Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 31: Estableciendo prioridades

«Con gusto» —pensó Ron, cerrando los ojos y deleitándose con la sensación que la mano delicada le causaba al deslizarse por debajo de su camisa y explorar tiernamente la parte superior de su cuerpo. Podía sentir el calor de sus dedos mientras ella los recorría levemente sobre su pecho, antes de llevarlos más abajo y deslizarlos sobre su estómago. Entonces, sin avisar, sus placenteros dedos abandonaron su carne y aquel cálido cuerpo se alejó del suyo.

«¡Mierda!» —maldijo Ron al abrir sus ojos para saber por qué ella se había apartado—. ¿Te encuentras bien, amor? —preguntó, aliviado, al notar que el deseo ardía en esos brillantes ojos castaños.

En vez de responder, Hermione se quitó los zapatos, alcanzó el dobladillo de su suéter y lo subió por encima de su cabeza.

—Bueno —dijo ella, acostándose al lado de él y apoyándose en su codo para mirarlo—, no piensas dormir con los zapatos puestos, ¿o sí? —preguntó con una sonrisa juguetona.

—No, supongo que no —rió él, usando los dedos de sus pies para deshacerse de ellos—. ¿Alguna otra cosa que quieras que me quite? —preguntó Ron con una pícara sonrisa.

—Dejaré que eso lo decidas tú —contestó Hermione, empujándolo hacia la sábana antes de sentarse sobre él y cubrir su boca con la suya.

En alguna parte de su mente, una pequeña y fastidiosa voz seguía intentando decirle que no debería estar haciendo eso. Dean y Colin habían muerto. Harry y Ginny estaban destruidos. Se habían encerrado en cuartos separados y ambos buscaban la mejor manera de lidiar con todo lo que había sucedido. ¿Y dónde estaba él? ¿Estaba haciendo algo para ayudarlos? No, estaba tirado en el piso y besando a su novia.

Estaba haciendo lo que siempre hacía cuando algo lo molestaba; distraerse. Quería olvidarse de la guerra; olvidarse de las muertes. Olvidarse de todo y enfocarse sólo en Hermione. Pero ¿era eso algo tan terrible? ¿Por qué no podía alejarse del mundo por algún tiempo? ¿No era eso lo que Harry y Ginny estaban haciendo? En vez de buscar consuelo en la soledad, él lo hallaba en los brazos de su novia. Además también le estaba ofreciendo consuelo a ella, ¿y no era eso lo que en verdad importaba? No estaba siendo egoísta, sino que consolaba a Hermione. Ambos se consolaban el uno al otro. A diferencia de su mejor amigo y de su hermana, ella quería estar con él. Lo había buscado. Ella lo necesitaba y él estaba dispuesto a cuidarla.

«Si ella quiere que nos besemos, eso es lo que vamos a hacer» —se dijo Ron a sí mismo al envolver sus brazos alrededor de la cintura de Hermione y besarla con entusiasmo. Eso era todo lo que le importaba en aquel momento. Deseaba perderse en ella y dejarla perderse en él. El resto del mundo y todos los que lo habitaban tendrían que esperar hasta mañana. Esta noche, él pertenecía sólo a ella.

Ron abrió levemente su boca, pero antes de profundizar el beso, la lengua de Hermione salió de entre el vacío y rozó la de él. Con un gemido de placer, él la envolvió y la besó ferozmente. Resistiendo el impulso de rasgar su blusa, Ron comenzó a desabotonarla con los dedos temblorosos. Le llevó más tiempo que el deseado, pero finalmente llegó al último botón. Al terminar, le abrió la camisa y colocó ambas manos sobre su pecho.

—Espera —murmuró ella suavemente, colocando sus manos en el torso de él para apartarlo.

—¿Qu...?

—Shhh —siseó, arrodillándose y recogiendo su suéter.

Ron ahora pudo escuchar las voces que provenían del pasillo y parecían acercarse. Rezando porque sólo fueran los miembros de la Orden que se iban y no su madre buscándolos, fijó la vista en la puerta con los ojos bien abiertos.

Hermione no tuvo tiempo para cerrarse la blusa. Tan sólo se puso el abrigo por la cabeza, se levantó y caminó en puntillitas hacia la puerta.

Ron dio un suspiro de alivio cuando los murmuros se desvanecieron. Quienquiera que haya sido el que pasó frente al cuarto en que estaban escondidos ya había continuado su camino.

—¿Qué haces? —murmuró él con urgencia, cuando Hermione abrió la puerta y asomó su cabeza hacia fuera.

—Es Bill —susurró ella, cuando Ron se levantó y cruzó la habitación para pararse al su lado.

—¡Rayos! —exhaló Ron, cuando pudo observar a su hermano mayor. Estaba hecho un absoluto desastre. Su camisa hecha pedazos, cubierta de suciedad y al parecer de un poco de sangre. Aún así, la camisa lucía estar en mejores condiciones que su piel. Incluso a esa distancia, Ron pudo ver los golpes y arañazos que recorrían sus brazos. Obviamente, lo habían puesto a luchar.

