción que podía cegar a las personas?

«No sabes ni la mitad de lo que tengo —pensó Hermione para sí misma—. Si supieran lo que tengo guardado en mi baúl ahora»… ¿Crees que es gracioso? —preguntó ella.

—Diablos, ¡sí! —rió él—. Es agradable ver que no soy el único al que puedes intimidar. ¡Él tenía miedo de que hayas aprendido como lanzar todos esos hechizos!

—Lo hice —replicó ella seriamente.

—¡¿QUÉ?! —gritó Ron dejando su boca abierta—. Tú…, espera…, estás bromeando, ¿cierto? —dijo él cuando la vio tratando de contener una sonrisa.

—Ni siquiera yo no podría aprenderlos todos tan rápidamente —dijo Hermione con una sonrisa—. De verdad que te asustas muy fácil.

—Eso fue cruel —gimoteó Ron.

—¿Qué tal si te compenso por eso? —preguntó Hermione.

—¿Qué tenías en mente?

—Bueno, un trato es un trato —contestó ella—. Y acordamos que tendríamos algún "tiempo a solas" tan pronto Ginny se acostara.

—No tienes ninguna obligación, ¿sabes? —dijo Ron—. Quiero decir…, sé que estás cansada y no quiero mantenerte levantada si prefieres ir a la cama… Eh… quiero decir, a dormir. Podemos…, no tenemos que hacer nada.

—¿Me perdí algo? —preguntó Hermione, dándole a Ron una mirada evaluadora—. ¿No fuiste tú el que me dijo que iba a ser casi imposible encontrar algo de tiempo para estar solos, con tu familia alrededor observándonos? Y ahora que estamos solos, ¿quieres que me vaya a domir?

—No quiero que lo hagas —dijo Ron—, pero creo que probablemente deberías. Tenemos todo el verano, ¿cierto? —añadió él, inclinándose y dándole un beso rápido—. No hay motivo para que te canses aún más —continuó él al enderezarse y estirar su mano para ayudarla a levantarse—. Además, mañana tenemos todo el día para… estar solos.

—Muy bien —dijo Hermione, tomando la mano de Ron y permitiéndo que la alzara. Ella no estaba segura de qué exactamente era lo que estaba ocurriendo, pero no vio ninguna razón para discutir acerca de ello. Quizás estaba cansado por su viaje. Los días pasados no habían sido nada fáciles para él tampoco. O quizás sólo estaba preocupado por ella y no quería decírselo porque pensaba que se pondría a la defensiva y se quedaría despierta para probarlo—. «Sea lo que sea, lo descifraré mañana» —pensó al ellos caminar hacia la puerta y salier al pasillo.

—Bueno, buenas noches, entonces —dijo Ron inclinándose y dándole un casto beso en la mejilla, antes de dirigirse pensativo hacia las escaleras.

—Buenas noches —contestó Hermione, mirándolo fijamente y frunciendo el ceño, confundida—. «¿Qué demonios acaba de pasar aquí?» —se preguntó al voltear y bajar hacia su cuarto.

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