—Entonces... —dijo Ginny al regresar al cuarto y arrojar una pila de ropa sobre la cama—... ¿Ron y tú finalmente... vieron la luz?
—¿Es esa una manera sutil de preguntar si nosotros…? —Hermione no terminó la oración, como si ésta hablara por sí sola mientras tomaba una camisa verde y la examinaba. No era exactamente algo que ella escogería. El material menudo que formaba las mangas era un poco muy femenino para su gusto.
—¿Lo hiciste? —preguntó Ginny con una sonrisa.
—Por supuesto que no —contestó Hermione mientras el rubor comenzaba a hacerse presente—. Sólo nos besamos un poco, nada más.
—Me pareció como si fuera un poco más que eso —bromeó Ginny—. ¿O ya te olvidaste de que cuando entré estabas sin remera?
Hermione mordió su labio inferior y dejó caer su cabeza a un lado como si estuviese pensando cómo responder. Sabía que iba a ser mucho más fácil decirle a Ginny. Pero eso no era lo que la detenía. Ella sabía que Ginny la entendería y seguramente la ayudaría a lidiar con la reacción de Ron. El problema era que, si esto funcionaba, Ginny querría hacerlo también. Eso creaba un conjunto enteramente diferente de problemas. La tendencia protectora de Ron hacia su hermana era uno de ellos. ¿Y Harry? Harry se rehusaría totalmente a que Ginny hiciera algo tan drástico. Y por supuesto, Hermione tampoco quería involucrar a Ginny en esto. Aunque, al mismo tiempo, se daba cuenta de que no había manera de mantenerla fuera del asunto. Le gustase o no, Ginny se cercioraría de quedar involucrada.
«Pero todavía no» —se dijo Hermione.
—Estaba por enseñarle algo, pero luego cambié de parecer —contestó Hermione finalmente—. De hecho, te lo voy a enseñar a tí también —pensó ella mientras esparcía la pila de ropa por la cama, esperando encontrar su propia remera entre las que Ginny le había dado a escoger—. Sólo que todavía no lo sabes.
—Prefiero no saber —se burló Ginny mientras miraba a Hermione buscar entre las camisas—. Mamá tiró toda tu ropa al bote de la basura —le dijo al darse cuenta de lo que Hermione buscaba-. Pensaba que todas estaban contaminados, o algo así. Ni siquiera le dejó tocarlas a papá.
—¿Todo? —preguntó Hermione.
—Excepto tus deportivas —informó Ginny—. Y ese dinero muggle que tenías en los bolsillos.
—Ah, bueno... —dijo Hermione, deslizando la camisa verde por su cabeza—. Esto está un poco apretado, Gin —continuó ella, agarrando el frente de la camisa y jalándola, intentando estirarla.
—Mamá puede agrandarla por ti cuando vayamos abajo —contestó Ginny—. Aunque probablemente debería hacerlo antes de que Ron te vea así, o correrá a darse otra ducha.
—No deberías provocarlo.
—¿Yo? Tú fuiste la que le provocó ducharse —rió ella—. Además, es mejor que te acostumbres, porque Fred y George no les tendrán piedad.
—Ya les demostraré a esos dos despiadados —murmuró Hermione por lo bajo mientras se ponía un par de pantaloncitos blancos de algodón. Hermione se quedó contemplando el espacio que la rodeaba por unos instantes, obviamente pensando en algo. Cuando miró nuevamente a Ginny, notó que su amiga pelirroja la observaba un tanto divertida—. Escucha Ginny, tengo que pedirte un favor.
—Bien…, eh… espera un minuto —replicó Ginny—. Esto no va a terminar con Ron escabulléndose en mi cuarto a medianoche, ¿verdad?
—No —dijo Hermione—. Francamente, creo que podemos controlarnos.
—Conoces a mi hermano Ron, ¿verdad? —preguntó Ginny sarcásticamente—. Un chico alto. Pelirrojo. Que nunca se detiene a pensar antes de hablar ni actuar. Oh, sí..., estoy segura de que él puede controlarse. Al menos por cinco segundos —rió ella—. De todos modos, ¿qué favor quieres?
