Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 15: Reunión familiar

Hermione se despertó de su sueño debido al sonido de alguien hablando bastante fuerte en la planta baja. Preguntándose por cuánto tiempo había estado dormida, se resfregó los ojos y se levantó. Ya despierta, pudo reconocer la voz de Ginny que se filtraba a través de la puerta entreabierta.

—No puedes irrumpir aquí y… ¡Vete al demonio, Per…!

La voz de Ginny se marchitó por un momento y Hermione agudizó sus oídos en un intento por escuchar algo más. Por un segundo creyó haber oído una profunda voz masculina mascullar algo antes de que el grito furioso de Ginny la ahogara.

—¡No me importa con quién estás!. ¡No puedes ve…! ¡Vas a tener que… hablar con Bill!... Está afuera en el patio tratando de deshacerse de...

Luego se oyeron más murmullos. Quienquiera que sea que le estuviese hablando o estaba elevando la voz, o se estaba acercando. Esta vez Hermione estaba casi segura de que había escuchado hablar a dos voces masculinas claramente diferentes al mismo tiempo antes de que Ginny los interrumpiera.

—¡¡Oigan!! ¡¡Dije que no la pueden ver!! —le escuchó Hermione gritar furiosamente a Ginny. Hubo un fuerte golpazo y entonces Ginny explotó—. ¡QUÍTAME LAS MANOS ENCIMA, HIJO DE P… BILL! —Hermione escuchó a Ginny llamar a su hermano mayor mientras los pasos resonaban bajo de las escaleras—. ¡¡BILL!!

Hermione sólo tuvo tiempo de darse cuenta de que Ginny no podía estar peleando con Fred y George porque ninguno de ellos jamás le pondrían una mano encima, cuando se escuchó un golpe en la puerta que luego fue empujada por un hombre que ella nunca antes había visto. Hermione al instante metió su mano debajo de la almohada en la que había descansado para agarrar la varita de Ron. Hubiera maldecido a aquel hombre desconocido justo en donde estaba parado si Percy Weasley no hubiera entrado a la habitación en el preciso instante en que ella agarraba la varita.

—¡FUERA! —gritó Hermione fuertemente mientras miraba con el ceño fruncido a Percy. Por su parte, Percy actuó como si no la hubiera escuchado. De hecho, ni siquiera miró a Hermione. Se apartó del camino y dejó que sus ojos exploraran su viejo dormitorio mientras un tercer hombre entraba por la puerta.

Hermione entrecerró aún más los ojos furiosamente al ver al Ministro de Magia caminar unos pasos hacia la cama y darle una pacífica sonrisa. Lejos de calmarla, todo lo que provocó fue indigarla aún más. Escrutó con la mirada a Cornelius Fudge por un minutos más y luego la dirigió fulminantemente al pelirrojo que pretendía ignorarla—. ¡QUE TE LARGUES DE UNA MALDITA VEZ! —gritó ella.

—Ya veo... —acotó el hombre desconocido todavía parado al lado de la puerta mientras miraba al Ministro, y le levantó una ceja, sorprendido.

—¡HABLO EN SERIO, PERCY! —rugió Hermione tan fuerte que hasta Fudge se alejó de ella—. ¡TÚ, TRAIDOR, EGOÍSTA, DESERTOR! ¿CÓMO TE ATREVES A PONER UN PIE SOBRE ESTA CASA DESPUÉS DE LA MANERA EN QUÉ TRATASTE A TU FAMILIA?

—Espera sólo un minuto —indicó Percy, finalmente considerando necesario mirar a Hermione y reconocer el hecho de que ella le estaba hablando.

Con un estrepitoso ¡crack!, Fred se materializó en el aire a un lado de la cama y enseguida apuntó su varita al inoportuno trío parado enfrente de él.

—¡NO TE ATREVAS A HABLAR CONMIGO, ASNO PRESUNTUOSO! —gritó fuertemente Hermione—. ¡TIENES HASTA LA CUENTA DE TRES PARA SACAR TU PRETENCIOSO TRASERO DE MI VISTA! —chilló ella al sacar la varita de Ron de debajo de la almohada y apuntarla directamente al pecho de Percy—. ¡ANTES DE QUE TE MALDIGA HASTA BORRARTE LA MEMORIA!