—Cerciórate de ponerte más de esa poción después de darte una ducha —dijo Tonks silenciosamente, apuntando a la mancha verde en la frente de Bill.

—Sí, mamá —contestó Bill, riéndose cuando las mejillas de Tonks se sonrojaron.

—Ay, sí, muy gracioso —replicó ella al detenerse al lado de la puerta principal—. Debo suponer que si yo hubiera regresado de una misión, luciendo como si me hubieran amarrado a la parte trasera del Autobús Noctámbulo y arrastrado por toda Inglaterra, tú no armarías ningún un alboroto, ¿no? —dijo, sacando su varita para abrir la puerta—. Me da gracia —continuó—. Si más no recuerdo, eras tú quien no quería que yo fuera a esa misión en primer lugar, ¿y ahora resulto ser yo la que te mima como si fuera Molly?

«Touché» —pensó Hermione con una sonrisa al ver orejas rojas de Bill. Incluso con toda la tierra que lo cubría, esas orejas Weasley lo habían delatado.

—-¿Bill y Tonks? —preguntó Ron a Hermione silenciosamente, y la chispa pícara en sus ojos le recordaron a sus hermanos gemelos—. ¿Qué pasó con Fleur? —preguntó él en un susurro.

—¿A quién le importa? —murmuró ella, peleando contra el impulso de fruncir el ceño. En lo que a ella respectaba, esa fulana francesa no era lo suficientemente buena para Bill o cualquiera de los Weasleys. Era arrogante, vanidosa y muy llena de sí misma para poner los sentimientos o necesidades de otros por encima de los propios.

—Bien —dijo Tonks, dándole una palmadita a Bill en la mejilla al él no responder—. Tan sólo me apareceré en el trabajo y actuaré como si no supiera qué demonios está pasando —continuó ella, caminando hacia la puerta e, inesperadamente, deteniéndose en los gastados escalones—. Será mejor que no me despidan —agregó, sin voltear—, porque si lo hacen, regresaré y haré lo que te hizo Dolohov a ti para...

—¡¿Qué?! —gritó Ron más alto de lo planeado, haciendo que su hermano y Tonks voltearan y miraran fijamente la puerta en la que él se encontraba apoyado.

—¡Shhh! —siseó Hermione, dándole con el codo en las costillas y apuntando a las cortinas harapientas que cubrían el retrato de la Sra. Black, quien, por suerte, no se había despertado.

—¿Qué hacen ustedes dos aquí? —preguntó Tonks quedamente, regresando a la casa y cerrando la puerta tras ella.

—Yo diría que es bastante obvio lo que estaban haciendo... —contestó Bill con una sonrisa travies al ver el aspecto desaliñado de Ron y Hermione—. Será mejor que tengan cuidado. Mamá todavía está en la cocina.

—Estábamos durmiendo —mintió Hermione con cara seria, tratando de sonar ofendida.

—Já —rió Bill cuando las orejas de Ron se sonrojaron, para pesar de su compañera.

«Maldigo esas orejas Weasley».

—No es nuestra culpa que nos hayan echado de nuestros cuartos —murmuró Ron en defensa—. Y no cambies el tema. ¿Cómo fue que Dolohov te atacó mientras estabas en Bristol si él está encerrado en Azkaban?

Tonks se movió incómodamente mientras Bill la miraba y luego dirigía los ojos hacia la escalera que conducía a la cocina.

—¿Y bien? —exigió Ron—. Ese bastardo atacó a Hermione y...

—Ron, cálmate.

—...si está libre, yo... ella tiene derecho a saberlo.

—Ay, está bien —murmuró Bill, acercándose a la puerta en la que su hermano se encontraba—. De todas formas para mañana ya estará en el periódico. Aunque... —dijo él, echando un vistazo a la cocina una vez más para cerciorarse de que su madre no estuviera por los alrededores—, ustedes no oyeron esto de mí.

—Sí, sí, de acuerdo —asintió Ron de buena gana.

—Todos esos ataques —replicó Bill suavemente—, sólo fueron una distracción para poner al Ministerio en caos. Mientras Fudge tenía a sus Aurores esparcidos por todo el maldito país, Voldemort y su pequeña banda de seguidores se escabulleron hacia Azkaban y planearon una bonita fuga.

—¡MIERDA! —gruñó Ron—. ¿Malfoy?

Bill asintió y entonces continuó:—Junto con Dolohov, Macnair, Mulciber y Rodolphus Lestrange. La mayoría se escaparon antes que nosotros llegáramos, pero Lestrange permaneció allí para liberar a su hermano. Lo habría atrapado si Dolohov no me hubiera atacado por la espalda con una maldición.

—Eso nunca hubiera sucedido si me hubieras dejado hacer mi trabajo —murmuró Tonks.

