Esta es una traducción de la maravillosa historia de una autora llamada RogueSugah, quien definitivamente merece un reconocimiento aún mayor del que ya tiene por haber dedicado tanto esmero en semejante obra de arte.

Ficha Técnica


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ítulo Original: The Price of Love
Autor Original: RogueSugah
Traducción: Spooky Snow

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.

Capítulo 7: ¿Quién tiene la culpa?

Cuando Ron alcanzó el tercer piso y comenzó a gritar el nombre de su hermana, no recibió respuesta alguna. Golpeó fuertemente la puerta de su habitación, pero nada. Normalmente él no entraría a su cuarto sin ser invitado, pero nada acerca de esa noche había sido normal, así que empujó la puerta sólo para encontrarse con el cuarto oscuro y vacío.

—¡Ginny! —gritó Ron mientras se dirigía al cuarto piso, esperando encontrarla junto a Fred y George en su dormitorio—. ¡¡Eh, Ginny!!

—¿Qué? —preguntó su hermana con su pelo largo y pelirrojo cubriendole la cara al inclinarse por el pasamanos del quinto piso.

Sin molestarse en detenerse, Ron procedió a subir apresuradamente al quinto piso donde Ginny lo esperaba

—Mamá te necesita para que... la ayudes con Hermione —jadeó él, a falta de aire por su rápida subida.

Mirando sobre su hombro, Ron notó que su cuarto estaba entreabierto y que había una luz brillante a través de la grieta. Como él había hecho pedazos a su lámpara —al igual que todas las demás cosas en su habitación— hacía ya varias horas, le pareció algo sospechoso. Sin pensarlo, Ron apartó a Ginny y entró en su cuarto para hallar a Fred y George parados en el medio de los escombros con sus varitas afuera.

—... mucho peor que cualquiera de nuestras explosiones —Ron escuchó a Fred murmurarle a George.

—Dudo que podamos arreglar todo esto —replicó George.

—¿Qué están haciendo aquí? —demandó Ron. Los gemelos, quienes no se habían dado cuenta de la presencia de Ron, se voltearon para afrontarlo.

—Arreglando tu cuarto, ingrato —dijo George.

—A menos que prefieras dormir en medio de toda esta basura —añadió Fred.

—Bueno, para ser honestos, la mayoría de esto ya era basura antes de que él la destrozara—murmuró George a Fred lo suficientemente alto como para estar seguro de que Ron lo oyera.

—Déjenlo tranquilo —dijo Ginny al entrar al cuarto—. Yo he visto la pocilga a la que ustedes dos llaman habitación.

Ignorándo a sus tres hermanos, Ron se agachó y cogió una camiseta descolorida del piso para arrojársela a Ginny.

—Lleva esto al baño. Mamá quiere que prepares un baño de agua caliente y las esperes allí, a ella y a Hermione.

Tomando la remera de las manos extendidas de su hermano, Ginny dio media vuelta y abandonó la habitación. Ron podía escuchar como sus pasos resonanban velozmente por la tortuosa escalera. Sus ojos permanecieron sobre Fred y George por un momento más, y entonces siguió a su hermana.

—¡Oye! —le escuchó gritar a George—. Éste es tu desorden. ¡Lo menos que podrías hacer es ayudarnos a limpiarlo!

—Déjalo así —respondió Ron al desaparecer de su vista.

...

Ron se sintió como un estúpido, sentado ahí con su espalda apoyada contra la pared y mirando la puerta del baño. Habían pasado al menos treinta minutos desde que había dejado a Fred y a George en su cuarto, y todavía no habían salido. Una parte de él sentía que debería estar ayudándolos, pero no tenía intención alguna de dejar su lugar en el pasillo. No tenía ningún sentido, y lo sabía, pero necesitaba estar cerca de ella.