—Los vocifeadores... —murmuró Fudge para sí mismo mientras miraba boquiabierto la escena que se desarrollaba delante suyo.

—Ya la oíste —dijo Fred girando su propia varita hacia su hermano—. Fuera de su cuarto.

—¡UNO! —gritó Hermione.

—Éste es mi cuarto —gritó Percy ofendido.

—Ya no lo es más —informó Fred con una sonrisa de satifacción—. Esta habitación ahora es de ella. Y te pidió que te fueras. ¡ASÍ QUE LÁRGATE DE UNA MALDITA VEZ!

—¡DOS! —Hermione continuó la cuenta regresiva.

Profundamente enrojecido, Percy echó un vistazo a su jefe como si buscara una respuesta a qué debería hacer. Viendo nada más que asombro en el rostro de Fudge, Percy hizo la única cosa sensata que podía hacer.

—¡TRES! —rugió Hermione.

El Sr. Weasley y Bill aparecieron justo a tiempo para ver a Percy huir y correr hacia el vestíbulo, cerrando bruscamente la puerta detrás suyo para obstaculizar cualquier maldición que pudiera estar siguiéndole. Desafortunadamente para Percy, George estaba esperándolo. Mientras hacía su precipitada retirada, George trabó su pierna e hizo tropezar a su hermano. Percy estuvo forzado a abandonar los papeles que tenía firmemente agarrandos para poder evitar la caída. George rió descaradamente al mirar como su hermano mayor recogía todos los papeles e intentaba acumularlos en una pila sobre el piso. Antes de que Percy pudiera recopilarlos en sus manos nuevamente, George dio unas zancadas hasta que ambos pies estuvieran firmemente plantados encima de los documentos del Ministro.

—Recibiste otro vocifeador, ¿eh, Perce? —insultó a su hermano mientras éste se levantaba—. ¿Cerrado y privado esta vez?

—¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO ALLÍ ARRIBA? —gritó Ron mientras se precipitaba por las escaleras con Ginny pisándole los tobillos—. ¿Qué está haciendo él aquí? —preguntó Ron a George, frunciendo el rostro asqueadamente al decir ‘él’, como si fuera algo profano.

—Vino a acosar a tu novia —replicó Fred al salir del dormitorio y cerrar la puerta detrás de sí.

—¿Novia? —cuestionó Percy cuando Ron lo miró amenazadoramente.

—Si le hiciste algo, te juro que voy a… —comenzó Ron antes de que su hermano lo interrumpiera.

—Si alguien estuvo en peligro fue ese estúpido imbécil —rió Fred, apuntando a Percy con su varita—. Casi se orina encima cuando ella le apuntó con tu varita y amenazó con maldecirlo hasta que perdiera la memoria. Fue endemoniadamente brillante —continuó él sonriente.

—Ya te había visto hacerla rabiar, Ron —rió George gozando de la situación—. Pero jamás la había escuchado gritar de tal forma.

—Bueno, quizás después del Baile de Navidad —rió Fred cínicamente.

—Sí, esa fue bastante impresionante, ¿no? —dijo George riendo algo divertido—. Me recordó a aquella que tuvieron mamá y papá cuando…

—¡Oh, cállense! —Ron gruñó a los gemelos, aunque estaba con la mirada atenta en Percy.

—Aún así, apuesto a que eso no fue nada comparado con los vocifeadores que recibiste, ¿verdad, Perce? —preguntó Fred.

—No sé de qué hablas —respondió Percy devolviéndole la mirada a sus hermanos, con el rostro firme y tratando de actuar con dignidad.

George miró a Fred a los ojos y ambos resoplaron fuertemente por la fingida confusión de su hermano.

—Lo que hubiera dado yo por estar ahí y haber sigo testigo de ello —rió George insolentemente.

—¿De qué están hablando? —preguntó Ginny luciendo tan confusa por los comentarios como Ron.

—¿No te lo dijo? —preguntó Fred a Ron con una sonrisa.

—Tu novia ha estado enviando vocifeadores al Ministerio para este imbécil —espetó George mientras apuntaba a Percy, sin dejar de reír.

—Perkins nos lo dijo —añadió Fred.