—Por suerte, Hagrid estaba allí y pudo interponerse e interceptar la maldición —dijo Bill, ignorando su comentario—. No te preocupes —añadió cuando Hermione gimió y se cubrió la boca—, se encuentra bien. Hagrid es demasiado grande como para que una maldición de ese tipo le haga un daño serio. Todo lo que le causó fueron un par de rasguños. Hubieras visto a ese pequeño maldito cobarde convertirse en una rata y correr a más no poder. Aún así, le dio a Lestrange el tiempo que necesitaba para escaparse, aunque tuvo que dejar a su hermano atrás.

—¡Ron! —le reprendió Hermione, cuando una fila de silenciosas malas palabras salieron de su boca.

—Eso es condenadamente increíble —continuó él, mirando ansioso a Hermione—. «De todos esos desgraciados bastardos tenían que ser precisamente ellos, ¿verdad?». Entonces... —dijo Ron, tratando de desviar su preocupación hacia otra parte—, ¿planeas decirle a Harry o lo hago yo?

—Yo lo haré —suspiró Hermione, sabiendo que a Ron no le gustaba ser portador de malas noticias.

—Vamos —dijo él, ignorando a su hermano y a Tonks al unir su mano con la de Hermione y guiarla hacia la improvisada cama—. Mañana será un largo día. Será mejor que durmamos algo.

...

Hermione no pronunció palabra cuando Ron la guió hacia las sábanas. Tenía miedo de hablar; miedo de que su voz delatara sus sentimientos. Bajo circunstancias normales podía esconder sus emociones; una vez que se lo proponía, claro está. Sólo era cuestión de hacerlos a un lado y levantar una pared mental para obstaculizar todos sus sentimientos temporalmente. Pero este día había sido todo menos normal y su mente estaba dando volteretas, literalmente. Habían tantos sentimientos tratando de liberarse que no tuvo oportunidad de controlarlos. Cuando intentaba enfocarse en uno y tratar de contenerlo, otro se volvía incontenible. Los celos la llevaron a sentir culpa, lo cual terminó en deshonra y furia consigo misma por abrigar esos tipos de sentimientos hacia Harry, cuando nada de ello era su culpa. Todo parecía un círculo vicioso sin fin.

—No te preocupes —dijo Ron cuando Hermione se recostó sobre la sábana y se acomodó dándole la espalda, como si en verdad deseara dormir—, voy a ir contigo —agregó él, posándose a su lado—. Podemos decírselo juntos.

—Muy bien —contestó ella, desganada.

—¿Mione? —preguntó Ron suavemente, ubicando su brazo alrededor de ella—. ¿Te encuentras bien?

—Sí —dijo ella, intentando mantener una voz normal, pero era una mentira. Ella lo sabía y sospechaba que Ron también. Aunque, afortunadamente, él no le llamó la atención por ello. Y no sólo le agradecía que no lo hiciera, sino que también correspondía a sus fuertes brazos alrededor de ella y al calor de su cuerpo presionado contra el suyo. Se sentía agradecida y miserable al mismo tiempo.

Esa era la última vez que él podría abrazarla de esta forma. Esa era la última noche que pasarían juntos; la última vez que se quedaría dormida en sus brazos. En la mañana todo sería diferente. No podría tocarlo. No podría besarlo. No podría hablar con él libremente. Si tenía una pesadilla, no podría recurrir a él. Tendrían que ser cuidadodos a cada minuto de cada día, y odiaba eso. Por casi un mes había obtenido la atención completa de Ron y, sin embargo, eso estaba a punto de cambiar. Lo iba a perder; lo iba a perder por Harry y no había nada que pudiera hacer excepto retroceder y dejar que pasara.

—Todo estará bien, amor —murmuró él después de dejar un suave beso justo debajo de su oreja—. No permitiré que él te hiera otra vez. Te lo prometo.

—¿Qué? —preguntó ella, actuando como si no supiera de lo que estaba hablando. «Cree que estoy preocupada por lo de Dolohov —pensó—. Supongo que debería estarlo».
—Está bien admitir que tienes miedo —continuó Ron, abrazándola un poco más fuerte.

—No lo estoy —replicó ella con sinceridad. «Debería estarlo, pero no lo estoy. Quizás todavía no he caído en la cuenta de lo que eso significa».

—Ese bastardo psicópata casi te mata —replicó Ron—. Es obvio que tienes miedo. «Yo estoy condenadamente aterrado» —pensó él—, pero no permitiré que te vuelva a herir.

—Pero él jamás estuvo detrás mío sólo por mi—dijo ella, virándose para poder verlo—, nada más quería la profecía. El me atacó sólo porque me interpuse en su camino —agregó ella, sin saber si trataba de asegurárselo a Ron o a sí misma—. Bien podría haber sido Neville quien recibía la maldición.

—Él no trató de matar a Neville.

—No era necesario. Una vez que logró romperle su varita, ya no era una amenaza.