«Está perfectamente a salvo con mamá y Ginny. Pero aún aquí te sientas, como un inquietante imbécil, esperando a que salga del baño. ¿Qué vas a hacer cuando tu madre la lleve a descansar? ¿Dormir en el pasillo enfrente de su cuarto? De hecho... —reflexionó Ron—, no es una mala idea. De esa manera, puedo asegurarme de que....»

Cualquier pensamiento acerca de dónde dormiría hoy de apartó de su mente cuando la puerta a la cual había estado mirando fijamente por una eternidad se abrió, y Ginny salió de ella.

—¿Qué estabas haciendo? —preguntó Ginny, bajando la vista hacia su hermano con una expresión extraña en el rostro—. No estarías tratando de espiar a través del…

—¡No! —interrumpió Ron fuertemente al levantarse del piso. Él podía sentir a Hermione estudiándolo y sabía que tendría que enfrentárse a su mirada. La último que Ron deseaba era que Hermione pensara que él era alguna clase de pervertido que había sido atrapado en el acto, y estaba demasiado avergonzado como para mirarla. Sin embargo, los ojos azules de Ron se alejaron del rostro de Ginny y se clavaron en los ojos de Hermione. Ella no parecía ni irritada ni desconfiada. Por el contarior, lucía contenta de verlo y, a menos que estuviera equivocado, vislumbró el bosquejo de una sonrisa. Aunque pequeña, esa sonrisa tuvo un efecto asombroso en él. Sin darse cuenta, dejó escapar el aliento que había estado conteniendo y sintió a su cuerpo entero relajarse. No se había dado cuenta de que estaba tan tenso hasta que el peso se disipó de sus hombros.

«Sonrió. Eso significa que ella está bien» —pensó y le permitió a sus ojos examinarla, en un intento por leer su lenguaje corporal. Al menos esa había sido la idea general.

Lo primero que notó fue que su cabello todavía estaba húmedo y como resultado, sus usualmente espesos mechones se habían transformado en rizos que caían sobre sus hombros. Ron miró como Hermione separó los bucles lejos de su cara y los amarró en una cola de caballo. Con su pelo ahora sujetado detrás de su espalda, pudo distinguir la doble "C" y la bala de cañón que formaba el logo de los Chudley Cannons, expandidos a través de la gastada remera que ella estaba usando. Su gastada remera. Era muy vieja. Estaba más que usada. El violento color naranja se había desvanecido parcialmente. El algodón se estaba reduciendo, pero eso sólo lo hacía más cómoda, razón por la cual era su camiseta favorita. Hasta ahora, lo sigue siendo.

Hermione estaba usando su remera favorita y eso era todo lo que traía puesto . Es más, le ajustaba de manera muy diferente que a él. En primer lugar, el doble logo "C" sobre su pecho estaba estrechado y curvado de una manera que no había esperado.

«Le queda bien» —pensó Ron mientras dejó caer sus ojos sobre la piel expuesta de sus muslos.

No era como si fuera la primera vez que veía sus piernas. Su remera lucía tan larga sobre ella que llegaba hasta casi el mismo sitio que la falda de Hogwarts, pero por alguna razón esta vez era diferente.

«Y no es porque le faltan aquellas horribles medias —pensó Ron—. Yo la he visto sin ellas infinitas veces».

Era porque la única cosa que llevaba puesta le pertencecía. La delgada tela que ahora abrazaba su piel, había abrazado la de él. Era como si eso los conectara de alguna manera extraña. Como si una parte de él estuviera cubriéndola.

«Soy un pervertido —reflexionó Ron, al darse cuenta de lo inadecuados que eran sus pensamientos—. ¡Detente! —se regañó a sí mismo, forzandose a subir la mirada al rostro de Hermione—. Definitivamente, ahora no es momento de pensar esas cosas».

—¿Has venido a ayudarme a bajar las escaleras otra vez? —preguntó Hermione cuando los ojos de Ron se encontraron con los suyos.