—Él estaba allí cuando el primero explotó —explicó George—. Maldito afortunado. LLegó a escucharlo todo. Pero la verdad es que ese no fue el único, ¿verdad? —le preguntó a Percy.

—Ella los programa perfectamente —dijo Fred con el rostro lleno de sincera admiración.

—Ya lo creo —contestó su gemelo.

—Explotó justo en el vestíbulo principal...

—... apenas después de que todos hubieran llegado a trabajar —añadió George.

—Le dijo varias cosas por haberte escrito alguna maldita carta —informó Fred a Ron.

—Como que tú nunca serías como él.

—Lo llamó un…—comenzó Fred y luego se detuvo para elegir lo que iba a decir cuidadosamente—..., un ambicioso idiota, ¿no fue así, Percy?

—Creo que fue "colaborador materialista" —sugirió George.

—No, no, fue "idiota materialista" e "insignificante y pretencioso colaborador"—corrigió Fred.

—Sí, exactamente —acordó George con sonrisa—. Y "codicioso y granuja espía"...

—... que vendió a su familia por un prestigioso trabajo y un título imaginario —añadió Fred mientras todo el goce que sentía le inundaba el rostro.

—Y que es muy estúpido para darse cuenta de que está haciendo el trabajo sucio de Ya-sabes-quién —continuó George.

—No, esa parte sobre Ya-sabes-quién creo que fue en la segunda carta.

—¿Sabes? —replicó George—. Creo que tienes razón.

—Esa estuvo endemoniadamente genial.

—Se lo envió haciéndolapasar por una tarjeta de Navidad —explicó George.

—En un sobre verde —añadió Fred.

—Directamente a la oficina del Ministerio.

—¿Cómo lo saben? —preguntó Percy a los gemelos cautelosamente.

—Y por supuesto, "Percy el Perfecto" jamás abriría un mensaje de índole personal en el trabajo, así que explotó —explicó George, un segundo antes de que él y Fred comenzaran a reírse a carcajadas.

—Justo en medio de la oficina de Fudge —espetó Fred en medio de las risas—. Lo insultó varias veces por ser tan imbécil.

—Y por arruinarle la Navidad a mamá —añadió George.

—Te llamó "presumido y petulante imbécil", ¿verdad, Perce? Ah, no. Espera, ése fui yo —le informó Fred a su hermano mayor con una sonrisa llena de satisfacción.

—Aunque sí te dijo que deberías estar avergonzado de tí mismo. Papá casi muere y ni siquiera tuviste la decencia de ir a visitarlo —explicó George.

—Y ahí fue cuando dijo que estabas muy ocupado haciendo el trabajo de Ya-sabes-quién.

—Sólo que ella no dijo Ya-sabes-quién, ¿o sí, Percy? —preguntó George, aunque ya sabía la respuesta.

—Claro que no —contestó Fred—. Ella gritó su nombre. Justo allí, en la oficina del Ministerio.

—Causó todo un escándalo —rió George impúdicamente—. O eso escuché.

—Personas gritando...

—¿Es verdad que Fudge casi se desmayó? —preguntó George a Percy.

—Qué lástima que no te despidieron —bufó Fred.

—¿Sabes qué, Fred? Creo que quizá no deberíamos fastidiar tanto a Hermione en este momento. Le debemos una por poner a esto —dijo George apuntando a Percy—, en su lugar.

—Le debemos otra por lo que hizo con su pequeña mentor, Umbridge —añadió Fred.

—Eso fue endemoniadamente fantástico —rió George.

—Casi deseamos haber estado en la escuela para ser testigos.

Casi.

—Supongo que ahora "el Pequeño Ronnie" tendrá que cargar con todo sufrimiento —dijo Fred.

—Él ya está acostumbrado. ¿Dónde está la gracia en eso? —preguntó George con la voz llena de pesar.

—Bueno, quizás una broma esporádica —sugirió Fred.

—O bularnos a costa de ella —añadió George con una sonrisa traviesa.

—Sólo para que sepa que nos sigue importando.

—Sí —acordó George—. No querríamos que pensara que no la apreciamos. Después de todo, esos vocifeadores disfrazados se están vendiendo como locos —dijo él pateando los papeles que había estado pisando—. Ya es hora de que te vayas... —añadió mirando fijamente a su hermano Percy con una expresión seria.