Ron estudió el rostro de Hermione intensamente mientras sus palabras se adentraban en su mente. Nunca antes lo había visto de esa manera. Neville no era una verdadera amenaza, ni siquiera teniendo su varita. La mayoría de las veces ni podía darle a su objetivo. No que importase. Él por qué de que Dolohov intentara matar a Hermione y no a Neville no era significante. Lo que importaba era que había tratado de matarla, y dada la oportunidad, probablemente lo intentaría de nuevo. ¿Cómo podría no tener miedo?

—Si no es Dolohov, entonces... ¿qué es? —preguntó Ron, sabiendo que algo la estaba molestando.

—Nada —contestó ella, apartando la vista.

—No me vengas con eso —respondió él al instante.

—No es…nada —insistió Hermione—. Es algo tonto.

—Puedes contármelo —expresó Ron, acariciándole la mejilla—. No me reiré. Lo prometo.

—Es sólo que… —comenzó Hermione, pero luego vaciló. Siendo incapaz de finalizar, dejó caer su cabeza sobre el pecho de él y procuró combatir las lágrimas que ardían en sus ojos. Pero Ron era tan dulce y la sensación de pérdida era tan fuerte ahora que no podía aguantarlas por mucho más tiempo.

—Hermione...—dijo él ansiosamente, al sentir la humedad en su camisa—, ¿qué pasa? —preguntó, abrazándola protectoramente.

—Siento que ésta es nuestra última noche juntos—murmuró ella entre resoplidos.

—¿Qué? —preguntó Ron, tanto sorprendido como preocupado.

—Mañana todo será diferente —gimió ella—. Todo cambiará. Sabía que esto pasaría. Me refiero a que Harry te necesita y lo entiendo, pero no esperaba que fuera tan pronto. Pensé que yo... que tendríamos un par de semanas más antes de… no estaba preparada.

—Espera —dijo él con el pánico acrecentándose—, estás hablando como si fuéramos a regresar al modo en que las cosas eran... antes.

—No, no. Es sólo que... tu... nuestra atención estaba enfocada en el otro... en nosotros, como una pareja, y ahora no será así. Dios, suena horrible — exclamó ella—. No quiero ser egoísta, es que… sé que Harry te necesita, pero ahora será diferente. No voy a poder tocarte y los dos vamos a tener que estar alerta todo el tiempo y…

Pero le fue incapaz terminar cuando Ron se inclinó hacia delante y la besó tiernamente. No duró mucho, sólo unos pocos segundos, pero fue suficiente para silenciarla. Cuando él se alejó, ella apoyó su cabeza sobre su pecho nuevamente y no pudo contenerse más. Podía sentir sus manos acariciar su espalda suavemente mientras ella lloraba en sus brazos.

—¿Esta noche viniste aquí para decirme adiós? —preguntó él, apenado. Fue entonces que las de ella lágrimas se secaron y cesó de temblar.

En vez de responderle con palabras, Hermione simplemente asintió con la cabeza en su pecho y se aferró más fuertemente a él.

—¿Cuando ibas a decírmelo?

—¿Decirte qué? —dijo ella al sorberse la nariz—. No había nada que decir que tú ya no supieras.

—Yo no sabía que… que te sintieras así —dijo Ron con voz algo tensa—, que pensaras que Harry es más importante que tú.

—Lo es —contestó Hermione sin dudar.

—Tonterías.

—Siempre han sido ustedes dos, Ron. Ha sido de esa forma desde el primer día en el tren. Hay un lazo entre ustedes dos que yo no puedo tocar. Lo sé. Siempre lo he sabido y lo entiendo. Sólo que a veces es duro ser la…

—¿La tercera rueda? —preguntó él, finalizando el pensamiento por ella.

—Es por esto que tú no quieras decirle a Harry de nosotros... —susurró Hermione con sus ojos llorosos ensanchándose por tal repentino descubrimiento—. No quieres que se sienta de esta forma.

—Tampoco deseo que tú te sientas así —expresó él compasivamente—. Lo esperaba de Harry, pero no de ti. ¿Siempre te has sentido así y nunca me di cuenta? Maldita sea —murmuró él cuando Hermione no respondió—. Lo siento, pero no es verdad —le aseguró—. Claro que hablamos de cosas que no compartimos contigo. Cosas de chicos. Igual que tú y Ginny hablan de cosas de chicas. Es que es más… fácil. Sin embargo, hay montones de cosas de las que tú y yo hablamos que no comparto con Harry. «Como mis sentimientos» —pensó él—. ¿No los ves? Sólo porque nos estemos acercando más, no significa que las cosas vayan a cambiar. Quiero decir, nuestra relación —añadió Ron, señalándose a sí mismo y después a Hermione—, cambiará, obviamente. Para mejor. Pero no la que tengo con Harry. Él siempre ha sido mi mejor amigo y siempre lo será. Cuando me necesite estaré ahí a su lado, igual que estaré ahí para mi otra mejor amiga, cuando ella me necesite —agregó con una sonrisa—. No tiene que ser el uno o el otro, amor —explicó él, inclinándose hacia delante y besándole la frente—. Hay más que suficiente de mi para los dos. Si precisas algo —le informó Ron—, todo lo que tienes que hacer es preguntar.