—Por favor, no le digas a Harry que Ron y yo estamos…, ya sabes…, juntos.
—¿Por qué no? —preguntó Ginny, claramente sorprendida por la petición—. Ya ha esperado lo suficiente para que ustedes dos al fin entraran en razón.
—Es que precisamente ahora no es el mejor momento. Él está pasando por un momento difícil, está solo, y bueno… Ron cree que sería mejor si esperamos a que esté un poco más contento…, tú sabes. Una vez que esté lejos de aquellos horribles muggles y de todo eso. Nada más me gustaría ser yo quien se lo dijera, si no te importa.
Ginny analizó lo que Hermione le dijo por unos pocos minutos antes de contestar.
—Muy bien. Supongo que tiene sentido. Él no lo escuchará de mí.
—Gracias Ginny —replicó Hermione mientras cogía la bata de la silla y se la ponía sobre sus ropas—. Aunque eso no quiere decir que no puedas escribirle y hablar de… otras cosas —agregó Hermione con una sonrisa perspicaz.
—No sabría qué decir.
—Bueno, podrías empezar por decirle que realmente estoy muy bien, porque lo creerá más viniendo de tí que de Ron o de mí misma —sugirió Hermione—. Podrías decirle cómo esta yendo tu verano hasta ahora. Podrías simplemente decirle que estabas pensando en él y que decidiste escribirle para decir "hola". O… puedes contarle que me he visto reducida a usar tu ropa, que es tan verde como un sapo en escabeche —rió Hermione.
—¡Oh, cállate! —espetó Ginny defensivamente—. Harry ya no me gusta.
—Si tú lo dices, Ginny —replicó Hermione mientras salía al pasillo. No podía evitar divertirse al notar cuán similares eran Ron y Ginny.
—De verdad que no —protestó Ginny al seguirla hacia las escaleras.
...
Cuando las chicas entraron a la cocina, se sorprendieron al descubrir que Ron les había ganado. No había estado bromeando cuando dijo que su ducha sería rápida. Obviamente, sí había tomado una, porque su pelo todavía estaba húmedo. Pero cómo logró darse una ducha, vestirse y ganarles al llegar antes a la cocina, era un completo misterio. Ron era indudablemente lento por la mañana. De hecho, su madre tenía que gritarle unas dos o tres veces antes de que él apareciera a desayunar. Y aún así, allí estaba, sentado de brazos cruzados y mirando fijamente a Fred y a George.
—Huy —pensó Ginny al notar las expresiones llenas de alegría que llevaban los gemelos. De repente todo tuvo sentido. Ginny puso los ojos en blanco en cuanto vio a Fred golpear con el codo a George, y luego reír perversamente al ver a Hermione cruzar la cocina lentamente y sentarse en una silla vacía al lado de Ron, más calmada.
—Buenos días, querida —dijo la Sra. Weasley, demasiada ocupada con la comida como para mirarla—. Espero que hayas dormido bien —añadió. Ginny vio a Fred y a George sonreír satisfechos mientras buscaba su propio asiento en la mesa—. Debes estar hambrienta. Hay tostadas sobre la mesa —continuó la Sra. Weasley.
—Demasiado cariñosa esta mañana, ¿no? —preguntó George a Hermione antes de que tuviera la oportunidad de contestarle a su madre. Él no permitiría que ellas dos comenzaran una conversación. Eso arrruinaría el plan por completo.
—Aunque uno lo esperaría —rió su gemelo disimuladamente— Es normal sentirse de esa manera después de… ¡AY! —chilló Fred cuando el pie de Ron chocó contra su tobillo por debajo de la mesa—. Maldita sea. Eso dolió.
La Sra. Weasley se alejó de la estufa y les dirigió una mirada de advertencia a sus hijos, para luego volver a cocinar.
—Perdón —mumuró Ron entre dientes, pero incluso mientras se disculpaba, fijó la mirada en Fred escrutadoramente, dejándole saber que no se arrepentía en absoluto.