—No —replicó Ron mientras sentía su cara tomar un color rojizo—. «Piensa en algo más, idiota». Creo que ya lo puedes hacer tú sola —añadió mientras su madre aparecía por la puerta detrás de las muchachas sosteniendo una bata de Ginny. Se la alcanzó a Hermione, quien lo tomó y se lo puso encima de la remera—. ¿Cómo te sientes? —preguntó Ron al verla anudar el lazo de la bata.

—Como si hubiera sido atropellada por el Autobús Noctámbulo —replicó Hermione—. Alrededor de cinco veces diferentes.

—Me temo que será peor en la mañana —dijo la Sra. Weasley, dándole a Hermione una palmadita tranquilizadora en la espalda.

—¿No puedes…? —comenzó a preguntarle Ron a su madre, pero se detuvo al instante en que la vio negar con la cabeza.

—No hay ningún encantamiento para aliviar los efectos de la maldición del Cruciatus. Esa es una de las razones por la que es tan popular con los…—la Sra. Weasley vaciló al darse cuenta de que Ginny aún estaba allí.

Fred y George se habían unido a la orden casi en cuanto ellos habían abandonado Hogwarts, a pesar de las protestas de su madre. Ron, era todavía demasiado joven para alistarse oficialmente, pero la Sra. Weasley sabía que eso ya no importaba. Él había visto y experimentado lo inimaginable. No, ella no podía proteger a Ron de la cruel realidad de la guerra. Se había convencido de ello esa misma tarde cuando lo reanimó y descubrió que Hermione había desaparecido. Pero, ¿y Ginny? Ella aún podía protegerla. Aún podía contenerla. Pero si la Sra. Weasley hubiera sido honesta con ella misma, admitiría que Ginny ya no era ni inocente ni ingenua. Ella también había vivido demasiado…Como toda la experiencia traumática con el diario de Tom Riddle durante su primer año, y sólo hacía unas pocas semanas había luchado en el Departamento de Misterios junto a Harry, Ron y Hermione. La Sra. Weasley sintió un escalofrío de tan sólo pensar en su pequeña niña luchando contra los más sagaces seguidores de Ya-sabes-quién.

«Cómo lograron salir vivos de allí está más allá de mi entendimiento —contempló la Sra. Weasley. Sintió un escalofrío nuevamente nada más de pensar en ello—. No. Ginny aún es muy joven para oír esto».

—Ginny, querida ¿por qué no vas a buscar a Fred y George y les preguntas si necesitan ayuda con el cuarto de Ron?

Ginny fulminó a su madre con la mirada.

—En otras palabras, ¡piérdete! —escupió enfurecida.

Hermione notó como la boca de la Sra. Weasley se estrechaba y sus ojos cálidos emanaban fuego. Era una mirada que Hermione conocía muy bien. Era la misma expresión que atravezaba el rostro de Ron cada vez que ella peleaba con él. Era su mirada de advertencia. Cuando Ron la miraba así, sabía exactamente lo que trataba de decirle tal como si lo hubiera puesto en palabras: "no me provoques, Hermione. No estoy de humor". A Hermione le hizo mucha gracia descubrir de quién la había aprendido. Sólo que la Sra. Weasley, sin duda alguna, la hacía mucho mejor que él, porque Ginny contuvo sus palabras y retrocedió. Hermione raramente lo hubiera hecho. Cuando Ron le lanzaba esa mirada, ella se sentía más que intimidada, desafiada. Hermione se tapó la boca para esconder una sonrisa al ver a Ginny alejarse y murmurar algunos insultos hacia su madre durante el trayecto. De inmediato, sus ojos saltaron a los de Ron para ver como reaccionaría a “la mirada” que ahora se dirigía a él. De alguna manera sabía que Ron no se daría por vencido tan fácilmente.

«Esto será interesante» —pensó ella al observar a la Sra. Weasley volteare y enfrentar a su hijo.