—Lamento que estés en el medio —replicó ella.

—No lo estoy —rió Ron—. No es así. No para mí, al menos. De hecho, es bastante halagador. Aún así, eso no quiere decir que quiera ver a mis dos mejores amigos pelearse por mi causa. Aunque... ese sí que sería un duelo espectacular —bromeó él.

—No voy a luchar contra Harry por ti.

—No esperaba que lo hicieras —contestó Ron, poniéndose serio una vez más—. Y tampoco Harry luchará contigo. Él se haría a un lado como tú intentas hacer. Pero no es necesario. Ninguno de los dos debe hacerlo. Y sí, Harry está peor que nunca en este momento y nos va a necesitar a ambos para ayudarle a salir de allí, pero siempre ha sido de este modo, ¿no? Me refiero a que trabajamos en esto desde hace años. Es igual a como siempre ha sido. Tú cuidas de mí, yo cuido de ti y juntos, cuidamos de Harry.

—Así de simple, ¿no? —preguntó Hermione.

—Sí, más o menos.

—¿Igual a como siempre ha sido?

—Sip —acordó Ron.

—No solíamos besarnos.

—Sí, bueno, esa parte es diferente.

—¿Y no lo vas a… extrañar?

—¿Extrañar? —gritó Ron, dándose la vuelta y poniéndola encima de sí—. ¿Estás loca? No hay forma de que vaya dejade hacer esto —declaró él, entrelazando sus manos en su cabello y besándola apasionadamente.

No había nada dulce ni cariñoso en ese beso. Era intenso, profundo, y tan lleno de pasión que le provocó a Hermione varios gemidos. Desafortunadamente, esos sonidos llevaron a resultados inesperados. En vez de continuar, Ron se alejó un poco de ella, riendo suavemente.

—Te gustó eso, ¿verdad? —bromeó él, sentándose para quitarse los pantalones de una sola movida.

—¿Qué? —dijo ella, mientras sus ojos se abrieron y trataron de enfocarse sobre él—. ¿Qué estás haciendo? —preguntó ella al darse cuenta que estaba casi desnudo.

—Preparándome para ir a la cama —contestó Ron con una sonrisa pícara—. Hace calor aquí. No esperabas que durmiera con los pantalones puestos, ¿o sí?

—Supongo que no.

—Quizá quieras sacarte ese suéter —dijo Ron, colocándose al lado de ella—, porque este lugar se pondrá mucho más caliente antes que yo haya terminado —añadió él, y su mano se deslizó cariñosamente sobre su brazo.

—¿En serio? —preguntó Hermione, mordiendo su labio inferior para evitar sonreír.

—Merlín, Mione —gruñó Ron con los ojos pegados a su labio inferior—. ¿Tienes idea de lo loco que me vuelve eso?

Esta vez fue el turno de Hermione de sonreír.

—¿De veras? —preguntó, arqueando una ceja mientras se sentaba y quitaba el abrigo por la cabeza. Ella fue incapaz de aguantar su sonrisa cuando los ojos de Ron pasaron de sus labios a su pecho. Se había olvidado que no tenía la camisa abotonada, pero, claramente, Ron no. Los ojos de él buscaron su piel el instante en que quedó al descubierto. Ahora estaba mirándola fijamente con los ojos hambrientos, lamiendo sus labios como si fuera un hombre famélico anticipando el sabor de una comida de cuatro platos frente suyo.

Sin pensar, Hermione tomó ambos lados de su camisa para juntarlos y bloqueó su vista.

—Mione... —gimió Ron con los ojos ahora fijos en el rostro de ella, suplicantes.

—-Deja de mirarme como si fuera una chuleta de cerdo —le regañó ella.

—"Chuleta de cerdo" —rió él a carcajadas, agarrándola de los antebrazos para atraerla hacia sí—. Créeme, eres todo menos delgada y plana —se burló él, justo antes de reclamar sus labios y darle un beso que paralizó su mente.

En vez de protestar, Hermione parecía muy contenta por participar. Sus manos hallaron su camino hacia su ya despeinado cabello casi al mismo tiempo en que su lengua rozó la de él. Con ella encima, Ron fue capaz de deshacerse de su blusa. Antes de que ella se diera cuenta de que ya no la tenía puesta, él la revoleó por la habitación.

—¡Ron! —gritó Hermione, sentándose sobre él al darse cuenta de que estaba sin nada de la cintura para arriba—. ¿Por qué hiciste eso? —preguntó ella, mirando al piso y buscando su descartada blusa—. ¿Qué si uno de tus hermanos entra? ¡No voy a poder taparme!

—Nadie pensará en buscarnos aquí, amor —contestó él, sentándose y presionando sus labios al cuello de ella.