«Te dije que la dejaras tranquila —pensó Ron, mientras extendía su brazo y cogía un pedazo de tostada del plato en el centro de la mesa. Se aventuró a mirar rápidamente a Hermione para juzgar su reacción, y luego clavó los ojos en sus hermanos otra vez—. Esto no está bien —se dijo después de notar la expresión vacía en el rostro de Hermione. Ron la conocía bastante bien como para saber que ella lidiaba con las burlas de dos maneras diferentes. A veces se ponía nerviosa y trataba de huir, pero era mucho más común que simplemente pusiera la frente en alto y finjiera que no le molestaba. Asumía que si no reaccionaba, los demás se aburrirían y encontrarían otra persona a quien molestar—. Puede que eso funcione con la mayoría de la gente —se dijo Ron—. Pero Fred y George nunca se darán por vencidos. Si no reacciona, acabarán por patear sus puntos débiles y la perseguirán hasta conseguir que ella estalle».
—¿Cómo prefieres los huevos, querida? —preguntó la Sra. Weasley a Hermione.
—Revueltos —contestó ella—, si no es mucha molestia.
—En absoluto —dijo la Sra. Weasley al alcanzar la cesta de huevos del mostrador.
—Estamos un poco gruñones esta mañana, ¿no?- —preguntó George a Ron—. ¿Cuál es el problema? ¿No pudiste dormir?
—Uno pensaría que estaría un poco más relajado —rió Fred, alejando su silla de la mesa lo suficiente como para asegurarse de estar fuera del alcance de Ron—, especialmente considerando lo que viste esta mañana... —continuó él, arqueando sus cejas incitadoramente al mirar a su gemelo.
Los ojos de George se lanzaron hacia Hermione en un intento por evaluar su reacción. Se decepcionó al notar que ella lucía bastante aburrida. Ron, por otro lado, estaba claramente furioso. George no pudo evitar sonreír al observar a su hermano menor luchar por mantener la ira bajo control mientras clavaba el cuchillo en el pote con mermelada y luego colocaba una gota enorme de ésta en su tostada.
—Aquí tienes, querida —dijo la Sra. Weasley, vertiendo una gran pila de tocino en el plato de Hermione. Cuando estuvo segura de que Hermione tenía suficiente, dividió el resto entre Ron y Ginny, y luego giró para terminar de cocinar los huevos.
Ron se llevó la tostada a la boca y, con los ojos todavía fijos en sus hermanos, mordió. Al hacerlo, una gran parte de la mermelada se deslizó por el pan y fue a caer en su muñeca. Dejó caer su tostada sobre el plato y estaba justo a punto de alcanzar una servilleta para limpiarse cuando sintió a Hermione agarrar su mano y llevarla hacia ella. Ron volteó a cuestionarla, pero se halló incapaz de pronunciar palabra cuando ella se inclinó hacia delante, sacó su lengua y lamió sensualmente la mermelada de su muñeca.
George se quedó idiotizado mirándola con absoluta incredulidad.
Fred, quien lamentablemente había elegido aquel exacto momento para tomar un trago de su jugo de calabaza, se vio obligado a escupirlo por toda la mesa para evitar ahogarse.
—¡¿Qué pasa contigo?! —la Sra. Weasley preguntó irritablemente mientras giraba y fulminaba con la mirada a Fred—. Honestamente, cualquiera pensaría que fueron criados por una manada de lobos por la forma en que se comportan en la mesa.
—Lo… lo siento, mamá —tosió Fred, todavía mirando a Hermione con ojos desorbitados, mientras ella comía su tocino como si nada hubiera pasado—. Creo que bajó por el camino equivocado.
—Por favor... —dijo la Sra. Weasley al negar con la cabeza y repartir los huevos entre Ron, Ginny y Hermione.
Mirando las expresiones de asombro plasmadas en las caras de los gemelos, Ginny empezó a reír. Cuando vio a Ron y se dio cuenta de que él estaba tan aturdido como lo estaban ellos, rió aún más fuerte.
