Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


T
ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 3: La carta

La mitad de la familia Weasley se había amontonado alrededor de la mesa de la cocina. Ginny, la más pequeña, lloraba silenciosamente en su asiento. La Sra. Weasley se encontraba detrás de su hija y acariciaba su pelo gentilmente, de esa manera en que sólo las madres pueden hacerlo. Bastaba con su presencia para hacer sentir a Ginny un poco mejor. Pero un poco mejor no era suficiente. La impresión de ver la cara de Ron aparecer por la chimenea y desplomarse sobre el suelo como si estuviera muerto, seguida por la noticia de Fred y George de que Hermione había sido secuestrada por los seguidores de quien-tú-sabes, ya era lo suficientemente horrorosa. Pero la mirada en los ojos de Ron después de que su madre lo reanimara fue lo que más la atormentó. Ella lo había visto llorar cuando eran más pequeños. Lo había visto herido. Lo había visto furioso. Lo había visto aterrado. Lo había visto abatido, pero jamás lo había visto expresar todos esos sentimientos al mismo tiempo. Ginny nunca antes había visto tanta angustia y desesperación encerrada dentro de alguna persona. El hecho de que esa persona sea su hermano, le rompió el corazón.

Ginny inspiró agobiadamente y se secó las lágrimas apenas derramadas. Fred, quien la había estado observando, se inclinó encima de la mesa y le ofreció un pañuelo.

—Gracias —murmuró ella, y luego lo usó para limpiarse la nariz.

George todavía estaba mirando a través de la ventana con una expresión vacía en el rostro. Su ojo derecho lucía ahora una extraña y luminosa sombra morada, teñida de amarillo alrededor de los bordes. La Sra. Weasle se había ofrecido curarle el moretón, pero George se había negado. De vez en cuando, Ginny notaba que él elevaba una mano y pasaba sus dedos por la zona inflamada. Era como si estuviese tratando de utilizar el dolor físico para ocultar aquel dolor emocional que lo carcomía por dentro.

—«No está teniendo más suerte que yo» —pensó Ginny para sí misma.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un terrible estrépito, seguido casi instantáneamente por el sonido inequívoco de los cristales al romperse. Ginny se sobresaltó pero enseguida la mano de su madre la tomó tranquilizadoramente por el hombro. Levantó la vista y vio cómo su madre miraba al techo, con sus expresiones tensas, cansadas.

—Ha estado así por horas —dijo George débilmente a su hermano gemelo—. No creería que hubiera algo más que romper en ese cuarto.

—Quizás se movió al nuestro —intentó bromear Fred.

—Desearía saber que está pasando —comentó Ginny suavemente.

—Tu padre nos avisará en cuanto haya alguna novedad —le afirmó la Sra. Weasley.

—¿Qué crees que le harán a Krum? —preguntó Ginny a sus hermanos.

—Supongo que todo depende de si creen en su historia o no —indicó George.

—Papá parece creerle —replicó ella—. Dice que Krum está verdaderamente disgustado por lo sucedido.

—¿Está disgustado por lo que pasó o sólo porque lo atraparon? —preguntó Fred pesadamente—. No suena cómo si fuera la primera vez que utilizala maldición Imperius como excusa.

—Le funcionó una vez, ¿por qué no usarlo de nuevo? —espetó George acordando con su hermano.

—Eso no es cierto —replicó Ginny—. Él dijo la verdad la primera vez. Yo escuché a Harry decirle a Ron que Crouch admitió haber usado la Maldición Imperius para controlar a Krum durante la última prueba del torneo. Tú no crees realmente que él tratara de lastimar a Hermione a propósito, ¿verdad?

Fred encogió sus hombros sin respuesta alguna.

—Lo dudo —admitió finalmente George—. Pero no dudaría que los idiotas del Ministerio lo acusen por lo sucedido, sólo para enviar a alguien a Azkaban y hacer creer que están trabajando duro en contra de quien-tú-sabes.

—Ron está tranquilo otra vez —dijo Fred mirando al techo momentáneamente, antes de que una ráfaga blanca viniera zumbando por la ventana abierta de la cocina y llamara su atención.

—¡Hedwig! —gritó Ginny cuando el ave aterrizó de un golpe sobre la mesa en frente a ella. Inmediatamente Ginny extendió su mano para acariciar las plumas suaves del búho mientras removía la carta amarrada a su pata—. Es para Ron —dijo Ginny mirando a su madre—. ¿Por qué nos la entregaría a nosotros?

—Supongo que ya sabemos con que se deshaogó esta vez— pensó George en voz alta.

—No creerás que... —comenzó la Sra. Weasley.