—Lo harán si nos escuchan.

—No haremos ruido —murmuró él, empujando su cabello a un lado para tener un mejor acceso.

—Ese no es el punto —protestó Hermione, aunque, en realidad, su mente ya no estaba pensando en ello. Sus ojos se habían cerrado y su cabeza comenzaba a inclinarse hacia atrás, sumisa—. Yo soy la que queda expuesta aquí.

—No lo suficiente —murmuró Ron, al deslizar los tirantes del sujetador por sus hombros para asegurarse que el camino que su boca estaba tomando no fuese interrumpido.

—No dejes marcas —gimió Hermione, mientras su mano se deslizaba por su cabeza y se entrelazaba con ese fino cabello rojizo una vez más.

—Ya sé, amor —murmuró Ron. Ese no era un error que volvería a cometer. Al menos no en su cuello. Pero no había nada que detuviera su boca de bajar un poco más, deteniéndose en lugares que ni Harry ni sus hermanos verían jamás. Nada excepto una fina barrera de algodón que cubría el área que más deseaba.

«Se tiene que ir —decidió él al abrirse camino con sus suaves besos sobre el hombro de Hermione y continuar hacia su clavícula. Por desgracia, Ron todavía no tenía la menor idea de cómo abrir un sujetador. Hermione siempre había hecho esa parte por él—. Pareció fácil cuando ella lo hizo. Ni siquiera tuvo que usar sus dos manos. Pero debe haber alguna especie de truco para hacerlo» —pensó, porque cuando alcanzó su espalda e intentó desatarlo él mismo, la maldita cosa se rehusaba a abrirse.

En vez de ayudarlo, Hermione comenzó a dar risitas, para molestia de Ron.

—Un poco de ayuda no vendría mal —gruñó él.

—Esta vez no —provocó Hermione—. Si lo quieres fuera, tendrás que hacerlo por tu cuenta.

«Trato hecho» —pensó Ron, apartando sus labios de su cuerpo para poder mirarla. En el instante en que sus ojos se encontraron, él sonrió, luego agarró el frente de la despreciada prenda y de un energético tirón la llevó hacia abajo, deteniéndose cuando la parte superior de sus senos y ambos pezones quedaron desnudos.

—Eso no es justo —proclamó Hermione, mientras observaba cómo la mirada de Ron descendía a su piel expuesta.

—La bruja más brillante de Hogwarts me dijo una vez que en el amor y la guerra todo vale —respondió él con voz ronca por el deseo.

—Tonto —rió Hermione, llevando sus manos a su espalda, apartando su cabello del camino y cogiendo el broche del sujetador para abrirlo.

Con su corazón golpeando como martillo, Ron se apoyó sobre sus codos y estudió el modo en que el desodenado pelo castaño de Hermione ahora caía a torrentes sobre de sus pechos, acentuándolos. Sin apartar la mirada de ella, él la alcanzó y cubrió uno de ellos con su mano. Casi al instante, pudo sentir su pezón endurecerse y presionar contra su palma mientras él la acariciaba.

Hermione jadeó delicadamente mientras se recostaba y reunía sus largos mechones ondulados en sus manos. Mientras él la miraba, ella subió sus brazos hacia su cabeza para permitirle a Ron un completo acceso.

Apartando los ojos de su pecho, Ron la miró al rostro, como pidiendo permiso. Los ojos de Hermione se cerraron fuertemente, pero sus acciones fueron suficientes para darle a entender que podía proseguir con un ápice de confianza. Con su cuerpo entero ahora en llamas. Ron se sentó una vez más, enterró su rostro entre sus senos y besó aquel valle mientras continuaba acariciando sus amplias curvas con la punta de sus dedos.

Hermione gimió de placer al él remover la mano de su seno y reemplazarla por su boca, acariciando su pezón con su lengua. El sonido fue suficiente para incitarlo y al instante ella se encontraba gimiendo suavemente mientras él mordía y chupaba su sensitiva piel.

Sin previo aviso, él alejó su boca de su cuerpo e inmediatamente la sustituyó con ambas manos. Mirándola fijamente al rostro, Ron notó cómo sus ojos todavía estaban cerrados y su cabeza se inclinaba hacia atrás de placer. Ese delicado cuello lo tentaba, así que posó sus labios sobre el mismo de nuevo y la besó suavemente, mientras amasaba sus firmes senos con sus manos.

Ella no sólo gimió fuertemente, sino que también se elevó un poco y se arqueó contra él, antes de sentarse sobre su regazo. Con un gemido ahogado, Ron movió su boca más abajo, besando su clavícula y más abajo aún, hasta que su cabeza estuvo entre sus senos una vez más. Entonces, él soltó su seno izquierdo y, suavemente, lo cubrió con su boca, rociando mansos besos por sus lados, antes de continuar su camino hacia el centro. Cuando alcanzó el pezón rosado, lo tomó en su boca y lamió presionándolo.