—George —dijo la Sra. Weasley—. Hazme el favor y limpia este desorden ya que terminaste con tu desayuno —dijo ella apuntando a las sartenes que había colocado en el fregadero—. Y por Merlín, pásale un trapo a esa mesa —añadió ella dirigiéndose a Fred.
—¿Qué piensas que somos...? —chilló George.
—¿... unos malditos elfos domésticos? —finalizó Fred.
—No les hará daño hacer algunos quehaceres de vez en cuando. Ni que les hubiera pedido que limpien su cuarto.
—No, nos pediste limpiar el de Ron —se quejó George resoplando.
—Estaré fuera la mayor parte de la mañana —informó la Sra. Weasley mientras agarraba su capa de un gancho al lado de la chimenea—. Si necesitan algo —dijo ella ignorando a los gemelos y mirando a los otros tres—, se lo pueden pedir a su padre. Se ha tomado el día libre —Con eso dicho, desapareció de la cocina con un ¡pop!
Apenas se fue, Fred y George comenzaron a reír como dos idénticos gatos risones.
—Oh, no —dijo Ginny, rodeando los ojos—. Aquí vamos.
—Así que… —dijo Fred luciendo como si Navidad hubiera llegado temprano.
—¿Ustedes dos... durmieron bien? —preguntó George con una sonrisa de satisfacción.
Ron miró rápidamente a Hermione y la vio rodear los ojos.
«Bueno, quizás esto realmente no le esté molestando» —reflexionó.
—Parecían bastante cómodos esta mañana —rió George.
—Aunque habría pensado que serían suficientemente listos como para cerrar la puerta —agregó Fred.
—Demonios, yo hubiera trabado la puerta y echado un escudo protector —continuó George—. Pero claro… ustedes dos no son tan adultos como para hacer eso aún, ¿o sí?
—¡Cállate! —dijo Ginny cuando observó a Ron mirar amenazadoramente a sus hermanos.
—Quizás hicieron una excepción ahora que el Pequeño Ronnitis es todo un hombre —dijo Fred y ambos gemelos estallaron en un ataque de risa.
—¡YA BASTA! —gritó Ron al empujar su silla lejos de la mesa y levantarse, obviamente preparado a lanzarse sobre la mesa para agarrar a sus dos hermanos si abrían la boca una vez más.
Hermione extendió su brazo, lo tomó de la mano y cuando él la miró, negó con la cabeza.
Ron se despoló pesadamente sobre su silla en un arranque de furia, se cruzó de brazos y con el ceño fruncido, fijó la vista fulminante en sus hermanos, amenazándolos.
Fred y George intercambiaron una mirada. Hasta ahora habían concentrado la mayor parte de sus burlas en Ron, sabiendo que incluso sutiles insinuaciones, especialmente hechas en presencia de su madre, lograrían mortificarlo tenazmente. Habían asumido que Hermione se afectaría de la misma manera, no que le importaría poco y nada. Y aún más inesperado había sido cómo ella se puso en evidencia anulando todos sus esfuerzos al efectuar lo que sólo podía ser interpretado como un acto sexual hacia su hermano, justo bajo las narices de su madre. Con una mirada silenciosa ambos acordaron que ella tenía que pagar. Se la habían dejado demasiado fácil. Tenían que reclamar el control de la situación. Aunque debían hacerlo delicadamente o Ron saldría en su defensa, quisiera ella o no.
—Así que así son las cosas ahora, ¿eh? —preguntó Fred.
—¿Tienes al Pequeño Ronnie comiendo de tu mano?
—Sólo chasqueas los dedos y él se pone a tus pies como un niñito meón —rió Fred.
—Mejor que te des el gusto —dijo George empujando el frasco con mermelada hacia Hermione—. O quizá empiece a gruñir otra vez.
—Se creen muy listos, ¿verdad? —preguntó Hermione, tolerante.
—Jamás, ni en mis sueños más salvajes —declaró Fred—, hubiera imaginado ver a la correcta y formal Hermione Granger…
—... extraordinaria ratón de biblioteca… —agregó George.
—… hacer algo tan descarado.