—¿Que trató de tirarla por de la ventana? —respondió Fred—. Creo que tiraría a Ginny por la ventana si ella intentara entrar a ese cuarto.

Ginny continuó acariciando las plumas de Hedwig, hallándolo consolador.

—Trata de no enfadarte con él —le murmuró ella al ave a la vez que se le escaparon un par de lágrimas—. Está pasando por un momento difícil.

—¿Deberíamos abrirlo? —preguntó George a su madre, ojeando la carta.

—Está dirigida a Ron —replicó la Sra. Weasley, como si eso pusiera un punto final al asunto.

—¿Qué tal si es importante? —insistió Fred.

—¿Qué tal si él hubiera visto algo? —añadió George.

—¿Qué tal si... él se fue de su casa y está tratando de llegar a Ron para que lo ayude a salvarla? —preguntó Ginny.

La Sra. Weasley retiró la carta de las manos de Ginny y la abrió al instante. Sus ojos leyeron rápidamente y luego dejó caer sobre la mesa el pergamino cuando sus propias lágrimas comenzaron a derramarse.

Fred tomó la carta inmediatamente y George se inclinó aún más veloz para poder leerla con él. Cerrando los ojos con una expresión dolorosa, Fred dejó la carta boca abajo sobre la mesa. Ginny se apresuró a tomarla.

—No, Gin —dijo George, cubriendo la carta con sus manos—. No.

Ginny le miró firmemente a los ojos al empujar su mano y coger el pedazo de pergamino. Respiró hondamente, se calmó, y entonces la viró para leer:

La están torturando. Ella sabe que estoy observando.
Miró directamente hacia mi y me dijo,
"¡NO TE ATREVAS A SALIR DE TU CASA, HARRY!"
Él no quería que ella hablara conmigo.
He perdido la conexión.
Siempre y cuando me quede aquí, él la mantendrá viva.
Diles a los demás que se apresuren.
Él se está poniendo furioso.
No se cuánto más podrá resistir.


Ginny dejó caer la carta con un sollozo y entonces se arrojó sobre la mesa, ocultando su rostro en sus manos.

—No podemos decirle a Ron —sentenció Fred débilmente.

—No, no podemos —acordó su madre, sabiendo perfectamente que él dejaría la seguridad de su hogar y se convertiría en el próximo objetivo.

Ella miró al techo como si tratara de adivinar si Ron todavía estaba en su cuarto y se dio cuenta de que hubiera sido mejor si él continuara despedazando totalmente su habitación, al menos así sabría exactamente lo que estaba haciendo. Atravezando la cocina con unos pocos pasos, la Sra. Weasley abrió la puerta y miró al Reloj del abuelo en el salón. Sus ojos rápidamente buscaron la manecilla con el nombre de su hijo más joven. Un aliento de alivio pasó por sus labios al notar que todavía apuntaba a 'Casa' y no había saltado a 'Peligro mortal'.

—«Está demasiado tranquilo arriba» —pensó ella al cerrar la puerta y caminar a la mesa de la cocina para pararse junto a los gemelos.

—¿Debería... debería responderle? —preguntó Ginny a su madre con voz temblorosa —Hedwig aún sigue aquí. Debe estar esperando una respuesta.

—Sí, querida, quizás deberías —replicó la Sra. Weasley—. Accio —dijo ella, apuntando su varita al cajón de al lado de un gabinete. El cajón se abrió y una botella de tinta y una pluma se dispararon a través del cuarto y aterrizaron en la mesa frente a Ginny.

Ginny viró la carta de Harry y estaba al punto de garabatear un mensaje en la parte de atrás cuando un bulto de plumas color café aterrizó con un golpe ruidoso. Hedwig saltó hacia atrás con un ululato indignante, y luego expandió sus alas y saltó al respaldo de la silla de Ginny.

La Sra. Weasley extendió su brazo y removió la carta de la pata del búho. Una vez que su carga fue removida, saltó de la esquina de la mesa y voló fuera de la ventana.

—¿Es de papá? —preguntó Fred con esperanza.

—No, es de... del Departamento de Transportación Mágica —respondió la Sra. Weasley, algo desconcertada. Entonces, para sorpresa de sus hijos, ella gritó de asombro e inesperadamente desapareció del cuarto.

Ginny se estiró para buscar la carta abierta que estaba cayendo al piso.

—¡¡¿Qué?!! —gritaron juntos Fred y George, una vez que Ginny la había leído rápidamente y comenzaba a alejar la vista de la carta, boquiabierta...

—Está... está dirigida a Hermione —murmuró Ginny, dándole la carta a sus hermanos.

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