Ron tuvo que alejarse de ella y respirar profundamente cuando Hermione se presionó aún más contra suyo. Fue tan inesperado y se sintió tan bien, que por poco pierde el control en ese mismo instante. Sus dos manos tomaron inmediatamente su cintura para impedirle a ella que lo hiciera de nuevo.

—Te gustó, ¿verdad? —siseó Hermione, mientras ponía dos dedos bajo del mentón de Ron y elevaba su cabeza para besarlo.

Al descender su boca a la de él, Ron la besó con entusiasmo. Moviendo un brazo hacia su hombro, él la empujó hacia atrás para quitar su peso del suyo y movió sus piernas para que ella pudiera recostarse sobre su espalda. Mientras ella se movía hacia atrás, él se movía con ella, cubriendo su pequeño cuerpo con el suyo.

El peso de aquel cuerpo masculino contra el suyo se sentía tan bien que Hermione fue incapaz de suprimir suaves gemidos de placer. Rehusándose a abandonar su boca, Ron se los tragó todos y envió unos cuantos en respuesta.

Llevando sus piernas a los lados de ella, Ron rompió el beso y se arrodilló, sentándose a horcajadas. Respirando profundamente, su cuerpo entero anhelándola, intentó recuperar algo de control. Estaba peligrosamente cerca del borde del precipicio. Si no retrocedía y se controlaba un poco, sabía que probablemente intentaría algo de lo cual se arrepentiría más tarde. Por un breve segundo, se preguntó si ella le dejaría. El fuego y el deseo que vio quemándose en sus ojos al ella abrirlos y mirarlo, le insinuó que seguramente se lo permitiría.

—Eres tan hermosa... —murmuró él, colocando sus manos sobre los muslos de ella y recorriéndolas sobre ellos, moviendo su falda hacia delante.

«Oh, santo y maldito Merlín» —maldijo Ron mientras sus ojos ardían al recorrer su parte inferior y detenerse en sus bragas. Cualquier duda que había tenido en cuanto a si ella estaba tan excitada como lo estaba él se desvaneció en el instante en que notó la húmeda y reveladora señal allí.

—Oh, Merlín, Hermione —gimió él con la voz gruesa del deseo—. ¿Tienes alguna idea de lo mucho que quiero estar...?

—¿Estar qué? —preguntó ella con una sonrisa pícara cuando inesperadamente él se calló. «En el amor y la guerra todo vale, recuerdas? Estás metido en un gran lío y ni siquiera lo sabes».

—... estar contigo —susurró él, deslizando sus manos hacia arriba y hacia abajo por los muslos de ella.

—Estás conmigo —replicó Hermione juguetonamente.

«No de la forma que quiero» —pensó Ron, llevando sus manos hacia su estómago y deslizándolas suavemente por su cuerpo. Al alcanzar el rostro de ella, la acarició con ambas manos, se inclinó hacia delante y la besó enérgicamente.

—Dime qué es lo que deseas hacerme, Ron —pidió Hermione, después de darle la vuelta y quedar encima de él—. Quiero oírte decirlo —agregó ella, apoyándose en sus rodillas y recorriendo sus manos por el pecho de él-—. Dímelo mientras te toco —insistió ella, deslizando su mano por debajo del elástico de sus calzoncillos y envolviéndola alrededor de él.

—¡AY, MIERDA! —gritó Ron más alto de lo que pensaba. El cuarto no estaba protegido y lo último que quería era despertar al retrato de la Sra. Black y que su madre los atrapara, casi desnudos, en el piso, y haciendo eso.

—¿Es eso? —murmuró Hermione, inclinándose hacia delante y llevando su boca al cuello de él—. ¿Es eso lo que quieres? —preguntó en una voz que era sumamente seductora—. ¿Quieres… cojerme?

«¡MIL DEMONIOS!» —gritó la mente de Ron, al moverse contra la mano de ella.

Él trató de responder, pero al abrir su boca, todo lo que salió fue un gemido ronco. «¿De dónde diablos salió esta Hermione? ¡Acaba de decir una grosería! ¡Ha dicho cojer y con el otro sentido! ¡Me preguntó si me la quería montar!» —pensó él, gimiendo nuevamente, no sólo por la pregunta, sino por las imágenes que ésta invocaba.

—¿Es eso lo que quieres, Ron? —preguntó Hermione, mientras sus suaves y dulces caricias se tornaron más penetrantes—. Porque si lo es... estoy lista.

Esas dos pequeñas palabras fueron su fin. Lo golpearon como si fueran una tonelada de ladrillos y su explosión fue tan rápida y brusca que ni siquiera tuvo tiempo de avisar.

—Por lo tú visto no —murmuró Hermione, riendo y retirando su mano.

—No es… gracioso —jadeó Ron con su rostro rojo de agotamiento y vergüenza.

—¡Ay, vamos! —rió Hermione al acostarse a su lado—, admite que sí lo es.