—Claramente, has estado escondiéndote de nosotros —rió George disimuladamente.
—Siempre son los más calladitos, ¿no? —se burló Fred.
Hermione apenas resopló y sacudió la cabeza mientras continuaba desayunando.
—Dinos Hermione… —empezó George.
—¿... Ron te enseñó ese pequeño truco anoche o lo aprendiste… en otro lugar? —terminó Fred.
—¡CUIDADO! —gritó Ron enfurecido.
—No va a funcionar —indicó Hermione calmadamente—. No van a hacer que me avergüence.
Fred y George se miraron el uno al otro y silenciosamente acordaron que debían cambiar de estrategia.
—No estoy avergonzada —dijo Hermione fijando sus ojos sobre los gemelos sentados delante suyo y mirándolos desafiantemente—. Incluso se los admitiré si eso es lo que quieren.
—Admítelo entonces —dijo George, aunque no estaba seguro de que ella fuera a hacerlo.
—Me gusta Ron —replicó Hermione, hablando completamente en serio. Tomó un gran esfuerzo de su parte esconder el hecho de que estaba agitada y enfadada, pero logró hacerlo.
Por un momento, ninguno de los gemelos estuvo seguro de cómo reaccionar. Sólo se quedaron sentados allí, inmóviles y mirándola fijamente. Entonces la comisura derecha de Fred se elevó en una gesto de picardía.
—Entonces bésalo —demandó Fred.
—¿Qué? —preguntó Hermione con un tono de voz escandalizado.
Los gemelos aventuraron una rápida mirada el uno al otro, presintiendo que su victoria estaba cerca. La tenían atrapada.
—Ya me oíste —contestó Fred—. ¡BÉSALO!
—Aquí mismo, en la mesa de la cocina —agregó George.
—Delante de todos nosotros —continuó Fred.
—Ya yo lo he visto, muchas gracias —murmuró Ginny mientras pinchaba los huevos con su tenedor y se llevaba un enorme bocado a la boca.
El comentario de Ginny tomó a Fred y George por sorpresa, pero lograron disimularla rápidamente.
—Ustedes dos están locos —declaró Hermione, provocando que ambos se perdieran en una ola de risas—. Completamente locos —clarificó ella.
Los gemelos se giraron para encararla con idénticas sonrisas de satisfacción.
Ron instantáneamente se dio cuenta del error y se mordió el labio para suprimir su propia sonrisa satisfecha.
«Ya casi la tenían y entonces tuvieron que ir y hacerse los engreídos —pensó Ron para sí mismo—. Lástima que no la conozcan como yo, o habrían sabido que no hay nada que irrite más a Hermione que algún idiota condescendiente piense que le ha ganado».
—Y todo por estar avergonzada —rió George entre dientes.
—No lo estoy —mintió Hermione sin remordimientos.
—Entonces bésalo —volvió a reír Fred.
—No lo haré —indicó Hermione dignamente—. Sería inapropiado.
—¿Inapropiado? —gritó Fred y estalló en otro ataque de risa.
—A ver si nos entendemos —rió George disimuladamente—. ¿No quieres besuqueártelo en la mesa de la cocina porque eso sería… inapropiado?
—¡Aunque sí lo lamerías! —añadió Fred—. ¿Cuán apropiado es eso?
—Supongo que tienen razón —admitió Hermione en un suspiro cuando giró para afrontar a Ron.
«¡Maldita sea! —gritó él en su mente—. ¡Va a hacerlo! Espera un minuto… —pensó Ron, tratando de no sonreír—. Va a hacerlo».
—¿Entonces admites que tenemos razón? —preguntó Fred.
La única respuesta de Hermione fue encogerse de hombros por un instante antes de inclinarse hacia Ron y besarlo suavemente en los labios. Permaneció ahí por unos segundos, y entonces retrocedió.
—Eso no es un verdadero beso —rió George.
—Sí —agregó Fred—. El beso que mamá le dio cuando se volvió prefecto fue mucho mejor que eso.