Como lo había supuesto, Ron se mantuvo firme. Es verdad que se estremeció, pero de una forma apenas perceptible. Si no lo conociera tan bien, Hermione probablemente no se hubiera dado cuenta. Pero sus pies se quedaron pegados al suelo y Ron se estabilizó para enfrentar la batalla que sabía estaba por comenzar.

—¿Y bien? —dijo la Sra. Weasley, difuminando su ceño fruncido—. Vamos, entonces —les indicó a los dos adolescentes que la siguieran escaleras abajo—. Los otros están esperando.

—¿Qué? —preguntó Ron sin poder creerlo, mirando a su madre sospechosamente—. ¿Es todo? ¿Sin argumento? ¿Cuál es la trampa?

Ignorando a su hijo, la Sra. Weasley colocó una mano en la espalda de Hermione y empezó a guiarla hacia la escalera. Al comenzar a descender, Hermione miró sobre su hombre y vio que Ron las estaba siguiendo muy de cerca, estudiando a su madre con recelo. Cuanto más cerca llegaban a estar de los otros, más pesados sentía Hermione a sus pies. En el momento en que ingresaron al pasillo que llevaba a la cocina, ella se detuvo por completo. Hermione estaba mirando a la puerta totalmente nerviosa cuando notó a Ron venir por detrás. Cerró sus ojos al sentir el calor tranquilizador de su cuerpo y se inclinó hacia él. Casi instantáneamente, la mano de Ron se apoyó sobre su hombro, ofreciéndole fuerza y dejándole saber que no estaba sola.

—¿Me… me podría dar unos minutos a solas con Ron antes… antes de… —Hermione tartamudeó.

—Claro —dijo la Sra. Weasley, mirando tristemente a la muchacha y caminando hacia la puerta de la cocina —. Nosotros estaremos adentro —añadió ella—. Cuando tú estés lista.

Ron podía sentirla temblar. Tan pronto la puerta se cerró y ellos estuvieron solos, Hermione dio media vuelta y enterró su rostro en su pecho. Sin siquiera pensarlo, él abrazó su cuerpo protectoramente. Ron cerró sus ojos y la atrajo más hacia sí. Verla de esa forma le rompía el corazón. Temerosa. Vulnerable. En aquel momento, él habría dado cualquier cosa a cambio para ser capaz de librarla de aquel dolor.

«Malditos sean esos bastardos por hacerla pasar por esto —pensó él al sentir la humedad de las lágrimas de Hermione penetrar en su camiseta. Mientras sentía la llama de la ira aumentar en su interior, Ron podría jurar que ese sentimiento ahogaba algo del insoportable dolor que lo carcomía—. La furia es mejor —pensó—, es mucho más fácil de enfrentar, pero… esto no se trata de lo que sea más fácil para mí. Se trata de lo que Hermione necesita. Así que contrólate, Weasley, porque la última cosa que ella necesita es que te saques de quicio».

—Todo estará bien —susurró Ron a Hermione al acariciarla suavemente.

Hermione suspiró profundamente y Ron se alejó un poco de ella. Abriendo sus ojos, Ron bajó la mirada para descubrir que ella también lo observaba.

—Ron, yo sé lo que te hizo todo esto —comenzó Hermione. Se detuvo por un segundo cuando notó que los ojos de él apuntaban a suelo, pero continuó, decidida:—. Nada de esto fue tu culpa.

Incapaz de sostenerle la mirada, Ron continuó con la vista fija al suelo, mientras la culpa lo consumía.

—Y tú lo sabes, ¿verdad? —preguntó Hermione.

Lo único que obtuvo por respuesta fue silencio.

—¿Ron?

Él sintió como las manos de ella se alejaban de su espalda. Hermione retrocedió un paso, forzándolo a soltar su agarre también. Entonces, para su sorpresa, Ron sintió como las delicadas manos de Hermione tomaron las suyas.

—Ron, por favor, mírame —suplicó Hermione.

De mala gana, alzó sus vista hacia la penetrante mirada de la chica.