—... antes de que mamá llegue a casa —añadió Fred mirándolo de la misma manera—. No querrás que te encuentre aquí.

Percy parecía no saber qué hacer. No se movió para irse, así que Fred se hizo cargo de la situación.

Wingardium Leviosa —dijo Fred, mientras apuntaba su varita al piso. Los papeles que Percy había estado cargando un momento antes flotaron en el aire y se quedaron allí suspendidos.

Percy tampoco se movió para tomarlos, así que George estiró su brazo y los agarró para luego tirárselos en la cara.

—No vuelvas —advirtió a su hermano mayor cuando éste alcanzó los papeles.

—No escribas —añadió Fred.

—Y olvídate de que nos conoces.

—Idiota presuntuoso.

—Ahora, ¡sal de nuestra maldita casa! —ladró George mientras ambos, él y su gemelo, apuntaban las varitas hacia el pecho de Percy.

Percy se tomó un momento para mirar a Ron y a Ginny, que estaban completamente aturdidos, y entonces desapareció con un fuerte ¡pop!

—Maldito idiota —insultó Fred casi sin aliento.

—Por suerte mamá no estaba aquí —acotó George.

—Algo extraño, ¿no crees? —preguntó Fred a su gemelo—. Me refiero a que él se haya aparecido cuando ambos, mamá y papá estában fuera.

—¿Crees que el Ministerio esté vigilando la casa? —cuestionó George.

—Supongo que tiene sentido —respondió Fred. Miró hacia Ginny y Ron por un momento, y luego de nuevo a George. De alguna manera fue capaz de comunicarle algo a su gemelo con esa mirada, aunque ninguno de los dos manifestó qué era.

—Ustedes dos —dijo Fred finalmente, mientras miraba a Ginny y después a Ron—. Quédense aquí hasta después de que hayamos hablado con papá.

—¿Por qué? —preguntó Ginny.

—Él todavía está allí dentro con el Ministro —dijo George, ignorando la pregunta de Ginny—. Y con Hermione.

—Me pregunto por qué ella no le ordenó a Fudge a que saliera de su cuarto también —pensó Fred en voz alta.

—Probablemente no quería darle una excusa para que despidiera a papá —replicó George.

—Aún así, han estado encerrados por mucho tiempo.

—¿Sugieres las orejas extensibles? —preguntó George.

Accio orejas extensibles —dijo Fred al apuntar su varita hacia la escalera. En un abrir y cerrar de ojos, cuatro largos y colorados objetos de carne vinieron volando por el pasillo para descansar sobre la mano extendida de Fred. Inmediatamente los repartió entre sus hermanos y cada uno de ellos se colocó una extremo en los oídos para poder escuchar la conversación que estaba teniendo lugar al otro lado de la puerta.

...

—Los reporteros fueron una buena movida —le escucharon decir a Bill—. Tenerlos merodeando por toda la casa tomando fotografías. Realmente inspirador. Tú sabías, claro está, que tendría que perseguirlos para que se largaran, dándote la oportunidad perfecta para escabullirte.

—No sé de qué hablas —replicó la voz del Ministro—. Por supuesto que no vinieron conmigo.

—Pero sí les dijiste dónde podrían encontrarla —indicó el Sr. Weasley; su voz no delataba ninguna emoción.

—¿Yo? —le escucharon preguntar a Fudge como si estuviera asombrado por la acusación—. Por supuesto que no. Alguien en el Ministerio lo habrá insinuado sin querer, pero yo no sabría nada sobre ello.

—Bueno, como podrás ver, ella está bien —dijo el Sr. Weasley—. Ahora le agradecería que saliera de mi hogar.

—Vamos, Arthur —dijo una voz que ellos no reconocieron—. Sé razonable.

—No voy a permitir que la interroguen —replicó el Sr. Weasley, al fin demostrando un tono furioso en su voz.

—Sr. Weasley, está bien —le escucharon decir a Hermione—. No importa. Hablaré con él.

—Hermione, no tienes que... —comenzó Bill.

—Sé que no tengo que hacerlo—interrumpió Hermione—. Pero lo haré.

Su comentario no obtuvo nada más que silencio. Por un momento, Ron creyó que alguien había puesto un encantamiento silenciador en la habitación, pero entonces se dio cuenta de que lo hubieran escuchado pronunciar el hechizo.