—¡PÚDRANSE! —gritó Ron mientras su cara se sonrojaba. Hubiera dado cualquier cosa para que ni Harry ni Hermione hubieran sido testigos de tan mortificante incidente. Fred siempre se lo recordaba cuando él menos lo esperaba.
—Ah. Debía ser un beso verdadero, ¿no? —dijo Hermione—. Bien, en ese caso…
Ella rápidamente se levantó de la silla y, para sorpresa de Ron, se sentó en su regazo.
—¿Algo así tenían en mente? —preguntó Hermione al hundir sus dedos dentro del frasco con mermelada que George le había arrojado minutos antes, para luego elevarlos y los recubrir los labios de Ron con ella.
Sin pensarlo, Ron sacó su lengua para lamer instintivamente la mermelada de su labio superior, cuando comprendió lo que ella iba a hacer y se forzó a dejarla quieta.
Fred y George observaron con los ojos exageradamente abiertos por la impresión cómo Hermione lamía sus dedos y los empujaba dentro su boca.
Ginny gimió y dejó caer su cabeza a la mesa para no tener que ver a Hermione chupárselos hasta dejarlos completamente limpios.
Al terminar con sus dedos, Hermione miró a Ron y lamió la mermelada que recubría la superficie de sus labios.
«Demonios» —pensó Ron, sus ojos casi tan abiertos como los de sus hermanos. Una vez más tuvo que luchar contra el impulso de lamer sus propios labios, pero esta vez por curiosidad.
—¿Ron? —preguntó el Sr. Weasley al empujar la puerta y asomar su cabeza a la cocina—. ¿Puedo hablar contigo en la sala de estar cuando hayas terminado de… —el resto de la oración murió en sus labios cuando se dio cuenta exactamente de dónde estaba sentada Hermione. Sus ojos se ampliaron un poco y vio a su hijo y a Hermione saltar del asiento enseguida. Ron al instante sacó bruscamente el resto de la mermelada con su mano y ambos se ruborizaron furiosamente.
Las risas de Fred y George llenaron súbitamente el incómodo silencio en la habitación.
—¿Quién hubiera pensado que sería papá el que la descubriría? —rió George.
—¡CÁLLENSE! —les gritó Ron a ambos gemelos.
—Ron, ¿te puedo ver en la sala? —preguntó el Sr. Weasley, decidiendo que quizá no sería prudente dejarlo terminar de desayunar porque probablemente trataría de desaparecer después.
Ron miró a Hermione nerviosamente y luego devolvió la mirada a sus hermanos, que aún se estaban riendo como un par de idiotas.
—¿Ahora? —preguntó a su padre, reacio a dejarla sola con esos dos.
—Oh, ya veo —rió el Sr. Weasley entre dientes-. Le están dando un gran dolor de cabeza, ¿verdad? —preguntó—. Ustedes dos —dijo el Sr. Weasley severamente a los gemelos, causando que se rieran aún más fuerte—. Lo que sea que estén haciendo, termínenlo —ordenó él mientras le daba a Hermione una sonrisa alentadora—, o se le diré a su madre.
Fue la amenaza de decirle a su madre lo que calmó a los gemelos. Sabían que ella sería categórica.
—Gracias, Sr. Weasley —dijo Hermione al caminar para dejar su plato vacío en el fregadero—. Pero eso no será necesario. Estoy acostumbrada a lidiar con ellos.
El Sr. Weasley se encogió sus hombros y miró a su hijo más joven una vez más.
—¿Ron?
—Sí, está bien —dijo Ron, metiéndose algunos huevos en la boca antes de poner el resto de su tocino sobre un pedazo de tostada, doblarla por la mitad y levantarse de su silla. Se detuvo en la puerta justo lo suficiente para mirar a sus hermanos por una última vez y luego seguir a su padre dentro de la sala.
pero solo , si es contigo.
Hace 14 años
Como te dije estas entre mis favoritos y estoy esperando tu actualización, ¡¡¡que esperas!!!. Además tienes un poco atrasado este blog, actualiza pronto estamos esparando TU TRADUCCION y no queremos otra.
ResponderEliminarUn abrazo
Elena
Me encata
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