—Nada de lo que pasó ha sido tu culpa —afirmó nuevamente—. Fue culpa mía.

—Si no hubiera empezado una pelea…

—No fue tu culpa —interrumpió Hermione.

—... no hubieras escapado —finalizó Ron.

—Esto no tuvo nada que ver con mi huida —indicó Hermione—. Fueron esas malditas entradas de Quidditch. Fue una trampa. Estaban tratando de sacar a Harry de la casa de los Dursleys. Querían atraparnos a los tres en el juego. Cuando las rompí tuvieron que cambiar de planes. Fueron detrás de nosotros dos y eso fue mi culpa. No había nada que pudieras haber hecho para prevenir lo que sucedió.

—Debería haberte protegido —replicó Ron, la culpa aún se evidenciaba en su voz.

—Y eso era lo que yo estaba haciendo —inquirió Hermione—. ¿Por qué crees que tomé el traslador? Lo hice para protegerte. Era demasiado tarde para mí. Ya me habían atrapado. No podías salvarme, Ron. Pero yo te podía salvar a ti. Fue mi elección. Sabía lo iba a pasarme, pero no me importó. Todo lo que importaba era que estuvieses a salvo. Lo que hice, lo hice porque quise hacerlo. Y lo volvería a hacer.

Hermione se estremeció al ver los ojos de Ron rebozar de lágrimas que no caían.

—¡No, Hermione! —dijo él efusivamente.

—¿Está bien que tú me protejas, pero yo no tengo permitido protegerte a ti? —preguntó ella.

—¡NO! —contestó Ron violentamente.

—Eso es un poco sexista, ¿no crees?

—No me importa —replicó Ron tercamente. Pero de algún modo se había dado cuenta de cuán irrazonable estaba siendo, porque aún con el pasillo oscuro, ella pudo ver como su cara se sonrojó cuando sus ojos se dirigieron al piso.

—Pero a mí si me importa —indicó Hermione irritada. Al no haber querido decirlo tan asperamente, extendió su mano y acarició el rostro de Ron tiernamente. En el instante en que sus ojos se fijaron en los de ella, Ron vio su propio dolor reflejado—. No podría resistir si te pasara algo —dijo ella seriamente—. No voy a sentarme a ver como consigues que te maten. No si lo puedo prevenir. Me preocupo demasiado por ti. No me pidas que lo haga, porque no lo haré. No puedo. Y sé que entiendes lo que te digo. Puede que no te guste, pero sí lo entiendes.

Antes de que Ron pudiera contestar, la puerta de la cocina se abrió abruptamente y oyeron como la Sra. Weasley tosió fuertemente.

—Sólo un minuto más —dijo Ron, apartando la vista de Hermione lo suficiente como para ver a su padre asentir con la cabeza y llevar a su madre a la cocina. Cuando volvió a mirarla fijamente, notó que aquellos ojos ahora estaban cerrados. La observó respirar profundamente y tratar de calmar el palpitar de su corazón.

«Está aterrada» —pensó al tomarla entre sus brazos nuevamente.

—No fue nada agradable, Ron… quizás tú… debas esperar…

—Ya tuviste que pasar por todo esto tú sola —indicó él—. Me maldeciría a mí mismo si te dejara hacerlo de nuevo.

Hermione retrocedió y observó aquellos resueltos ojos azules.

«¿Queda alguna duda de por qué lo amo tanto?» —pensó ella después de generar una tímida sonrisa—. ¿Estás listo? —preguntó con la voz temblorosa.

—¿Lo estás tú? —replicó Ron tomándola de la mano.

—Creo que debo estarlo, ¿no? —replicó Hermione, dirigiéndolo a puerta de la cocina—. Terminemos con esto.

1 comentario:

  1. Como te dije tengo tu blog en mis favoritos y dime ¿cuando actualizas?, ya pues no demores más que llevamos mucho tiempo esperando
    Cariños
    Elena

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