—No... lo... es —siseó él—. «No puedo creerlo. ¿Arruiné mis calzoncillos por completo y ella lo encuentra... divertido?» Lo dijiste por decir, ¿cierto? —preguntó Ron, mientras su corazón aún martilleaba contra su pecho—, ¿para que... acabara?

—No —contestó Hermione, colocando suaves besos sobre su cuello—. Fue la verdad. Estoy lista.

—Pero… «¡DEMONIOS!» Tú... nosotros... tú… No puedes estarlo.

—Pero lo estoy.

—Pero…

—Estoy cansada de esperar —suspiró Hermione—. ¿Tú no lo estás?

—Sí, pero…

—¿Es que no quieres?

—¡¿Estás bromeando?! —chilló él, más fuerte que lo habría querido—. «Tan sólo he soñando con este momento desde que tenía trece años y me di cuenta de que las mujeres son diferentes, pero para mejor». Por supuesto que sí.

—¿Pero? —preguntó ella.

«¡PERO NADA! —gritó su cuerpo, ya listo para la segunda ronda—. ¡La poción! —gritó Ron, como si fuera obvio, porque la verdad es que debería haberlo sido. La maldita cosa había sido idea suya en primer lugar—. ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?! —rugió la pequeña y pervertida voz en su cabeza—. ¿ERES IDIOTA? Ésa sentada frente a ti es una chica cariñosa, DISPUESTA y casi desnuda. Estás loco por ella, ¿y tratas de disuadirla de lo contrario? ¿ESTÁS DEMENTE

—Ah, eso.

—Sí, eso —dijo Ron, dándose la vuelta y mirándola fija y ansiosamente. «¿Qué demonios está pensando... —se preguntó el lado más razonable de su cerebro—, sugiriendo algo así con esos locos todavía sueltos? ¡Maldita sea! Si no me hubiera asombrado tanto, si hubiera aceptado su oferta... —se dio cuenta—, habría arruinado toda oportunidad de mantenerla a salvo».

—La poción funcionará de todos modos —contestó Hermione.

«¡VES¡ —gritó su libido—. ¡DEJA DE REPRIMIRNOS

—Espera… no. Leí tus notas —dijo Ron, inseguro—. No podemos.

—Sí podemos —discutió ella—. Estará bien siempre y cuando salvemos la sangre.

«¡! —gritó su libido triunfantemente—. ¡NO!», argumentó su lado racional.

—No... espera. No es lo mismo. «Incluso un alumno de primer año podría decir que las pociones son más efectivas cuando los ingredientes están frescos».

—Bueno, no... —admitió Hermione—. Sin embargo, aún así funcionará. Será lo suficientemente fuerte para...

—Ni en broma —contestó Ron—. De ninguna maldita forma voy tomar un riesgo como ese con esos locos sueltos. Voldemort y esa perra, Lestrange, son lo suficientemente malvados por sí solos, pero ahora hay cinco más de esos maniáticos dando vueltas y les encantaría poner sus manos sobre ti y Harry. Absolutamente no. No arriesgaré tu vida así como así.

—Ron...

—¡NO! —gritó él, levantándose y recogiendo los pantalones.

—¿Adónde vas? —preguntó Hermione, cuando él se los puso y se acercó a la puerta.

—A cambiarme.

—No puedes —replicó Hermione rápidamente—. ¿Cómo le vas a explicar eso a Harry?

—Mierda —murmuró Ron entre dientes.

—Lo siento —dijo Hermione, sonando sincera y llena de remordimiento—. Emm… me los puedes dar a mí.

—¡¿QUÉ?!

—Dámelos y los lavaré por ti —dijo ella con el rostro sonrojado—. Necesito ducharme de todas formas. Tú sólo ponte los pantalones —sugirió ella-, y yo te los daré cuando haya terminado.

—¿Una ducha? —preguntó Ron, arqueando sus cejas mientras le sonreía—. Ahora, eso sí que es una brillante idea —añadió—. Iré contigo.
—Por supuesto que no.

—¿Temes de que te encienda de nuevo?

—No, imbécil. Alguien podría vernos.

—¿Quién?

—Tu madre.

—Ni siquiera bromees con eso —contestó él, estremeciéndose del mero pensamiento—. Está bien —dijo él, recogiendo la ropas de ella del suelo y ofreciéndosela—. Tú ve a ducharte que yo haré lo mismo en el otro baño, y nos encontramos aquí más tarde.

—Bien —acordó Hermione, poniéndose sus ropas y siguiéndolo a la puerta—. Ron... —dijo ella, mientras ambos se escabullían por los pasillos y se dirigían a la escalera—. Busca otra sábana. Hará fresco por la mañana.

—No te preocupes, amor —se rió él, abrazándola por la cintura y plantando un rápido beso en la mejilla—, yo te mantendré calentita.

—Sé que lo harás —rió ella suavemtente mientras subían al primer piso y ella se dirigía al cuarto de baño que compartía con Ginny.

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