—¿Ves, Arthur? —declaró la voz de Fudge finalmente —. Ella comprende cuán importante es ésto. Es una buena niña.

—Eso fue un error —susurró Ron a sus hermanos con una sonrisa de satisfacción.

—No aprecio su tono condescendiente, Sr. Fudge —le escucharon responder a Hermione con dureza—. Y tampoco me sentaré aquí y lo dejaré manejarme como si fuera una niña tonta de cinco años. Si eso es lo que tiene en mente, se puede ir ahora mismo.

—No… no, por supuesto que no —tartamudeó Fudge—. No quise decir que…, es decir…

—Responderé a todas sus preguntas —indicó Hermione—. Pero a cambio va a tener que hacer algo por mí.

—¿Y qué podría ser eso? —preguntó a Fudge sospechosamente después de un silencio prolongado.

—Usted tendrá que dejar en libertad a Viktor Krum.

—¡Ahora lo entiendo! No me voy a dejar imponer por una…

—Usted lo dejará libre, Sr. Fudge —dijo Hermione categóricamente—. De una manera u otra. Yo me aseguraré de ello.

—¿Me está amenazando? —preguntó el Ministro, ahora su voz estaba tan baja que salía como un gruñido.

—Fue más una afirmación que una amenaza —escucharon replicar a Hermione—, pero la puede tomar como quiera. De cualquier forma voy a hablar con usted o con los reporteros a quienes tan amablemente les reveló mi paradero. Lo que no voy a hacer es sentarme a observar cómo envía a otro hombre inocente a Azkaban. Puede dejarlo ir ahora o esperar hasta después de que yo haya hablado con la prensa y les haya dicho a todos la desafortunada víctima que él es. Capturado por Mortífagos; forzado a cumplir sus demandas en contra de su voluntad; lanzado a los lobos y usado como chivo expiatorio del Ministerio. Imagino que causará un gran alboroto. Especialmente cuando el Ministro búlgaro se involucre. Le sugiero que lo deje ir antes del partido. A menos que quiera lidiar con todos esos fanáticos del Quidditch que sin dudar, lo acusarán de mantener a un hombre inocente en prisión con la intención de sabotear el chance que Bulgaria tiene para ir a la Copa Mundial.

—Snape tenía razón cuando habló de ti —escupió Fudge furiosamente.

Ron no esperó a escuchar cuál era la respuesta de Hermione. Retiró bruscamente la colorada mota de carne de su oído y la tiró al piso. Entonces, sin decir una palabra a nadie, dio la vuelta y marchó lleno de rabia por el pasillo. Fred y George intercambiaron miradas mientras Ginny observaba a Ron bajar las escaleras totalmente rabioso. Los tres se quedaron en silencio, mirándose unos a otros cuando escucharon la puerta del patio cerrarse estrepitosamente.

—Estúpido imbécil —dijo Fred—. Le dijimos específicamente que debía quedarse adentro.

—Está enfadado por lo de Krum —trató de explicar Ginny.

—¡Mierda! —insultó George—. Quizás debas ir a hablar con él para que regrese —le sugirió a Fred.

—¿Yo?, ¿y por qué no lo haces tú? —preguntó Fred.

—Mamá acaba de sanarme un ojo negro. No quiero que me deje el otro igual.

—Ustedes dos son patéticos —dijo Ginny—. Yo iré por él.

—No, nada de eso —replicó George, agarrándola por el brazo para impedirle que siguiera a Ron—. Mamá nos mataría si dejáramos que algo te pasara.

—¡Sólo estaré en el patio! —gritó Ginny al soltar el agarre de su hermano.

—No, iré yo —sentenció Fred—. Sólo lo mantendré vigilado hasta que esté listo para entrar por su cuenta —le dijo a George antes de dirigirse a Ginny—. Tú te que quedas adentro.

Dándose cuenta que no tenía sentido discutir con ellos ya que George obviamente se iba a quedar con ella a observar cada uno de sus movimientos, Ginny aceptó.

—Bien.

—Y será mejor que le digan a Hermione que Ron está histérico cuando salga de allí —añadió Fred mientras se dirigía hacia las escaleras—. Porque ya saben que es la única que capaz de calmarlo.

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